Científicos logran trigo más resistente a la sequía y con menos gluten en Andalucía y el Mediterráneo

Última actualización: enero 12, 2026
  • Investigadores del IAS-CSIC de Córdoba y la Universidad de Cartago desarrollan trigo tolerante a la sequía y bajo en gliadina.
  • Uso combinado de ARNi y CRISPR/Cas para reducir proteínas del gluten manteniendo la calidad del grano.
  • Las nuevas líneas activan mejor genes clave frente al estrés hídrico sin disparar el contenido de gliadinas.
  • El proyecto, financiado por Junta de Andalucía, CSIC y Ministerio, abre la puerta a cultivos más sostenibles y aptos para dietas sin gluten.

Cereales resistentes a la sequía y bajos en gluten

En plena preocupación por la falta de agua y el aumento de las intolerancias al gluten, un equipo hispano-tunecino ha dado un paso relevante en el cultivo de trigo. Investigadores del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC (IAS-CSIC), en Córdoba, y de la Universidad de Cartago (Túnez) han generado nuevas líneas de trigo más resistentes a la sequía y con menor contenido de gliadina, una de las proteínas del gluten que provoca celiaquía y otras patologías asociadas.

El trabajo se enmarca en un reto que afecta tanto a la agricultura mediterránea como a la salud pública: cómo producir cereales que soporten mejor el estrés hídrico sin aumentar el riesgo para las personas con celiaquía, alergia al trigo o sensibilidad no celíaca. Según la información difundida por la Junta de Andalucía y la revista científica Plant Stress, las nuevas variedades mantienen calidad de grano y seguridad alimentaria a la vez que reducen de forma clara la carga de gliadinas.

El proyecto, financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y apoyado por programas del CSIC y del Ministerio de Ciencia, recurre a dos herramientas biotecnológicas avanzadas: el ARN de interferencia (ARNi) y el sistema de edición genética CRISPR/Cas. Gracias a ellas, se han obtenido trigos de bajo gluten capaces de responder mejor a la falta de agua sin alterar de forma negativa su rendimiento potencial.

Este enfoque aspira a dar respuesta a dos frentes a la vez: la necesidad de cultivos adaptados al cambio climático y la demanda creciente de productos sin gluten procedentes de cereales tradicionales como el trigo, muy presentes en la dieta de España y del resto de Europa.

Trigo con baja gliadina y más tolerante a la sequía

El punto de partida del estudio es conocido: el trigo es básico en la alimentación europea, aporta energía y proteínas, pero parte de esas proteínas, sobre todo las gliadinas, están implicadas en la celiaquía, alergias al trigo y sensibilidad no celíaca. Para quienes padecen estas patologías, la opción actual sigue siendo una dieta estrictamente libre de gluten, lo que limita mucho su margen de maniobra en una dieta donde el pan y la pasta son casi omnipresentes.

Con esta realidad sobre la mesa, el equipo del IAS-CSIC y de la Universidad de Cartago se planteó un objetivo muy concreto: reducir la gliadina sin empeorar el comportamiento de la planta frente a la sequía, un problema que ya afecta de lleno a regiones agrícolas andaluzas y del resto del Mediterráneo. Las nuevas líneas obtenidas presentan bajo contenido de gluten y muestran un mejor desempeño en condiciones de escasez de agua comparadas con variedades convencionales.

Los resultados centrales se recogen en el artículo científico “Assessing drought stress response in low-gliadin wheat developed via RNAi and CRISPR/Cas”, publicado en la revista Plant Stress. En él, los autores describen cómo las plantas modificadas son capaces de limitar el aumento de gliadinas cuando sufren estrés hídrico, algo que en los trigos tradicionales tiende a dispararse cuando falta agua, y al mismo tiempo sostener parámetros clave de desarrollo.

De acuerdo con los ensayos realizados tanto en España como en Túnez, el comportamiento de estas líneas indica que es posible avanzar hacia cereales simultáneamente más saludables y más robustos frente al clima, una combinación especialmente atractiva para sistemas agrícolas mediterráneos cada vez más secos.

ARNi y CRISPR/Cas: ajustes finos sobre el gluten

Para lograr estos cereales resistentes a la sequía y bajos en gluten, los científicos han recurrido a dos estrategias complementarias. Por un lado, el ARN de interferencia (ARNi) actúa como un mecanismo de silenciamiento génico: permite reducir la actividad de genes concretos sin introducir cambios directos en la secuencia de ADN. La investigadora del IAS-CSIC Miriam Marín suele compararlo con apagar una luz sin tocar el cableado: se interrumpe el mensaje que lleva a fabricar la proteína, pero el gen original sigue ahí.

Aplicado al trigo, el ARNi se ha empleado para bajar la producción de gliadinas, de forma que la planta genera menos cantidad de estas proteínas inmunogénicas. Eso se traduce en harinas con menor contenido de gluten, que podrían resultar más seguras para quienes necesitan limitarlo de forma estricta, siempre dentro de los requisitos que marcan las autoridades sanitarias.

En paralelo, el equipo ha utilizado la herramienta de edición CRISPR/Cas (en algunos casos referida como CRISPR/Cas9). En este caso ya no se trata solo de silenciar, sino de introducir modificaciones permanentes en el genoma: se identifican y eliminan genes responsables de producir gliadinas, generando líneas de trigo en las que la presencia de estas proteínas es notablemente inferior a la de los trigos tradicionales.

La combinación de ambas técnicas permite comparar distintos tipos de ajuste genético sobre un mismo objetivo, estudiar sus efectos en el laboratorio y plantear cuál puede ser más adecuado cuando se traslade a condiciones reales de campo. Según el equipo, estos enfoques encajan en líneas de trabajo más amplias que buscan variedades de trigo europeas con mejor perfil nutricional y mayor resiliencia climática.

