China entrena robots humanoides en aulas para que aprendan tareas domésticas

Última actualización: marzo 13, 2026
  • China impulsa centros públicos donde se entrenan robots humanoides con realidad virtual para asumir tareas domésticas y asistenciales.
  • Formadores humanos repiten miles de veces movimientos cotidianos para generar datos que se suben a la nube y entrenan modelos de inteligencia artificial.
  • Instalaciones en Wuhan y Pekín recrean hogares, fábricas y residencias, funcionando como auténticas “escuelas” para robots.
  • El objetivo es acelerar la llegada de humanoides a fábricas, logística, comercios y cuidados, en contraste con el modelo más privado de Estados Unidos.

robots humanoides entrenados para tareas domesticas

En varios puntos de China se están levantando auténticas “escuelas” para robots humanoides, concebidas como aulas donde las máquinas aprenden a fregar, doblar ropa o servir un café siguiendo paso a paso las indicaciones de instructores humanos. El objetivo es que estos dispositivos puedan desenvolverse con soltura en casas, fábricas, almacenes o residencias de mayores.

En estos centros, que recuerdan más a un plató de pruebas que a un laboratorio clásico, ingenieros equipados con gafas de realidad virtual y mandos especiales controlan los movimientos de los robots como si fueran sus propios cuerpos. Cada gesto queda registrado, se convierte en datos y acaba alimentando los modelos de inteligencia artificial que, con el tiempo, permitirán a los humanoides actuar de manera autónoma.

Laboratorios que parecen aulas para robots

En la ciudad de Wuhan, en el centro del país, funciona una instalación donde varios robots humanoides se entrenan en tareas domésticas bajo la supervisión directa de especialistas. Allí practican acciones tan cotidianas como preparar café, limpiar superficies o realizar pequeñas tareas del hogar, con un nivel de detalle pensado para que puedan repetirlas sin ayuda humana en el futuro.

El proceso comienza cuando los formadores se colocan gafas de realidad virtual y empuñan mandos. Para la entrenadora de robots de IA Qu Qiongbin, cada mano se corresponde con el brazo de la máquina: al mover sus propias extremidades, el robot replica la postura. El humano ve en tiempo real lo que vería el robot y ajusta la posición, la fuerza o la velocidad para que el gesto quede correctamente registrado.

Todos esos movimientos generan grandes volúmenes de datos que, una vez recopilados, se suben a la nube. Allí se validan, se limpian y se organizan en conjuntos de entrenamiento que servirán para que otros robots aprendan las mismas destrezas sin necesidad de repetir el proceso desde cero una y otra vez.

Qu describe este trabajo como una mezcla entre ingeniería y docencia: ver cómo la máquina es capaz de completar la tarea tal y como ella se la ha mostrado le produce una sensación parecida a la de ver progresar a un alumno. En la práctica, su labor consiste en pulir los movimientos hasta que resultan fiables y seguros para un uso en entornos reales.

Los laboratorios de Wuhan están situados en la Zona de Desarrollo de Alta Tecnología del Lago del Este, un área donde se concentran proyectos de robótica avanzada. Dentro de estas instalaciones se recrean viviendas, pequeños talleres y escenarios industriales, de modo que los robots no solo practican acciones aisladas, sino secuencias completas de trabajo, como si se encontraran en un hogar o en una línea de montaje.

Escenarios realistas y repetición masiva de movimientos

Yang Xinyi, responsable de proyecto en Data Fusion Technology, explica que el método se basa en construir escenarios muy próximos a los de la vida diaria. En esos espacios, los formadores repiten una misma acción cientos, miles o incluso decenas de miles de veces. No se trata solo de que el robot aprenda a realizar un gesto, sino de que lo interiorice con la precisión suficiente para que no falle cuando haya una variación mínima en el entorno.

Ese proceso de repetición lleva asociado un flujo constante de trayectorias, posiciones y fuerzas registradas por sensores y cámaras. Cada secuencia se etiqueta, se revisa y pasa a engrosar una base de datos que servirá después para entrenar modelos de inteligencia artificial capaces de generalizar: de aprender no solo el movimiento exacto, sino el concepto de la tarea.

Desde principios de 2025, el Gobierno de Xi Jinping ha apostado por desplegar grandes centros públicos dedicados a la generación de datos para robótica humanoide. Frente al enfoque dominante en Estados Unidos, donde la mayor parte de la investigación se concentra en empresas privadas, la estrategia china pasa por financiar con fondos estatales instalaciones abiertas que puedan ser utilizadas por múltiples compañías y equipos de investigación.

El planteamiento oficial es que estos centros actúen como una especie de infraestructura común para el ecosistema de robótica, reduciendo costes de acceso a datos de calidad y acelerando el ritmo de entrenamiento. De esta forma, tanto grandes grupos tecnológicos como startups pueden beneficiarse de los mismos escenarios y registros de movimiento para perfeccionar sus propios modelos.

