- Hipra lidera el consorcio europeo VAX4ASF para desarrollar una vacuna viva atenuada frente a la peste porcina africana.
- Los primeros ensayos en cerdos de los prototipos están previstos para el próximo año, en el ecuador del proyecto.
- El virus es altamente complejo, con unas 150 proteínas y gran capacidad de escape inmunitario, lo que alarga el desarrollo.
- La futura vacuna deberá ser segura, eficaz y permitir diferenciar animales vacunados de infectados, según los requisitos europeos.

La farmacéutica catalana Hipra ha situado la peste porcina africana (PPA) en el centro de su estrategia de investigación en salud animal y se prepara para dar un paso clave: probar en cerdos los primeros prototipos de vacuna que ya han mostrado resultados alentadores en el laboratorio. Los ensayos con animales se iniciarán el próximo año, en plena alerta por la reaparición de esta enfermedad vírica en jabalíes en Cataluña, aunque la inmunización no llegará a tiempo para frenar el brote actual.
Desde la compañía reconocen que, a pesar de los avances, la llegada de una vacuna al mercado aún queda lejos. El desarrollo es especialmente complejo por la propia naturaleza del virus y por las exigencias regulatorias europeas, de manera que, a día de hoy, se trabaja con horizontes que se mueven entre finales de esta década y los primeros años siguientes. Mientras tanto, insisten, la contención de la PPA pasa por medidas de bioseguridad, control de movimientos y gestión de la fauna silvestre.
Seis años de investigación y un proyecto europeo en marcha
El esfuerzo de Hipra frente a la PPA no es nuevo: la investigación específica sobre este virus arrancó en 2019, impulsada por la gran crisis que azotó al sector porcino en Asia, especialmente en China, donde la enfermedad llegó a diezmar aproximadamente la mitad de la cabaña porcina del país. Aquella situación actuó como catalizador para que la compañía ampliara su apuesta en salud animal.
En paralelo, la empresa con sede en Amer (Girona) consolidó una colaboración estrecha con el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC) en Madrid. Los grupos del CSIC aportan el conocimiento básico del virus y de su genoma, mientras que Hipra contribuye con su experiencia en el diseño y desarrollo de vacunas, una fórmula de trabajo que ya había aplicado en otros proyectos, como su vacuna frente a la covid-19.
El salto definitivo al ámbito comunitario llegó a partir de 2024, con la creación del consorcio europeo VAX4ASF (New Technologies for African Swine Fever), liderado por la farmacéutica gerundense. Este proyecto, financiado por la Comisión Europea, tiene una duración de cuatro años y aspira a poner sobre la mesa una solución vacunal sólida frente a la PPA, acompañada de herramientas de diagnóstico específicas y de estrategias coordinadas de vigilancia y control.
En VAX4ASF participan diecisiete socios de distintos países europeos, entre ellos centros de referencia en virología y sanidad animal, así como instituciones de Estados Unidos y Kenia. Cada equipo asume un rol concreto: ensayos en animales, estudios epidemiológicos, modelización de planes vacunales, análisis de la interacción del virus con jabalíes y diseño de sistemas de diagnóstico, entre otros.
Con dos años de trabajo acumulado bajo el paraguas del consorcio, el proyecto se encuentra ya en su ecuador. En este tiempo se han generado varios prototipos de vacuna —su número exacto se mantiene en confidencialidad— que han superado la fase inicial de pruebas in vitro, lo que permite programar los primeros ensayos controlados en cerdos.

Vacunas vivas atenuadas y un calendario a largo plazo
El enfoque elegido por Hipra y sus socios pasa por vacunas vivas atenuadas, es decir, preparados que contienen el virus debilitado para que estimule el sistema inmunitario sin causar la enfermedad. Este tipo de solución, si se diseña y controla correctamente, puede ofrecer una protección robusta y duradera, pero exige un nivel muy alto de verificación en términos de seguridad y estabilidad.
Según detalla la directora de Investigación de la División de Salud Animal de Hipra, Marta Sitjà, el objetivo para los próximos dos años es realizar todas las pruebas de verificación en animales necesarias para confirmar que el diseño escogido cumple con los requisitos de calidad, seguridad y eficacia. Solo si esa fase resulta satisfactoria se podrá plantear la siguiente etapa de desarrollo industrial y tramitación regulatoria.
La compañía y los organismos implicados evitan hablar de fechas concretas de comercialización, pero sitúan de forma orientativa el horizonte entre 2027 y 2029 para disponer, en el mejor de los casos, de una vacuna utilizable en campo. Se trata de plazos largos pero habituales en este tipo de proyectos, más aún cuando se trabaja con un virus tan complejo y se deben atender exigencias regulatorias adicionales.
