- La histología tumoral intraoperatoria guía decisiones quirúrgicas en tiempo real, especialmente en cáncer de mama y ganglio centinela.
- La evaluación macroscópica y el corte por congelación reducen de forma notable la tasa de márgenes afectados y de reintervenciones.
- Técnicas moleculares como OSNA y nuevas imágenes como la UV-PAM amplían la precisión diagnóstica sin aumentar tiempos quirúrgicos.
- La integración de inteligencia artificial en UV-PAM promete análisis rápidos, multitejido y muy detallados para el quirófano.

La histología tumoral intraoperatoria se ha convertido en una pieza clave para que el cirujano sepa, en pleno quirófano, si está extirpando suficiente tejido tumoral o si, por el contrario, es necesario ampliar márgenes. En muchos tumores sólidos, como el cáncer de mama, este análisis rápido marca la diferencia entre cerrar la incisión con seguridad o tener que reoperar semanas después por márgenes positivos.
El gran reto es equilibrar radicalidad oncológica y preservación de tejido sano. Las técnicas clásicas de biopsia intraoperatoria por congelación, la evaluación macroscópica del espécimen y los métodos más modernos de imagen, como la microscopía fotoacústica ultravioleta (UV-PAM) asistida por inteligencia artificial, buscan exactamente eso: dar una respuesta fiable en pocos minutos, mientras el paciente sigue en quirófano y el cirujano todavía puede actuar.
Qué es la histología tumoral intraoperatoria y qué papel juega en la cirugía oncológica
Cuando hablamos de biopsia o histología intraoperatoria nos referimos al estudio que realiza el patólogo durante una intervención quirúrgica, con el objetivo de ofrecer un diagnóstico rápido que oriente las decisiones del cirujano en tiempo real. No se trata del informe definitivo, sino de una primera aproximación suficientemente precisa como para decidir si se amplía la resección, se modifica la técnica o se da por finalizada la cirugía.
En la práctica, la muestra llega al laboratorio de Anatomía Patológica mientras el paciente sigue anestesiado. El cirujano extrae el tejido sospechoso o el margen de resección, lo envía de forma urgente y espera la valoración del patólogo. Esta comunicación suele ser verbal y directa (teléfono interno, interfono, etc.), y condiciona de inmediato el siguiente paso del procedimiento quirúrgico.
Una modalidad muy extendida es la biopsia del ganglio linfático centinela, especialmente en cáncer de mama y melanoma cutáneo. Este ganglio es el primero en drenar la zona del tumor y, por tanto, el más probable en alojar metástasis iniciales. Su análisis intraoperatorio, ya sea por congelación, citología o técnicas moleculares como OSNA, permite decidir si es necesario realizar una linfadenectomía completa o si se puede evitar una cirugía más agresiva.
La importancia clínica de estas biopsias rápidas es enorme pese a que su número sea relativamente bajo frente al volumen global de estudios histológicos. Se realizan sobre cortes congelados preparados en criostato, que son técnicamente más complejos y pueden generar artefactos. Por ello, concentran un alto índice de dudas diagnósticas y de interconsultas entre patólogos, dado el impacto directo que tienen sobre el plan quirúrgico del paciente.
Técnicas clásicas de biopsia intraoperatoria: corte por congelación y evaluación macroscópica
La técnica más clásica y extendida para la histología intraoperatoria es el corte por congelación en criostato. El tejido se congela de forma rápida, se realizan secciones muy finas, se tiñen con una hematoxilina-eosina rápida (H&E rápida) y el patólogo examina las láminas al microscopio. Todo el proceso debe encajar en una ventana de tiempo muy ajustada, normalmente entre 15 y 30 minutos, para no alargar innecesariamente la cirugía.
Este procedimiento de congelación permite ver la arquitectura tisular y la presencia de tumor, pero no alcanza la calidad de las secciones en parafina del estudio definitivo. Pueden aparecer cristales de hielo, artefactos y pequeñas distorsiones que complican la interpretación. Aun así, es suficiente para contestar preguntas concretas: si la lesión es maligna o benigna, si el margen está afectado o no, o si existe infiltración tumoral en estructuras clave.
En muchos hospitales, sobre todo en cáncer de mama, se complementa el corte por congelación con una evaluación macroscópica de los márgenes. El cirujano marca y orienta el espécimen (por ejemplo, con clips o puntos) y lo remite al patólogo, que inspecciona el tumor a simple vista y palpa la pieza para identificar áreas sospechosas de borde comprometido.
