Guía Completa sobre la Neuropatía Periférica: Diagnóstico, Síntomas y Tratamientos

Última actualización: septiembre 28, 2026
  • La neuropatía periférica surge por el daño en los nervios fuera del sistema nervioso central, afectando funciones sensoriales, motoras y autónomas.
  • El diagnóstico se basa en una historia clínica exhaustiva y pruebas físicas como el test del monofilamento y el uso del diapasón.
  • La diabetes es la causa más habitual, aunque existen factores hereditarios, tóxicos, infecciosos y carenciales que deben descartarse.
  • El tratamiento se enfoca en controlar la enfermedad base y aliviar el dolor mediante fármacos específicos y cambios en el estilo de vida.

Prueba de sensibilidad en la planta del pie mediante el uso de un monofilamento de Semmes-Weinstein para el diagnóstico de neuropatía periférica

Seguro que has oído hablar de esa sensación molesta de hormigueo en los pies o que alguien te ha comentado que siente como si llevara calcetines invisibles aunque no sea así. Pues bien, estamos hablando de la neuropatía periférica, un trastorno que ocurre cuando los nervios situados fuera del cerebro y la médula espinal empiezan a fallar. Estos nervios son como los cables eléctricos de nuestro cuerpo, encargándose de llevar y traer información desde el centro de mando hasta la punta de los dedos, y cuando se dañan, la comunicación se corta o llega distorsionada.

Lo más peliagudo de este problema es que no hay un solo tipo de neuropatía, sino que es un grupo enorme de afecciones. Dependiendo de qué nervio esté afectado, puedes sentir desde un dolor urente insoportable hasta una pérdida total de la sensibilidad, lo que puede ser peligroso porque podrías hacerte una herida y ni enterarte. Por eso, entender cómo se detecta y cómo se maneja es fundamental para no dejar que la situación pase a mayores y mantener una calidad de vida decente.

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Tipos de nervios y cómo se clasifican las neuropatías

Para entender el lío, primero hay que saber que no todos los nervios hacen lo mismo. Tenemos los nervios sensoriales, que nos avisan del frío, el calor o el dolor; los nervios motores, que son los que hacen que los músculos se muevan; y los nervios autónomos, que controlan cosas que hacemos sin pensar, como sudar o la frecuencia del corazón.

A la hora de ponerles nombre, los médicos se fijan en cuántos nervios están mal. Si es solo uno, hablamos de una mononeuropatía (como el famoso túnel carpiano). Si son varios en sitios distintos, es una mononeuropatía múltiple. Y si el problema es generalizado y simétrico, se trata de una polineuropatía, que es la forma más común de encontrarlas en la consulta.

Además, el tiempo juega un papel clave. Hay neuropatías agudas que aparecen de golpe en días o semanas, y otras crónicas que van haciendo mella poco a poco durante años, a veces con rachas donde parece que mejoras y luego vuelven las recaídas.

Señales de alerta: ¿Cómo se siente la neuropatía?

Los síntomas varían un montón según la fibra nerviosa que esté sufriendo. Si lo que falla es la parte motora, lo más normal es notar debilidad muscular, calambres o que los músculos empiezan a reducir su tamaño, lo que se conoce como atrofia. Esto puede hacer que caminar sea un reto o que te cueste hacer cosas sencillas como abrocharse un botón.

En cuanto a la parte sensorial, el cuadro es muy variado. Algunos sienten el típico hormigueo o pinchazos (como alfileres y agujas), mientras que otros sufren de alodinia, que es cuando un roce suave de las sábanas provoca un dolor insoportable. También ocurre la hipoestesia, que es esa pérdida de sensibilidad que puede dejarte sin capacidad de sentir la temperatura del agua.

No podemos olvidarnos de la parte autónoma. Aquí es donde la cosa se pone rara: puedes tener problemas de erección, mareos al levantarte por una bajada de tensión, o alteraciones en la digestión que derivan en estreñimiento o diarrea.

