Análisis de orina y biomarcadores para detectar el cáncer de páncreas en fases tempranas

Última actualización: diciembre 15, 2025
  • Un panel de tres proteínas en orina (LYVE1, REG1A/REG1B y TFF1) permite diferenciar el cáncer de páncreas temprano de otras patologías con alta precisión.
  • El algoritmo PancRISK combina estos biomarcadores con datos clínicos y alcanza exactitudes comparables al marcador sanguíneo CA 19-9, mejorando aún más al utilizarse juntos.
  • El ensayo clínico UroPanc, con más de 3.000 participantes, busca validar esta prueba de orina como herramienta no invasiva para seleccionar a los pacientes que necesitan estudios diagnósticos avanzados.
  • Si se confirma su eficacia, la detección temprana mediante orina podría aumentar de forma notable el acceso a la cirugía y las tasas de supervivencia del cáncer de páncreas.

Análisis de orina para detección temprana de cáncer de páncreas

El cáncer de páncreas sigue siendo uno de los tumores más temidos porque suele descubrirse tarde, cuando apenas hay margen para tratamientos curativos. En países como el Reino Unido se diagnostican miles de casos al año y, sin embargo, menos del 5 % de las personas afectadas sigue con vida cinco años después. La razón principal es clara: la enfermedad se detecta demasiado tarde, en fases avanzadas, cuando la cirugía ya no es posible y la supervivencia se mide en escasos meses.

En este contexto, la idea de poder diagnosticar el cáncer de páncreas de forma precoz con una simple muestra de orina suena casi a ciencia ficción. Pero varios equipos de investigación internacionales, con un papel destacado de científicos británicos y españoles, han demostrado que esta posibilidad está cada vez más cerca. Han identificado una combinación de tres proteínas en la orina que permite diferenciar el cáncer pancreático temprano de otras enfermedades del páncreas e incluso de sujetos sanos, con una precisión superior al 90 % en algunos estudios.

Por qué es tan difícil detectar pronto el cáncer de páncreas

El cáncer de páncreas, especialmente el adenocarcinoma ductal pancreático (la forma más frecuente), es uno de los tumores con peor pronóstico a nivel mundial. Más del 80 % de las personas reciben el diagnóstico cuando el tumor ya se ha extendido fuera del páncreas, lo que significa que no se les puede ofrecer cirugía, el único tratamiento con potencial realmente curativo en la actualidad.

Las cifras de supervivencia reflejan bien este problema. Cuando el tumor se detecta en un estadio terminal, la supervivencia típica se sitúa alrededor de 3 a 12 meses, y las tasas de supervivencia a cinco años raramente superan el 5 %. Sin embargo, si el cáncer se identifica en estadio 2 la probabilidad de seguir vivo a los cinco años puede acercarse al 20 %, y si se diagnostica en estadio 1, con tumores muy pequeños (de 1 cm o menos), algunos estudios apuntan a posibilidades de supervivencia a cinco años cercanas al 60 %.

Hasta hace muy poco no existía ninguna prueba de cribado fiable para el cáncer de páncreas en personas asintomáticas, ni un método sencillo para diferenciar con seguridad un cáncer en fase inicial de otras patologías como la pancreatitis crónica. De ahí la enorme relevancia de las nuevas investigaciones centradas en el análisis de orina.

De la teoría a la práctica: cómo surge la idea de usar la orina

Un grupo de investigadores del Instituto de Cáncer de Barts en la Universidad Queen Mary de Londres, junto con equipos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y hospitales españoles como el Hospital del Mar y el Hospital Vall d’Hebron, llevaba más de una década intentando encontrar biomarcadores fiables para el cáncer de páncreas. Desde el principio apostaron por estudiar la orina como fluido biológico, en lugar de la sangre, por varias razones.

Para estos investigadores, la orina es un fluido muy atractivo: es un medio inerte, fácil de obtener, no requiere procedimientos invasivos, es menos complejo que la sangre y permite un manejo sencillo en la práctica clínica. Tal y como ha explicado la profesora Tatjana Crnogorac-Jurcevic, una de las líderes de este trabajo, el objetivo siempre fue desarrollar un test de diagnóstico urinario con buena especificidad y sensibilidad, sencillo de realizar y de bajo coste, que pudiera utilizarse en la consulta habitual.

Tras años de análisis y comparaciones de muestras, los equipos lograron identificar en la orina de personas con cáncer de páncreas un conjunto de proteínas cuya presencia, en combinación, parecía indicar con mucha precisión la existencia de la enfermedad en fases tempranas. Este «panel» de biomarcadores se convirtió en la base de los estudios posteriores y de nuevas herramientas como el algoritmo PancRISK, diseñado para estratificar el riesgo de padecer un adenocarcinoma ductal pancreático.

