Amazon compra Fauna Robotics y acelera su apuesta por los robots humanoides

Última actualización: marzo 26, 2026
  • Amazon adquiere Fauna Robotics, creadora del robot humanoide Sprout, sin revelar el importe de la operación.
  • La startup, fundada por exingenieros de Meta y Google, se integra en el Grupo de Robótica Personal de Amazon en Nueva York.
  • Sprout es un robot bípedo del tamaño de un niño, pensado para hogares, escuelas y oficinas, con un precio inicial de 50.000 dólares.
  • La compra refuerza la estrategia de Amazon en robótica de consumo y se suma a la reciente adquisición de Rivr en el ámbito de la entrega autónoma.

Amazon compra Fauna Robotics

La reciente compra de Fauna Robotics por parte de Amazon vuelve a situar a la robótica humanoide en el centro del debate tecnológico. El gigante del comercio electrónico, que ya llevaba años experimentando con automatización y robots en sus almacenes, da ahora un paso decidido hacia los robots humanoides orientados al consumidor, un terreno todavía incipiente pero con aspiraciones de cambiar la vida cotidiana en hogares, oficinas y centros educativos.

La operación se ha cerrado sin que trascienda la cifra económica, pero sí se han confirmado detalles clave: la plantilla de Fauna, en torno a medio centenar de personas, se integrará en Amazon en Nueva York y la compañía pasará a operar bajo la marca “Fauna Robotics, una empresa de Amazon”. Con este movimiento, el grupo refuerza una apuesta que va más allá de la logística tradicional y se adentra de lleno en la robótica personal y social.

Quién es Fauna Robotics y por qué interesa tanto a Amazon

Startup de robótica humanoide Fauna Robotics

Fauna Robotics es una startup joven, fundada en 2024 por exempleados de Meta y Google, dos de las grandes canteras mundiales de talento en inteligencia artificial, visión por computador y sistemas autónomos. Nació con un objetivo muy concreto: crear robots humanoides de tamaño infantil capaces de desenvolverse con naturalidad en espacios sociales, desde salones familiares hasta aulas o entornos de oficina.

Desde principios de año, la empresa había comenzado a desplegar su primer modelo, Sprout, entre socios de investigación y laboratorios corporativos. Más que un simple “juguete caro”, Fauna lo planteaba como una plataforma de desarrollo sobre la que investigadores y empresas pudieran construir nuevas aplicaciones, probar interacciones con humanos y testar usos domésticos o educativos de la robótica humanoide.

La propia Fauna había logrado levantar al menos 30 millones de dólares en financiación, con el respaldo de firmas como Kleiner Perkins, Quiet Capital y Lux Capital. Ese apoyo del capital riesgo refleja que el proyecto se veía ya como una apuesta seria en el emergente mercado de la robótica humanoide de consumo, un interés que ahora se consolida con la llegada de Amazon.

Para Amazon, el atractivo no reside solo en el producto actual, sino en el equipo técnico y la propiedad intelectual de la startup. Al incorporar a sus fundadores, Rob Cochran y Josh Merel, y al resto de la plantilla, el grupo gana experiencia en hardware especializado, control del movimiento bípedo e interacción natural con personas, algo que complementa muy bien su conocimiento previo en dispositivos para el hogar y servicios en la nube.

Sprout: el robot humanoide del tamaño de un niño

Robot humanoide Sprout de Fauna Robotics

El gran protagonista visible de la operación es Sprout, un robot bípedo de alrededor de un metro de altura (unos 42 pulgadas) y peso en torno a los 23 kilos, diseñado para convivir con personas en entornos cotidianos. No busca parecerse a un brazo industrial ni a un robot de almacén, sino a una especie de “compañero” tecnológico capaz de moverse por el salón, el pasillo de una escuela o un espacio de trabajo.

Sprout puede caminar, levantarse de una silla, agarrar pequeños objetos —como un bloque de construcción o un peluche— y realizar gestos sociales básicos: saludar con la mano, chocar los cinco, estrechar la mano o responder a quien le habla. Fauna también había puesto énfasis en el componente lúdico, con demostraciones en las que el robot podía bailar coreografías populares como el Twist o el Floss para romper el hielo en entornos educativos o de entretenimiento.

