- Los análisis genéticos en restos óseos requieren laboratorios acreditados UNE‑EN ISO/IEC 17025 y supervisión de la CNUFADN.
- La identificación se basa en STR autosómicos, Y‑STR y ADN mitocondrial, con técnicas clásicas y de nueva generación (NGS).
- La calidad, la cadena de custodia y las bases de datos de ADN son esenciales en contextos judiciales y de memoria histórica.
- Estos estudios permiten identificar víctimas de conflictos, catástrofes y desapariciones con probabilidades de certeza superiores al 99,99%.

Cuando se recuperan restos óseos muy antiguos o degradados, la genética forense se convierte en una de las pocas herramientas capaces de poner nombre a esos huesos. Detrás de cada muestra hay familias esperando respuestas, procesos judiciales abiertos y, en muchos casos, la necesidad social de cerrar heridas vinculadas a la memoria histórica.
Para que esos resultados sean aceptados en tribunales o en grandes proyectos humanitarios, no basta con extraer ADN sin más: es imprescindible que el estudio lo realice un laboratorio acreditado, con métodos validados y controles de calidad estrictos. En este artículo se recoge, de forma detallada y con lenguaje claro, cómo funcionan estos análisis genéticos acreditados a partir de restos óseos, qué normas los regulan, qué técnicas se utilizan y qué papel juegan en la identificación de desaparecidos, víctimas de catástrofes y casos judiciales complejos.
Laboratorios de genética forense y acreditación oficial
En España y en otros países, los análisis genéticos con fines forenses se realizan en laboratorios especializados en genética humana que han demostrado su competencia técnica ante organismos de acreditación independientes. Esta acreditación es la garantía de que los resultados tienen valor probatorio y pueden ser comparados internacionalmente.
Un ejemplo claro es el laboratorio de genética de TECNALIA, que cuenta con la acreditación ENAC nº 4/LE2511 conforme a la norma UNE‑EN ISO/IEC 17025:2017. Esta certificación, vigente desde 2019 y renovada periódicamente, reconoce que el laboratorio dispone de personal cualificado, equipos calibrados, métodos validados y un sistema de gestión de calidad robusto para realizar ensayos forenses altamente fiables.
Dentro del ámbito privado, centros como Citogen llevan desde finales de los años noventa desarrollando genética clínica y forense con gran volumen de casos, como miles de pruebas de paternidad anuales y numerosos informes periciales que se aportan en tribunales. Estos laboratorios combinan tecnologías de última generación con la obligación de cumplir requisitos exigentes: pertenecer a la Comisión Nacional para el Uso Forense del ADN (CNUFADN), seguir sus acuerdos y estar acreditados conforme a ISO/IEC 17025.
En el plano internacional, el Laboratorio de Genética Forense del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) representa otro modelo de referencia. Está acreditado según ISO/IEC 17025 por el Organismo Argentino de Acreditación (OAA, acreditación LE 281) para la determinación y comparación de perfiles genéticos en restos humanos. Su actividad se centra, en gran medida, en el análisis de muestras óseas muy degradadas y en la identificación de víctimas de desaparición forzada.
La CNUFADN, dependiente del Ministerio de Justicia, vigila que los laboratorios que aportan perfiles genéticos a la base de datos policial de ADN cumplan la norma UNE‑EN ISO/IEC 17025. De forma periódica, la Comisión Técnica Permanente revisa los certificados de participación en controles de calidad, el estado de la acreditación y las áreas de aplicación de cada laboratorio antes de proponer su inclusión en los listados oficiales publicados.
Qué cubre la acreditación: tipos de muestras y ensayos forenses
La acreditación no es genérica; define con precisión qué tipos de muestras, técnicas y marcadores genéticos puede analizar cada laboratorio. En genética forense aplicada a restos óseos, el alcance suele incluir:
Por un lado, la detección de fluidos biológicos (sangre, semen, saliva) mediante métodos inmunocromatográficos, crucial para diferenciar dónde hay material útil para extraer ADN. En muchos casos se analizan vestigios en ropa, objetos o superficies vinculadas a un delito.
