- KDM1A y KDM5C cooperan como guardianes epigenéticos para mantener la identidad neuronal adulta.
- Su pérdida conjunta altera marcas epigenéticas, organización 3D del genoma y aumenta la excitabilidad.
- El fallo del dúo impacta memoria, aprendizaje y ansiedad, y se conecta con discapacidad intelectual.

Las neuronas son células singulares que deben conservar quiénes son durante décadas para que el cerebro funcione con precisión. En esa tarea de vigilancia entra en juego la epigenética, un conjunto de etiquetas químicas que ayudan a activar o silenciar genes sin modificar la secuencia del ADN. Cuando ese sistema se altera, aparecen fallos en el comportamiento y en las capacidades cognitivas. Un trabajo reciente liderado desde el Instituto de Neurociencias (IN, centro mixto CSIC–UMH) en ratón lo ilustra con claridad.
El equipo ha descrito que dos enzimas, KDM1A y KDM5C, colaboran como auténticos guardianes epigenéticos para proteger la identidad neuronal. Su coordinación no se limita a sumar efectos: funciona como un candado doble que impide que se enciendan instrucciones genéticas indebidas y que, a la vez, mantiene activas las correctas. La investigación, publicada en Cell Reports, se realizó eliminando a la vez los genes de ambas proteínas en neuronas adultas, lo que permitió estudiar el impacto del fallo de control epigenético en neuronas ya maduras y no solo durante el desarrollo.
Qué significa hablar de “guardianes epigenéticos”

En biología, la epigenética estudia cómo factores celulares colocan y retiran marcas químicas que permiten encender o apagar genes sin cambiar el ADN. En el cerebro adulto, esa coreografía asegura que cada neurona conserve su identidad y no exprese programas de otros tipos celulares. En este contexto, KDM1A y KDM5C, dos desmetilasas de histonas, actúan como elementos de seguridad que preservan un paisaje cromatínico propio de las neuronas y evitan transcripciones fuera de lugar.
Cuando estas enzimas cooperan, refuerzan estados represivos en regiones del genoma que deben permanecer silenciadas y, a la vez, posibilitan que los genes neuronales adecuados se mantengan accesibles. La clave, según detalla el equipo del IN, es que la acción conjunta va más allá de la suma aritmética de sus funciones individuales: existe una sinergia real que se traduce en estabilidad de la identidad celular.
Cómo se investigó en el cerebro adulto de ratón
Para poner a prueba esta hipótesis, el laboratorio de “Mecanismos transcripcionales y epigenéticos de la plasticidad neuronal” del IN generó un modelo murino en el que se eliminaron de manera simultánea los genes que codifican KDM1A y KDM5C en neuronas del cerebro adulto. Ese diseño permitió observar qué sucede cuando se pierde el control epigenético en neuronas ya establecidas, alejándose del foco habitual en etapas de desarrollo y centrándose en el funcionamiento del cerebro maduro. El planteamiento fue integral: combinaron análisis moleculares, estudios de estructura tridimensional del genoma, fisiología neuronal y comportamiento.
Esta aproximación puso el acento en la vida adulta del cerebro, donde la identidad neuronal debe mantenerse contra viento y marea. De acuerdo con los resultados, la pérdida del dúo KDM1A/KDM5C precipita cambios epigenómicos profundos que no se observan cuando se altera una sola de las enzimas. Es decir, al fallar ambas, los mecanismos de defensa epigenéticos quedan desprotegidos y los efectos se multiplican con consecuencias notorias en memoria, aprendizaje y control de la ansiedad.
Resultados clave: del cromosoma a la conducta
Los investigadores observaron que, sin KDM1A y KDM5C, numerosas zonas del genoma neuronal acumulan marcas asociadas a actividad en regiones que deberían estar apagadas. Este “ruido” epigenético desordena los estados de cromatina y se acompaña de una desorganización en la arquitectura 3D del genoma, con cambios en límites y vecindades cromosómicas que comprometen la regulación fina de la expresión génica. En suma, el paisaje epigenético se vuelve más laxo y menos específico, justo lo que estos guardianes epigenéticos evitan en condiciones normales.