En el plano técnico, el robot integra un sistema de interacción por voz natural que le permite mantener conversaciones sencillas y responder a la palabra de activación “Sprout”. Su plataforma de control se apoya en la tecnología Jetson Orin de Nvidia, combinando procesado de IA en local, altavoces duales, cerca de un terabyte de almacenamiento interno y una matriz de LEDs para ofrecer señales visuales.

Para mantenerse de pie y desplazarse, Sprout recurre a algoritmos de inteligencia artificial centrados en el equilibrio y el control del movimiento. Cuenta con una batería intercambiable que proporciona unas tres horas de funcionamiento por carga, lo suficiente para sesiones de trabajo o interacción continuada en un hogar o laboratorio antes de pasar por el cargador.

Su precio actual, en torno a 50.000 dólares, lo sitúa claramente lejos del gran público y más cerca de universidades, centros de I+D, empresas tecnológicas y grandes corporaciones que quieran experimentar con robótica social. Fauna lo definía como un robot “amigable con los humanos”, preparado para entornos con niños y mascotas, y con margen para que el dispositivo vaya “aprendiendo” y formando recuerdos simples con el tiempo.

Qué busca Amazon con esta adquisición

Estrategia de Amazon en robótica humanoide

Amazon ha confirmado la operación con un mensaje muy medido: la compañía asegura estar “entusiasmada con la visión de Fauna de crear robots capaces, seguros y divertidos para todos”. El lenguaje no es casual. En la robótica de consumo, el reto no es solo técnico; también es cultural. Se trata de lograr que el usuario medio acepte que un robot con forma humana comparta su espacio sin generar rechazo o temor.

La compra encaja en una estrategia más amplia de la empresa en el terreno de la automatización. Hace más de una década adquirió Kiva Systems, lo que se convirtió en la base de Amazon Robotics para almacenes. Posteriormente, ha ido incorporando soluciones de visión artificial, algoritmos de optimización y robots especializados para sus centros logísticos. Ahora, con Fauna, el foco se desplaza hacia la capa visible de la robótica, aquella que entra en contacto directo con el cliente.

De momento, la compañía ha aclarado que Sprout no se integrará en sus operaciones internas de almacén. Fauna pasará a formar parte del Grupo de Robótica Personal de Amazon, dentro de la división de operaciones, y la tecnología se orientará sobre todo al mercado de robótica de consumo y espacios sociales. Es decir, se trata más de explorar nuevos productos y servicios para hogares u oficinas que de mover cajas en un centro de distribución.

El movimiento llega, además, en un contexto en el que Amazon ya ha desplegado más de un millón de robots en su red logística y estudia fórmulas para automatizar una parte significativa de sus tareas repetitivas. En documentación interna filtrada se han manejado objetivos ambiciosos de automatización de operaciones, con impacto potencial en cientos de miles de puestos de trabajo en la próxima década.

En paralelo, la empresa mantiene su apuesta por dispositivos para el hogar, como las gamas Echo y Alexa o el timbre y cámaras de seguridad Ring. Integrar la robótica humanoide en este ecosistema abre la puerta a un futuro en el que voz, sensores, cámaras y robots móviles trabajen de forma coordinada para ofrecer servicios de vigilancia, asistencia o entretenimiento dentro de casa.

Relación con Astro, Rivr y el resto del ecosistema robótico de Amazon

Robots de consumo y logística de Amazon

La entrada de Fauna Robotics no es un salto al vacío. Amazon ya había tanteado el terreno de la robótica doméstica con Astro, un robot rodante lanzado en 2021 con funciones de vigilancia, asistencia básica y movilidad interior. Aquel experimento tuvo una acogida moderada y nunca llegó a convertirse en un dispositivo de masas, pero sí sirvió para que la empresa acumulase experiencia en mapas del hogar, navegación en interiores e integración con Alexa.