Por otro, la extracción y cuantificación de ADN a partir de matrices complejas: pelo sin raíz, células epiteliales en objetos tocados, tejidos, dientes y, especialmente, restos óseos. El hueso y las piezas dentales son fundamentales cuando el cuerpo está muy degradado, han pasado décadas desde el fallecimiento o solo se conservan fragmentos.
En cuanto a los análisis genéticos propiamente dichos, la acreditación suele contemplar el estudio de STR autosómicos y del cromosoma Y. Los STR (Short Tandem Repeats) son pequeñas regiones del ADN nuclear formadas por repeticiones cortas, muy variables entre individuos, que permiten generar un perfil genético con elevada capacidad de discriminación.
Además, en contextos complejos o con material muy deteriorado, se complementa con el análisis de ADN mitocondrial (mtADN), que se hereda por vía materna y está presente en muchas más copias por célula. Esto aumenta la probabilidad de obtener información en restos muy antiguos o dañados, aunque con menor poder de discriminación individual.
Finalmente, para muestras complicadas (perfiles mezcla, cantidades muy bajas de ADN, restos antiguos) se recurren a metodologías avanzadas de secunciación de nueva generación (NGS), que permiten estudiar cientos de marcadores en fragmentos de ADN muy pequeños, ampliando el abanico de información disponible y posibilitando incluso inferir rasgos fenotípicos como el color de ojos o de cabello.
Normativa, comisiones y control de calidad en genética forense
La base de la calidad en genética forense está en la norma UNE‑EN ISO/IEC 17025, que marca los requisitos que deben cumplir los laboratorios de ensayo, incluyendo los dedicados a ADN. Esta norma establece criterios de competencia técnica, gestión documental, calibración de equipos, validación de métodos, formación del personal y trazabilidad completa de los resultados.
En España, la Comisión Nacional para el Uso Forense del ADN (CNUFADN) actúa como órgano de referencia. Dentro de ella, la Comisión Técnica Permanente (CTP) se encarga de proponer criterios científicos y técnicos, así como de revisar la situación de la acreditación de los distintos laboratorios forenses. Cada año solicita información detallada sobre:
- Identificación del laboratorio y responsables técnicos.
- Áreas de aplicación (ámbito penal, civil, memoria histórica, banco estatal de ADN).
- Certificados de participación en controles de calidad externos.
- Estado de la acreditación UNE‑EN ISO/IEC 17025 y su alcance.
Tras evaluar esa documentación, la CTP eleva al Pleno de la CNUFADN una lista de laboratorios que cumplen los criterios, que posteriormente se publica en la web oficial. Este procedimiento se aplica tanto a laboratorios con actividad en el ámbito penal o civil como a aquellos que optan a participar en el Banco Estatal de ADN de víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura.
En este último caso, la CNUFADN ha iniciado un proceso específico para asegurar que los laboratorios sean competentes en el análisis de muestras críticas contempladas en la Ley 20/2022, centradas sobre todo en restos óseos y molares. La idea es que solo centros con experiencia contrastada en estas matrices especialmente complejas puedan incorporar perfiles a dicho banco estatal.
Además de la 17025, los laboratorios siguen recomendaciones científicas de organismos internacionales como la Sociedad Internacional de Genética Forense (ISFG) y el grupo de trabajo de ADN de ENFSI. Estas guías cubren nomenclatura de marcadores STR, interpretación de perfiles genéticos, gestión de bases de datos, análisis de mezclas y criterios estadísticos para informar las probabilidades de coincidencia.
Estándares para la toma de muestras y cadena de custodia
Antes de llegar al laboratorio, las muestras deben ser recogidas, conservadas y documentadas de forma impecable. Los estándares científicos de toma de muestras abarcan tanto las muestras de referencia indubitadas (sangre o saliva de familiares, hisopados bucales) como los vestigios biológicos y los restos cadavéricos dubitados (huesos, dientes, tejidos).
Las guías recomendadas inciden en tres aspectos fundamentales: protección y preservación de las muestras (para evitar contaminación y degradación), procedimientos estrictos de identificación de cada pieza (etiquetado, codificación, documentación) y mantenimiento de la cadena de custodia, que garantiza la integridad y autenticidad desde el levantamiento hasta el análisis.
