- Colonia de robótica municipal para niñas y niños de 8 a 13 años en San Nicolás
- Metodología de aprendizaje activo con construcción de robots y proyectos tecnológicos
- Actividad gratuita, con 600 plazas y alta demanda de inscripciones
- Dos etapas en febrero, cinco turnos diarios en la sede del CEMPRE

La colonia de robótica de San Nicolás vuelve a ponerse en marcha durante el mes de febrero como una de las propuestas educativas más llamativas del receso estival. Se trata de una iniciativa municipal que combina vacaciones, tecnología y proyectos creativos, pensada para que niñas y niños se acerquen al mundo digital de una forma práctica y entretenida.
En esta nueva edición, la colonia mantiene su esencia: que los participantes aprendan ciencia y robótica desde la experimentación, el trabajo colaborativo y el diseño de soluciones propias. El enfoque se aleja de las clases teóricas clásicas y apuesta por un formato de taller en el que los chicos y chicas se convierten en protagonistas de lo que construyen.
Una colonia de robótica para aprender jugando
La propuesta forma parte de Revolución Digital, el programa tecnológico educativo del Municipio de San Nicolás, dependiente de la Secretaría de Gobierno. Esta será la quinta edición de la colonia, que llega con nuevos robots, desafíos actualizados y una fuerte apuesta por el aprendizaje activo, donde cada actividad se diseña para que los participantes descubran por sí mismos cómo funcionan las tecnologías que usan a diario.
El objetivo central es que los chicos y chicas no se queden solo en el rol de usuarios, sino que aprendan a crear sus propios dispositivos y sistemas. A través del juego y de dinámicas grupales, se busca desarrollar competencias como la resolución de problemas, el pensamiento creativo y el trabajo en equipo, factores cada vez más valorados tanto en el ámbito educativo como en el profesional.
Durante las jornadas, la colonia propone que el contacto con la robótica sea constante y muy práctico. Los instructores guían a los grupos en retos progresivos que van desde conceptos básicos de programación y electrónica hasta proyectos un poco más complejos, siempre adaptados a la edad y al ritmo de aprendizaje de cada participante.
El clima que se genera es el de una colonia tradicional de verano, con un entorno relajado y distendido, pero con el añadido de que cada juego y cada consigna están pensados para reforzar contenidos tecnológicos. Así, mientras comparten con nuevos amigos, los chicos van incorporando nociones de lógica, diseño y pensamiento computacional casi sin darse cuenta.
La iniciativa se enmarca en una tendencia cada vez más extendida en Europa y en España: acercar la robótica educativa y las competencias digitales desde edades tempranas, aprovechando los periodos de vacaciones para proponer actividades que mezclen ocio y formación, y que a la vez sirvan de apoyo a las familias durante el verano.
Niñas y niños de 8 a 13 años como protagonistas
La colonia está dirigida específicamente a niños y niñas de entre 8 y 13 años, una franja de edad en la que la curiosidad por la tecnología suele estar muy presente. La propuesta está pensada tanto para quienes ya muestran interés por la robótica como para aquellos que simplemente quieran probar algo diferente durante el receso.
A lo largo de los encuentros, los grupos construyen desde cero distintos dispositivos utilizando kits de robótica y materiales didácticos adaptados a su nivel. Entre los proyectos más habituales se encuentran autos robotizados, semáforos programables y pequeños robots móviles, además de sistemas que se relacionan con situaciones habituales del entorno urbano.
Uno de los aspectos más valorados es la incorporación de proyectos vinculados a la energía solar y a otras soluciones tecnológicas que dialogan con la vida cotidiana. De este modo, los chicos no solo montan estructuras y conectan cables, sino que reflexionan sobre cómo la tecnología puede responder a necesidades reales de la comunidad.
En cada grupo se promueve que las decisiones se tomen de forma conjunta, que se repartan los roles y que todos participen de las pruebas y ajustes de los prototipos. Esta dinámica impulsa que los participantes aprendan a organizarse, a comunicar ideas y a escuchar las de los demás, habilidades que resultan clave para cualquier trabajo en equipo.
