España investiga un posible origen de laboratorio en el brote de peste porcina africana

Última actualización: diciembre 6, 2025
  • El virus detectado en jabalíes de Cerdanyola del Vallès pertenece a un grupo genético distinto al que circula actualmente en la UE.
  • La cepa está estrechamente emparentada con el virus "Georgia 2007", usado habitualmente en laboratorios de alta seguridad.
  • Gobierno y Generalitat han activado investigaciones penales y técnicas para aclarar si el foco pudo originarse en instalaciones de confinamiento biológico.
  • El brote supone una seria amenaza económica para el potente sector porcino español y ha disparado las medidas de bioseguridad y control de fauna silvestre.

Brote de peste porcina africana en España

El brote de peste porcina africana (PPA) detectado en jabalíes de la zona de Bellaterra, en el término municipal de Cerdanyola del Vallès (Barcelona), ha dado un giro inesperado tras conocerse los resultados de la secuenciación genética del virus. Los datos apuntan a que la variante hallada en Cataluña no coincide con las que circulan de forma natural por otros países de la Unión Europea, lo que ha encendido todas las alarmas en las administraciones.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha recibido el informe del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA-INIA), laboratorio de referencia de la UE, que sugiere que el origen del virus podría no estar en animales o productos de origen animal importados, sino en una posible instalación de confinamiento biológico. Ante esta posibilidad, el Gobierno central y la Generalitat han abierto una batería de investigaciones para esclarecer cómo se inició el foco en la sierra de Collserola.

Un virus distinto al que circula en la Unión Europea

Según el informe del CISA-INIA, la caracterización molecular mediante secuenciación completa del genoma ha permitido comparar el virus encontrado en los jabalíes de Barcelona con las cepas de peste porcina africana detectadas en toda la Unión Europea. El resultado es claro: todos los virus actualmente circulantes en los Estados miembros pertenecen a los grupos genéticos 2 a 28, mientras que el identificado en Cataluña se encuadra en el nuevo grupo genético 29.

Este grupo 29 es, a su vez, muy similar al grupo genético 1 que se detectó en Georgia en 2007, una cepa conocida como “Georgia 2007”. Dicha variante se ha convertido desde entonces en un virus de referencia que se emplea de forma habitual en infecciones experimentales dentro de laboratorios de bioseguridad para estudiar la enfermedad y evaluar candidatos vacunales que aún están en desarrollo.

Las autoridades sanitarias subrayan que los virus, cuando se transmiten de forma natural entre animales, suelen acumular mutaciones y cambios en el genoma con el paso del tiempo. El hecho de que el virus de Barcelona se parezca tanto al de Georgia 2007 hace pensar que no ha seguido un largo ciclo de transmisión en fauna o ganado, lo que da pie a considerar la hipótesis de un origen vinculado a actividades experimentales.

Esta conclusión técnica no descarta categóricamente otros escenarios, pero sí obliga a replantear la explicación inicial del brote. Hasta ahora, la principal teoría que manejaban las autoridades catalanas era la de un alimento contaminado -como un bocadillo de embutido- arrojado en la carretera y consumido por un jabalí. Con el nuevo informe sobre la mesa, esa hipótesis queda en segundo plano, aunque no se ha cerrado ninguna línea de investigación.

Investigación abierta: foco en los laboratorios de alta seguridad

El Ministerio de Agricultura ha puesto en marcha una investigación complementaria a la ya iniciada el 28 de noviembre, fecha en la que se detectó el foco en Cerdanyola del Vallès. En aplicación del artículo 57.2 del Reglamento (UE) 2016/429, se ha activado un procedimiento formal para determinar el origen del virus, que incluye tanto inspecciones técnicas como posibles derivadas legales.

Como parte de estas actuaciones, la Dirección General de Sanidad de la Producción Agroalimentaria y Bienestar Animal ha notificado al Seprona de la Guardia Civil la necesidad de investigar los hechos como posibles infracciones o delitos medioambientales. En paralelo, la Generalitat ha implicado a los Mossos d'Esquadra y ha anunciado la apertura de un expediente informativo interno para analizar en detalle la información científica facilitada por el laboratorio de referencia europeo.

Uno de los puntos bajo especial escrutinio es el Centro de Investigación en Sanidad Animal IRTA-CReSA, situado en el campus de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en Bellaterra, a escasa distancia de donde se localizaron los primeros jabalíes muertos. Este centro, de referencia en Cataluña en materia de salud animal, trabaja desde hace años con el virus de la PPA en instalaciones de biocontención de nivel 3.

Desde el IRTA-CReSA se insiste en que las medidas de bioseguridad son extremadamente estrictas y que las instalaciones funcionan prácticamente como un “búnker”. El investigador y veterinario Joaquim Segalés ha explicado que se ha revisado minuciosamente la actividad y los protocolos de los últimos meses sin encontrar ninguna alteración que apunte a un escape. Entre las medidas habituales figuran el cambio completo de ropa, el uso de bata, guantes, mascarilla y equipos de protección integral para trabajos con animales, así como desinfección y ducha obligatoria antes de abandonar el laboratorio.

