El laboratorio de drones de la Universidad de Burgos se consolida como referente tecnológico

Última actualización: diciembre 4, 2025
  • La Junta de Castilla y León impulsa el laboratorio de drones de la UBU con más de 700.000 euros ya comprometidos y otros 500.000 previstos.
  • El centro es único en el sistema universitario español y combina investigación, formación especializada y apoyo a startups tecnológicas.
  • Desarrolla prototipos de drones con tecnología dual, uso de hidrógeno verde y sistemas para detección temprana de incendios forestales.
  • Su enfoque colaborativo integra a universidades de Castilla y León, empresas y administraciones para reforzar sectores estratégicos como defensa, industria, agricultura, logística y energía.

laboratorio de drones de la Universidad de Burgos

El laboratorio de drones de la Universidad de Burgos se ha convertido en uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos de Castilla y León, tanto por la inversión pública que concentra como por el alcance de sus líneas de trabajo. En apenas un año de funcionamiento, este espacio ha pasado de ser una apuesta incipiente a posicionarse como un referente universitario en investigación aplicada sobre vehículos aéreos no tripulados.

Impulsado por la Junta de Castilla y León y el campus burgalés, el laboratorio nace con una idea clara: aprovechar el potencial de la tecnología de drones para transformar sectores clave de la economía regional y atraer talento especializado. Las instituciones implicadas insisten en que no se trata solo de un conjunto de máquinas y equipos, sino de un entorno físico, técnico y humano pensado para investigar, formar y facilitar que surjan nuevas empresas alrededor de este ámbito.

Un espacio pionero y único en el sistema universitario español

instalaciones laboratorio drones UBU

La Universidad de Burgos se ha colocado en una posición singular al disponer de un laboratorio de tecnologías de drones único en el sistema universitario español, algo que la propia Junta considera una iniciativa pionera dentro de las universidades públicas de Castilla y León. Este laboratorio se articula en torno a la Unidad de Investigación Conjunta en Tecnología de Drones (JRU Drones), concebida para trabajar codo con codo con el tejido productivo y con otras instituciones académicas.

El centro se ubica en la Escuela Politécnica Superior de la Milanera, donde comparte pabellón con los laboratorios de Hidrógeno Verde y Robots Terrestres (AGV/AMR), generando un ecosistema multidisciplinar muy orientado a la industria. Esa convivencia permite combinar, en un mismo entorno, el desarrollo de vehículos aéreos, tecnologías energéticas avanzadas y robótica terrestre, lo que facilita el diseño de soluciones integradas para procesos logísticos e industriales.

Para la Junta, el laboratorio es un instrumento estratégico con el que se pretende impulsar la innovación y el desarrollo tecnológico de la Comunidad, reforzar la base industrial y favorecer la diversificación del tejido productivo. La idea de fondo es que Burgos y Castilla y León se sitúen entre los territorios de referencia en España y Europa en cuanto a uso práctico de drones en sectores de alto valor añadido.

El rector de la UBU, José Miguel García, ha subrayado en varias ocasiones que este espacio representa una colaboración real con el tejido económico de Burgos, su provincia y el conjunto de la región, mediante proyectos compartidos con empresas y administraciones. El laboratorio, remarca, no se concibe como una instalación aislada, sino como una pieza más de una estrategia de desarrollo socioeconómico apoyada en la tecnología.

Financiación pública y apuesta a largo plazo

financiación laboratorio drones

La creación y consolidación del laboratorio de drones se apoya en una financiación significativa de la Junta de Castilla y León. La Consejería de Industria, Comercio y Empleo aportó inicialmente en torno a 218.000 euros para equipamiento, una cifra que el propio rector describe como una “bola de nieve” que ha ido creciendo con sucesivas decisiones de inversión.

A esa dotación se le han sumado 500.000 euros adicionales, destinados a potenciar el desarrollo de nuevos prototipos y líneas de I+D. Distintas fuentes institucionales sitúan el esfuerzo acumulado de la Junta en este proyecto por encima de los 700.000 euros ya movilizados, con la previsión de seguir incrementando los recursos para investigación aplicada y creación de prototipos avanzados.

En paralelo, se han ido anunciando nuevas partidas orientadas a reforzar el papel de la UBU como nodo tecnológico en drones, con el objetivo de que este laboratorio sea capaz de atraer proyectos europeos, captar talento y generar empleo cualificado. El discurso institucional incide en que se trata de una apuesta de medio y largo plazo, alineada con otras iniciativas de colaboración universidad-empresa en la Comunidad.

La consejera de Industria, Comercio y Empleo, Leticia García, ha descrito el apoyo al laboratorio como un ejemplo del compromiso del Gobierno autonómico con la innovación, la creación de nuevas industrias de base tecnológica y la generación de empleo de calidad. Según sus estimaciones, el sector de los drones y las tecnologías vinculadas necesitará miles de profesionales en los próximos años, y la intención es que Castilla y León esté bien posicionada para cubrir esa demanda.

