- Implementación del modelo de proximidad para garantizar servicios esenciales en menos de 15 minutos.
- Propuesta de reforma del Régimen Económico y Fiscal con un enfoque verde y social.
- Transición hacia un modelo turístico regenerativo que priorice el bienestar del residente.
- Apuesta por la economía circular y la gestión eficiente del agua para la autonomía insular.

El Archipiélago se encuentra actualmente en un punto de inflexión donde la gestión del suelo y el bienestar de su gente deben ir de la mano para no morir de éxito. Durante los últimos encuentros profesionales celebrados en las islas, ha quedado patente que el modelo de crecimiento actual necesita una revisión profunda que ponga el foco en la equidad social y la protección del entorno natural. No se trata solo de cuántos visitantes recibimos, sino de cómo viven quienes cuidan de este paraíso los trescientos sesenta y cinco días del año.
La sensación generalizada entre expertos y representantes públicos es que la sostenibilidad territorial ya no es una opción de futuro, sino una urgencia del presente. Para evitar que las islas funcionen a distintas velocidades, se están planteando estrategias que buscan fijar la población en las zonas rurales y de medianías, evitando que el litoral se sature mientras el interior se vacía de oportunidades. La meta es clara: conseguir que cualquier canario, viva donde viva, tenga las mismas garantías de futuro.
El desafío demográfico y la conectividad como ejes del cambio
Uno de los conceptos que más fuerza está cogiendo en el debate público es el de la denominada isla de los quince minutos. Esta idea busca que los servicios básicos, desde centros de salud hasta espacios de ocio, estén a una distancia razonable para que el transporte no sea una barrera. Resulta fundamental que la conectividad interna se convierta en una prioridad para todas las administraciones, permitiendo que el proyecto de vida de una persona no dependa exclusivamente de si reside en una gran capital o en un municipio pequeño.
Para que la gente no se vea obligada a marchar de sus pueblos, es vital que haya una oferta de vivienda digna y opciones laborales reales. Al fin y al cabo, sin un techo donde dormir es imposible planificar nada a largo plazo. En este sentido, se está trabajando para que la innovación y la digitalización lleguen al sector primario, modernizando actividades tradicionales como la viticultura, que no solo producen riqueza, sino que mantienen el paisaje que tanto nos identifica frente al cambio climático.
Reforma fiscal y gestión de recursos para una economía verde
Otra de las grandes propuestas que ha ganado peso es la necesidad de meterle mano al Régimen Económico y Fiscal, el famoso REF, para darle un barniz mucho más sostenible. La idea es que este instrumento no sirva solo para compensar la lejanía, sino para incentivar inversiones que frenen la despoblación y promuevan la transición energética, apoyándose en proyectos de hidrógeno verde. Emitir deuda verde o bonos específicos para financiar la desalación limpia o las renovables podría cambiar por completo las reglas del juego en las islas.
En cuanto a la gestión de los recursos, la cosa está clara: no podemos permitir que la mayoría de nuestros residuos acaben en un agujero en el suelo. La apuesta por la economía circular busca transformar la basura en energía y puestos de trabajo, reduciendo así la dependencia de los combustibles fósiles que traemos de fuera. Lograr una autonomía energética real mediante la valorización de residuos es uno de los pilares para que el sistema productivo sea resiliente ante las crisis externas.
Por otro lado, el sector turístico también está viviendo su propia metamorfosis. Ya no basta con llenar hoteles; ahora se busca que la actividad genere un valor compartido. Esto implica regular con cabeza el alquiler vacacional y apostar por un turismo regenerativo que redistribuya los beneficios directamente entre los agricultores y los residentes locales. Solo así conseguiremos que el principal motor económico de las islas sea visto como un aliado por la ciudadanía y no como una amenaza para su calidad de vida.
El futuro del archipiélago pasa necesariamente por un compromiso firme entre el sector público y el privado para proteger ese equilibrio tan frágil que nos hace únicos. Al centrar los esfuerzos en la ordenación coherente del territorio y la eficiencia hídrica, Canarias se prepara para afrontar los retos poblacionales con mayor garantía de éxito. El objetivo último es dejar a las próximas generaciones una tierra viva, donde la sostenibilidad no sea solo una palabra bonita en un papel, sino la base real de su día a día.



