Hidrógeno verde en Petronor: el gran salto industrial en Euskadi

Última actualización: enero 28, 2026
  • Petronor construye un electrolizador de 100 MW en Muskiz con una inversión de 292 millones de euros y apoyo europeo
  • El proyecto producirá hasta 15.000-16.500 toneladas anuales de hidrógeno verde y evitará unas 167.000 toneladas de CO2 al año
  • El electrolizador se integra en el Corredor Vasco del Hidrógeno y será clave para descarbonizar la refinería y la industria vasca
  • La iniciativa consolida a Petronor y Repsol como actores centrales del hidrógeno renovable en España y Europa

Hidrógeno verde en Petronor

La refinería de Petronor, en Muskiz (Bizkaia), se ha convertido en uno de los epicentros de la apuesta por el hidrógeno verde en España y en Europa. La compañía, participada por Repsol, ha puesto en marcha las obras de un electrolizador de 100 MW que marca un antes y un después en la descarbonización de la industria vasca y en la estrategia energética europea.

Con una inversión cercana a los 292 millones de euros y el respaldo de las instituciones vascas, españolas y comunitarias, este proyecto sitúa a Petronor en la primera línea de la transición energética. No se trata solo de una nueva instalación, sino de un paso decidido hacia un modelo en el que el hidrógeno renovable gane protagonismo frente a los combustibles fósiles tradicionales.

Un electrolizador de 100 MW que cambia el mapa energético vasco

El nuevo electrolizador de Petronor será una planta de producción de hidrógeno verde a gran escala, basada en tecnología de electrolizadores alcalina presurizada de fabricante europeo. Utilizará agua purificada y electricidad de origen renovable para generar hidrógeno que sustituirá, de forma progresiva, al hidrógeno producido a partir de gas natural en la refinería.

Según los planes hechos públicos, la instalación tendrá capacidad para producir en torno a 15.000-16.500 toneladas anuales de hidrógeno renovable, una cifra que la situará entre las mayores infraestructuras de este tipo en España junto al proyecto que Repsol impulsa en Cartagena. La entrada en operación está prevista para la primera mitad de 2029, una vez completadas las obras que ya han comenzado con los movimientos de tierra en la parcela situada en el término municipal de Abanto Zierbena.

El suministro eléctrico del electrolizador se conectará a la subestación de Abanto, propiedad de Red Eléctrica, lo que permitirá alimentar la instalación con energía de origen renovable. Para Petronor, este salto supone pasar de proyectos piloto a una escala plenamente industrial, consolidando el aprendizaje previo obtenido con sus dos primeros electrolizadores.

En términos industriales, el hidrógeno producido se destinará en primer lugar a descarbonizar los procesos internos de la refinería de Muskiz, reduciendo el consumo de hidrógeno convencional. A medida que se despliegue la red de infraestructuras, el excedente se pondrá a disposición de otros usuarios industriales y del sector de la movilidad, con especial atención al transporte pesado.

Impacto ambiental y económico: reducción de emisiones y empleo

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su contribución directa a la reducción de emisiones de CO2. Se estima que la operación del electrolizador de 100 MW permitirá evitar la emisión de aproximadamente 167.000 toneladas de dióxido de carbono al año, al sustituir hidrógeno producido con gas natural por hidrógeno generado con electricidad renovable.

Este volumen de emisiones evitadas se ha equiparado, a modo de referencia, a lo que supondrían decenas de miles de vehículos eléctricos circulando en España, una comparación que ayuda a dimensionar el alcance climático del proyecto. Para Petronor, se trata de una pieza clave para avanzar hacia el objetivo corporativo de cero emisiones netas en 2050, alineado con las estrategias europea y española de descarbonización.

En el plano socioeconómico, la construcción y puesta en marcha del electrolizador generará alrededor de 900 empleos directos, indirectos e inducidos en sus diferentes fases. Buena parte de estos trabajos serán ejecutados por empresas europeas, reforzando también la cadena de valor industrial vinculada al hidrógeno renovable en el entorno del País Vasco.