Este esfuerzo científico ha sido posible gracias, entre otros apoyos, a la financiación del Pancreatic Cancer Research Fund (PCRF), una organización benéfica británica que ha apoyado tanto los estudios iniciales de identificación de proteínas como los ensayos clínicos más recientes orientados a validar la prueba en entornos reales.

Las tres proteínas clave: LYVE1, REG1A/REG1B y TFF1

En los análisis de orina realizados a lo largo de estas investigaciones se identificaron inicialmente cerca de 1.500 proteínas distintas. Aproximadamente la mitad de ellas aparecían tanto en voluntarios hombres como en mujeres, lo que ya daba una idea de la complejidad del perfil proteico urinario. A partir de ahí, los científicos aplicaron filtros biológicos y estadísticos para ir acotando el número de candidatos.

De toda esa enorme lista, tres proteínas destacaron por su comportamiento diferencial en los pacientes con cáncer de páncreas frente a los controles sanos y frente a quienes sufrían pancreatitis u otras patologías hepáticas o biliares. Esas tres moléculas son LYVE1, REG1A (o su variante REG1B) y TFF1, consideradas desde entonces como el núcleo del panel de biomarcadores urinarios para detección precoz.

Lo que observaron los investigadores fue que los pacientes con cáncer pancreático presentaban niveles claramente más altos de estas proteínas respecto a las personas sanas. Además, quienes padecían pancreatitis crónica mostraban concentraciones significativamente más bajas que los pacientes con tumor, lo que permitía separar con bastante claridad ambas situaciones clínicas, algo especialmente valioso porque la pancreatitis puede generar síntomas y hallazgos radiológicos muy parecidos a los del cáncer.

Cuando se analizaban en conjunto, los niveles de LYVE1, REG1A/REG1B y TFF1 generaban una especie de «firma» molecular capaz de detectar cáncer de páncreas en estadios 1 y 2 con una precisión que superaba el 90 % en algunos estudios iniciales. En otras palabras, la presencia combinada de estas tres proteínas permitía distinguir, con alta fiabilidad, a los pacientes con enfermedad inicial de quienes no la padecían.

Además, investigaciones con muestras recogidas años antes del diagnóstico han demostrado que, especialmente REG1B y LYVE1, comienzan a elevarse de forma significativa hasta 24 y 12 meses antes, respectivamente, de que se confirme clínicamente el adenocarcinoma ductal pancreático. Esto abre la puerta a la detección de la enfermedad incluso dos años antes de que aparezcan síntomas claros.

Diseño de los estudios: cientos de muestras de orina bajo la lupa

Para comprobar si esta combinación de biomarcadores funcionaba en la práctica, los científicos llevaron a cabo un trabajo exhaustivo con muestras de orina procedentes de varios grupos de personas. En uno de los estudios clave, publicado en la revista Clinical Cancer Research, se analizaron en total 488 muestras de orina.

De esas 488 muestras, 192 correspondían a pacientes con cáncer de páncreas confirmado, 92 a personas con pancreatitis crónica y 87 a voluntarios sanos que se utilizaron como grupo de control. Para reforzar la validación del panel de biomarcadores, los investigadores también incorporaron otras 117 muestras de pacientes con diversas enfermedades del hígado y de la vesícula biliar, tanto benignas como malignas.

En ese análisis se comprobó que los pacientes con tumor pancreático presentaban niveles elevados de las tres proteínas, mientras que las personas sanas y quienes padecían pancreatitis mostraban concentraciones notablemente más bajas. Utilizando un modelo combinado de los tres marcadores, el sistema alcanzó una capacidad de discriminación del cáncer de páncreas en fase temprana superior al 90 %.

Otro trabajo, publicado en la revista International Journal of Cancer, fue un paso más allá. En lugar de limitarse a muestras obtenidas en el momento del diagnóstico, este estudio recogió de forma prospectiva orina de pacientes asintomáticos hasta cinco años antes de que desarrollaran adenocarcinoma ductal pancreático. Se incluyeron 99 casos que posteriormente fueron diagnosticados de este tipo de cáncer y 198 controles emparejados por edad, fecha y hora de recogida de la muestra, raza, estado menopáusico, año de inclusión en el estudio e incluso tiempo desde la última comida, las relaciones sexuales o el uso de antibióticos.