¿Por qué ocurre esto? Causas principales

Medición de la glucosa en sangre mediante un glucómetro, paso fundamental para diagnosticar la neuropatía diabética

El daño puede ocurrir porque se rompe el axón (el cuerpo del nervio) o porque se pierde la mielina, que es la capa aislante que permite que la señal viaje rápido. La diabetes mellitus es, con diferencia, la causa más frecuente, ya que el exceso de azúcar en sangre termina dañando los vasos que alimentan los nervios.

Sin embargo, hay otros culpables. El consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo son factores de riesgo importantes. También existen las causas hereditarias, como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, y las autoinmunes, donde el cuerpo se ataca a sí mismo, como sucede en el síndrome de Guillain-Barré o el lupus.

Tampoco hay que ignorar la nutrición. Una falta de vitamina B12, B1 o B6 puede provocar que los nervios empiecen a fallar, algo común en personas con dietas muy restrictivas o problemas de absorción intestinal. Por último, existen los tóxicos, como los metales pesados o ciertos fármacos de la quimioterapia, que pueden dejar secuelas nerviosas.

El camino hacia el diagnóstico

Realización de una electromiografía (EMG) para evaluar la velocidad de conducción nerviosa en un paciente con neuropatía

El diagnóstico es, sobre todo, un trabajo de detective clínico. El médico empieza por una historia clínica detallada preguntando sobre el tiempo de evolución y los hábitos del paciente. No siempre hacen falta pruebas complejas si los síntomas son claros, pero para estar seguros se usan herramientas sencillas.

Una de las pruebas estrella es el monofilamento de Semmes-Weinstein, un hilo finito que se presiona en puntos clave del pie para ver si el paciente siente la presión. También se usa el diapasón de 128 Hz para comprobar la sensibilidad vibratoria, que suele ser lo primero que se pierde. Si hay dudas, se recurre a la electroneurografía (ENG) o al electromiograma (EMG) para ver la velocidad a la que viaja la señal nerviosa.

Colocación de electrodos médicos en las piernas para realizar una electroneurografía en el diagnóstico de neuropatías

Para descartar otras causas, se suelen pedir análisis de sangre para medir la hemoglobina glicosilada (HbA1c), los niveles de B12 y la función renal, ya que la insuficiencia renal también puede provocar neuropatías urémicas.

Opciones de tratamiento y manejo del dolor

Si bien es cierto que muchos daños nerviosos son irreversibles, el objetivo es frenar la progresión y quitar el dolor. Lo primero es atacar la causa raíz: si es diabetes, controlar el azúcar; si es una deficiencia vitamínica, suplementos de B12. En algunos casos, la cirugía puede ayudar si hay un nervio comprimido que necesite espacio.

Para el dolor neuropático, que es muy rebelde, no suelen servir los analgésicos comunes. Se utilizan antidepresivos tricíclicos, fármacos antiepilépticos como la pregabalina o la gabapentina, y en casos más fuertes, opioides débiles como el tramadol. También existen parches de capsaicina o lidocaína que actúan directamente sobre la zona afectada.

La rehabilitación es fundamental. La fisioterapia ayuda a mejorar el equilibrio y evitar las caídas, mientras que la terapia ocupacional enseña a compensar la pérdida de fuerza. Además, es vital adaptar la casa, eliminando alfombras sueltas y mejorando la iluminación para evitar accidentes.

Cuidados esenciales y prevención

Consulta médica donde un doctor examina detalladamente el pie de un paciente para detectar signos de neuropatía periférica

Cuando se pierde la sensibilidad en los pies, el autocuidado se vuelve una cuestión de supervivencia. Es imprescindible revisar los pies a diario buscando cortes, ampollas o zonas rojas que no se sientan. Usar calzado cerrado y cómodo, y comprobar que no haya piedras dentro del zapato, puede evitar que una pequeña herida termine en una úlcera grave o incluso en una amputación.

Para evitar que la neuropatía aparezca o empeore, la clave es un estilo de vida saludable. Esto incluye dejar el alcohol, mantener una dieta equilibrada rica en vitaminas del grupo B y, en el caso de los diabéticos, un control glucémico estrictísimo. El cribado anual es la mejor herramienta para detectar la neuropatía antes de que el paciente note los primeros síntomas.