Las alteraciones moleculares tienen traducción funcional: se detectó una mayor excitabilidad neuronal y un deterioro de parámetros conductuales vinculados a la memoria, la capacidad de aprendizaje y la modulación de la ansiedad. Esta cadena causal, del epigenoma a la fisiología y de ahí al comportamiento, refuerza la idea de que las neuronas adultas requieren un blindaje epigenético permanente para sostener sus programas genéticos propios y no desviarse hacia estados impropios.
Tal y como subraya el equipo, la cooperación entre KDM1A y KDM5C no solo evita que se transcriban genes ajenos a la identidad neuronal, sino que “afina” la respuesta de la neurona frente a estímulos, reduciendo errores de transcripción y conservando la topología del genoma necesaria para un control preciso. De ahí que la pérdida doble tenga efectos “más que aditivos”, un resultado que cuadra con la idea de mecanismos de control redundante en procesos críticos.
Implicaciones para el estudio de trastornos neurológicos
Comprender cómo interactúan KDM1A y KDM5C ofrece pistas valiosas sobre enfermedades humanas. Mutaciones en los genes que codifican estas proteínas se han vinculado con discapacidad intelectual y otros trastornos neurológicos. La investigación del IN sugiere que una parte del origen de esas patologías podría residir en fallos combinados de vigilancia epigenética, con el consiguiente encendido de programas genéticos inadecuados en neuronas.
El trabajo no solo aporta conocimiento fundamental sobre la biología de las neuronas adultas; también abre vías para identificar dianas terapéuticas. Si el cerebro depende de guardianes epigenéticos que actúan en cooperación, diseñar estrategias que refuercen ese control —ya sea corrigiendo la desorganización de la cromatina, mitigando la hiperexcitabilidad o restaurando límites topológicos— podría tener un impacto real. Como apunta el equipo, la clave estará en intervenir sin descompensar la fina red de ajustes que sostienen la identidad neuronal a largo plazo.
Cuando se rompe la cooperación entre KDM1A y KDM5C, las neuronas activan programas ajenos con un coste severo para la memoria, el aprendizaje y la regulación de la ansiedad. El hallazgo pone el foco en la vigilancia epigenética como pilar de la función cerebral.
Qué aportan KDM1A y KDM5C por separado y por qué juntas marcan la diferencia
Trabajos previos del mismo laboratorio habían definido papeles individuales: KDM1A es esencial para preservar la organización tridimensional del genoma neuronal y frenar un fenómeno de “eucromatinización” asociado al envejecimiento, mientras que KDM5C reduce transcripciones espurias y ajusta la respuesta de los genes a los estímulos. La novedad del estudio actual es demostrar que la cooperación de ambas asegura con mayor eficacia la estabilidad del programa neuronal, sellando regiones que deben permanecer reprimidas y sosteniendo la correcta lectura de las instrucciones de la neurona adulta.
En otras palabras, estos guardianes epigenéticos no solo apagan lo indebido, sino que ayudan a mantener encendido lo que importa, con una precisión que se pierde cuando falta cualquiera de los dos, y que se derrumba cuando ambas piezas fallan a la vez. Esa sinergia explica que los efectos conductuales y fisiológicos sean más severos en la doble pérdida que en la inactivación individual de una sola enzima.
Preguntas clave sobre el hallazgo
¿Por qué importa la identidad neuronal en el adulto? Porque el cerebro opera como un entramado de neuronas especializadas. Si una célula expresa genes de “otra identidad”, el circuito pierde precisión y aparecen fallos en procesos como la consolidación de la memoria o la gestión de la ansiedad.
¿Qué quiere decir que el efecto sea “más que aditivo”? Que la pérdida simultánea de KDM1A y KDM5C no solo suma los problemas de cada una por separado; los multiplica. La desorganización epigenética y topológica en el genoma es cualitativamente mayor y su impacto funcional, más grave.
¿Cómo se sabe que afecta a la estructura 3D del genoma? Se aplicaron herramientas que permiten cartografiar contactos y límites cromosómicos. Al faltar las enzimas, esos límites se debilitan y zonas que deberían estar separadas interaccionan, lo que altera la expresión génica.