El conseller de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat, Òscar Ordeig, ha pedido prudencia y ha recalcado que el informe “no es concluyente”, dejando claro que no se descarta que el origen esté en “algún equipamiento” de investigación, pero sin señalar a un centro concreto de forma definitiva. Ordeig ha admitido que son “varios” los laboratorios que trabajan con el virus de la peste porcina africana, y ha adelantado que, en función de lo que se vaya sabiendo, podrían adoptarse medidas adicionales en IRTA-CReSA u otros centros.

Del bocadillo contaminado a la sospecha de fuga experimental

En los primeros días tras la notificación del brote, la Generalitat se inclinaba por una explicación mucho más sencilla: la de un producto porcino contaminado desechado en el entorno de las carreteras que cruzan la zona de Bellaterra. El propio conseller Ordeig llegó a apuntar públicamente a un posible bocadillo de embutido comido por los jabalíes en un área próxima a la C-58 o la AP-7, carreteras con un intenso tráfico de camiones internacionales y áreas de servicio.

La idea se apoyaba en que, fuera de la UE, los controles sobre productos cárnicos pueden ser menos estrictos, lo que teóricamente podría abrir la puerta a la entrada de alimentos contaminados con el virus de la PPA. Bastaría que un resto de estos productos acabase en una papelera o en la cuneta para que un jabalí lo consumiera y diera inicio a un foco en fauna silvestre.

Sin embargo, la secuenciación genética ha complicado ese relato. El virus aislado en los jabalíes de Cerdanyola pertenece a un grupo genético que, a día de hoy, no está circulando en los países europeos afectados por la PPA, lo que hace menos probable que proceda de productos legales de esos mercados. Su gran parecido con la cepa Georgia 2007, utilizada de forma habitual en laboratorios, reorienta la brújula hacia un posible origen experimental más que hacia una cadena de contagios ligada al comercio de alimentos.

No obstante, tanto el Ministerio como la Generalitat insisten en que la investigación está abierta y que se mantienen varios escenarios sobre la mesa. El conseller Ordeig ha reiterado que “se sabrá el origen”, pero ha recalcado que, por ahora, ninguna de las hipótesis puede darse por cerrada, ni siquiera la relacionada con restos de comida introducidos desde fuera del ámbito comunitario.

Esta coexistencia de líneas de investigación refleja la cautela con la que las instituciones están abordando un asunto sensible, que mezcla riesgo sanitario, impacto económico y la posible responsabilidad de centros de investigación públicos o privados que trabajan precisamente para prevenir y controlar enfermedades como la PPA.

Medidas urgentes para contener el foco en Collserola

Desde que los servicios veterinarios de la Generalitat notificaron la presencia de jabalíes silvestres positivos a PPA en Bellaterra, las administraciones han desplegado un amplio dispositivo para “encapsular, reducir y hacer desaparecer el foco”, según la expresión utilizada por las autoridades. En la práctica, esto se traduce en un intenso trabajo sobre el terreno en la sierra de Collserola y su entorno.

Los servicios veterinarios oficiales de la Generalitat están visitando todas las granjas de porcino situadas en la zona afectada y en la zona de riesgo, con un refuerzo de las medidas de bioseguridad en las explotaciones. Hasta el momento, los animales analizados en las 39 explotaciones que se encuentran dentro de un radio de 20 kilómetros desde el punto del brote han dado resultado negativo, lo que, por ahora, mantiene la infección circunscrita a la fauna silvestre.

Paralelamente, se está actuando sobre la población de jabalíes. El inspector del cuerpo de Agents Rurals y jefe del Área de Grupos Especiales, Lluís Pallarès, ha explicado que se han implementado métodos de captura masivos, con varias trampas instaladas y recorridos nocturnos, con el objetivo de evitar que los grupos se dispersen y salgan de la zona controlada. Se trata de reducir la densidad de animales en los alrededores del foco para cortar las posibles rutas de expansión del virus.

El conseller Ordeig ha detallado que la Generalitat ha movilizado cerca de 300 efectivos para trabajar en la zona, a los que se han sumado 117 miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME), especializados en control cinegético. Estos equipos realizan tareas de prospección, desinfección, vigilancia con drones y retirada de cadáveres, un punto clave para disminuir la carga viral presente en el medio.

Expertos como el catedrático de Sanidad Animal Christian Gortázar, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), resaltan que es fundamental localizar y eliminar rápidamente los cadáveres de jabalíes infectados, ya que pueden actuar como importantes reservorios de virus. Además, recomiendan reforzar el vallado de las explotaciones y de los puntos estratégicos del terreno, idealmente con dobles vallas o muros cementados, para que resulten impermeables al paso de jabalíes.

Las autoridades catalanas también han optado por restringir el acceso a zonas de bosque, prados y ríos en decenas de municipios, limitando actividades como la caza, la recolección de setas o el senderismo. El objetivo es minimizar el movimiento tanto de animales como de personas que, de forma involuntaria, puedan contribuir a expandir el virus fuera de la mancha actualmente delimitada.

