- Un consorcio internacional analizó datos de más de 2,5 millones de adultos, 55.000 con fibromialgia, e identificó 26 regiones genéticas vinculadas al riesgo de padecerla.
- La mayoría de los genes implicados participan en funciones del sistema nervioso, lo que refuerza la hipótesis de que la fibromialgia es un trastorno neurológico y no autoinmune.
- La variante con mayor asociación se localiza en el gen HTT, relacionado con la enfermedad de Huntington, y se abre la puerta a reutilizar fármacos dirigidos al receptor GPR52.
- El estudio no halló diferencias genéticas entre sexos, pese a que la fibromialgia se diagnostica tres veces más en mujeres, y subraya la necesidad de combinar factores genéticos y ambientales.

Durante décadas, la fibromialgia ha sido una de las enfermedades más incomprendidas. Quienes la padecen sufren dolor generalizado, fatiga extrema, problemas de sueño y alteraciones cognitivas, pero la falta de marcadores biológicos claros llevó a muchos a cuestionar su existencia. Ahora, el mayor estudio genético realizado hasta la fecha, publicado en la revista Nature Medicine, aporta la evidencia más sólida de que esta dolencia tiene un origen principalmente neurológico y una base biológica real.
La investigación, liderada por equipos de Canadá, Estados Unidos, Finlandia y Reino Unido, ha analizado los datos genéticos de más de 2,5 millones de adultos, de los cuales unos 55.000 habían sido diagnosticados con fibromialgia. Los resultados, según los autores, cambian por completo la forma de entender la enfermedad y ofrecen una hoja de ruta para futuros tratamientos. En España, donde la fibromialgia afecta al 2,4% de la población adulta —más de 900.000 personas—, el hallazgo tiene una relevancia especial.
Un estudio sin precedentes
El equipo internacional identificó 26 regiones del genoma cuyas variantes influyen en el riesgo de desarrollar fibromialgia. Muchos de los genes situados en esas regiones participan en el desarrollo y funcionamiento de las neuronas, la transmisión de señales nerviosas y el procesamiento del dolor. Al cruzar estos datos con un atlas de casi 20 millones de células de distintos tejidos, los investigadores comprobaron que la actividad de esos genes se concentraba en el sistema nervioso, no en el sistema inmunitario ni en los músculos.
Este hallazgo desmonta la teoría de que la fibromialgia pudiera ser una enfermedad autoinmune. No se encontró una señal significativa en la región MHC, clave en la respuesta inmunitaria, y las correlaciones genéticas con patologías autoinmunes como la artritis reumatoide fueron débiles. Según Michael Wainberg, investigador del Instituto Lunenfeld-Tanenbaum y coautor principal, “durante décadas se ha desestimado el dolor de los pacientes o se les ha dicho que es psicológico. Nuestros hallazgos confirman que la afección tiene una base biológica clara”.
Hallazgos clave: el gen HTT y nuevas dianas terapéuticas
De las 26 variantes identificadas, la que mostró una asociación más fuerte con la fibromialgia se localiza en el gen HTT, conocido porque mutaciones en él causan la enfermedad de Huntington. Sin embargo, la variante vinculada a la fibromialgia es diferente y mucho menos grave. Otra región apunta al receptor GPR52, que regula los niveles de la proteína codificada por HTT y que ya se investiga como diana para la esquizofrenia y la enfermedad de Huntington. Esto abre la posibilidad de reutilizar fármacos ya en desarrollo para tratar la fibromialgia, aunque los expertos advierten de que aún quedan años de investigación por delante.
El estudio también reveló un importante solapamiento genético con otras afecciones como el dolor lumbar crónico, el síndrome del intestino irritable y el trastorno de estrés postraumático. Los investigadores creen que mecanismos biológicos compartidos dentro del sistema nervioso podrían explicar por qué estas enfermedades suelen presentarse juntas en los mismos pacientes. “Abordar los mecanismos comunes podría beneficiar a todo un conjunto de trastornos”, señaló la coautora Frances Williams, del King’s College de Londres.
Implicaciones para España y Europa
En España, la Sociedad Española de Reumatología (SER) estima que la fibromialgia afecta a más de 900.000 personas. El neurólogo José María Gómez Argüelles, miembro de la Sociedad Española de Neurología, ha valorado el estudio como “demoledor” porque demuestra que hay alteraciones genéticas asociadas a la enfermedad y que se relacionan con partes del cerebro implicadas en el dolor. Por su parte, el reumatólogo Javier Rivera, portavoz de la SER, ha matizado que la genética solo explica alrededor del 10% de la variabilidad del riesgo y que hacen falta otros factores desencadenantes, como infecciones o traumatismos, para que la enfermedad se manifieste.
Rivera también ha señalado que clasificar la fibromialgia únicamente como neurológica podría ser reduccionista, ya que los pacientes pueden presentar síntomas reumatológicos, digestivos o psiquiátricos. No obstante, ambos especialistas coinciden en que el estudio supone un paso adelante para desterrar el estigma que rodea a esta dolencia y para orientar futuras investigaciones hacia terapias dirigidas al sistema nervioso.
Los autores del trabajo han creado el Consorcio de Genómica del Dolor Crónico para seguir investigando otros síndromes de dolor, empezando por el dolor pélvico. Aunque de momento no existe una prueba genética para diagnosticar la fibromialgia ni un tratamiento nuevo, la investigación proporciona una base sólida sobre la que construir mejores herramientas diagnósticas y terapéuticas en los próximos años.
La evidencia acumulada indica que la fibromialgia no es una enfermedad inventada ni un trastorno psicológico, sino una afección con un sustrato biológico real en el sistema nervioso. Los hallazgos genéticos, combinados con la necesidad de factores ambientales y la ausencia de diferencias genéticas entre sexos, dibujan un panorama complejo pero esperanzador. La comunidad científica cuenta ahora con un mapa genético que permitirá avanzar en la comprensión de esta dolencia que afecta a millones de personas en todo el mundo, y en España a casi un millón, y que durante demasiado tiempo ha sido invisible para la medicina.