¿Tiene relación con enfermedades humanas? Sí. Se han descrito mutaciones en KDM1A y KDM5C en pacientes con discapacidad intelectual y otros trastornos neurológicos. Este estudio aporta mecanismos plausibles: pérdida de silenciamiento específico, transcripción errónea y hiperexcitabilidad neuronal.
Publicaciones y contexto científico relacionados
El avance encaja en una trayectoria de investigación consolidada en el IN. A continuación se recoge, en formato divulgativo, una selección de trabajos clave del grupo y colaboradores, reescritos de forma sucinta para resaltar su contribución al campo:
- Cell Reports (2025): estudio cooperativo de KDM1A y KDM5C que detalla cómo ambas desmetilasas, asociadas a discapacidad intelectual, estabilizan estados represivos neuronales específicos. Autores: Martín-González AM, Paraíso-Luna J, Niñerola S, Del Blanco B, Robles RM, Herrera ML, Muñoz-Viana R, Geijo-Barrientos E, Barco A. DOI: 10.1016/j.celrep.2025.116201.
- Nature Communications (2024): Kdm1a protege los límites topológicos en genes reprimidos por PRC2 y evita un exceso de eucromatina asociado a la edad en neuronas. Autores: Del Blanco B, Niñerola S, Martín-González AM, Paraíso-Luna J, Kim M, Muñoz-Viana R, Racovac C, Sánchez-Mut JV, Ruan Y, Barco A. Enlace: s41467-024-45773-3.
- Trends in Molecular Medicine (2024): revisión sobre cómo abordar la desregulación epigenética en trastornos del espectro autista. Autores: Herrera ML, Paraíso-Luna J, Bustos-Martínez I, Barco A. DOI: 10.1016/j.molmed.2024.06.004.
- Journal of Neuroscience (2022): necesidad de CBP para establecer programas génicos adaptativos en cerebro adulto de ratón. Autores: Lipinski M, Niñerola S, Fuentes-Ramos M, Valor LM, Del Blanco B, López-Atalaya JP, Barco A. DOI: 10.1523/JNEUROSCI.0970-22.2022.
- Nature Communications (2020): la acetilación dependiente de KAT3 mantiene genes de tipo celular y con ello la identidad neuronal en el cerebro adulto. Autores: Lipinski M, Muñoz-Viana R, Del Blanco B, et al. DOI: 10.1038/s41467-020-16246-0.
- Current Opinion in Neurobiology (2019): síntesis sobre CBP/p300 en desarrollo y plasticidad del cerebro, poniendo orden en el “berceau” de las KAT. Autores: Lipinski M, Del Blanco B, Barco A. DOI: 10.1016/j.conb.2019.01.023.
- Science Translational Medicine (2019): la acetilación dependiente de CBP impulsa la regeneración axonal en médula espinal de roedores tras enriquecimiento ambiental. Autores: Hutson TH, Kathe C, Palmisano I, et al. DOI: 10.1126/scitranslmed.aaw2064.
- Nature Neuroscience (2019): firmas epigenómicas inmediatas y diferidas tras activación neuronal in vivo en hipocampo de ratón. Autores: Fernandez-Albert J, Lipinski M, Lopez-Cascales MT, et al. DOI: 10.1038/s41593-019-0476-2.
Colaboraciones, financiación y equipo humano
El proyecto se llevó a cabo con la colaboración del grupo del catedrático Emilio Geijo (Área de Fisiología, UMH) y recibió apoyo de La Marató de TV3, la Agencia Estatal de Investigación, la Generalitat Valenciana y la Fundación La Caixa. Son ejemplos de cómo la ciencia pública y el respaldo social empujan fronteras en neurociencia, desde la molécula hasta el comportamiento.
Alumni y exmiembros destacados
- Samanta Ortuño: formada en Biotecnología (UMH) con másteres en Biotecnología y Bioingeniería (UMH) y Bioinformática (Universidad de Murcia); experiencia en biología molecular, metabarcoding y bioinformática en Taxon Estudios Ambientales S.L. y en el laboratorio del Dr. José Antonio García Charton.