La refinería de Muskiz ya es hoy un motor fiscal y laboral en Euskadi: emplea de forma directa a cerca de un millar de personas, genera varios miles de puestos de trabajo indirectos y representa aproximadamente el 5,5% de la recaudación total de las tres Haciendas forales vascas. La inversión en hidrógeno verde se enmarca en una estrategia de mantener esa relevancia económica, pero con una actividad cada vez más baja en carbono.

Desde el punto de vista institucional, las autoridades vascas han subrayado que este tipo de proyectos resultan esenciales para avanzar hacia una mayor soberanía energética en Europa, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles importados. En Euskadi, donde se produce una fracción relativamente pequeña de la energía que se consume y la mayoría sigue siendo de origen fósil, el desarrollo del hidrógeno renovable se presenta como una de las palancas para cambiar ese equilibrio.

Reconocimiento europeo y financiación pública

El electrolizador de 100 MW de Petronor no es solo un proyecto de ámbito local o estatal, sino que ha sido reconocido por la Comisión Europea como Proyecto Importante de Interés Común Europeo (IPCEI) en el ámbito del hidrógeno. Este sello subraya su relevancia para los objetivos industriales y climáticos del conjunto de la Unión Europea.

Gracias a ese reconocimiento, la iniciativa contará con una subvención de 160 millones de euros, canalizada a través de la Comisión Europea, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y de los fondos NextGenerationEU en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de España. Esta ayuda pública cubre una parte sustancial de la inversión total de 292 millones, reduciendo el riesgo y facilitando la viabilidad económica del proyecto.

Este apoyo comunitario se alinea con el llamado Clean Industrial Deal y con las estrategias europeas que buscan impulsar cadenas de valor estratégicas, entre ellas la del hidrógeno renovable. La intención es que Europa no dependa en exceso de tecnologías y suministros de terceros países en ámbitos que serán críticos en las próximas décadas.

En paralelo, el proyecto consolida la posición de Repsol y Petronor como referentes del hidrógeno en la Península Ibérica. Repsol concentra una parte muy relevante de la producción de hidrógeno en España y tiene en marcha otros electrolizadores de gran tamaño en Cartagena y Tarragona, lo que refuerza la visión de una red de polos energéticos interconectados.

Las autoridades vascas han insistido en que este tipo de iniciativas son coherentes con el Plan Industrial de Euskadi, que identifica el desarrollo tecnológico del hidrógeno verde y de los combustibles renovables como uno de sus proyectos transformadores. El electrolizador de Petronor es, en ese sentido, una pieza visible de una estrategia más amplia para modernizar el tejido productivo sin perder competitividad.

De los primeros pilotos al salto a escala industrial

El proyecto de 100 MW no aparece de la nada. Petronor lleva varios años recorriendo una especie de “escala de aprendizaje” en materia de hidrógeno verde, empezando por instalaciones de menor tamaño que han servido para probar tecnologías y modelos de uso antes de dar el salto a las grandes potencias.

En 2023, la refinería puso en marcha su primer electrolizador de 2,5 MW, que produce unas 350 toneladas anuales de hidrógeno verde. Ese hidrógeno se utiliza tanto en procesos de la propia refinería como en el edificio de oficinas de Petronor situado en el Parque Tecnológico de Abanto Zierbena, lo que ha permitido comprobar el funcionamiento de la tecnología en condiciones reales.

Poco después, en 2024, arrancó la construcción de un segundo electrolizador de 10 MW en el Puerto de Bilbao. Esta instalación, cuya entrada en funcionamiento está prevista a corto plazo, abastecerá principalmente una planta demostrativa de combustibles sintéticos impulsada por Repsol en colaboración con Aramco. El objetivo es explorar nuevas vías para producir carburantes de baja huella de carbono a partir de hidrógeno renovable y otras materias primas.