Investigación aplicada, tecnología dual y presencia en foros internacionales

prototipos drones UBU

Una de las señales más visibles del avance del laboratorio es la presentación de un prototipo de dron en el seno de la OTAN, un hito que distintas informaciones sitúan como un paso relevante para demostrar las capacidades de la UBU en el ámbito de la seguridad y la defensa. Este modelo forma parte de una línea de trabajo centrada en tecnología dual, es decir, desarrollos con aplicación tanto civil como militar.

Además de ese prototipo, el laboratorio está inmerso en varios proyectos de I+D orientados a drones de uso industrial, capaces de operar en diferentes contextos productivos. Se están diseñando soluciones que puedan adaptarse a necesidades específicas de empresas de sectores como la industria pesada, la logística avanzada o la inspección de infraestructuras energéticas.

El rector y los equipos técnicos del centro insisten en el carácter transversal de la tecnología de drones, que obliga a trabajar con materiales avanzados para aligerar estructuras y aumentar la autonomía de vuelo, electrónica de alto rendimiento, sistemas de comunicaciones seguros y algoritmos de inteligencia artificial para el pilotaje y la toma de decisiones. Ese enfoque multidisciplinar es precisamente lo que se busca reforzar con la colaboración entre distintos grupos de investigación de la UBU.

Junto a la dimensión internacional y a la tecnología dual, el laboratorio presta especial atención a la transferencia de conocimiento hacia la empresa. Muchas de las iniciativas en marcha se diseñan desde el principio con socios industriales o pensando en su rápida adaptación a procesos productivos reales, con la intención de acortar el tiempo entre la fase de investigación y la puesta en servicio de nuevas soluciones.

Hidrógeno verde y lucha contra los incendios forestales

Otro de los ejes fuertes del laboratorio es la integración de hidrógeno verde como fuente de energía para drones, un ámbito en el que la UBU y su entorno ya tenían experiencia previa gracias al laboratorio específico de esta tecnología. La meta es desarrollar prototipos que logren mayor autonomía de vuelo respecto a los sistemas tradicionales, de forma que puedan realizar misiones largas o en zonas de difícil acceso.

El uso de hidrógeno verde sitúa a Burgos en una posición destacada dentro de las investigaciones sobre energías limpias aplicadas a la movilidad aérea no tripulada. Se busca que estas soluciones estén alineadas con la normativa europea en materia de sostenibilidad, tanto en la fabricación de los equipos como en su operación en distintos entornos.

En paralelo, el centro trabaja en el desarrollo de drones capaces de detectar de forma temprana incendios forestales y de participar en tareas iniciales de extinción. La idea es que estos aparatos puedan identificar focos incipientes, enviar información en tiempo real y, en algunos casos, intervenir directamente sobre el terreno en las primeras fases del fuego, con el objetivo de reducir la aparición de incendios de quinta y sexta generación.

Las aplicaciones para la prevención y gestión de incendios se consideran especialmente importantes en una Comunidad con un amplio patrimonio forestal. Las autoridades regionales apuntan a que disponer de esta tecnología, desarrollada en la propia Universidad de Burgos, puede marcar la diferencia en campañas de verano cada vez más complejas por el cambio climático.

Aplicaciones en defensa, industria, agricultura, logística y energía

La consejera de Industria y el rector de la UBU coinciden en que los drones serán pieza clave en la transformación de múltiples sectores estratégicos. En defensa y seguridad, los prototipos en los que ya se trabaja están orientados a vigilancia, reconocimiento y apoyo en situaciones de emergencia, tanto en el ámbito civil como en el militar.

En el terreno industrial, los desarrollos impulsados desde el laboratorio se utilizan para inspección de infraestructuras, supervisión de procesos de producción y control automatizado de instalaciones complejas. Se contempla su uso en plantas de generación de energía, líneas eléctricas, parques eólicos y solares, así como en grandes instalaciones fabriles.

En logística, los drones en desarrollo se destinan a tareas de reparto puntual y transporte ligero en zonas concretas, así como a la supervisión de flujos de mercancías en entornos industriales. Combinados con robots terrestres y sistemas de gestión inteligentes, permiten imaginar cadenas logísticas más automatizadas y con menor intervención humana en determinadas fases.

En el sector energético, la combinación de hidrógeno verde, sensores avanzados y plataformas aéreas no tripuladas abre la puerta a soluciones de inspección remota, mantenimiento preventivo y monitorización de instalaciones críticas, reduciendo riesgos y costes de operación.