Es frecuente el uso de tinta china para “pintar” todos los márgenes del espécimen. De ese modo, cuando luego se examina la pieza al microscopio, el patólogo puede identificar fácilmente el límite real de resección: si el tumor toca la zona teñida (“ink on tumor”), se considera margen afectado. Aunque la confirmación microscópica completa llega con el estudio en parafina, esta primera evaluación intraoperatoria permite decidir, en el acto, si conviene ampliar un margen determinado.
Como prueba diagnóstica, la evaluación macroscópica ha demostrado un valor especialmente alto por su VPN (valor predictivo negativo). En un protocolo aplicado a tumores mamarios infiltrantes, la sensibilidad para detectar márgenes afectados alcanzó 0,81 y la especificidad 0,71. El VPP se situó en 0,39, pero el VPN fue muy elevado, 0,94, lo que significa que cuando el patólogo considera que el margen está libre, en la mayoría aplastante de los casos realmente lo está.
Evaluación intraoperatoria de márgenes en cirugía conservadora de mama
La cirugía conservadora de mama (CCM) en tumores infiltrantes se enfrenta a un problema recurrente: la afectación de márgenes quirúrgicos. Las tasas de recurrencia local tras una CCM oscilan en la literatura entre el 5% y el 22%, y uno de los factores pronósticos más relevantes es precisamente el estado del margen. Cuando el margen es positivo, el riesgo de recidiva aumenta de forma notable, obligando con frecuencia a una nueva intervención.
Para reducir estas reintervenciones, algunos centros han implantado protocolos sistemáticos de evaluación intraoperatoria del margen. En un estudio retrospectivo con casi 800 pacientes sometidas a CCM por cáncer de mama infiltrante, la estrategia se basó en una valoración macroscópica exhaustiva del espécimen inmediatamente después de su extracción, aplicable solo a tumores infiltrantes (se excluyeron las pacientes con carcinoma ductal in situ, CDIS, por su peor definición macroscópica).
El proceso empezaba con una palpación cuidadosa del espécimen por parte del cirujano, previamente orientado con clips para identificar la posición anatómica. Si la lesión no era palpable, se remitía a radiología para confirmar que la zona sospechosa estaba incluida en la pieza. A continuación, se pincelaban todos los márgenes con tinta china y el patólogo procedía a evaluar, de forma macroscópica, la proximidad del tumor a los bordes.
Cuando el margen se consideraba sospechoso (afectado o muy próximo), se realizaba una ampliación intraoperatoria selectiva de ese borde. Si existían dudas puntuales por lesiones inesperadas, se solicitaba un corte por congelación de la zona conflictiva. Las ampliaciones también se orientaban con clips y se marcaban con tinta, sometiéndose luego al mismo tipo de evaluación macroscópica e histológica.
Los resultados de este protocolo fueron llamativos en términos de reducción de márgenes afectados. De las 799 pacientes analizadas, 312 (39%) requirieron ampliación intraoperatoria porque el margen se interpretó como comprometido o amenazado. En el análisis definitivo, 123 de estas 312 tenían realmente margen afectado inicial, mientras que en 189 no se halló afectación; es decir, muchas ampliaciones resultaron “preventivas” pero, aun así, evitaron posibles recidivas.
En el grupo en el que el margen inicial se consideró libre (487 pacientes, 61%) no se realizó ampliación intraoperatoria. Sin embargo, en el estudio definitivo 28 acabaron mostrando margen final afecto (5,8%), lo que obligó a una segunda cirugía. En las 459 restantes (94,2%) se confirmó un margen final libre, lo que pone de manifiesto el alto rendimiento de la evaluación intraoperatoria cuando informa margen negativo.
Impacto real del análisis intraoperatorio en reintervenciones y manejo quirúrgico
Un dato clave para entender la utilidad de la histología intraoperatoria es qué habría pasado sin ella. En el estudio mencionado, si se hubiese considerado como margen definitivo el que salía de quirófano, sin ampliación guiada por la evaluación intraoperatoria, la tasa de márgenes afectados definitivos habría sido del 18,9% (151 pacientes de 799). Gracias a las ampliaciones intraoperatorias selectivas, esa cifra se redujo al 5,7% (46 pacientes), un descenso muy relevante tanto clínicamente como en términos de costes y calidad de vida.
De las 46 pacientes con margen definitivo afecto, 38 fueron reintervenidas para ampliar bordes; en 8 pacientes, por edad avanzada o afectación muy limitada y de bajo grado, se optó por no realizar una nueva cirugía. Entre las reintervenidas, 28 se sometieron a una nueva CCM y 10 a una mastectomía. Solo tres mujeres (0,4% de la muestra) precisaron una tercera intervención por persistencia de margen afecto, lo que indica que, en la mayoría de los casos, las decisiones intraoperatorias fueron adecuadas.