Directivos de la compañía han señalado que, aunque estos primeros proyectos de 2,5 MW y 10 MW puedan parecer “pequeños” si se comparan con los 100 MW del nuevo electrolizador, su valor radica en haber permitido a la empresa “aprender una tecnología nueva” y acumular experiencia práctica. Esa curva de aprendizaje es la que ahora se pretende aprovechar con el salto a una escala mucho mayor.

La inversión anual en innovación tecnológica en la refinería se ha situado en torno a los 150 millones de euros, lo que refleja una apuesta continuada por modernizar procesos y preparar la planta para un contexto energético cada vez más exigente en términos ambientales. Directivos de Petronor han recalcado que el hidrógeno no se concibe como un “producto de moda”, sino como una inversión de largo recorrido que debe resultar competitiva en precio para consolidarse.

El electrolizador de 100 MW se integrará plenamente en el Corredor Vasco del Hidrógeno, una iniciativa de colaboración público-privada que agrupa a empresas, instituciones y centros tecnológicos con el objetivo de desarrollar una cadena de valor completa en torno a este vector energético en Euskadi.

En la práctica, esto significa que el hidrógeno producido en Petronor no se quedará exclusivamente dentro de la refinería. A medio plazo, se prevé que pueda suministrarse por tubería a parques tecnológicos, plataformas industriales y otros grandes consumidores de la zona, aprovechando la futura red troncal de hidrogenoductos que se está diseñando.

Uno de los usos que se contempla con mayor atención es el transporte pesado, un segmento en el que la electrificación directa presenta mayores dificultades técnicas y económicas. El hidrógeno verde se perfila como una de las opciones para camiones, autobuses y otros vehículos de gran tonelaje, y el proyecto de Petronor aspira a ser un proveedor relevante para ese tipo de aplicaciones.

El Gobierno Vasco se ha marcado como meta para 2030 alcanzar una producción anual de 100.000 toneladas de hidrógeno verde y desplegar hasta 300 MW de capacidad de electrólisis, con una red de unos 165 kilómetros de ductos que conecte los principales polos industriales. En ese mapa, la refinería de Muskiz y el puerto de Bilbao aparecen como nodos clave.

La propia estructura industrial vasca, con empresas vinculadas históricamente al sector oil&gas, al transporte de gas y a la fabricación de tuberías y válvulas, se considera una base sólida para aprovechar estas oportunidades. Compañías como Nortegas, Tubacex y otras muchas han empezado a diversificar su actividad hacia proyectos de hidrógeno, biocombustibles y soluciones de captura y uso de CO2, apoyándose en la experiencia acumulada en infraestructuras energéticas convencionales.

Un proyecto simbólico para la soberanía energética europea

Las autoridades vascas han enmarcado el electrolizador de Petronor en un contexto más amplio de debate sobre la soberanía energética europea. La invasión rusa de Ucrania y la volatilidad de los mercados energéticos han puesto de manifiesto, según han recordado, la elevada dependencia de la Unión Europea de recursos y proveedores externos.

En ese escenario, el hidrógeno verde se presenta como una de las herramientas para reforzar la autonomía estratégica, especialmente en regiones fuertemente industrializadas como Euskadi. Actualmente, el territorio solo produce una pequeña parte de la energía que se consume, y dentro de esa producción la porción de renovables sigue siendo limitada. El reto es avanzar hacia un modelo que combine “más industria, mejor industria y menos emisiones”.

Dirigentes institucionales han señalado que la transición energética debe ser “inteligente”, equilibrando objetivos climáticos con la protección del empleo y de la competitividad. En el caso de Petronor, se subraya su rol como “joya tecnológico-industrial” y como contribuidor neto al bienestar del país, lo que explicaría el empeño en apoyar su transformación antes que su declive.

Desde la óptica europea, el proyecto encaja con la apuesta por reforzar sectores como la movilidad sostenible, la industria baja en carbono y las nuevas tecnologías energéticas. Informes recientes sobre el futuro del mercado interior europeo han insistido en la necesidad de que la UE no quede relegada a un papel secundario frente a otras grandes potencias en campos como el hidrógeno, las baterías o las renovables avanzadas.

