- Un metaanálisis con 17.801 pacientes confirma que los betabloqueantes no mejoran la supervivencia ni reducen reinfartos cuando la fracción de eyección es ≥50%.
- El trabajo, liderado por el CNIC y publicado en NEJM, integra cinco ensayos (REBOOT, REDUCE-AMI, BETAMI, DANBLOCK y CAPITAL-RCT) realizados en Europa y Japón.
- Siguen indicados si la función está reducida (<50%) o por otras patologías como insuficiencia cardiaca, arritmias o determinadas hipertensiones; no suspender sin consultar.
- Se prevé un cambio en las guías clínicas europeas; en torno al 70% de los pacientes postinfarto tienen función conservada.

Una gran revisión internacional liderada desde España concluye que, tras un infarto de miocardio, no hay beneficios clínicos demostrables al mantener betabloqueantes en personas cuya función del corazón se conserva. El análisis, coordinado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), reunió los datos de 17.801 pacientes y se publica en The New England Journal of Medicine.
Los hallazgos, presentados además en el congreso de la American Heart Association en Nueva Orleans, cuestionan la prescripción sistemática que se ha mantenido durante décadas. Sin embargo, el mensaje clave para la ciudadanía es claro: no se deben suspender fármacos sin indicación médica, porque estos resultados no aplican a todas las situaciones clínicas.
Qué cambia para los pacientes con función cardiaca normal

En los cinco ensayos analizados, la mitad de los participantes recibió betabloqueantes y la otra mitad no. Tras casi cuatro años de seguimiento, alrededor del 8% registró eventos cardiovasculares (muerte, nuevo infarto o insuficiencia cardiaca), sin diferencias entre grupos. Esto implica que, con fracción de eyección del ventrículo izquierdo igual o superior al 50%, la terapia no aporta una reducción del riesgo.
Los investigadores comprobaron que esta ausencia de beneficio persiste al evaluar cada resultado por separado: mortalidad total y cardiovascular, reinfarto, ingresos por insuficiencia cardiaca o arritmias graves. El patrón fue consistente en todos los subgrupos analizados, independientemente de la edad, el sexo o el tipo de betabloqueante utilizado.
Este cambio es relevante porque hoy, aproximadamente, siete de cada diez personas que sobreviven a un infarto mantienen una función de bombeo normal gracias a los tratamientos de revascularización y a la mejora en el manejo hospitalario del síndrome coronario agudo.
Para muchos pacientes, además, retirar un fármaco sin beneficio puede ayudar a evitar efectos adversos conocidos de la clase (como fatiga o disfunción sexual) y simplificar el plan terapéutico, siempre bajo supervisión clínica.
Cómo se hizo el metaanálisis

El equipo del CNIC, con la participación de investigadores de varios países, integró datos individuales de los ensayos contemporáneos REBOOT (España e Italia), REDUCE-AMI (Suecia), BETAMI (Noruega), DANBLOCK (Dinamarca) y CAPITAL-RCT (Japón). Todos incluyeron personas con infarto agudo de miocardio y función ventricular preservada.
El diseño común fue la asignación aleatoria a betabloqueante o no betabloqueante, con seguimiento próximo a los cuatro años. La homogeneidad de resultados, remarcan los autores, refuerza la solidez del mensaje: no se identificó ningún subgrupo con beneficio.
Además, los análisis de sensibilidad no mostraron ventajas con ningún fármaco específico de la clase ni con diferentes dosis, reforzando que el hallazgo no depende de un principio activo concreto.
Impacto en las guías y en España

Las sociedades científicas europeas ya contemplan una actualización de recomendaciones para reflejar que, tras un infarto con fracción de eyección ≥50%, el betabloqueo de rutina no aporta valor. En España, el ensayo REBOOT y la coordinación del CNIC han sido claves para acelerar la respuesta de la comunidad clínica.
Este giro no supone que se haya tratado mal a los pacientes en el pasado; más bien evidencia que la práctica cardiológica ha evolucionado. La combinación de angioplastia, revascularización rápida y tratamientos antitrombóticos ha reducido las complicaciones que antes respaldaban el uso universal de betabloqueantes.
El potencial impacto es doble: sanitario, al evitar medicación innecesaria, y también en calidad de vida, al reducir efectos secundarios en quienes no se benefician del fármaco. Se espera, además, un uso más eficiente de recursos en el seguimiento.
Mujeres y otros subgrupos

Mientras que el ensayo REBOOT observó una posible señal desfavorable en mujeres, al integrar todos los estudios esa diferencia no alcanzó significación. La interpretación de los autores es prudente: pueden existir variaciones regionales o por perfiles clínicos, pero el conjunto de la evidencia no respalda un daño específico en este grupo.
Más allá del sexo, tampoco se halló beneficio diferenciado por edad, diabetes, tipo de infarto o clase de betabloqueante, lo que refuerza la conclusión general de ausencia de efecto con función ventricular normal.
Cuándo sí están indicados y qué debes hacer si los tomas

Los betabloqueantes siguen siendo esenciales si tras el infarto la fracción de eyección es inferior al 50%, y también están indicados en patologías como la insuficiencia cardiaca crónica, determinadas arritmias o, en contextos seleccionados, hipertensión con frecuencia cardiaca elevada.
Si actualmente tomas un betabloqueante, no lo retires por tu cuenta. La recomendación es comentarlo en tu próxima revisión con el especialista. El médico confirmará si lo tomas únicamente por el infarto con función normal o por otra indicación que aconseje mantenerlo.
En quienes no tienen indicación clara, ajustar el plan terapéutico puede disminuir la carga de pastillas y reducir molestias como cansancio o alteraciones del sueño y de la esfera sexual, efectos descritos para esta familia de fármacos.
Con una evidencia alineada en cinco ensayos y casi 18.000 pacientes, la cardiología europea afronta un cambio relevante: cuando el corazón recupera su fuerza de bombeo tras un infarto, el betabloqueo de rutina deja de ser imprescindible; el foco se desplaza a personalizar el tratamiento, proteger a quienes sí lo necesitan y evitar medicación innecesaria en el resto.