Impacto para el sector porcino español y reacción política

El episodio ha encendido todas las luces rojas en un sector porcino que, en España, tiene un peso económico enorme. La PPA no se transmite a las personas ni por contacto ni por ingestión de carne o derivados, pero su capacidad para provocar una mortalidad cercana al 100% en cerdos domésticos y jabalíes la convierte en una amenaza de primer orden para las explotaciones.

Según recuerda Gortázar, España cuenta con una industria porcina extremadamente relevante, que genera del orden de 300.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos, muchos de ellos situados en el medio rural. La aparición de un brote en fauna silvestre hace que el país pierda el estatus de libre de peste porcina africana, con potenciales repercusiones sobre los mercados exteriores y los certificados de exportación.

En regiones con fuerte peso ganadero, como Lleida -frecuentemente descrita como el “Wall Street porcino” por la influencia de sus lonjas en los precios-, el temor a que el virus salte al ganado doméstico es palpable. Cada variación en las cotizaciones se traduce en millones de euros en pérdidas o ganancias, y un brote que afectara directamente a las granjas podría suponer sacrificios masivos de animales y restricciones de comercio muy severas.

Ante este escenario, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, ha hecho un llamamiento a la tranquilidad de los consumidores, recordando que no existe ningún riesgo para la salud humana por el consumo de carne o productos derivados de cerdo. Al mismo tiempo, el Ministerio ha anunciado la creación de un comité científico de asesoramiento específico sobre el virus, con el objetivo de ajustar las medidas de control y reforzar la coordinación entre administraciones.

En el plano político catalán, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha defendido en el Parlament la gestión del Govern, asegurando que se ha basado en cuatro pilares: “ciencia, transparencia, colaboración y ayuda al sector”. Illa ha insistido en que se está trabajando codo con codo con el Ejecutivo central y con los agentes del sector para minimizar tanto el riesgo sanitario como las consecuencias económicas.

Una enfermedad sin vacuna y con expansión global

Más allá del foco concreto de Collserola, la peste porcina africana se considera por parte de la Unión Europea una enfermedad de categoría A, lo que implica la obligación de adoptar medidas rápidas de control y erradicación. Es una infección no zoonósica, es decir, que no afecta a las personas, pero supone un desafío mayúsculo para la sanidad animal y la economía agraria.

La viróloga Yolanda Revilla Novella, directora del Laboratorio del Virus de la Peste Porcina Africana del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO), recuerda que el virus de la PPA es un virus de ADN bicatenario que se replica en el citoplasma de las células y provoca una enfermedad grave tanto en cerdos domésticos como en jabalíes. Desde 2007, cuando se propagó desde el este de África al Cáucaso y Rusia, se ha extendido a numerosos países de Europa del Este, varias regiones de Asia -incluida China- y también a República Dominicana y Haití, amenazando con llegar al conjunto del continente americano.

Esta expansión ha convertido a la PPA en una de las mayores pandemias animales actuales, obligando al sacrificio de millones de cerdos cada año en todo el mundo. La ausencia de una vacuna comercial eficaz hace que las estrategias de control se basen principalmente en medidas de bioseguridad, vigilancia epidemiológica, sacrificio de animales en focos y restricciones de movimiento de ganado y productos.

Revilla subraya que existen grandes diferencias en virulencia entre cepas del virus: algunas provocan mortalidad prácticamente total en infecciones agudas, mientras que otras, más atenuadas, pueden causar mortalidad baja o incluso nula. Investigar los mecanismos moleculares de la virulencia es clave para entender la patogénesis de la enfermedad y avanzar en el desarrollo de vacunas.

En este terreno, varios grupos de investigación españoles, especialmente el del CBM del CSIC, han probado recientemente prototipos vacunales en Asia con resultados calificados de muy prometedores. No obstante, hasta que estos desarrollos se traduzcan en productos autorizados y disponibles a gran escala, las autoridades seguirán dependiendo de medidas clásicas de control sanitario y gestión de poblaciones silvestres.

La complejidad del virus se ve aumentada por la posible participación de vectores como las garrapatas de los géneros Onnithodirus moubata y Ornithodoros erraticus, que pueden albergar y transmitir el patógeno. En regiones donde estas especies están presentes, se añade una vía adicional de propagación que complica la erradicación y obliga a extremar las medidas de vigilancia.

El brote de peste porcina africana detectado en jabalíes de Cerdanyola del Vallès ha destapado interrogantes incómodos sobre un posible origen de laboratorio, al tiempo que ha puesto a prueba la capacidad de reacción de las autoridades españolas y europeas. Mientras Seprona, Mossos y los equipos científicos intentan reconstruir el punto de partida del virus, el sector porcino refuerza su bioseguridad para evitar que la infección salte al ganado doméstico y se convierta en un problema de mucho mayor calado, en un contexto global donde la PPA ya se ha consolidado como uno de los mayores retos para la sanidad animal y la economía agroganadera.

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