- Ana Martín: bióloga por la Universidad de Málaga; desarrolla su doctorado con una Marie Curie fellowship entre el laboratorio del Prof. Wilczynski (Nencki Institute, Varsovia) y el grupo del IN, centrada en neurociencia y biología celular.
- Mayte López Cascales: bioquímica (Universidad de Murcia), máster en Neurociencias (UPO) y máster en Bioinformática (Universidad de Murcia); premio al mejor TFM en 2014; actualmente realiza su tesis en el grupo de la Dra. Herrera con proyectos colaborativos entre laboratorios.
- Jordi Fernández: biólogo (UdG) y máster interuniversitario en Neurociencia (UB); formación en neurociencia y biología molecular en los laboratorios de Gemma Huguet, Carles Sindreu y Manuel Irimia; beca Severo Ochoa (MINECO) en 2015; tesis defendida en 2019 (máxima calificación) sobre firmas epigenómicas de activación neuronal; publicaciones en Nat Neurosci y Nat Commun; estancia posterior con Mark Schnitzer (Stanford).
- Michal Lipinski: biotecnólogo (Univ. Varsovia de Ciencias de la Vida), estancias en el Nencki Institute y Univ. de Zúrich; tesis en 2019 (máxima calificación) sobre el papel de CBP y p300 en programas transcripcionales de neuronas excitadoras adultas; múltiples publicaciones con el grupo; posiciones posteriores con Paola Arlotta y Aviv Regev (Harvard & Broad Institute).
- Marilyn Scandaglia: biotecnóloga (Università di Bologna); tesis (2018, máxima calificación y Premio Extraordinario) sobre KDM5C en neurodesarrollo y discapacidad intelectual; publicaciones en Sci Reports, Cell Reports y J Med Gen; trayectoria posterior en el Instituto de Neurociencias (UMH-CSIC).
- Anna Fiorenza: bióloga (Univ. Sannio); estancia Erasmus en el IN (laboratorio de Lerma); beca INA-Consolider; tesis (2015, máxima calificación) sobre microARN y plasticidad neuronal; publicaciones en Cereb Cortex, Sci Reports y Neurobiol Learn Mem; estancias en la Univ. de California, San Francisco.
- Deisy Guiretti: bióloga (Univ. Nacional de Misiones, Argentina); experiencia en variabilidad viral y filogenia (Instituto Nacional del Cáncer, Río de Janeiro; Univ. de Edimburgo); tesis (2015, máxima calificación) sobre desacetilación de lisinas y desregulación transcripcional en Huntington y síndrome de Rubinstein-Taybi; publicaciones en J Neurosci, Neuropharmacology, Neurobiol Dis y Sci Rep.
- Jose Viosca: máster en Bioquímica (Univ. Valencia); investigó CREB y acetilación de cromatina neuronal en aprendizaje y memoria (2005–2010); tesis (2012, máxima calificación y Premio Extraordinario) sobre la vía Ras-ERK-CREB y cognición; publicaciones en J Neurosci, Learn Mem, Genes Brain Behav, EMBO J y Curr Pharm Des; postdoc con Cornelius Gross (EMBL-Monterotondo).
- Eva Benito-Garagorri: bioquímica (UPV/EHU); tesis (2011, máxima calificación) sobre respuesta transcripcional a la actividad neuronal; publicaciones en J Neurosci, Trends Neurosci, Nucleic Acids Res, PLoS ONE y Mol Neurobiol; trayectoria posterior en ENI-Göttingen y coordinación científica en EMBO.
- Dragana Jancic: médica (Univ. Belgrado); miembro del equipo Marie Curie (2004–2008); tesis (2008, máxima calificación) sobre transcripción dependiente de CREB y control de supervivencia y plasticidad hipocampal; publicaciones en J Neurosci, Cereb Cortex y Front Behav Neurosci; actualmente en Psiquiatría y Psicoterapia (Hospitales Universitarios de Ginebra).