Un modelo colaborativo abierto a otras universidades y empresas

El rasgo que más repiten los responsables del proyecto es su carácter colaborativo. La JRU Drones se ha configurado como un espacio en el que trabajan investigadores de la Universidad de Burgos y del resto de universidades públicas de Castilla y León, con la idea de sumar capacidades y acceder a proyectos de mayor envergadura que serían difíciles de abordar por separado.

Este enfoque colaborativo se extiende también al sector privado. El laboratorio está diseñado para integrarse en proyectos de I+D+i con empresas, tanto de la región como de otros puntos de España y Europa. El objetivo es que las compañías encuentren en la UBU un socio tecnológico con el que probar, validar y mejorar soluciones basadas en drones y sistemas autónomos.

En este ecosistema adquieren relevancia otras unidades como la JRU HALO (High Accuracy Learning Operations), vinculada al desarrollo de soluciones de inteligencia artificial para drones y en la que se integrará la empresa Fsas Technologies, subsidiaria de la japonesa Fujitsu. También destaca la Unidad Conjunta de Investigación SLIM, dedicada al aligeramiento de materiales, un elemento crítico para aumentar la autonomía y eficiencia de los aparatos.

Las autoridades académicas y autonómicas insisten en que este tejido de colaboraciones permitirá reforzar sectores ya instalados y facilitar la creación de nuevas industrias con alto componente tecnológico, generando así oportunidades para empresas locales y para grupos internacionales interesados en establecer centros de I+D+i en el entorno de la UBU.

Formación especializada y respuesta a la demanda de talento

Además de la investigación, el laboratorio de drones de la Universidad de Burgos asume una función central como centro de formación especializada. Está previsto que en sus instalaciones se formen profesionales en diseño, fabricación y mantenimiento de drones, así como en el desarrollo de aplicaciones asociadas a estos sistemas.

La propia consejera Leticia García ha señalado que esta capacitación técnica es esencial para atender la demanda industrial que se prevé para los próximos años. Las estimaciones apuntan a que serán necesarios miles de especialistas vinculados a las tecnologías de drones y sistemas autónomos, por lo que contar con una infraestructura formativa de este tipo se considera una ventaja competitiva para Castilla y León.

Esta oferta de formación está alineada con otros programas de colaboración universidad‑empresa promovidos por la Junta, como Experience Plus e INCOFI, dotados con casi 13 millones de euros. Estas iniciativas permiten que jóvenes titulados realicen prácticas y proyectos en empresas tecnológicas, facilitando su incorporación al mercado laboral con un nivel de cualificación elevado.

El rector de la UBU ha remarcado que el laboratorio será una pieza importante para retener talento tecnológico en la Comunidad, evitando que los perfiles más cualificados tengan que buscar oportunidades exclusivamente fuera. La combinación de investigación puntera, relación directa con la industria y programas de emprendimiento aumenta las probabilidades de que los egresados encuentren proyectos interesantes sin salir de la región.

Impulso al emprendimiento y a las startups tecnológicas

El laboratorio de drones no solo pretende formar profesionales para incorporarse a empresas ya existentes, sino también favorecer la creación de nuevas startups vinculadas a este ámbito. La UBU cuenta con una aceleradora de proyectos empresariales desde la que se promueven iniciativas que pueden encontrar en el laboratorio un lugar donde probar prototipos, validar soluciones y escalar sus desarrollos.

Este complejo investigador aspira a convertirse en un punto de encuentro entre investigadores, emprendedores e industria, donde surjan productos y servicios que se traduzcan en nuevas compañías o en líneas de negocio dentro de empresas consolidadas. La idea es que el conocimiento generado en los laboratorios no se quede en publicaciones científicas, sino que acabe materializado en soluciones concretas para el mercado.

El entorno industrial de Burgos, con una presencia notable de sectores manufactureros y logísticos, se percibe como un terreno fértil para este tipo de sinergias. Patronales como FAE o la Cámara de Comercio han sido mencionadas por el rector como aliados en este proceso, al representar a muchas de las empresas que podrían incorporar tecnología de drones en su actividad.

En este contexto, la tecnología de drones se presenta como un campo con aplicaciones prácticamente infinitas, que va desde la monitorización de infraestructuras y cultivos hasta la gestión automática de espacios urbanos o la seguridad ciudadana. El laboratorio de la UBU se posiciona como una de las palancas desde las que Castilla y León quiere aprovechar esa tendencia global.

El laboratorio de drones de la Universidad de Burgos se ha configurado así como un proyecto que combina inversión pública sostenida, colaboración institucional y vocación de impacto industrial, con líneas de trabajo que abarcan desde la defensa y la energía hasta la agricultura y la logística. Su carácter pionero en el ámbito universitario español, la integración con otros laboratorios como el de Hidrógeno Verde y la apuesta por la formación y el emprendimiento sitúan a Burgos en una posición destacada para liderar parte de la evolución de esta tecnología en España y, potencialmente, en el contexto europeo.

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