- Con un 25% de sal, el hielo aumenta mil veces su respuesta flexoeléctrica frente al hielo puro.
- El efecto aparece al deformar el material de forma no uniforme y la sal refuerza los gradientes de polarización.
- Posibles usos: sensores y recolección de energía en regiones polares; la eficiencia decae tras muchos ciclos.
- Trabajo del ICN2, Xi'an Jiaotong y Stony Brook, publicado en Nature Materials, con implicaciones para glaciares y lunas heladas.

Un equipo internacional ha comprobado que incorporar sal al hielo eleva mil veces su respuesta eléctrica al ser deformado, un avance con potencial para alimentar sensores y recolectores de energía en ambientes extremadamente fríos.
La investigación, desarrollada por el Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2, UAB) junto a la Universidad de Xi’an Jiaotong y Stony Brook University, se publica en Nature Materials y sitúa al hielo salino entre los materiales a considerar para electrónica en condiciones severas.
Del hielo inerte al efecto flexoeléctrico
A diferencia de materiales piezoeléctricos clásicos, el hielo no genera carga cuando se comprime de forma uniforme; sin embargo, bajo una deformación desigual aparece una señal eléctrica por flexoelectricidad, lo que abre una vía para aprovecharlo.
Los primeros ensayos con hielo puro ya lo demostraban, pero la magnitud era baja e insuficiente para uso práctico, de modo que el reto consistía en amplificar ese efecto sin perder estabilidad del material.
Cómo la sal multiplica el efecto
Al introducir sal común en torno al 25% en masa, el equipo midió un coeficiente flexoeléctrico hasta mil veces superior al del hielo puro, alcanzando valores comparables a los de materiales empleados habitualmente en electrónica.
Según los autores, la presencia de iones de sodio y cloruro modifica la estructura y favorece gradientes de polarización cuando el sólido se curva, reforzando la respuesta eléctrica sin alterar la naturaleza del fenómeno observado.
Aplicaciones y límites en el mundo real
Este comportamiento abre la puerta a sensores de bajo coste y sistemas de recolección energética que funcionen en glaciares o estaciones polares, aunque el hielo salino pierde eficacia tras numerosos ciclos y exigirá estrategias de mejora en durabilidad.
- Sensores de presión o vibración integrados en superficies heladas.
- Balizas o nodos autónomos para monitorizar glaciares y casquetes polares.
- Módulos de energía de baja potencia para instrumentación científica en frío extremo.
- Electrónica de muy bajo consumo en entornos criogénicos donde otras soluciones fallan.
Entre sus bazas destacan la abundancia del material, el coste reducido y la sostenibilidad; como subraya el equipo, con la participación de Gustau Catalán (ICN2), se perfila como candidato interesante dentro del catálogo de tecnologías limpias.
Más allá de la aplicación tecnológica, comprender esta respuesta del hielo ayuda a interpretar procesos en glaciares y podría aportar pistas sobre actividad eléctrica en lunas heladas como Europa y Encélado, relevantes para la ciencia planetaria.
Con una salinidad del 25%, el hielo pasa de emisor tímido a generador flexoeléctrico competitivo, con usos delimitados en frío extremo y un claro margen de mejora en resistencia a ciclos.


