Descubren un mecanismo celular para degradar proteínas sin gastar energía

Última actualización: febrero 24, 2026
  • Investigadores del CNB-CSIC y la Universidad de Gotinga describen una vía de degradación de proteínas independiente de ATP y ubiquitina.
  • El tándem Hsp70-Bag1 permite al proteasoma eliminar proteínas dañadas mediante cambios estructurales.
  • El mecanismo podría ser clave frente a proteínas amiloides en enfermedades neurodegenerativas.
  • El hallazgo abre la puerta a terapias dirigidas basadas en Bag1, como potenciales BagTACs.

mecanismo para degradar proteinas sin energia

Un equipo del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del CSIC, en colaboración con la Universidad de Gotinga (Alemania), ha identificado una ruta completamente nueva mediante la cual las células son capaces de degradar proteínas sin consumir energía. El trabajo, publicado en la revista científica Science Advances, redefine cómo entendemos el reciclaje de proteínas en el interior celular.

Este mecanismo alternativo se suma a la vía clásica de eliminación de proteínas, pero funciona al margen de dos piezas que hasta ahora se consideraban imprescindibles: la etiqueta de ubiquitina y el aporte energético procedente del ATP. El hallazgo, liderado desde España, abre un abanico de posibles aplicaciones en campos como la Oncología y el estudio de enfermedades neurodegenerativas asociadas a la acumulación de proteínas tóxicas.

Un cambio de paradigma en la degradación de proteínas

Tradicionalmente se asumía que, para que una proteína dañada fuese destruida, debía ser primero marcada como “basura celular” mediante la unión de ubiquitina y, después, introducida en el proteasoma con ayuda de energía derivada del ATP. Este complejo proteico actúa como la gran máquina de reciclaje de la célula, troceando las proteínas defectuosas para reutilizar sus componentes.

La nueva investigación demuestra que el proteasoma puede adoptar configuraciones alternativas que le permiten reconocer y degradar determinadas proteínas sin necesidad de esa etiqueta ni del consumo de energía. Dicho de forma sencilla, el sistema de eliminación de proteínas cuenta con una especie de “atajo estructural” que simplifica el proceso y lo hace más eficiente en determinadas condiciones celulares.

Este avance encaja en el marco de la proteostasis, el conjunto de mecanismos que mantienen el equilibrio entre la producción y la degradación de proteínas. Mantener ese equilibrio es vital para la funcionalidad celular, ya que el exceso de proteínas defectuosas o mal plegadas puede desencadenar desde estrés celular hasta patologías graves como el Alzheimer, el Parkinson o ciertos tumores.

Según los autores, el hallazgo no sustituye al mecanismo clásico basado en ubiquitina y ATP, sino que se suma a él como una vía alternativa de control de calidad proteico. Esta coexistencia de rutas podría permitir a la célula adaptarse mejor a contextos de estrés o a situaciones en las que la energía disponible es limitada, algo especialmente relevante en tejidos como el sistema nervioso.

En palabras del equipo, este trabajo resuelve “un misterio” en torno a la degradación de proteínas y pone de relieve que aún quedaban piezas ocultas en el rompecabezas de cómo las células se deshacen de moléculas dañadas sin colapsar su economía energética.

El papel de chaperonas y cochaperonas como guardianes

En este escenario, las proteínas conocidas como chaperonas y cochaperonas funcionan como auténticos guardianes de la calidad proteica. Tal y como explica el investigador del CNB-CSIC José María Valpuesta, cuando una proteína sufre daños, estos guardianes deciden si todavía puede salvarse o si debe ser destruida para evitar problemas posteriores en la célula.

Cuando la proteína es recuperable, las chaperonas la ayudan a plegarse de nuevo hasta alcanzar su estructura tridimensional correcta. Si, por el contrario, ya no tiene arreglo, la derivan hacia el proteasoma, que actúa como “máquina de reciclaje” y se ocupa de descomponerla. Esta toma de decisiones es crucial para impedir que las proteínas defectuosas se acumulen y formen agregados potencialmente tóxicos.

Dentro de este sistema destaca el tándem formado por la chaperona Hsp70 y la cochaperona Bag1. Hsp70 puede asociarse con distintas cochaperonas para gestionar el destino de las proteínas dañadas. La novedad que aporta este estudio es que, cuando la compañera de Hsp70 es Bag1, ocurre algo radicalmente distinto a lo descrito hasta ahora.

En lugar de seguir el camino habitual de etiquetado con ubiquitina, Bag1 permite que las proteínas defectuosas se dirijan al proteasoma de una manera más directa y sin coste energético. Este comportamiento convierte a Bag1 en una pieza central de la nueva vía de degradación, con un papel mucho más activo del que se le atribuía hasta la fecha.

De acuerdo con los datos presentados por el equipo, esta combinación Hsp70-Bag1 no solo etiqueta de forma funcional a las proteínas a eliminar, sino que, además, coordina físicamente su entrega al proteasoma, conectando el control de calidad con la maquinaria de destrucción.

Bag1, la llave que abre el proteasoma sin gastar ATP

El núcleo del descubrimiento reside en la capacidad de Bag1 para modificar la estructura del proteasoma. Los investigadores han observado que esta cochaperona es capaz de inducir cambios conformacionales en el complejo proteico que, en la práctica, abren una especie de “entrada directa” para las proteínas que deben ser degradadas.