Mientras tanto, en Europa no existe todavía una vacuna autorizada contra la PPA. Se han desarrollado y autorizado algunas formulaciones en otros países; por ejemplo, existen avances en cerdos inmunes a la peste porcina clásica, pero su nivel de protección, perfil de seguridad y aplicabilidad en el contexto europeo siguen generando debate entre expertos y autoridades, lo que refuerza la necesidad de alternativas adaptadas al marco regulatorio de la Unión.
La propia Sitjà insiste en que, aunque el proyecto avance según lo previsto y los prototipos mantengan el comportamiento esperado, la vacuna no llegará a tiempo para atajar los brotes detectados recientemente en Cataluña. La respuesta inmediata ante la situación actual seguirá descansando en la vigilancia intensiva, el confinamiento temporal de explotaciones, las restricciones a las exportaciones cuando corresponda y el refuerzo de las medidas de bioseguridad en granjas.
Un virus especialmente complejo y letal para los cerdos
La peste porcina africana es una enfermedad vírica hemorrágica muy contagiosa que afecta tanto a cerdos domésticos como a jabalíes, pero que no se transmite a las personas. Su tasa de mortalidad en animales es muy elevada —cercana al 100 % en muchos brotes— y las muertes suelen producirse en un plazo de entre seis y veinte días tras el contagio, lo que la convierte en una amenaza de primer orden para el sector porcino.
En España, la PPA se había considerado erradicada desde 1994, tras décadas de esfuerzos sanitarios. Sin embargo, el reciente hallazgo de varios jabalíes muertos por esta enfermedad en la sierra de Collserola, en Barcelona, ha despertado la preocupación del sector y de las autoridades, aunque por ahora no se han confirmado casos en explotaciones porcinas. En la zona afectada se han analizado decenas de animales, con algunos casos confirmados y otros en investigación.
Más allá del impacto sanitario, la enfermedad tiene consecuencias económicas muy importantes. La detección de la PPA en fauna silvestre puede obligar a limitar o suspender exportaciones de productos porcinos fuera de la Unión Europea, además de forzar el confinamiento o la inmovilización temporal de granjas situadas en las áreas de riesgo, como ya está sucediendo en parte del territorio catalán.
Desde Hipra y otros organismos implicados se insiste en que no existe tratamiento curativo efectivo contra este virus. Por ello, las políticas de prevención se apoyan en la bioseguridad (control de accesos a granjas, limpieza y desinfección rigurosa, gestión adecuada de residuos), en el control de la población de jabalíes y en la detección precoz de posibles focos, elementos que seguirán siendo imprescindibles incluso cuando haya una vacuna disponible.
La compañía subraya que la llegada de la PPA a España refuerza la urgencia de culminar el desarrollo de una vacuna fiable, pero recuerda que el proceso no se puede acelerar más allá de lo que permiten la ciencia y la normativa sin comprometer la seguridad.
Un reto científico: 150 proteínas y gran capacidad de escape
Una de las claves que explican la dificultad del proyecto es la propia estructura del virus. La directora de Investigación de Salud Animal de Hipra describe la PPA como un patógeno “muy complejo” desde el punto de vista genético y proteico. Se calcula que el virus expresa alrededor de 150 proteínas funcionales —otras fuentes internas hablan de más de 250 genes implicados—, y varias de ellas pueden desempeñar funciones similares.
Esta redundancia hace que bloquear una sola proteína no sea suficiente para impedir que el virus continúe replicándose. En la práctica, aunque un candidato vacunal neutralice determinados componentes, el patógeno puede encontrar “vías de escape” utilizando otros elementos de su arsenal molecular para seguir infectando las células diana.
Para ilustrar la diferencia, Sitjà suele comparar este escenario con el del virus de la covid-19. En ese caso, centrarse en una única proteína clave, como la espícula, fue suficiente para diseñar vacunas capaces de modular la infección con un alto grado de eficacia. En cambio, en el caso de la PPA, la complejidad del genoma y la multiplicidad de objetivos potenciales hacen que el diseño de una vacuna efectiva sea mucho más laborioso.
A esta dificultad se suma el hecho de que el virus de la peste porcina africana infecta principalmente células del sistema inmunitario de los cerdos, es decir, la primera línea de defensa del organismo. Cuando el propio sistema encargado de proteger al animal se convierte en diana del patógeno, cualquier estrategia vacunal debe estar finamente ajustada para no desencadenar efectos indeseados y, al mismo tiempo, generar una respuesta protectora fuerte y duradera.
