El ordenador cuántico de IBM logra simular materiales magnéticos reales

Última actualización: marzo 28, 2026
  • Un procesador cuántico de IBM ha reproducido con precisión datos experimentales de materiales magnéticos reales.
  • El cristal KCuF3 se ha utilizado como banco de pruebas comparando simulaciones cuánticas con dispersión de neutrones.
  • Las mejoras en las tasas de error de dos cúbits y en los algoritmos híbridos marcan un punto de inflexión.
  • El avance acelera el diseño de nuevos materiales para energía, electrónica y salud a través de flujos de trabajo cuántico-clásicos.

Ordenador cuántico IBM simulación materiales

La computación cuántica empieza a dar muestras claras de utilidad científica real más allá de los experimentos de laboratorio. Un trabajo liderado por IBM y el Centro de Ciencias Cuánticas del Departamento de Energía de Estados Unidos ha conseguido que un ordenador cuántico de IBM simule materiales magnéticos reales con una precisión que encaja con los datos obtenidos en instalaciones experimentales mediante medidas de dispersión de neutrones.

Este resultado supone un paso importante hacia el uso de los procesadores cuánticos como herramientas fiables de investigación, algo especialmente relevante para el diseño de nuevos materiales en sectores como la energía, la electrónica avanzada o la salud. Aunque el experimento se ha llevado a cabo principalmente en Estados Unidos, su impacto afecta también a la comunidad científica europea, incluida la española, muy activa en el estudio de sistemas cuánticos y magnetismo.

Del experimento al uso práctico: qué ha logrado IBM

El estudio demuestra que un ordenador cuántico actual, sin corrección total de errores, puede reproducir el comportamiento de un material magnético real y ofrecer resultados que coinciden con los experimentos clásicos de referencia. No se trata solo de un ejercicio teórico, sino de una comparativa directa entre lo que mide un laboratorio físico y lo que calcula el procesador cuántico.

El equipo, en el que participan investigadores del Laboratorio Nacional de Oak Ridge, la Universidad de Purdue, la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, el Laboratorio Nacional de Los Álamos, la Universidad de Tennessee y IBM, escogió como caso de estudio un cristal magnético muy conocido: KCuF3. Este material está bien caracterizado y se utiliza desde hace años como sistema de referencia para estudiar la dinámica de espines.

Lo que han hecho los investigadores ha sido comparar las mediciones de dispersión de neutrones de KCuF3 —obtenidas en grandes instalaciones científicas— con las simulaciones realizadas en el ordenador cuántico. La coincidencia entre ambas fuentes de datos indica que el procesador cuántico es capaz de capturar las propiedades dinámicas clave de este material.

La colaboración se enmarca en el trabajo del Centro de Ciencias Cuánticas, financiado por el Departamento de Energía de Estados Unidos, que impulsa el uso de hardware cuántico en problemas científicos definidos por laboratorios nacionales. Entre los hitos recientes de este ecosistema también se incluye la primera simulación cuántica de una molécula de media Möbius, nunca observada en la naturaleza, lo que refuerza la idea de que este tipo de procesadores ya empieza a explorar territorios inalcanzables para el cálculo clásico.

Simulación de materiales magnéticos en ordenador cuántico

Por qué el magnetismo es el campo de pruebas ideal

La posibilidad de diseñar superconductores más eficientes, baterías de nueva generación o fármacos complejos depende en gran medida de entender el comportamiento cuántico de la materia. El problema es que este tipo de fenómenos se vuelve extremadamente difícil de representar con ordenadores clásicos cuando el número de partículas aumenta y las interacciones se complican.

En el caso de los materiales magnéticos, la dificultad radica en describir cómo evolucionan los espines y las correlaciones entre ellos. Los modelos clásicos acaban recurriendo a aproximaciones que dejan fuera detalles importantes del sistema. Por eso, utilizar un procesador cuántico para simular dinámicas de espín aparece como una alternativa natural: la propia física del dispositivo se parece más a la del material que intenta describir.