La evaluación macroscópica como prueba diagnóstica de margen afecto mostró una sensibilidad de 0,81 y una especificidad de 0,71. Es decir, detecta más del 80% de los casos con margen realmente positivo, pero también genera un número considerable de falsos positivos, lo que se traduce en ampliaciones de margen en las que luego no se encuentra tumor residual. Sin embargo, esto se asume como un “peaje” razonable para minimizar al máximo el riesgo de dejar tumor en el borde.
El verdadero punto fuerte de esta estrategia es su altísimo VPN (0,94). Cuando el patólogo considera que, a nivel macroscópico, el margen está libre, existe una probabilidad del 94% de que el margen definitivo sea realmente negativo. Esto permite seleccionar con seguridad a las pacientes que no precisan ampliación en un segundo tiempo, reduciendo significativamente el número de reintervenciones.
Comparado con otros trabajos, estos resultados son muy competitivos. En estudios similares, la frecuencia de márgenes afectados sin evaluación intraoperatoria macroscópica se sitúa en torno al 20-25%, mientras que con un protocolo sistemático de examen macroscópico y, en algunos casos, rayos X del espécimen o ecografía intraoperatoria, la tasa de margen afecto baja claramente. La sensibilidad suele rondar el 0,7-0,8 y la especificidad varía algo más según el método empleado y los criterios de positividad.
Otros grupos han propuesto la ampliación sistemática de toda la cavidad quirúrgica (ACQ), resecar de entrada más volumen glandular alrededor del lecho tumoral, sin esperar a la evaluación macroscópica. Esta técnica reduce también la frecuencia de márgenes afectados, pero a costa de un mayor sacrificio de tejido mamario, potencialmente peor resultado estético y un tiempo quirúrgico más largo. Frente a ello, la “ampliación dirigida” guiada por histología y evaluación macroscópica intraoperatoria permite una resección más ajustada, ahorrando volumen y tiempo cuando el margen se considera adecuado.
Biopsias intraoperatorias especiales: ganglio centinela y técnicas moleculares
Una variante especialmente relevante de histología intraoperatoria es el estudio del ganglio linfático centinela. En cáncer de mama y melanoma, la detección de metástasis en este ganglio condiciona si se realiza o no una linfadenectomía axilar o una linfadenectomía más amplia. Tradicionalmente, se ha analizado el ganglio por congelación o citología de impronta, con resultados que permiten tomar decisiones durante la misma intervención.
En los últimos años se han incorporado técnicas rápidas de inmunohistoquímica e incluso análisis moleculares automatizados. Se utilizan inmunoteñidores rápidos y kits de anticuerpos marcados que ofrecen resultados en unos 15 minutos, y dispositivos como el sistema SYSMEX RD100i basado en la tecnología OSNA (one step nucleic acid amplification), que mide de forma cuantitativa el ARNm de la citoqueratina 19 (CK19) en el ganglio centinela de tumores epiteliales.
OSNA permite detectar micrometástasis y macrometástasis con una sensibilidad muy alta, homogeneizando el análisis de todo el ganglio (no solo cortes parciales) y ofreciendo un resultado binario o semicuantitativo que el cirujano puede interpretar fácilmente. Si el test es positivo por encima de determinado umbral, se asume afectación ganglionar significativa y se procede a una cirugía más extensa; si es negativo, se evita una linfadenectomía innecesaria.
Este tipo de diagnóstico molecular intraoperatorio encaja bien con la filosofía de la histología rápida: ofrecer al cirujano información crítica, en tiempo casi real, para adaptar el abordaje terapéutico al estado real de la enfermedad. No sustituye al informe histológico convencional, pero sí añade una capa de precisión, especialmente en casos con baja carga tumoral o arquitectura ganglionar compleja.
Desde el punto de vista organizativo, la introducción de estas tecnologías requiere recursos y coordinación entre cirujanos, patólogos y personal de laboratorio, pero su impacto en la toma de decisiones y en la reducción de cirugías innecesarias puede ser considerable, especialmente en centros con alto volumen de cáncer de mama y melanoma.
Nuevas fronteras: microscopía fotoacústica ultravioleta (UV-PAM) e inteligencia artificial
Más allá de la congelación y de la evaluación macroscópica, empiezan a consolidarse métodos de imagen avanzados para histología tumoral intraoperatoria. Uno de los más prometedores es la microscopía fotoacústica ultravioleta (UV-PAM), desarrollada por investigadores del Instituto Tecnológico de California (Caltech) junto con equipos clínicos especializados en cáncer, pensando específicamente en el entorno del quirófano.