En este marco, la contribución de iniciativas regionales como la de Petronor se interpreta como un ejemplo de cómo la escala local y la visión europea pueden alinearse: una refinería tradicional se va adaptando a las nuevas exigencias climáticas sin dejar de actuar como motor de empleo, innovación y recaudación fiscal en su entorno.

Repsol y Petronor, actores clave del hidrógeno en España

El proyecto de Muskiz refuerza la posición de Repsol como principal productor y consumidor de hidrógeno en la Península Ibérica. La compañía concentra una parte muy significativa de la producción nacional de este gas y cuenta con una cartera de proyectos que abarca diversas localizaciones estratégicas en España.

Además del electrolizador de 100 MW en Petronor y del de Cartagena, Repsol tiene previsto poner en marcha un gran electrolizador de 150 MW en Tarragona, orientado a abastecer su complejo industrial y, previsiblemente, otras instalaciones como una futura ecoplanta para producir metanol renovable a partir de residuos municipales.

En conjunto, estos proyectos configuran una red de “hubs” de hidrógeno renovable que podrían suministrar gas limpio tanto para uso propio como para otros sectores industriales y de transporte. La estrategia corporativa se enmarca en el compromiso de la compañía de alcanzar las cero emisiones netas en 2050 y de reducir de forma progresiva la intensidad de carbono de sus productos.

En el caso concreto de Petronor, la empresa ha reiterado que su prioridad es conseguir que el hidrógeno renovable sea competitivo en términos de coste, de manera que la transición energética no suponga un lastre para la viabilidad económica de la refinería. Para ello, confía en que la combinación de economía de escala, apoyo público y avances tecnológicos vaya reduciendo los costes de producción en los próximos años.

La refinería vizcaína, por su parte, ha insistido en que la inversión en hidrógeno se suma a otras líneas de trabajo relacionadas con la innovación, la digitalización y la mejora tecnológica continua, considerados elementos consustanciales a la productividad y a la competitividad de la planta dentro del mercado europeo.

Gobernanza, dirección y hoja de ruta a 2029

El despliegue del hidrógeno verde en Petronor viene acompañado también de cambios en la cúpula directiva de la compañía. El Consejo de Administración ha designado a Jose Ignacio Zudaire, hasta ahora adjunto al consejero delegado y presidente del Corredor Vasco del Hidrógeno, como nuevo CEO de la refinería, en sustitución de Jose Gregorio Luque.

Este relevo se interpreta como un gesto de continuidad y refuerzo de la apuesta por el hidrógeno, ya que Zudaire ha sido una de las figuras más vinculadas al impulso de este vector energético en Euskadi. Junto a él, se ha anunciado también el nombramiento de Julián de la Calle como nuevo director de planta, dentro de un proceso de transición que culminará en los próximos meses.

La empresa ha reconocido públicamente la labor desarrollada por la anterior dirección en la transformación de la refinería, destacando los avances para hacerla más eficiente, competitiva y alineada con el objetivo de emisiones cero en 2050. La nueva etapa se presenta como un “nuevo impulso” sobre esa misma hoja de ruta, con el hito del electrolizador de 100 MW como vértice del plan de descarbonización.

En paralelo, Petronor continúa avanzando en proyectos complementarios como la planta de combustibles sintéticos del Puerto de Bilbao o la utilización del hidrógeno verde en aplicaciones internas y externas, con el propósito de consolidar su papel de tractor del ecosistema del hidrógeno en el norte de España.

Con las obras ya iniciadas, un calendario definido hasta 2029, apoyo financiero europeo y una dirección alineada con estos objetivos, el proyecto de hidrógeno verde en Petronor se ha convertido en uno de los símbolos más claros de cómo una refinería tradicional puede adaptarse a las exigencias de la transición energética sin renunciar a su peso industrial. Para Euskadi y para Europa, supone un caso práctico de cómo combinar descarbonización, empleo y soberanía energética en un mismo movimiento.

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