El robot humanoide Pemba conquista el volcán Chimborazo y ya apunta hacia el Everest

Última actualización: junio 10, 2026
  • Hito histórico en Ecuador donde el robot Pemba alcanzó la cima del Chimborazo a más de 6.000 metros de altitud.
  • El proyecto está liderado por el ingeniero español Pablo Berlanga y utiliza una versión adaptada del modelo comercial Unitree G1.
  • A pesar de su avanzada tecnología, el equipo humano tuvo que asistir a la máquina en los tramos más escarpados y técnicos.
  • La expedición al Everest está actualmente en pausa debido a la falta de una legislación clara para robots en Nepal.
Robot humanoide escala volcán Chimborazo

Parece que el futuro de la exploración de alta montaña ha dado un paso de gigante, y nunca mejor dicho. Hace apenas unos días, el majestuoso volcán Chimborazo en Ecuador fue el escenario de una hazaña que deja a cualquiera con la boca abierta: un robot humanoide bautizado como Pemba consiguió coronar su cima, situada a nada menos que 6.190 metros sobre el nivel del mar. No es moco de pavo, ya que estamos hablando del punto más alejado del centro de la Tierra, donde las condiciones de frío y falta de oxígeno pondrían en apuros al más pintado.

Este hito tecnológico no ha sido fruto de la casualidad, sino del trabajo duro de un equipo multidisciplinar que acompañó a la máquina durante una travesía que duró 16 horas. La idea detrás de este proyecto es demostrar que la robótica puede salir de los laboratorios y las fábricas para echar una mano en entornos naturales hostiles. Aunque ver a un androide caminando por la nieve pueda parecer sacado de una película de ciencia ficción, lo cierto es que este logro marca un antes y un después en la aplicación de la inteligencia artificial en el mundo real.

Robot humanoide en la nieve del volcán Chimborazo

Los entresijos tecnológicos de Pemba en los Andes

Detrás de este éxito se encuentra el ingeniero español Pablo Berlanga Boemare y su empresa Geologic Dome, quienes han colaborado estrechamente con Unitree Robotics. El robot en cuestión es una versión modificada del modelo Unitree G1, un dispositivo comercial que ha tenido que pasar por el taller para aguantar el trote de los Andes. Los ingenieros le metieron mano a fondo, instalando sistemas de gestión térmica avanzados para que las baterías no dieran el brazo a torcer con el frío extremo, además de reforzar su estructura ante los cambios bruscos de temperatura.

La máquina no solo se dedica a caminar, sino que es un auténtico laboratorio con patas. Va equipada con cámaras de última generación, sensores ambientales y conexión vía satélite a través de redes como Starlink, lo que le permite enviar datos en tiempo real sobre el estado del glaciar o la calidad del aire. Para que Pemba no se perdiera por el camino, se utilizaron algoritmos de navegación optimizados que le permitieron desplazarse con soltura por pendientes de hasta 30 grados, demostrando una autonomía que ha sorprendido gratamente a los expertos del sector.

Detalle del robot humanoide Pemba durante su escalada

Una colaboración entre humanos y máquinas a 6.000 metros

Eso sí, hay que ser realistas: Pemba todavía no es un alpinista profesional capaz de apañárselas solo en todas las situaciones. Durante los tramos más técnicos y peligrosos de la subida, donde un mal paso significa el desastre, los escaladores humanos tuvieron que cargar con el robot a cuestas. Es normal, ya que la autonomía total en terrenos con grietas ocultas y rocas sueltas es todavía un hueso duro de roer para la tecnología actual. Aun así, el hecho de que la máquina operara de forma independiente en gran parte del trayecto se considera un éxito rotundo.

La utilidad de estos aparatos va mucho más allá de la simple foto en la cumbre. El objetivo a largo plazo es que estos robots patrullen zonas remotas para luchar contra la tala ilegal o la caza furtiva, tareas que para una persona son agotadoras y peligrosas. Imaginaos tener a un vigilante que no se cansa y que puede operar en lugares donde el oxígeno escasea; sería una herramienta brutal para la conservación del medio ambiente, algo en lo que Pablo Berlanga ya tiene experiencia tras trabajar con organizaciones como el WWF.

Robot humanoide Pemba coronando la cima del volcán

Nepal y el Everest: el siguiente gran reto burocrático

Tras conquistar el Chimborazo, el equipo ya tiene la vista puesta en el techo del mundo: el monte Everest. Sin embargo, no todo es cuestión de cables y tornillos, ya que se han topado con un muro burocrático bastante importante. Las autoridades de Nepal están un poco a verlas venir, porque no existe una legislación clara sobre la presencia de robots en la montaña más alta del planeta. Tienen miedo de que, si la máquina se avería a 8.000 metros, tengan que organizar un rescate carísimo o que el robot acabe convirtiéndose en basura tecnológica en una zona ya de por sí bastante saturada.

A pesar de este parón temporal, los planes siguen en marcha y son de lo más ambiciosos. La idea es que Pemba pueda ayudar a recolectar basura en las rutas de ascenso y monitorizar el retroceso de los glaciares debido al cambio climático. Realizar estas tareas a tanta altitud es un desafío para cualquier sistema electrónico, pero las pruebas previas en regiones gélidas de China, donde el robot aguantó temperaturas de hasta 47 grados bajo cero, dan esperanzas de que el salto al Himalaya sea posible tarde o temprano.

La hazaña conseguida en tierras ecuatorianas supone un avance fundamental para la robótica de servicios en condiciones extremas y pone de relieve el ingenio de la ingeniería española en el panorama internacional. Aunque todavía queda camino por recorrer para ver a estos androides subiendo ochomiles sin ayuda de nadie, la experiencia acumulada con Pemba servirá para mejorar la resistencia de los materiales y la eficiencia de las baterías en entornos hostiles. Al final, se trata de utilizar la tecnología para llegar donde nosotros no podemos o donde el riesgo es demasiado alto, abriendo una ventana de posibilidades para la ciencia, el rescate y la protección de nuestro planeta.