- El litio se obtiene principalmente mediante la evaporación de salmueras en salares o la minería de roca dura como la espodumena.
- Existen nuevas tecnologías de extracción directa y geotérmica que buscan reducir drásticamente el consumo de agua y el impacto ambiental.
- Este mineral es la pieza fundamental para la fabricación de baterías de ion-litio en vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos modernos.

Seguramente habrás oído que el litio es el nuevo oro blanco o el petróleo del siglo XXI. No es para menos, ya que este metal alcalino es el corazón de las baterías recargables que alimentan desde el móvil que llevamos en el bolsillo hasta los coches eléctricos que prometen limpiar nuestro aire. Sin embargo, aunque el resultado final sea la sostenibilidad, conseguir este mineral es una tarea compleja y, a veces, bastante agresiva con el entorno.
Lo curioso es que el litio es un elemento muy reactivo y no se encuentra libre en la naturaleza. Para conseguirlo, tenemos que ir a buscarlo a sitios muy específicos: rocas, arcillas o salmueras (esa mezcla de agua y sales). Dependiendo de dónde esté, la forma de sacarlo cambia totalmente, y aunque algunas rutas son más baratas que otras, todas tienen el reto de gestionar el enorme consumo de agua y energía que requieren.
Extracción mediante salmueras: el método de la evaporación
Esta es la técnica más habitual y la que domina el famoso «Triángulo del Litio», compuesto por Argentina, Bolivia y Chile. Aquí, el metal está disuelto en aguas subterráneas muy saladas. El proceso comienza bombeando esta salmuera desde las profundidades hacia unas piscinas gigantescas. El truco aquí es dejar que el sol haga su trabajo: el agua se evapora lentamente y el litio se concentra.
Este camino no es precisamente rápido. Dependiendo de cómo esté el tiempo, el litio puede tardar entre 12 y 18 meses en solidificarse. Para agilizar las cosas y limpiar la mezcla, se añade cal hidratada (hidróxido de calcio), lo que ayuda a eliminar impurezas como el boro o el magnesio que no nos sirven para nada. Una vez que la concentración es la adecuada, la solución pasa a una planta donde, tras filtrados y la adición de carbonato de sodio, se obtiene el producto final: el carbonato de litio o el hidróxido de litio.
El gran problema de este sistema es que bebe muchísima agua dulce en zonas que ya de por sí son áridas. Esto puede dejar en una situación complicada a las comunidades locales y alterar los ecosistemas más frágiles de la cordillera de los Andes.
Minería de roca dura: triturar y calentar
Cuando el litio no está en agua, sino atrapado en minerales como la espodumena, petalita o lepidolita, tenemos que recurrir a la minería convencional. Australia es la reina en este campo. Aquí no hay piscinas ni sol, sino que se extrae la roca mediante excavaciones, lo que implica mover toneladas de tierra y alterar el paisaje.
El proceso es bastante más intenso. Primero se tritura la piedra y se mezcla con agua para crear una pasta. Después, el material se somete a un calor extremo de unos 1.100 grados para separar el litio de la roca. Tras enfriarse, se vuelve a moler y se trata con ácido sulfúrico en una etapa llamada lixiviación ácida, donde los iones de litio sustituyen al hidrógeno del ácido.
Para terminar de limpiar la solución, se usa cal para quitar el magnesio y carbonato sódico para precipitar el litio puro. Como imaginaréis, este método es mucho más costoso energéticamente y tiene una huella de carbono más pesada que la evaporación de salmueras.
Innovaciones y nuevas rutas: hacia un futuro más verde
Como la demanda de baterías se va a disparar en las próximas décadas, no podemos seguir haciendo las cosas a la antigua. Aquí es donde entra la Extracción Directa de Litio (DLE). En lugar de esperar meses a que el sol evapore el agua, se usan materiales absorbentes o perlas de intercambio iónico que actúan como un imán, atrapando el litio de forma casi instantánea. Esto reduce drásticamente el uso de agua y el tiempo de producción.
Otra apuesta fascinante es la extracción geotérmica. En sitios como el lago Salton en California, se aprovecha el agua caliente del subsuelo. Esta salmuera sobrecalentada hace girar turbinas para generar electricidad mientras se extrae el litio. Es un proceso casi libre de carbono que tarda minutos u horas en concentrar el metal, comparado con los años que requiere el método tradicional sudamericano.
Además de estas tecnologías, el reciclaje de baterías usadas se perfila como la fuente más sostenible. Recuperar el litio de ordenadores y móviles viejos evitaría tener que abrir nuevas minas y cerraría el ciclo de vida del material, disminuyendo el impacto ambiental global.
Para que todo esto funcione a escala industrial, se utilizan equipos de alta tecnología como secadores rotativos, calcinadores y enfriadores de lecho fluido. Estas máquinas permiten manipular los lodos y polvos de litio con precisión, ajustando temperaturas y humedades para que el producto final sea lo suficientemente puro para entrar en una batería de Tesla o de un smartphone.
Casi todo lo que sabemos sobre este metal nos indica que, aunque es la pieza clave para combatir el cambio climático, su obtención requiere un equilibrio ético y técnico. La transición hacia métodos de extracción directa, el aprovechamiento de la energía geotérmica y la implantación de plantas de reciclaje serán los pasos decisivos para que el litio sea realmente una energía limpia desde su origen hasta su uso final.