Los análisis mostraron que REG1B en orina aumentaba de forma estadísticamente significativa hasta 24 meses antes del diagnóstico, mientras que LYVE1 se incrementaba de manera relevante hasta 12 meses antes. La tercera proteína, TFF1, también mostraba una tendencia al alza, aunque en este caso el aumento no alcanzó siempre la significación estadística. Aun así, el conjunto de marcadores seguía resultando útil como parte del panel.

El algoritmo PancRISK y la combinación con el marcador CA 19-9

A partir de estos hallazgos, el equipo internacional desarrolló un algoritmo llamado PancRISK, que integra los niveles de los tres biomarcadores urinarios (LYVE1, REG1B y TFF1) junto con la concentración de creatinina en orina y la edad del paciente. Con estos datos se genera una puntuación que estima la probabilidad de que la persona tenga un adenocarcinoma ductal pancreático.

En los estudios publicados se comparó el rendimiento de PancRISK con el del antígeno carbohidrato 19-9 (CA 19-9), un marcador tumoral en sangre ampliamente utilizado en el seguimiento de pacientes con cáncer pancreático, aunque con ciertas limitaciones a la hora de detectar la enfermedad en fases muy tempranas o de diferenciarla de otros procesos.

Los resultados mostraron que la puntuación de PancRISK era tan precisa como el CA 19-9 para detectar adenocarcinoma ductal pancreático hasta un año antes del diagnóstico. Además, cuando se combinaban ambos parámetros, la exactitud de la detección aumentaba de forma significativa, ofreciendo un enfoque más sólido que cualquiera de las herramientas por separado.

Concretamente, la combinación de PancRISK y CA 19-9 logró una sensibilidad del 72,2 % y una especificidad del 90 % para identificar el cáncer hasta un año antes de que se confirmara el diagnóstico. Esta combinación también mostró una sensibilidad del 60 % y una especificidad del 80 % para detectar adenocarcinoma ductal pancreático hasta dos años antes. La inclusión del índice de masa corporal del paciente en el modelo mejoró aún más el rendimiento global de la puntuación.

Estos datos han reforzado la confianza de los investigadores en el panel urinario y en el algoritmo PancRISK como herramientas válidas para la vigilancia de grupos de alto riesgo y para la evaluación de pacientes con síntomas inespecíficos, pero sospechosos de cáncer de páncreas, ayudando a decidir quién necesita pruebas invasivas o estudios de imagen complejos.

El ensayo clínico UroPanc: validación a gran escala

Para que una prueba diagnóstica pase de la investigación al uso rutinario, no basta con resultados prometedores en estudios de laboratorio o en series limitadas de pacientes. Es imprescindible validarla en el contexto de la práctica clínica real. Con este objetivo se ha puesto en marcha el ensayo clínico UroPanc, un estudio de cuatro años de duración liderado por el Instituto Oncológico Barts de la Universidad Queen Mary de Londres y financiado íntegramente por el Pancreatic Cancer Research Fund.

UroPanc se considera el último paso necesario antes de trasladar esta prueba de orina a la rutina hospitalaria. El estudio pretende incluir a más de 3.000 participantes y comprobar hasta qué punto el panel de biomarcadores urinarios mantiene su precisión y utilidad diagnóstica cuando se aplica a pacientes reales en entornos clínicos diversos.

Para ello, UroPanc recluta dos grandes grupos de personas. Por un lado, están los pacientes sintomáticos que han sido derivados a hospitales por sus médicos de atención primaria porque presentan signos que hacen sospechar la presencia de un cáncer de páncreas. Por otro, se selecciona un grupo de individuos asintomáticos, pero con alto riesgo genético o familiar de desarrollar esta enfermedad, por ejemplo por antecedentes familiares de primer grado o síndromes hereditarios asociados.

Todos estos participantes proporcionan muestras de orina en paralelo a las pruebas diagnósticas estándar que ya se emplean, como los análisis de sangre y las pruebas de imagen (tomografía computarizada, resonancia magnética o ecografía endoscópica). Aquellos que se someten a estudios de imagen complejos aportan además muestras adicionales de orina para permitir comparaciones más detalladas.

El objetivo de UroPanc es confirmar que, con este volumen de pacientes y en distintos contextos clínicos, el panel de proteínas urinarias conserva una exactitud cercana al 90-95 % a la hora de distinguir el cáncer de páncreas en fase inicial de otras patologías del páncreas o de muestras completamente sanas. Una vez finalizado el estudio, el equipo espera poder desarrollar una prueba diagnóstica estandarizada y comercializable, lista para integrarse en la práctica clínica como la primera herramienta no invasiva capaz de detectar el cáncer de páncreas en una fase en la que la cirugía aún es posible.