La UV-PAM ilumina el tejido recién extraído con un láser ultravioleta de baja energía, ajustado al pico de absorción de los ácidos nucleicos del ADN y el ARN. Los núcleos celulares absorben esta luz con mucha más intensidad que el estroma circundante, generando un contraste intrínseco sin necesidad de aplicar colorantes químicos. La energía absorbida se transforma en ondas ultrasónicas que son captadas por detectores y reconstruidas en forma de imagen con resolución subcelular.
Estas imágenes se procesan mediante algoritmos de inteligencia artificial y aprendizaje profundo, entrenados con grandes bases de datos de preparaciones histológicas convencionales (hematoxilina-eosina). El sistema “traduce” los datos fotoacústicos en imágenes virtuales muy parecidas a las láminas H&E clásicas, de modo que el patólogo puede interpretarlas con la misma lógica diagnóstica a la que está acostumbrado.
La resolución que se alcanza ronda los 200-300 nanómetros y, al mismo tiempo, se pueden abarcar áreas relativamente amplias de tejido en cuestión de minutos. Según los propios desarrolladores, el objetivo es poder generar imágenes de un espécimen completo en unos 10 minutos, o incluso en 5 minutos o menos, manteniéndose dentro de las exigencias temporales de la cirugía. De este modo, se podría valorar el estado de los márgenes antes de cerrar la incisión.
Una ventaja clave es que el tejido no necesita congelarse, fijarse, cortarse ni teñirse. Se trabaja directamente sobre la pieza fresca, lo que elimina artefactos de procesamiento y simplifica mucho la logística. Además, los estudios iniciales publicados en Science Advances sugieren que la técnica es relativamente “agnóstica al tejido”: funciona de forma consistente en muestras de mama, hueso, piel y diversos órganos, distinguiendo tejido tumoral de tejido sano con alta precisión.
Potencial impacto clínico de la UV-PAM y su integración futura en quirófano
Si la UV-PAM y tecnologías similares logran integrarse de forma rutinaria, podrían cambiar el paradigma de la histología intraoperatoria. Al eliminar la necesidad de congelación y tinción, reducirían significativamente los tiempos muertos y la carga de trabajo manual en el laboratorio durante la cirugía.
Los modelos de inteligencia artificial asociados no solo facilitan la generación de imágenes “tipo H&E”, sino que también pueden comparar automáticamente patrones tisulares con grandes bases de referencia. Esto abre la puerta a sistemas de ayuda al diagnóstico en tiempo real, capaces de resaltar zonas sospechosas, sugerir tipos histológicos o cuantificar el grado de infiltración en el margen.
El propio equipo de Caltech destaca que la técnica podría proporcionar mucha más información de la que un patólogo podría revisar manualmente en el mismo intervalo de tiempo. El objetivo es que la máquina filtre y priorice la información crítica, permitiendo al especialista centrarse en los hallazgos de mayor relevancia clínica. Aun así, el juicio del patólogo sigue siendo imprescindible para integrar los hallazgos en el contexto del caso.
Uno de los grandes atractivos de la UV-PAM es su aparente independencia del tipo de tejido. Esta “agnosticidad tisular” sugiere que, más allá de la mama, podría aplicarse a resecciones de hueso, piel, órganos abdominales o tumores de partes blandas, facilitando una valoración homogénea de los márgenes en múltiples especialidades quirúrgicas.
Actualmente, la tecnología se encuentra aún en fase de validación y desarrollo. Los investigadores trabajan en adaptar el sistema a las limitaciones físicas y temporales del quirófano y en evolucionar hacia dispositivos comerciales robustos, fáciles de usar y con interfaces amigables. Si estos retos se resuelven, la UV-PAM podría convertirse en una herramienta de uso generalizado para la evaluación instantánea de tejidos tumorales intraoperatorios.
En conjunto, la histología tumoral intraoperatoria se mueve entre técnicas bien establecidas, como el corte por congelación y la evaluación macroscópica de márgenes, y soluciones punteras como el análisis molecular OSNA o la microscopía fotoacústica UV-PAM asistida por inteligencia artificial. Todas comparten un objetivo común: ayudar al cirujano a tomar decisiones más precisas en el mismo acto quirúrgico, reducir reintervenciones, acortar los tiempos hasta el tratamiento adyuvante y disminuir la ansiedad del paciente, manteniendo al máximo la seguridad oncológica y la preservación de tejido sano.