En el ámbito de la logística, la compañía confirmó recientemente la compra de Rivr, una firma suiza especializada en robots autónomos de reparto capaces de subir escaleras y desenvolverse en entornos urbanos complejos. Esta adquisición se suma a un largo historial de inversiones en tecnología de entrega, desde vehículos autónomos hasta drones, con el objetivo de hacer más eficiente y flexible la última milla.

Fauna se incorpora a esta constelación como el eslabón centrado en robots humanoides de interacción social. Mientras Rivr está claramente orientada a asistir a repartidores y mejorar la logística, y Astro representaba un primer intento de robot de hogar, Sprout apunta a un terreno a medio camino entre asistencia ligera, educación y entretenimiento, con capacidad para moverse de forma más parecida a la de una persona.

En ese sentido, la compañía no parte de cero: ya dispone de una infraestructura considerable en la nube, sistemas de IA, dispositivos conectados y millones de hogares familiarizados con su ecosistema. Si consigue unir estas piezas —voz, vídeo, robótica móvil y comercio electrónico—, podría plantear en el futuro servicios integrados en los que un robot no sea solo un gadget, sino un punto de acceso físico a todo su catálogo de servicios.

Por ahora, Amazon insiste en que aún no ha definido cómo se comercializará Sprout o sus sucesores entre el gran público europeo o estadounidense. Los primeros pasos seguirán pasando por laboratorios, empresas y socios de investigación, pero el mensaje estratégico es claro: la empresa no quiere quedarse fuera de la carrera por el robot humanoide de consumo.

Un mercado en efervescencia: de Tesla a las grandes tecnológicas

Competencia en robots humanoides

La compra de Fauna se produce en un momento de creciente competencia en el campo de los robots humanoides. Tesla acapara buena parte del foco mediático con Optimus, su proyecto de robot bípede con el que Elon Musk ha llegado a prometer entregas de comida y tareas logísticas en pocos años. Junto a ella, empresas como Figure AI o Boston Dynamics trabajan también en modelos avanzados de robots con forma humana o animal.

Además de estos actores, grandes tecnológicas como Apple, Meta y Google han mostrado interés en la robótica avanzada, bien a través de proyectos internos, bien mediante inversiones en startups especializadas. En este contexto, Amazon no quiere que la narrativa del futuro físico —el de los robots que se mueven por casas, almacenes y ciudades— quede en manos exclusivas de otros competidores.

Hasta ahora, buena parte de sus adquisiciones en robótica estaban muy ligadas a la gestión de pedidos y la entrega de paquetes. Con Fauna, el foco se desplaza hacia un robot que, al menos en su concepción inicial, no está pensado para mover grandes cargas, sino para interactuar con personas, responder por voz y realizar tareas ligeras como recoger juguetes, acercar comida de la despensa o acompañar actividades básicas en el hogar.

Para el mercado europeo y español, donde el debate sobre la automatización, el empleo y la regulación de la IA gana peso político y social, este tipo de movimientos corporativos no pasan desapercibidos. Aunque Sprout se comercializa hoy sobre todo en Estados Unidos y como plataforma para desarrolladores, la entrada de un actor global como Amazon en la robótica humanoide de consumo anticipa que, más pronto que tarde, también en Europa veremos pilotos y proyectos que exploren usos educativos, asistenciales o de ocio.

Al mismo tiempo, la operación envía una señal al ecosistema europeo de startups de robótica y hardware: proyectos ambiciosos en humanoides, robótica social o automatización del hogar pueden encontrar salidas mediante adquisiciones estratégicas, siempre que logren demostrar tracción tecnológica y un encaje claro con las grandes tendencias del sector.

En conjunto, la compra de Fauna Robotics refuerza la idea de que Amazon ve la robótica humanoide como una pieza clave de su futuro, no solo en almacenes sino también en el salón de casa. Sprout es, por ahora, un robot caro y experimental, pero le aporta al grupo tecnología, talento y un relato potente en un área donde la frontera entre logística, consumo y asistencia personal cada vez está más difuminada. Falta por ver qué forma concreta tomarán los primeros productos comerciales que lleguen al mercado europeo, pero el movimiento deja claro que la carrera por llevar un robot bípedo al hogar ya está en marcha y que Amazon quiere estar en la línea de salida.

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