Para Europa y España, donde se debate cómo impulsar el desarrollo de la inteligencia artificial sin depender en exceso de proveedores externos, este tipo de instalaciones públicas podría servir como referencia. Un modelo similar, adaptado a las normas europeas de protección de datos y seguridad, permitiría a la industria local experimentar con robots humanoides en entornos seguros antes de desplegarlos en el tejido productivo.

El macrocentro de datos de Pekín y la “escuela” de humanoides

Entre las instalaciones más avanzadas destaca el Humanoid Robot Data Training Center, en el distrito de Shijingshan, cerca de Pekín. Este complejo, desarrollado en colaboración con la empresa Leju, ocupa más de 10.000 metros cuadrados y reproduce hasta dieciséis tipos de escenarios distintos, desde líneas de montaje industriales hasta hogares y centros de atención a personas mayores.

La idea es exponer a los robots a situaciones lo más parecidas posible a las que encontrarán en la realidad, pero en un entorno completamente controlado y plagado de cámaras, sensores y sistemas de seguimiento. Así, cualquier error, tropiezo o movimiento ineficiente queda registrado y puede analizarse después para modificar los algoritmos de control.

En este centro, los humanoides son manejados por operarios a través de joysticks, cascos de realidad virtual y exoesqueletos que trasladan el movimiento humano directamente a la máquina. Entre las tareas que practican con mayor frecuencia se incluyen doblar y apilar ropa, planchar, limpiar mesas, servir objetos o empujar carros de transporte, acciones que se repiten varias veces al día en hogares, hoteles o almacenes.

Las autoridades chinas se refieren a estas instalaciones como “escuelas de formación de habilidades” para robots. La ambición va más allá de que la máquina cumpla el encargo: persiguen que lo haga con un nivel de calidad y consistencia suficiente para integrarse en cadenas de producción, servicios logísticos o cuidados a largo plazo, donde fallar no es una opción.

Una vez que los modelos de inteligencia artificial han asimilado los datos generados en estos centros, los robots pueden pasar a fases de prueba en contextos menos controlados. Ahí se valida si son capaces de adaptarse a pequeñas variaciones, como cambios en la iluminación, en la posición de los objetos o en la forma de interactuar de las personas, factores críticos para su despliegue en viviendas y negocios europeos.

De los laboratorios a las tiendas y centros de trabajo

El siguiente paso, una vez superada la etapa de entrenamiento intensivo, es el salto de los humanoides a espacios abiertos al público. En Wuhan, por ejemplo, la 7S Humanoid Robot Store permite que cualquier persona interactúe directamente con estos robots, observar cómo responden a órdenes sencillas y comprobar de primera mano su nivel de destreza.

En este tipo de tiendas piloto, los robots realizan tareas básicas de atención y demostración, desde acompañar a los visitantes por el local hasta mostrarles cómo colocar productos en estanterías o servir bebidas. Aunque su margen de actuación está limitado, estos entornos sirven para medir la reacción social, detectar malentendidos en la interacción y recoger datos que no aparecen en las pruebas de laboratorio.

Según los responsables de los proyectos, la finalidad última es acelerar la integración de los humanoides en entornos reales. Una vez formados, algunos se destinan a fábricas o parques logísticos, donde asumen trabajos repetitivos o físicamente exigentes; otros se prueban en centros de cuidados, residencias o servicios de limpieza, siempre bajo supervisión humana durante las primeras fases.

Para la industria europea, que busca automatizar procesos sin perder de vista la regulación laboral y los derechos de los trabajadores, la experiencia china ofrece pistas sobre qué tipo de tareas podrían delegarse en robots humanoides a corto plazo: desde labores de mantenimiento básico en instalaciones industriales hasta apoyo en almacenes y grandes superficies comerciales.

En paralelo, las empresas tecnológicas chinas implicadas en estos centros ya están explorando fórmulas de colaboración internacional, lo que abre la puerta a que, más adelante, parte de estos humanoides formados en aulas asiáticas acaben desplegándose en mercados europeos, incluido el español, adaptados a los idiomas y normativas locales.

Todo este entramado de aulas, laboratorios y tiendas piloto se sostiene sobre un elemento común: la combinación de entrenamiento humano directo y recopilación masiva de datos. Sin esos datos, los modelos de inteligencia artificial que gobiernan a los robots no tendrían la precisión necesaria para desenvolverse en un piso, una fábrica o un supermercado sin causar problemas.

A medida que estos centros públicos sigan generando enormes bancos de movimientos y situaciones, es previsible que los robots humanoides ganen autonomía y flexibilidad. Para España y el resto de Europa, donde ya se trabaja en estrategias de inteligencia artificial y robótica, el avance chino marca el ritmo y plantea un escenario en el que ver a un androide ayudando en tareas domésticas o logísticas deje de ser ciencia ficción para convertirse en una opción más dentro del mercado laboral y de servicios.

Electrodomésticos inteligentes con IA
Artículo relacionado:
Electrodomésticos inteligentes con IA: así transforman el hogar y la vida cotidiana