En España, estas recomendaciones han inspirado normas específicas como la Orden JUS/1291/2010, que regula la preparación y remisión de muestras al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Se detallan envases adecuados, condiciones de transporte, documentación que debe acompañar a las muestras y medidas de seguridad para su custodia.
En proyectos de memoria histórica, la cadena de custodia se extiende también a la parte arqueológica y antropológica. El registro de la excavación, la posición de los restos en la fosa, la asociación con objetos personales y el contexto histórico son elementos cruciales que deben viajar junto a la muestra biológica, de manera que los datos genéticos se puedan interpretar en coherencia con el resto de evidencias.
Asimismo, cuando se toman muestras de familiares, se recogen datos personales, información de parentesco y consentimientos informados para el manejo de datos personales y genéticos. Este componente ético y legal es clave, sobre todo cuando se generan bases de datos de ADN para desaparecidos o víctimas de conflictos bélicos.
Tipos de ADN utilizados en genética forense
En la práctica forense, no se trabaja con un único tipo de ADN. Cada uno aporta una información complementaria y se elige en función del estado de la muestra y del tipo de relación biológica que se pretende estudiar.
El pilar de la identificación humana son los STR autosómicos. Estos marcadores, repartidos por distintos cromosomas, se heredan a partes iguales del padre y de la madre. Al analizar simultáneamente entre 10 y más de 20 STR autosómicos, se genera un perfil genético altamente individualizado, que se expresa como un código numérico fácilmente almacenable y comparable en bases de datos.
Para el estudio de líneas paternas se recurre al ADN del cromosoma Y. Los varones que comparten la misma línea paterna (padre, hijos, tíos, primos por línea masculina) presentan el mismo haplotipo Y‑STR. Esto es muy útil en la interpretación de restos de semen en agresiones sexuales o en reconstrucciones genealógicas en las que el linaje masculino tiene especial interés.
Cuando el material nuclear está muy fragmentado, como ocurre en restos óseos antiguos o sometidos a temperaturas extremas, cobra protagonismo el ADN mitocondrial. El mtADN se hereda por vía materna y tiene un poder de discriminación menor, pero su abundancia (cientos o miles de copias por célula) hace que pueda recuperarse en situaciones donde el ADN nuclear ya no es detectable.
En contextos de identificaciones complejas (desastres de gran magnitud, conflictos armados, desapariciones masivas), se combinan estos tipos de ADN con aproximaciones estadísticas avanzadas para valorar probabilidades de parentesco, coincidencias en bases de datos y exclusiones, de manera que el peso probatorio de la prueba de ADN sea científicamente sólido y comprensible para jueces y tribunales.
El efecto CSI y la realidad de la prueba genética
Las series de televisión y películas han popularizado tanto la genética forense que se ha acuñado el término “efecto CSI” para describir la percepción de que estas pruebas son siempre rápidas, infalibles y concluyentes. Esta visión, sin embargo, dista bastante de la realidad diaria en los laboratorios.
En la práctica, la calidad de la muestra, el tiempo transcurrido desde el fallecimiento, las condiciones ambientales y el tipo de vestigio condicionan enormemente el resultado. Un resto óseo muy degradado puede requerir múltiples intentos de extracción, diferentes tipos de marcadores y protocolos específicos de purificación para obtener un perfil parcialmente utilizable.
Pese a estas dificultades, la biología molecular se ha consolidado como una herramienta esencial en tres grandes áreas: la investigación criminal (asociar vestigios biológicos a sospechosos o víctimas), la identificación de restos humanos y desaparecidos, y los estudios de paternidad y otros parentescos (hermanos, abuelos, tíos, etc.).
En cuanto a la fiabilidad, los perfiles basados en STR autosómicos alcanzan probabilidades de coincidencia al azar extremadamente bajas entre individuos no relacionados. En casos de paternidad, por ejemplo, es frecuente obtener probabilidades de W superiores al 99,999%, mientras que en algunas situaciones complejas, como se ha visto en estudios de restos óseos de fosas comunes, se pueden obtener probabilidades algo menores (en torno al 96%) dependiendo del número y tipo de familiares disponibles para la comparación.
A pesar de ese enorme poder de discriminación, los expertos insisten en que la prueba de ADN debe interpretarse siempre en conjunto con otros elementos forenses e históricos: datos antropológicos, contexto arqueológico, testimonios, documentación y, por supuesto, la valoración estadística explicada de forma clara a jueces y jurados.
