El estado y potencial de las plantas de biogás en España

Última actualización: septiembre 8, 2026
  • España presenta un déficit importante en la producción de biogás y biometano en comparación con potencias europeas como Alemania o Italia.
  • El país posee un potencial estratégico masivo debido a su extensa superficie agrícola y a una de las mayores cabañas porcinas de la Unión Europea.
  • Se han identificado instalaciones clave como Valdemingómez y Butarque que lideran la purificación e inyección de biometano en la red gasista.
  • El plan gubernamental busca cuadruplicar la producción energética de biogás para el año 2030, impulsando la economía circular y el transporte sostenible.

Planta moderna de biogás en un entorno rural español con digestores anaerobios y tuberías industriales.

Cuando hablamos de energías limpias en nuestro país, solemos pensar inmediatamente en los molinos de viento o en los paneles solares que inundan el campo. Sin embargo, hay un protagonista mucho más discreto pero con un potencial brutal que se está cocinando a fuego lento: el biogás. A pesar de que España tiene todas las papeletas para ser una potencia en este sector, la realidad es que estamos bastante rezagados comparados con nuestros vecinos europeos, quedándonos a la cola en cuanto a volumen de producción y aprovechamiento de redes.

La situación es un poco agridulce. Por un lado, tenemos una materia prima envidiable gracias a nuestra enorme actividad agrícola y ganadera, pero por otro, el número de instalaciones es sorprendentemente bajo. No obstante, el panorama está empezando a cambiar y se nota que hay un interés creciente por darle una vuelta de tuerca a la gestión de residuos para transformarlos en energía útil, moviéndonos hacia un modelo de economía circular que no solo ayude al planeta, sino que también dé un empujón al mundo rural.

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¿Qué es exactamente el biogás y cómo se fabrica?

Para entrar en materia, el biogás es básicamente un gas renovable que surge de la descomposición de materia orgánica. Está compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono, aunque las proporciones varían según lo que echemos al «caldero». Lo más interesante es que podemos usar de todo: desde purines de cerdo y restos de cosechas hasta los lodos que quedan en las depuradoras o la basura orgánica que tiramos en casa.

El proceso ocurre en unos recipientes cerrados llamados digestores anaerobios. Como su nombre indica, aquí la magia sucede sin oxígeno. Se controlan la temperatura y el tiempo para que las bacterias hagan su trabajo y descompongan los residuos. A menudo, los técnicos utilizan reactores avanzados para impulsar la producción y evitar que el proceso se bloquee, logrando así una producción más eficiente de energía.

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La radiografía del biogás en España

Si miramos los números con frialdad, el panorama es algo modesto. Según datos del IDAE, España cuenta con unas 146 plantas operativas que generan aproximadamente 2,74 TWh de energía. Esto representa apenas un 0,3% de la producción energética nacional, una cifra que deja mucho que desear si consideramos que somos el segundo país de la UE con más superficie agrícola. Para que nos hagamos una idea, mientras que nosotros tenemos unas pocas instalaciones, Alemania supera las 11.000 y Italia las 1.600.

La distribución de estas plantas no es precisamente equilibrada, ya que suelen instalarse donde hay más residuos específicos. Cataluña, Madrid y Castilla y León son las regiones que llevan la voz cantante. En Castilla y León destacan provincias como Burgos, León o Valladolid, mientras que en Cataluña el peso recae en Barcelona y Tarragona. Por su parte, Madrid concentra gran parte de su actividad en el Parque Tecnológico de Valdemingómez.

Desglosando las instalaciones actuales

No todas las plantas hacen lo mismo ni nacen del mismo sitio. El inventario de instalaciones en España se divide básicamente así:

  • Vertederos: representan la mayor parte con 46 plantas.
  • EDAR (Depuradoras urbanas): cuentan con 34 instalaciones.
  • Sector agropecuario: disponen de 13 plantas.
  • Administraciones y comercio: suman otras 13.
  • Otros sectores: incluyen papel (7), bebidas (3), química (3) y construcción (1), además de 26 plantas diversas.

Es importante distinguir entre el biogás y el biometano. El primero es el gas bruto, mientras que el segundo es el resultado de un proceso de purificación que elimina el CO2 y otras impurezas. El biometano es el «oro líquido» porque tiene propiedades casi idénticas al gas natural fósil, lo que permite inyectarlo directamente en la red de gasoductos o usarlo como combustible para camiones y autobuses.

Vista aérea de una moderna planta de biometano sostenible con digestores anaerobios en forma de cúpula y paneles solares en un paisaje rural europeo.
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Plantas emblemáticas y proyectos destacados

En Madrid tenemos dos ejemplos muy claros de cómo se puede hacer esto bien. Primero está la EDAR de Butarque, que utiliza un sofisticado sistema de tuberías de acero inoxidable y gasómetros para equilibrar la presión y almacenar el gas, ajustando la producción según lo que necesite la planta. Luego tenemos Valdemingómez, que es probablemente la fábrica de biometano más importante del país. Aquí no solo producen gas, sino que tienen una planta de cogeneración de 18,9 MW y fueron los primeros en inyectar biometano a la red convencional mediante sistemas de lavado a presión.

Pero no todo ocurre en la capital. En Lleida, la planta de Vila-Sana es un ejemplo magnífico de cómo aprovechar una granja de cerdos para crear combustible vehicular, gracias en parte a proyectos europeos como LIFE-MethaMorphosis. Asimismo, en A Coruña, en la localidad de Bens, se están implementando instalaciones en depuradoras que podrían llegar a cubrir la demanda energética de casi 3.000 hogares.

La hoja de ruta y el horizonte europeo

El Gobierno, a través del MITECO, no se ha quedado de brazos cruzados y ha diseñado un plan para que España deje de ser la cenicienta del biogás. El objetivo es ambicioso: pasar de los 2,74 TWh actuales a 10,41 TWh para el año 2030. Para lograrlo, quieren potenciar el uso de residuos agropecuarios y municipales, impulsando especialmente la transformación en biometano para el transporte pesado, donde el reto es alcanzar un 28% de energías renovables.

Si miramos fuera, la Unión Europea tiene metas muy claras con el plan REPowerEU, que busca reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Países como Eslovaquia, Alemania y República Checa llevan la delantera en la proporción de biogás respecto a su consumo total. Aunque España está en el 2%, el potencial es inmenso porque tenemos el 15% de la cabaña porcina de la UE, lo que significa que tenemos «combustible» de sobra para escalar la producción.

La apuesta por el biogás es fundamental para lograr una verdadera transición energética. Al ser una energía almacenable, sirve como el complemento perfecto para la solar y la eólica, ya que puede entrar en juego cuando no hace viento o es de noche. Además, fomenta la fijación de la población en el campo al crear una cadena de valor local, evitando que los residuos contaminen y convirtiéndolos en una fuente de ingresos y energía sostenible que nos aleje definitivamente del petróleo y el gas importado.

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