¿Para quién se piensa esta prueba de orina y qué impacto podría tener?

Los científicos implicados en estos proyectos coinciden en que la gran ventaja de esta prueba de orina es que podría aplicarse de manera rápida, sencilla y no invasiva, algo especialmente útil en personas que presentan síntomas digestivos poco específicos, pero que podrían esconder un cáncer de páncreas detrás.

En una primera fase, la herramienta se plantea para la vigilancia de grupos de alto riesgo: personas con fuerte carga familiar de cáncer de páncreas, pacientes con determinados síndromes hereditarios, fumadores muy intensos, individuos con obesidad marcada o mayores de 50 años con diabetes de reciente aparición, entre otros. También sería muy útil en pacientes que consultan por síntomas sospechosos, pero no concluyentes, ayudando a seleccionar a quién conviene someter a exploraciones más complejas.

Al funcionar como una prueba de cribado inicial, el análisis de orina permitiría estratificar el riesgo: los pacientes con una puntuación PancRISK baja podrían evitarse estudios invasivos, mientras que aquellos con puntuaciones altas serían derivados rápidamente a pruebas de imagen y a unidades especializadas. De esta forma, el sistema sanitario podría optimizar recursos y, sobre todo, acortar el tiempo hasta el diagnóstico en los casos que realmente lo necesitan.

El potencial impacto en la supervivencia es enorme. Si se logra detectar el cáncer cuando los tumores son pequeños y aún no se han diseminado a otros órganos, muchos más pacientes podrían beneficiarse de la cirugía, que sigue siendo la opción con posibilidad de curación. Como han señalado varios especialistas, extirpar tumores de 1 cm o menos se asocia con tasas de supervivencia a cinco años cercanas al 60 %, muy lejos de las cifras actuales cuando el diagnóstico se realiza en fases avanzadas.

Además, una prueba de orina fiable reduciría la incertidumbre diagnóstica que a menudo rodea al cáncer de páncreas, donde síntomas y hallazgos de imagen pueden solaparse con otras enfermedades. Poder confirmar o descartar la presencia de un tumor de forma más rápida supondría un avance importante para agilizar el proceso, disminuir la ansiedad de los pacientes y comenzar antes los tratamientos necesarios.

Limitaciones, cautelas y próximos pasos

A pesar del entusiasmo que han generado estos hallazgos, tanto los propios investigadores como expertos independientes recuerdan que aún es pronto para considerar esta prueba de orina como una herramienta de cribado masivo disponible en cualquier centro de salud. Es necesario completar los ensayos clínicos en marcha y demostrar, no solo que el test detecta el cáncer con precisión, sino que su uso sistemático se traduce en una mejoría real de los resultados clínicos.

Algunos especialistas, como representantes de la American Cancer Society, han señalado que los datos son muy prometedores, pero insisten en que se requiere más investigación para evaluar la repetibilidad y la facilidad de uso del test, su coste, la logística de manejo de las muestras y su integración eficaz con otras pruebas diagnósticas. También preocupa el riesgo de falsos positivos y falsos negativos, algo especialmente importante cuando se plantea cualquier prueba de cribado en población aparentemente sana.

Por ahora, la mayoría de los expertos considera que es prematuro afirmar que esta prueba de orina es ya una herramienta de detección efectiva y lista para uso generalizado. No se espera que esté ampliamente disponible en la práctica clínica inmediata, pero sí que pueda incorporarse en los próximos años si los resultados de estudios como UroPanc confirman sus beneficios.

Mientras tanto, los equipos de investigación siguen ampliando el número de muestras analizadas, ajustando los algoritmos como PancRISK, estudiando la combinación con otros marcadores (como el CA 19-9 u otras moléculas emergentes) e intentando definir mejor qué perfiles de pacientes se beneficiarían más de su aplicación sistemática.

La suma de todo este trabajo ha permitido pasar de una situación en la que no existía ninguna prueba fiable para detectar el cáncer de páncreas en fase inicial a un escenario en el que una analítica de orina bien diseñada podría identificar la enfermedad incluso dos años antes de su diagnóstico habitual. Si los estudios en curso confirman lo que ya sugieren los datos disponibles, el abordaje del cáncer pancreático podría cambiar de forma radical, ofreciendo a muchos pacientes una opción real de tratamiento curativo y supervivencias significativamente más largas.

cáncer de páncreas
Artículo relacionado:
Cáncer de páncreas: síntomas, riesgos y nuevas vías para detectarlo y tratarlo