Metodologías de laboratorio: del hueso al perfil genético
Una vez que las muestras han sido recogidas y se mantiene garantizada la cadena de custodia, los genetistas forenses siguen una serie de etapas de laboratorio bien establecidas para transformar un fragmento óseo en un perfil genético interpretable.
El proceso comienza con la extracción y purificación del ADN. En el caso de los huesos, suele incluir limpieza mecánica, eliminación de la superficie contaminada, pulverización del tejido óseo y digestión química con enzimas y agentes descalcificantes. Posteriormente se purifica el ADN para eliminar inhibidores que puedan afectar a la PCR.
La siguiente fase es la cuantificación por qPCR (PCR a tiempo real) u otros métodos equivalentes. El objetivo es determinar cuánta cantidad de ADN humano hay en la muestra y si su integridad es suficiente para los ensayos posteriores. Esta información permite ajustar las condiciones de amplificación y evitar repetir análisis innecesarios.
Después se procede a la amplificación y marcaje de los marcadores de interés (STR autosómicos, Y‑STR, regiones del mtADN, paneles específicos NGS), utilizando la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). En los sistemas tradicionales capilares se emplean cebadores fluorescentes y kits comerciales validados que incluyen múltiples loci en un solo ensayo multiplex.
Los productos amplificados se separan mediante electroforesis capilar o, en el caso de plataformas de nueva generación, se someten a secuenciación masiva (NGS). A partir de los patrones de picos o de las lecturas de secuencia, se genera el perfil genético, que se traduce en un conjunto de números (para STR) o secuencias (para mtADN) listos para comparar.
La interpretación final requiere software especializado y criterios estadísticos validados, sobre todo cuando se trata de perfiles mezcla, cantidades muy bajas de ADN o muestras LLDNA (low level DNA). Distintos grupos internacionales han publicado recomendaciones para la interpretación de mezclas y muestras complejas, que van desde modelos probabilísticos hasta reglas específicas para la aceptación o rechazo de alelos en el perfil.
Nuevos marcadores, NGS y estudios pioneros en restos óseos
En Europa se ha definido un nuevo estándar de marcadores STR para facilitar el intercambio de datos de ADN entre las bases de datos nacionales de los Estados miembros. La resolución de 30 de noviembre de 2009 del Consejo de Europa estableció un conjunto de 12 marcadores clave (D1S1656, D2S441, D3S1358, FGA, D8S1179, D10S1248, TH01, vWA, D12S391, D18S51, D21S11 y D22S1045), que se han incorporado a los kits comerciales europeos.
Para implementar este estándar, cinco laboratorios de genética forense en España (Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, Ertzaintza, Mossos d’Esquadra e Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses) llevaron a cabo estudios poblacionales y de concordancia. Analizaron muestras de referencia para determinar las frecuencias alélicas en la población española y compararon los resultados entre distintos kits multiplex (Identifiler, NGM, ESX‑17, ESSPlex) que incluyen tanto los 12 marcadores europeos como otros loci adicionales (D16S539, D2S1338, D19S433, SE33).
Paralelamente, la irrupción de la secuenciación masiva de nueva generación (NGS) ha abierto un abanico de posibilidades en la genética de restos óseos muy degradados. Un ejemplo relevante es el estudio conjunto de la UAB y la UPF en restos de una fosa común de la Guerra Civil: al aplicar técnicas NGS específicamente diseñadas para muestras forenses, lograron obtener perfiles mucho más completos que con los marcadores clásicos.
Este tipo de ensayos permite amplificar fragmentos de ADN mucho más cortos y hasta unos 200 marcadores, incluyendo información sobre rasgos fenotípicos como el color de ojos y de cabello. Además, hace posible establecer parentescos de hasta segundo grado de consanguinidad con gran fiabilidad, algo especialmente valioso cuando no existen descendientes directos vivos y hay que recurrir a familiares más lejanos.
La combinación de STR, mtADN, Y‑STR y paneles NGS se ha convertido así en una herramienta decisiva para abordar identificaciones históricas y humanitarias que antes resultaban técnicamente inviables por el estado de conservación del material genético.