El cristal KCuF3 juega aquí un papel esencial como bancada de pruebas. Se trata de un material bien estudiado, del que existen datos experimentales abundantes y precisos, algo que permite comprobar si la simulación cuántica va bien encaminada. Según explica el profesor Arnab Banerjee, de la Universidad de Purdue, había una gran cantidad de información experimental sobre materiales magnéticos que no terminaba de encajar con las herramientas teóricas clásicas, y el uso de procesadores cuánticos abre la puerta a reinterpretar esos datos con más fidelidad.

La concordancia obtenida entre los resultados del ordenador cuántico y las medidas de dispersión de neutrones sugiere que los procesadores actuales ya están listos para abordar problemas científicamente relevantes, al menos en sistemas donde exista una base experimental sólida con la que contrastar. Este punto es clave para que la comunidad de física de la materia condensada, tanto en Europa como en Estados Unidos, empiece a considerar estos dispositivos como una herramienta más de su instrumental habitual.

Un flujo de trabajo híbrido: supercomputación clásica y cuántica

El avance no se explica solo por la potencia del ordenador cuántico de IBM, sino por la forma en que se ha integrado en un flujo de trabajo de supercomputación centrado en lo cuántico. En lugar de intentar que el procesador cuántico lo haga todo, los investigadores han repartido las tareas entre recursos clásicos y cuánticos según lo que cada uno hace mejor.

En la práctica, esto se traduce en que la computación clásica se ocupa de las fases del cálculo más adecuadas para CPUs y GPUs —como el preprocesado de datos o ciertas optimizaciones numéricas—, mientras que el hardware cuántico asume el núcleo del problema: la simulación de las dinámicas de espín y otras partes especialmente difíciles para el silicio tradicional.

Este enfoque híbrido es el que muchos expertos ven como el modelo dominante en los próximos años, también en Europa, donde los programas de supercomputación de alto rendimiento ya contemplan la incorporación de aceleradores especializados, sean GPUs, FPGAs o procesadores cuánticos conectados a través de la nube. La programabilidad de un procesador cuántico universal ofrece, además, una flexibilidad que los simuladores analógicos construidos para un único tipo de experimento no pueden igualar.

En palabras de varios de los participantes en el estudio, lo relevante es que el ordenador cuántico se integra como un componente más de la cadena de cálculo, y no como un sustituto completo de la infraestructura existente. Este planteamiento, más pragmático, facilita que los grandes centros de datos y laboratorios europeos puedan adaptar sus flujos de trabajo actuales sin tener que reconstruirlos desde cero.

El papel decisivo de las tasas de error

Uno de los mayores frenos a la adopción práctica de la tecnología cuántica ha sido siempre la fragilidad de los cúbits. Los errores en las puertas lógicas, las interferencias del entorno y la pérdida de coherencia pueden inutilizar un cálculo en cuestión de milisegundos si no se controlan con cuidado.

El nuevo resultado de IBM y sus socios se apoya, precisamente, en las mejoras en la escala y, sobre todo, en la calidad de los procesadores cuánticos. El científico investigador principal de IBM, Abhinav Kandala, destaca que estas simulaciones solo han sido posibles gracias a las bajas tasas de error en operaciones de dos cúbits que ofrece la generación actual de hardware de la compañía.

Además del progreso físico en los dispositivos, el equipo ha recurrido a nuevos algoritmos y técnicas de mitigación de errores que permiten exprimir mejor los cúbits disponibles. Aunque todavía no se ha alcanzado la llamada «tolerancia a fallos» —cuando el sistema puede corregir de forma sistemática los errores que se producen—, la combinación de hardware más robusto y software optimizado ha sido suficiente para alcanzar un nivel de fidelidad útil.

Este salto en calidad tiene una consecuencia directa en la percepción de riesgo de empresas y centros de investigación: la pregunta ya no es si la computación cuántica funcionará algún día, sino cuándo será rentable integrarla en los procesos de I+D. En este sentido, muchos analistas apuntan a modelos de acceso bajo demanda, a través de la nube, en los que instituciones europeas puedan utilizar recursos cuánticos remotos sin necesidad de mantener su propia infraestructura criogénica.