Genes clave en la respuesta al estrés hídrico

Además de reducir el gluten, el proyecto se ha centrado en entender cómo responde la planta a la falta de agua desde el punto de vista genético. Para ello se han comparado variedades convencionales de trigo con las líneas modificadas mediante ARNi y CRISPR/Cas, todas sometidas a estrés hídrico controlado. La idea era comprobar si los ajustes sobre las gliadinas alteraban la forma en la que la planta se defiende ante la sequía.

Los análisis muestran que, bajo estrés, se activan una serie de genes relacionados con la protección frente a daños oxidativos y la adaptación fisiológica. Entre ellos destacan CAT y GPX, que codifican enzimas antioxidantes capaces de eliminar radicales libres y limitar el deterioro de las células vegetales, algo esencial cuando la planta sufre déficit de agua y aumenta el estrés oxidativo.

Otro de los genes estudiados es P5CR, vinculado a la síntesis de prolina, un aminoácido que ayuda a retener agua y estabilizar proteínas en condiciones adversas. También aparece GolS1, relacionado con la producción de azúcares solubles que funcionan como reservas energéticas y elementos protectores en situaciones de sequía.

Según detalla el equipo, las plantas modificadas mediante ARNi o CRISPR/Cas muestran una regulación más equilibrada de estos genes, evitando respuestas demasiado extremas que pueden lastrar el crecimiento. En la práctica, eso se traduce en una mejor conservación de la fertilidad, el desarrollo de las hojas y el vigor general de la planta en comparación con los trigos no modificados.

Un aspecto relevante del estudio es que, mientras en las variedades convencionales la sequía tiende a incrementar el nivel de gliadinas en el grano, en las líneas de bajo gluten ese aumento se mantiene mucho más contenido. Incluso en escenarios de fuerte escasez de agua, las nuevas plantas conservan cantidades reducidas de estas proteínas, lo que apunta a una doble ventaja: mejor adaptación al clima y menor riesgo para quienes deben evitar el gluten.

Impacto sanitario y agrícola en España y Europa

El desarrollo de estos cereales resistentes a la sequía y bajos en gluten tiene implicaciones evidentes para países como España, Italia, Grecia o Portugal, donde el trigo es un pilar de la dieta y, al mismo tiempo, la sequía se ha vuelto más frecuente e intensa. La posibilidad de contar con trigos que requieran menos agua y ofrezcan harinas potencialmente más seguras abre un abanico de opciones para la agroindustria y para los sistemas de salud pública.

Para la población con celiaquía, alergia al trigo o sensibilidad no celíaca, cualquier avance que permita ampliar la oferta de alimentos con contenido reducido de gluten sin renunciar a productos tradicionales es especialmente relevante. Aunque estas variedades deberán pasar por controles regulatorios y ensayos adicionales antes de llegar al mercado, el estudio demuestra que es técnicamente posible ajustar el contenido de gliadinas sin mermar la calidad del grano.

Desde el punto de vista agrícola, los resultados señalan que estos trigos pueden constituir una herramienta útil para enfrentar la reducción de lluvias y la mayor irregularidad climática. La mejora en la expresión de genes como CAT, GPX, P5CR y GolS1 se traduce en plantas más resilientes, mejor preparadas para soportar periodos de estrés hídrico sin una caída drástica de la producción potencial.

La investigadora Miriam Marín, del IAS-CSIC, subraya que las líneas estudiadas no comprometen la calidad del grano ni la seguridad alimentaria, lo que resulta clave para que el sector cerealista y la industria harinera puedan considerar en el futuro una incorporación progresiva de estos materiales en sus programas de mejora y producción.

Financiación pública y próximos pasos

El proyecto cuenta con un respaldo financiero notable por parte de las administraciones y organismos científicos españoles. Entre las fuentes de apoyo figuran el programa Qualifica de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, la iniciativa “Conexión Trigo” del CSIC y varios proyectos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades centrados en el uso de CRISPR/Cas para modificar péptidos inmunogénicos de las gliadinas y en la explotación de variedades autóctonas de trigo españolas como reserva de diversidad genética.

Estos fondos permiten abordar desde la fase de laboratorio hasta etapas más aplicadas, en las que se evaluará el comportamiento de las nuevas líneas en condiciones reales de campo. El siguiente paso pasa por comprobar su rendimiento, estabilidad y respuesta frente a distintos tipos de estrés ambiental, más allá de la sequía puntual, para valorar su encaje en distintos entornos agrícolas europeos.

El equipo prevé profundizar en los mecanismos que enlazan la regulación de proteínas del gluten con la respuesta global de la planta al déficit hídrico. El objetivo es afinar aún más qué combinaciones de genes conviene ajustar para maximizar tanto la tolerancia a la sequía como la reducción de gliadinas, sin perder de vista otros rasgos agronómicos relevantes, como el rendimiento o las características panificables.

De confirmarse en sucesivos ensayos, estas líneas de trigo podrían abrir la puerta a nuevos productos derivados, con menor presencia de gluten y adaptados a consumidores con necesidades dietéticas específicas, al tiempo que contribuirían a que las explotaciones agrícolas hagan un uso más eficiente de recursos tan críticos como el agua.

La investigación muestra que la combinación de biotecnología avanzada y financiación pública puede dar lugar a variedades de cereales capaces de responder mejor a dos desafíos muy presentes en España y en toda Europa: la presión creciente de la sequía y el aumento del diagnóstico de trastornos relacionados con el gluten, planteando una vía realista para disponer de trigos más resilientes y con menos impacto en la salud de las personas sensibles.

biotecnología en agricultura sostenible
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