Memoria histórica, bancos de ADN y proyectos humanitarios internacionales
En el contexto de la memoria histórica en España, los análisis genéticos de restos óseos son esenciales para la identificación de víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. Las exhumaciones de fosas comunes se acompañan de protocolos arqueológicos, antropológicos y genéticos que buscan devolver la identidad a las personas enterradas de forma anónima.
La Junta de Andalucía, por ejemplo, ha suscrito acuerdos para que todas las muestras y análisis genéticos se realicen en el Laboratorio de Medicina Forense de la Universidad de Granada, con el objetivo de crear una colección de referencia de datos genéticos a medida que avanzan las exhumaciones. A nivel estatal se trabaja en una base de datos nacional de ADN específica para víctimas, en el marco de los trabajos de memoria democrática.
En paralelo, la CNUFADN ha puesto en marcha un procedimiento para seleccionar laboratorios habilitados para el Banco Estatal de ADN de víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura. La selección se basa en los mismos principios de acreditación y garantía de calidad, con énfasis en la capacidad para tratar las muestras críticas (restos óseos y molares) que la ley identifica como prioritarias.
A escala internacional, el EAAF ha desarrollado una experiencia pionera en la identificación de personas desaparecidas por violaciones de derechos humanos. Desde la década de 1980, colaboró con laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá (como los grupos de Marie‑Claire King, Erika Hagelberg, Michelle Harvey y otros) para extraer ADN de huesos y confirmar identidades en Argentina, Etiopía, Haití y otros países.
Con el tiempo, gracias a la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas (ILID) y a los avances tecnológicos tras conflictos como la Guerra de los Balcanes o catástrofes como el 11‑S, el EAAF logró crear su propio laboratorio genético acreditado en Argentina, capaz de procesar centenares de muestras óseas y de referencia por año. Hasta la fecha ha gestionado más de 3.500 muestras óseas y 11.000 muestras de familiares, logrando identificar más de 800 víctimas de desaparición forzada con grados de certeza iguales o superiores al 99,99%.
Procedimientos legales: exhumación y peritaje en restos óseos
Cuando la identificación de restos óseos tiene implicaciones judiciales o civiles (herencias, pruebas de parentesco, causas penales), la exhumación y el análisis deben seguir pasos legales muy concretos para que el dictamen pericial tenga plena validez.
En un cementerio, la exhumación de restos mortuorios no siempre exige orden judicial; suele bastar con cumplir las ordenanzas municipales y abonar las tasas correspondientes, según el Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria. El proceso comienza con la solicitud del Certificado de Inhumación por parte del titular del nicho o sus herederos, donde constan los datos de la persona inhumada, las fechas de defunción e inhumación y la localización del sepulcro.
Posteriormente se tramita ante el Ayuntamiento, normalmente ante el área de Salud Pública, la Autorización de exhumación y traslado de restos óseos. En esa solicitud debe indicarse expresamente qué laboratorio realizará el análisis de ADN y qué perito judicial se encargará del levantamiento y de la custodia de los restos.
La presencia de un perito judicial durante la exhumación es fundamental para documentar el procedimiento, certificar la identidad y localización de los restos, y garantizar que la cadena de custodia se mantiene intacta hasta la llegada al laboratorio. Muchos laboratorios acreditados ofrecen peritos propios o colaboran con profesionales colegiados que asumen este papel.
Una vez que el laboratorio emite el informe genético, el dictamen pericial se integra en el expediente judicial o administrativo, donde deberá ser valorado junto con otros medios de prueba. La fiabilidad estadística de los resultados (por ejemplo, probabilidad de paternidad, probabilidad de coincidencia con un familiar) y el cumplimiento de los estándares de calidad y acreditación son elementos esenciales para que el informe sea considerado concluyente por el tribunal.
El conjunto de normas técnicas, guías internacionales, procedimientos de acreditación, exigencias de cadena de custodia y metodologías de laboratorio descritos permite que los análisis genéticos acreditados a partir de restos óseos pasen de ser una mera herramienta tecnológica a convertirse en un pilar central de la justicia, la memoria histórica y la reparación de las víctimas, ofreciendo identificaciones robustas allí donde otros métodos forenses resultan insuficientes.




