Antibióticos de nueva generación: la respuesta frente a las bacterias multirresistentes en los hospitales españoles

Última actualización: abril 18, 2026
  • Un estudio multicéntrico español analiza 314 muestras de bacterias hospitalarias resistentes.
  • Los antibióticos tradicionales muestran resistencias elevadas, sobre todo piperacilina/tazobactam y cefepime.
  • Los nuevos β-lactámicos presentan más del 99% de sensibilidad frente a cepas con hiperproducción de AmpC.
  • Los expertos reclaman adaptar los tratamientos y extremar la vigilancia para frenar la resistencia.

Antibióticos de nueva generación frente a bacterias multirresistentes

La resistencia a los antibióticos, analizable mediante secuenciación genómica, se ha consolidado como uno de los problemas más serios de la medicina moderna y empieza a notarse de forma clara en los hospitales españoles. Las infecciones que antes se controlaban con relativa facilidad exigen ahora tratamientos más complejos, ingresos más largos y un seguimiento muy estrecho por parte de los equipos clínicos.

En este contexto, un amplio grupo de especialistas ha evaluado si los antibióticos de nueva generación pueden ofrecer una salida frente a bacterias que ya apenas responden a los fármacos habituales. El trabajo compara de manera directa las terapias tradicionales con los últimos β-lactámicos disponibles, aportando datos que ayudan a replantear qué se debe usar en cada tipo de infección grave.

Un estudio multicéntrico para medir el alcance de la resistencia

El proyecto ha sido coordinado por el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS) y el Hospital Universitario Virgen del Rocío, con la colaboración de un nutrido grupo de hospitales y centros de investigación repartidos por España. Se trata de un estudio de carácter multicéntrico, diseñado para captar una imagen amplia de lo que está ocurriendo en distintos entornos asistenciales.

En total, los equipos participantes analizaron 314 muestras clínicas procedentes de pacientes con infecciones hospitalarias. Las muestras correspondían a dos patógenos bien conocidos en el ámbito de las infecciones nosocomiales: Enterobacter cloacae y Klebsiella aerogenes, ambos asociados a cuadros graves en pacientes ingresados, especialmente en unidades de cuidados intensivos y plantas de alta complejidad.

El periodo de recogida de muestras abarcó desde marzo hasta diciembre de 2024, lo que permitió reunir un volumen considerable de aislamientos en un intervalo de tiempo relativamente corto y, al mismo tiempo, observar tendencias reales en la práctica clínica diaria. El enfoque del trabajo ha sido eminentemente pragmático: estudiar las bacterias que están generando problemas concretos en los hospitales.

Uno de los aspectos clave del estudio es que las cepas seleccionadas presentan hiperproducción de la enzima AmpC. Este mecanismo de resistencia permite a las bacterias inactivar una cantidad importante de antibióticos β-lactámicos, de uso muy frecuente, reduciendo de forma drástica las alternativas terapéuticas disponibles cuando el paciente ya está gravemente enfermo.

La presencia de este tipo de mecanismos convierte las infecciones en un auténtico rompecabezas para los clínicos, que deben ajustar el tratamiento prácticamente a la carta. De ahí el interés en comparar, en un mismo análisis, el comportamiento de fármacos consolidados y de nueva generación frente a estas cepas tan problemáticas.

Participación de hospitales y centros de investigación de toda España

El liderazgo del IBiS y del Hospital Universitario Virgen del Rocío se ha complementado con la implicación de otros grandes centros hospitalarios del país. Entre los participantes figuran el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander), el Hospital Universitario Vall d’Hebron y el Hospital Clinic (Barcelona), el Hospital Universitario Clínico San Cecilio (Granada), el Hospital Universitario Reina Sofía (Córdoba) y el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid).

Junto a los hospitales, el estudio cuenta con la colaboración de centros de investigación de referencia como el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Infecciosas (CIBERINFEC), el Centro Nacional de Microbiología (CNM) y el Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR). Se suman también el Instituto de Investigación Sanitaria-Fundación Jiménez Díaz, el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC).

El proyecto integra además el trabajo de varias universidades españolas, entre ellas la Universidad de Sevilla, la Universidad de Córdoba y la Universidad de Barcelona. Esta red de instituciones pone de manifiesto que el problema de las bacterias multirresistentes exige una respuesta coordinada entre hospitales, laboratorios de microbiología y grupos académicos especializados.