En la vía clásica, el proteasoma utiliza energía procedente del ATP para desenrollar las proteínas y arrastrarlas hacia su cámara interna, donde son fragmentadas. En la ruta descrita ahora, Bag1 permite que ese proceso se lleve a cabo sin necesidad de ATP, lo que representa una alternativa energéticamente más económica para la célula.

El investigador del CNB-CSIC Jorge Cuéllar explica que, cuando la cochaperona que actúa junto a Hsp70 es Bag1, se puede “obviar” el marcado con ubiquitina y transferir las proteínas dañadas de forma directa al proteasoma. Una vez allí, la propia reorganización estructural del complejo facilita que estas proteínas atraviesen la puerta de entrada y alcancen la cámara catalítica, donde se lleva a cabo su degradación.

En otras palabras, Bag1 no se limita a funcionar como un simple puente entre chaperonas y proteasoma, sino que actúa también como un modulador estructural del propio proteasoma. Esta doble función la coloca “en el corazón” del nuevo mecanismo, según destacan los autores del trabajo.

Aunque todavía es pronto para conocer hasta qué punto este mecanismo está extendido en diferentes tipos celulares, los análisis preliminares apuntan a que podría tener una importancia especial en la degradación de proteínas amiloides, conocidas por su tendencia a formar agregados asociados a patologías neurodegenerativas.

Relación con proteínas amiloides y estrés celular

Las proteínas amiloides, como las involucradas en el Alzheimer, el Parkinson o la enfermedad de Huntington, tienden a acumularse y formar fibras o depósitos insolubles en el tejido nervioso. Estas acumulaciones son tóxicas para las neuronas y se consideran una de las señas de identidad de muchas enfermedades neurodegenerativas.

Diversos estudios previos ya habían sugerido que Bag1 protege a las células neuronales frente a la toxicidad de varias proteínas amiloides, mientras que Hsp70 parece dificultar la formación de estos agregados. El nuevo trabajo encaja con estas observaciones y aporta un mecanismo plausible mediante el cual el tándem Hsp70-Bag1 podría contribuir a eliminar estas proteínas peligrosas sin sobrecargar el consumo energético celular.

El equipo plantea la hipótesis de que, en condiciones de estrés celular, la expresión de Bag1 podría aumentar de forma similar a lo que se sabe que ocurre con Hsp70. De ser así, ambas proteínas actuarían de manera coordinada para reforzar la capacidad de la célula de identificar y degradar proteínas que tienden a formar amiloides, prescindiendo del etiquetado con ubiquitina y del gasto asociado a la utilización de ATP.

Esta posibilidad resulta especialmente relevante en neuronas, donde el manejo eficiente de la energía es crítico y donde la acumulación de proteínas mal plegadas tiene consecuencias particularmente graves. Un sistema capaz de degradar proteínas sin consumir energía puede marcar la diferencia entre mantener la funcionalidad de la célula o desencadenar procesos de muerte neuronal.

Los autores subrayan que todavía se necesitan más estudios para confirmar hasta qué punto este mecanismo se activa en diferentes contextos fisiológicos y patológicos, pero los primeros datos apuntan a que podría ser una pieza importante en la respuesta celular al daño proteico.

Posibles aplicaciones terapéuticas y nuevas moléculas dirigidas

Más allá del interés básico en biología celular, el trabajo tiene implicaciones directas en el diseño de nuevas terapias dirigidas. En los últimos años han ganado protagonismo los llamados PROTACs, fármacos diseñados para reclutar proteínas específicas y llevarlas al sistema de degradación basado en ubiquitina y proteasoma.

El mecanismo descrito ahora sugiere que podrían desarrollarse moléculas análogas, inspiradas en Bag1, que aprovechasen esta vía alternativa independiente de ATP. Los investigadores proponen incluso un posible nombre para esta familia de compuestos: BagTACs, en referencia a su vínculo con Bag1 y a su capacidad potencial para dirigir proteínas patológicas hacia el proteasoma sin necesidad de marcarse con ubiquitina.

En el campo del cáncer, este tipo de estrategias podría utilizarse para eliminar proteínas que sostienen el crecimiento tumoral o permiten a las células malignas escapar de los mecanismos de control habituales. Al simplificar el proceso de degradación y evitar la dependencia de la vía clásica, se abre la puerta a atacar dianas terapéuticas que hoy resultan difíciles de abordar con las herramientas existentes.

En las enfermedades neurodegenerativas, donde la acumulación de proteínas tóxicas es un rasgo central, potenciar una ruta de eliminación que no exija un alto consumo de energía podría resultar especialmente ventajoso. Esto es particularmente interesante en el contexto europeo, donde el envejecimiento de la población aumenta la carga de patologías como el Alzheimer y otras demencias.

Según señala Moisés Maestro, primer firmante del artículo, este descubrimiento “podría sentar las bases para una nueva generación de terapias dirigidas” que aprovechen la biología del proteasoma y las cochaperonas de una forma más afinada y con menos dependencia de la maquinaria clásica de etiquetado.

En conjunto, el trabajo liderado desde el CNB-CSIC y la Universidad de Gotinga presenta un escenario en el que las células cuentan con un atajo biológico para deshacerse de proteínas dañadas: un sistema basado en el tándem Hsp70-Bag1 capaz de activar el proteasoma sin gastar energía y sin recurrir a la ubiquitina. Este mecanismo no solo ayuda a entender mejor cómo se mantiene el equilibrio proteico en situaciones de estrés o enfermedad, sino que también ofrece un punto de partida sólido para desarrollar fármacos que aprovechen esta vía alternativa en cáncer y patologías neurodegenerativas.