De los materiales magnéticos a otras aplicaciones

La capacidad de simular materiales reales no es un ejercicio académico aislado. En el sector de la energía, por ejemplo, comprender cómo se comportan los espines y los electrones en materiales complejos es fundamental para diseñar nuevos conductores, aislantes topológicos o superconductores que permitan redes eléctricas más eficientes y dispositivos electrónicos con menor consumo.

En el ámbito sanitario, este tipo de hardware ya se está usando para simular moléculas y proteínas a gran escala. Colaboraciones recientes, como las de IBM con centros médicos internacionales, exploran cómo aprovechar estos procesadores para acelerar el diseño de fármacos, optimizar compuestos y reducir el coste de descubrir nuevas terapias, un campo en el que los investigadores europeos también están muy presentes.

El físico Allen Scheie, del Laboratorio Nacional de Los Álamos, ha señalado que la coincidencia entre los datos experimentales y las simulaciones cuánticas lograda en este trabajo es una de las más precisas que se han visto hasta ahora. Este nivel de acuerdo eleva las expectativas sobre lo que se podrá hacer en próximos estudios con materiales más complejos.

El propio equipo indica que el enfoque desarrollado ya se ha extendido más allá de KCuF3. La programabilidad del procesador cuántico ha permitido explorar clases de materiales con interacciones más intrincadas, que no encajan bien en las categorías tradicionales manejadas por la física clásica. Para responsables de innovación en Europa, este tipo de avances plantea la posibilidad de usar la computación cuántica como un «atajo» en el descubrimiento de nuevos materiales para baterías, catalizadores o dispositivos espintrónicos.

Un ecosistema científico en plena transformación

La integración de ordenadores cuánticos en laboratorios nacionales como los de Estados Unidos se alinea con una tendencia que también se observa en otras regiones: la tecnología está dejando de ser un experimento de física fundamental para convertirse en una herramienta de ingeniería y de diseño de materiales. Los resultados obtenidos con KCuF3, junto con otros hitos como la simulación de la molécula de media Möbius, apuntan a un catálogo de aplicaciones cada vez más amplio.

Para las empresas y centros de investigación europeos, esto implica una adaptación progresiva de sus estrategias de talento y de infraestructura. La supercomputación ya no se concibe como un bloque homogéneo de CPUs y GPUs, sino como un entramado donde diferentes tipos de aceleradores —incluidos los procesadores cuánticos— se coordinan para abordar cada problema con la herramienta más adecuada.

El éxito de la colaboración entre IBM y el Departamento de Energía estadounidense muestra, además, que la soberanía tecnológica y el liderazgo industrial de las próximas décadas podrían depender, en buena medida, de quién logre dominar antes estos flujos de trabajo híbridos. Europa, que ya impulsa infraestructuras de supercomputación punteras y programas específicos en tecnologías cuánticas, se enfrenta al reto de integrar estas capacidades de forma coherente.

Queda por resolver cómo se comportarán estas soluciones cuando se apliquen a materiales cuyos parámetros se desconocen por completo, sin un experimento previo de neutrones con el que comparar. Esa será la verdadera prueba de fuego para comprobar si los ordenadores cuánticos pueden no solo reproducir la física que ya conocemos, sino también abrir ventanas hacia fenómenos nuevos que hasta ahora han permanecido ocultos para el cálculo clásico.

Con todo, el hecho de que un ordenador cuántico de IBM haya logrado simular un material magnético real con un nivel de precisión alineado con la experimentación tradicional marca un punto de inflexión: la computación cuántica comienza a consolidarse como una pieza más, todavía incipiente pero cada vez más sólida, en el conjunto de herramientas que la ciencia y la industria utilizarán para diseñar los materiales y tecnologías que vendrán.

sensores cuánticos
Artículo relacionado:
Tecnalia pone en marcha Quantum Lab de sensores cuánticos