La lista de firmantes incluye a investigadores como Ángel Rodríguez-Villodres, Jesús Rodríguez-Lozano, Alba Mir-Cros, Natalia Chueca, Marta Rodríguez-Rodríguez, Nuria Fraile-Valcárcel, Guillem Puigsech-Boixeda, Carmen Fernández-Bermudo, Dolors Rodríguez-Pardo, Cristina Arjona-Torres, Javier E. Cañada-García, Silvia García-Cobos, Irene Gracia-Ahufinger, Cristina Ortega-Portas, Jaime Esteban, Sara M. Soto, José Miguel Cisneros y José Antonio Lepe, entre otros.

Los resultados del trabajo se han publicado en la revista Journal of Antimicrobial Chemotherapy bajo el título “Comparative activity of established versus new-generation β-lactams against AmpC-hyperproducing clinical isolates of Enterobacter cloacae complex and Klebsiella aerogenes: a multicentre study”, lo que sitúa este análisis dentro del circuito científico internacional especializado en resistencias antimicrobianas.

Antibióticos tradicionales: eficacia a la baja frente a cepas multirresistentes

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es el claro desgaste de eficacia que se observa en algunos antibióticos de uso extendido en el ámbito hospitalario. En la práctica, esto significa que tratamientos que durante años han sido pilares de la terapia empírica empiezan a quedarse cortos ante las nuevas formas de resistencia.

En el caso concreto de piperacilina/tazobactam, combinación muy empleada en infecciones graves, las bacterias analizadas mostraron niveles de resistencia superiores al 78% en determinados escenarios. Esta cifra indica que, en muchos pacientes, este fármaco podría no ser una opción fiable cuando se sospecha la implicación de cepas con hiperproducción de AmpC.

La situación tampoco es cómoda para cefepime, uno de los cefalosporínicos de referencia y considerado en muchas guías como tratamiento de elección frente a determinados patógenos gramnegativos. El estudio describe tasas de resistencia por encima del 20%, un porcentaje que obliga a replantearse su uso sistemático sin respaldo de un cultivo y antibiograma.

Estos datos se inscriben en una tendencia más amplia: la pérdida progresiva de actividad de varias familias de antibióticos, especialmente cuando se enfrentan a bacterias que han desarrollado mecanismos sofisticados para esquivar su acción. En la práctica clínica, esto se traduce en estancias más prolongadas, necesidad de combinaciones complejas e incluso, en algunos casos, falta de alternativas claras.

Los autores subrayan que el panorama actual hace cada vez más complicado diseñar un tratamiento empírico que sea, a la vez, amplio y eficaz. Las cifras recogidas en los hospitales españoles indican que seguir confiando exclusivamente en los esquemas tradicionales puede dejar a un número significativo de pacientes sin la cobertura adecuada frente a estas cepas difíciles.

La irrupción de los antibióticos de nueva generación

Frente a esta realidad, el estudio pone el foco en los antibióticos de última generación, especialmente en algunos β-lactámicos desarrollados para hacer frente a patógenos con mecanismos de resistencia complejos. La idea es valorar si estos fármacos pueden ocupar un lugar central en el tratamiento de infecciones causadas por Enterobacter cloacae y Klebsiella aerogenes con hiperproducción de AmpC.

Entre los compuestos analizados destacan ceftazidima/avibactam, imipenem/relebactam y cefiderocol. Todos ellos están diseñados para mantener la actividad frente a bacterias que producen distintas β-lactamasas, incluidas algunas variantes difíciles de neutralizar con los fármacos clásicos.

Los resultados de laboratorio muestran que estos antibióticos de nueva generación alcanzan tasas de sensibilidad superiores al 99% en las cepas estudiadas. En otras palabras, prácticamente todas las muestras analizadas se mantuvieron susceptibles a estos tratamientos, lo que los sitúa como opciones muy sólidas cuando el patógeno presenta múltiples mecanismos de resistencia.

Este rendimiento tan elevado no implica que deban usarse sin criterio, pero sí respalda su papel como alternativas terapéuticas clave en determinados escenarios, especialmente en pacientes con infecciones graves, fracasos terapéuticos previos o factores de riesgo para bacterias multirresistentes.