Todo ello lleva a la compañía a calificar el desarrollo de una vacuna frente a la PPA como “un reto científico de gran magnitud”. A pesar de las complicaciones, en Hipra aseguran que los prototipos diseñados hasta ahora siguen el planteamiento previsto y que el siguiente paso —los ensayos en cerdos— será decisivo para confirmar si el enfoque elegido es el correcto.
Requisitos europeos: seguridad, eficacia y trazabilidad de la vacunación
Más allá de demostrar que la vacuna protege a los animales, el proyecto debe ajustarse a condiciones específicas marcadas por las autoridades europeas. Una de las más relevantes es la necesidad de contar con una herramienta que permita distinguir claramente entre cerdos vacunados y cerdos infectados de forma natural, un requisito clave para la gestión de la enfermedad y para el comercio internacional.
Este planteamiento, conocido habitualmente como estrategia DIVA (Differentiating Infected from Vaccinated Animals), implica que la vacuna incorpore uno o varios marcadores capaces de generar un patrón de anticuerpos diferente al que produce la infección real. De esa forma, las pruebas diagnósticas pueden identificar si un animal que da positivo ha recibido la vacuna o ha estado en contacto con el virus de campo.
Según explica Sitjà, este sistema de diferenciación añade un punto extra de complejidad al diseño del producto. No basta con que la vacuna sea segura y eficaz: además, debe integrarse en una estrategia global que incluya test diagnósticos específicos y protocolos claros de vigilancia y control, de manera que la vacunación no dificulte, sino que facilite, la gestión de la enfermedad en el territorio.
En este contexto, los equipos del consorcio trabajan también en desarrollar y validar métodos de diagnóstico adaptados a la futura vacuna, así como en modelos que ayuden a definir cómo, cuándo y en qué poblaciones animales sería más conveniente aplicar la inmunización: si conviene priorizar determinadas zonas de alto riesgo, centrar esfuerzos en explotaciones intensivas o, en su caso, evaluar la viabilidad de intervenir sobre poblaciones de jabalíes.
Todo este trabajo paralelo —ensayos clínicos, estudios epidemiológicos, mejora de herramientas diagnósticas y planificación de campañas— hace que el proceso global se prolongue en el tiempo, pero es imprescindible para que, una vez disponible, la vacuna se pueda implementar de forma ordenada y efectiva en el conjunto de la Unión Europea.
Una red internacional alineada frente a la PPA
El consorcio VAX4ASF se ha configurado como una red internacional de grupos de investigación y centros de referencia con experiencia en distintos ámbitos de la sanidad animal. En ella participan laboratorios dedicados a ensayos en cerdos, equipos de epidemiología que modelizan la difusión del virus, especialistas en planes de vacunación y expertos en el estudio de la interacción entre la PPA y los jabalíes, entre otros perfiles.
Todos estos actores, apunta Sitjà, comparten el objetivo de conseguir una vacuna viable para el mercado europeo y, al mismo tiempo, reforzar la capacidad de respuesta del sector porcino ante futuras crisis. En palabras de la responsable de Hipra, existe un alto grado de alineamiento entre los socios en cuanto a prioridades científicas y necesidades prácticas del terreno.
Además de la parte estrictamente científica, se está trabajando en cómo se implementaría la vacunación cuando el producto esté listo. Esto incluye cuestiones como la logística de distribución, la formación de veterinarios y ganaderos, la coordinación entre administraciones nacionales y comunitarias y la integración de la vacuna en los planes oficiales de control de enfermedades animales.
La empresa reconoce que, dada la complejidad del virus, no se puede descartar que el primer diseño de vacuna no sea el definitivo. Por ello, en paralelo al desarrollo de los prototipos actuales, se mantienen líneas de investigación alternativas que permitan ajustar o rediseñar la estrategia si los resultados en animales no se ajustan a lo esperado.
Para Hipra, culminar con éxito este proyecto supondría una doble satisfacción: por un lado, haber contribuido a dar respuesta a una crisis sanitaria global que afecta a uno de los sectores ganaderos más relevantes del mundo; por otro, consolidar su posición como actor europeo en el campo de las vacunas veterinarias de nueva generación.
Con los primeros ensayos en cerdos a la vista y un consorcio internacional trabajando en diferentes frentes, el desarrollo de una vacuna contra la peste porcina africana entra en una fase decisiva. Aunque aún quedan años de trabajo y verificación por delante, los avances alcanzados sitúan a Europa un poco más cerca de disponer de una herramienta clave para reducir el impacto de esta enfermedad en granjas y en fauna silvestre, y para reforzar la seguridad y la estabilidad del sector porcino en su conjunto.