- Otros exmiembros del laboratorio: Juan Medrano (estudiante de posgrado, 2017–2020); Dr. Rafael Muñoz Viana (posdoctoral, 2017–2019); Marian Llinares (técnica, 2018–2019); Emanuele Zaccaria (posgrado, 2018–2019); Alejandro Medrano (TFM 2015, posgrado 2016–2018); Nuria Cascales Pico (técnica, 2016–2017); Dr. Jose P. López-Atalaya (senior postdoc e investigador senior, 2006–2015; hoy IP del grupo “Plasticidad Celular y Neuropatología”); Dr. Romana Tomasoni (posdoctoral e investigadora visitante, 2015–2016); Dr. Luis M. Valor (posdoctoral, investigador senior y co-PI, 2007–2015; hoy IP en Hospital Universitario Puerta del Mar, Cádiz); Manuel Alcaraz Iborra (posgrado, 2012–2014; después, Universidad de Almería); Víctor Rovira (2013; posteriormente, Drexel University, Filadelfia); Dr. Sven Parkel (postdoc, 2012–2013); Dr. Satomi Ito (postdoc, 2009–2013; iCeMS Kyoto y OIST); Pierrick Jego (posgrado, 2010–2011); Francisca Almagro (técnica, 2010–2011); María Jiménez-Minchan (técnica, 2008–2011); Matías M. Pulopulos (posgrado, 2009–2010); Dr. Mikel López de Armentia (investigador senior, 2004–2009); Miguel A. Andrés (posgrado, 2007–2008); Marusa Arencibia (administración, 2005–2008); Valentina Moscato (posgrado, 2007–2008); Petra Gromova (posgrado, 2004–2007); Ana Calvo (posgrado, 2005–2006).
- Visitantes: entre 2005 y 2021, el laboratorio recibió a estudiantes y posdoctorales de múltiples instituciones: María Consuelo López Gómez, Pablo Castellano, Miguel Fuentes Ramos, Marta Alaiz Noya, Paula Mut, Juan Marín, Juan Medrano, Agnieszka Czechwska, Silvia Colmenero, Alejandro Medrano, Juan Manuel Agulló, Adriana Magalska, Marilyn Scandaglia, Jorge Montesinos, Raffaela Tulino, Alessandro Ciccarelli, Paola Tognino, Gianmarco di Mauro, Vincent Prinz, Jan-Albert Manenschijn, Eduardo Leiva, Elena Carnero, Ferah Yildirim, Oskar Ortiz, Carles Sanchis-Segura, Pankaj Sah, Cristina Vicente e Ignasi Sahun, entre otros. Sus estancias abarcaron desde semanas a meses, reforzando la colaboración internacional y la transferencia de técnicas.
Por qué este estudio marca un antes y un después
El trabajo del IN muestra, con evidencia a varios niveles (epigenómico, topológico, fisiológico y conductual), que sostener la identidad neuronal en el adulto requiere cooperación entre reguladores epigenéticos. No decirlo, sino demostrarlo en un modelo que elimina simultáneamente KDM1A y KDM5C en neuronas adultas, es un salto cualitativo. De ahí que la acumulación de marcas activas en zonas silenciosas, la reconfiguración 3D del genoma y la hiperexcitabilidad resultante queden unidas por una narrativa mecanística coherente.
Más allá del caso concreto, el estudio respalda un principio general: el cerebro adulto mantiene su especialización mediante capas de control epigenético solapadas y cooperativas. Quitar dos de esas capas a la vez no deja un hueco, deja una brecha. Y esa brecha se traduce en errores de expresión que impactan en circuitos y conducta. Un conocimiento así de detallado orienta la investigación hacia intervenciones que restauren límites topológicos y silenciamientos precisos, objetivos ambiciosos pero plausibles a medio plazo si se articulan terapias epigenéticas finas y dirigidas.
Lo aprendido aquí es claro: la identidad neuronal no es un rasgo pasivo; es un estado que se custodia a diario gracias a mecanismos epigenéticos cooperativos. Entender esa vigilancia, quién la ejerce y cómo se rompe, acerca la neurociencia a diagnósticos más certeros y a estrategias que contemplen el epigenoma como parte de la diana terapéutica, especialmente en condiciones vinculadas a discapacidad intelectual y desórdenes del neurodesarrollo.