Los autores insisten en que disponer de estos fármacos amplía de manera notable el abanico de posibilidades para tratar infecciones complicadas. No obstante, también recalcan que es fundamental contar con estudios de sensibilidad actualizados y protocolos bien definidos para decidir en qué casos merece la pena recurrir a estas moléculas de última generación.

Diversidad genética y origen de las resistencias

Más allá de comparar antibióticos, el equipo investigador ha prestado atención a la diversidad genética de las cepas de Enterobacter cloacae y Klebsiella aerogenes incluidas en el estudio. El objetivo era averiguar si la problemática de la resistencia se debe, sobre todo, a la expansión de un mismo clon o si, por el contrario, surge de forma independiente en cada entorno.

Los análisis muestran una gran heterogeneidad genética entre las bacterias, observable mediante tecnologías ómicas, lo que sugiere que la resistencia no está limitada a un único linaje que se haya extendido entre hospitales. Más bien parece que los mecanismos de defensa frente a los antibióticos están apareciendo de manera recurrente y autónoma en distintos centros y contextos clínicos.

Este hallazgo complica aún más el reto de la vigilancia, ya que no basta con controlar la entrada y salida de un clon concreto. Las medidas de control de la resistencia deben ser amplias y sostenidas, teniendo en cuenta que las bacterias pueden desarrollar estos mecanismos por vías diversas y en momentos diferentes.

Desde el punto de vista de la salud pública, la identificación de múltiples orígenes para las resistencias refuerza la importancia de un enfoque integral que incluya, entre otros aspectos, el uso racional de antibióticos, la vigilancia de vectores ambientales, la mejora de las medidas de prevención de infecciones y la monitorización constante de los patrones de sensibilidad en cada hospital.

Los autores del estudio señalan que la diversidad genética observada encaja con la situación descrita en otros países europeos, donde también se han detectado múltiples linajes resistentes circulando simultáneamente. Esto indica que el problema no es aislado, sino parte de un fenómeno global que requiere coordinación entre sistemas sanitarios.

Implicaciones clínicas y necesidad de cambiar las estrategias terapéuticas

Los datos obtenidos en este trabajo llevan a una conclusión clara: es necesario adaptar las pautas de tratamiento frente a infecciones hospitalarias causadas por Enterobacter cloacae y Klebsiella aerogenes multirresistentes. Los protocolos basados exclusivamente en antibióticos tradicionales pueden quedarse cortos ante el escenario actual.

Los autores proponen que los equipos clínicos revisen con detalle sus guías locales de antibioterapia, integrando los nuevos β-lactámicos allí donde las tasas de resistencia a los fármacos convencionales resulten especialmente elevadas. Este cambio debería ir acompañado de un uso intensivo de las pruebas de microbiología para ajustar el tratamiento lo antes posible.

También se plantea la necesidad de reforzar las estrategias de vigilancia epidemiológica de la resistencia bacteriana, tanto a nivel intrahospitalario como en redes regionales y nacionales. Contar con información actualizada permite detectar a tiempo cambios en los patrones de sensibilidad y reaccionar antes de que un problema localizado se convierta en un brote de mayor alcance.

Al mismo tiempo, el estudio recuerda que los antibióticos de nueva generación deben utilizarse con criterios de prudencia. Si se generaliza su uso sin una justificación clara, es probable que, a medio plazo, aparezcan nuevas variantes resistentes también a estos fármacos, repitiendo el ciclo que ya se ha visto con otros tratamientos.

En la práctica, esto implica reservar estos recursos para situaciones bien definidas: pacientes con alto riesgo de infección por bacterias multirresistentes, fracasos de tratamientos previos o cuadros clínicos en los que la gravedad obliga a usar desde el principio las opciones con mayor probabilidad de éxito.

En conjunto, el trabajo coordenado por el IBiS, el Hospital Virgen del Rocío y el resto de centros participantes pone de relieve que la batalla frente a las bacterias multirresistentes pasa por combinar varias piezas: desarrollo de nuevos antibióticos, ajuste de las pautas de uso, vigilancia constante y una cooperación estrecha entre hospitales, laboratorios e instituciones de investigación de toda España y del resto de Europa.

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