El personal a cargo combina perfiles técnicos y pedagógicos, de forma que la explicación de conceptos de robótica y programación se adapte al lenguaje infantil. La intención es que los términos complejos se traduzcan en ejemplos sencillos, retos concretos y actividades prácticas fáciles de seguir.
Fechas, horarios y estructura de la colonia
Para facilitar la organización de las familias, la Colonia de Robótica se planifica en dos etapas bien diferenciadas a lo largo del mes de febrero. De este modo, se amplían las posibilidades de participación y se permite ajustar la asistencia a las vacaciones escolares y a otros compromisos.
La programación se divide en los siguientes tramos: una primera etapa del 2 al 12 de febrero y una segunda etapa del 16 al 26 de febrero. Cada una reúne varios encuentros en los que se van encadenando los distintos proyectos y desafíos, de forma que los grupos puedan avanzar de manera progresiva.
Además, la organización ha previsto cinco turnos diarios para dar cabida a la alta demanda: de 09:00 a 11:00, 11:15 a 13:15, 14:00 a 16:00, 16:15 a 18:15 y 18:30 a 20:30. Las comisiones se distribuyen en días lunes y miércoles o martes y jueves, lo que ofrece cierto margen para que las familias elijan el horario que mejor se adapte a su rutina.
En esta edición, las actividades se desarrollan en un nuevo espacio físico, el edificio del CEMPRE, situado en Rivadavia 47, en pleno centro de San Nicolás. El cambio de sede busca mejorar la accesibilidad y contar con un entorno equipado para talleres tecnológicos, zonas de trabajo en grupo y espacios recreativos.
Pese a que la organización se mantiene en la línea de años anteriores, se han incorporado ajustes en la logística y en la dinámica de los grupos para optimizar el uso de los materiales, renovar los desafíos y asegurar que la experiencia resulte variada incluso para quienes ya participaron en ediciones previas.
Cupos, demanda e inscripciones abiertas
Uno de los datos que más llama la atención en esta edición es el nivel de interés que ha despertado la propuesta. Desde Revolución Digital informan de que se han habilitado 600 cupos, pero que la cantidad de inscripciones ya ha superado las 700 solicitudes, lo que evidencia el crecimiento sostenido de la colonia de robótica año tras año.
Aun así, la organización ha decidido mantener las inscripciones abiertas. La experiencia de otros veranos indica que suelen producirse bajas de última hora, cambios de horario o reacomodamientos de turnos, por lo que se intenta que ningún niño o niña se quede sin la posibilidad de acceder por no haberse apuntado a tiempo.
Las familias interesadas pueden realizar consultas y gestionar la inscripción mediante dos canales principales: por mensaje privado en Instagram en la cuenta @_revolucion.digital y a través de WhatsApp en el número 336 463-9476. Ambos medios permiten resolver dudas sobre horarios, disponibilidad de plazas y requisitos de participación.
Desde la coordinación destacan la importancia de poder sostener una propuesta gratuita, abierta y con criterios de calidad educativa, dirigida a chicos y chicas de la ciudad. En un contexto en el que muchos talleres tecnológicos son de pago, el hecho de que la colonia sea municipal facilita que familias con diferentes realidades económicas puedan acceder a una oferta formativa vinculada a la robótica.
A nivel local, la colonia se ha ido consolidando como un espacio de referencia para la formación temprana en competencias digitales, lo que encaja con las estrategias que distintas administraciones europeas están impulsando para reforzar la educación STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) desde edades escolares.
Con todo este planteamiento, la Colonia de Robótica de San Nicolás se reafirma como una experiencia donde vacaciones y tecnología se dan la mano: niñas y niños trabajan en proyectos propios, se divierten mientras programan y construyen, y se llevan a casa no solo un robot terminado, sino también nuevas habilidades, confianza en sus capacidades y una mirada más cercana al mundo de la innovación.