Investigadora de la UAS cultiva ajolotes para avanzar en posibles terapias médicas

Última actualización: diciembre 30, 2025
  • Claudia Elia Villalobos, de la Facultad de Biología de la UAS, lidera un proyecto con ajolotes para investigación biomédica avanzada.
  • El estudio “Atxol genoma Sinaloa” busca entender la regeneración de tejidos del ajolote y aplicarla a enfermedades graves humanas.
  • La iniciativa combina conservación de una especie en peligro y creación de una reserva genética fuera del Valle de México.
  • El proyecto se plantea como una inversión estratégica en biomedicina con participación de estudiantes de Genética y Biomedicina.

Investigación con ajolotes para medicina

Una investigadora de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) está protagonizando un proyecto que combina biología, medicina y conservación de la naturaleza: el cultivo de ajolotes para estudiar su extraordinaria capacidad de regeneración. Esta línea de trabajo se orienta a generar conocimiento que, a medio y largo plazo, pueda traducirse en nuevas estrategias frente a enfermedades humanas complejas.

El eje del proyecto es el ajolote mexicano, un anfibio endémico en situación crítica, capaz de reconstruir extremidades, órganos e incluso partes del sistema nervioso. La iniciativa no solo persigue proteger a esta especie, sino también aprovechar su biología única para abrir nuevas vías de investigación en biomedicina, un enfoque que empieza a ganar terreno también en centros europeos y españoles interesados en medicina regenerativa.

Un proyecto pionero con ajolotes como modelo biomédico

Ajolotes en laboratorio para investigación biomédica

La responsable del trabajo es Claudia Elia Villalobos, investigadora de la Facultad de Biología de la UAS, que ha puesto en marcha en Sinaloa un sistema de cultivo en cautividad de ajolotes (Abyxstoma mexicanum) como base de una investigación de frontera en biomedicina. Bajo el nombre de “Atxol genoma Sinaloa”, el proyecto busca desentrañar los mecanismos que permiten al ajolote regenerar tejidos dañados.

Según detalla la propia investigadora, la idea es que el conocimiento obtenido pueda orientar, en el futuro, nuevas herramientas terapéuticas para afrontar patologías como lupus, distintos tipos de cáncer, diabetes, lesiones de médula espinal o el desarrollo de piel artificial para pacientes con quemaduras extensas. No se trata de una cura inmediata, sino de sentar las bases biológicas que podrían inspirar tratamientos innovadores.

Este tipo de modelos animales, basados en especies con capacidades regenerativas extraordinarias, encaja con las tendencias actuales de la medicina regenerativa y la ingeniería de tejidos, ámbitos en los que Europa y España mantienen centros de investigación muy activos. Proyectos como el de la UAS, aunque se desarrollen en América Latina, se siguen con interés desde la comunidad científica internacional por su potencial aplicabilidad global.

Climatización y manejo: el reto de mantener una especie delicada

Uno de los primeros desafíos ha sido simplemente lograr que los ajolotes se adapten a las condiciones locales. Proceden de ecosistemas de aguas frías, entre 18 y 22 grados, mientras que el clima de Sinaloa es sensiblemente más cálido. Para minimizar el estrés térmico y favorecer su bienestar, la investigadora ha habilitado siete estanques específicos para su mantenimiento y adaptación progresiva.

Villalobos explica que la climatización es crítica: cuando los animales se estresan por la temperatura, pueden aparecer comportamientos agresivos como canibalismo entre ejemplares o pérdida de branquias, lo que pone en riesgo la viabilidad del proyecto. Ajustar temperatura, calidad del agua y densidad de individuos en cada estanque es, por tanto, una labor constante.

Además del ambiente, la alimentación ha requerido experimentación. El equipo está cultivando un tipo concreto de lombriz que, tras varios meses de prueba, se ha consolidado como fuente de alimento adecuada. Los resultados iniciales muestran que los ajolotes se desarrollan y crecen correctamente con esta dieta, lo que asegura una base estable para continuar con los ensayos científicos más avanzados.

Superar esta fase de bienestar animal es indispensable antes de dar el salto a estudios centrados en regeneración de tejidos, expresión génica o análisis comparativos con modelos de enfermedad humana, líneas de trabajo que interesan de forma especial a grupos europeos dedicados a la biología del desarrollo.

Regeneración de órganos: del ajolote al paciente humano

El rasgo que hace del ajolote un modelo tan atractivo es su impresionante capacidad para regenerar estructuras complejas. No solo puede volver a formar extremidades o branquias, sino también reconstruir partes del cerebro, el corazón y otros órganos internos tras una lesión, conservando funcionalidad.

La investigación del proyecto “Atxol genoma Sinaloa” se orienta a comprender qué procesos celulares y moleculares permiten esa regeneración. Identificar genes clave, rutas de señalización y tipos de células implicadas podría ofrecer pistas valiosas para desarrollar terapias dirigidas en humanos, ya sea estimulando la reparación de tejidos o diseñando biomateriales y tratamientos que imiten esos mecanismos.

Entre las posibles aplicaciones futuras se plantea mejorar la recuperación de lesiones de médula espinal, un campo donde Europa concentra numerosos ensayos clínicos y proyectos experimentales, así como explorar nuevas estrategias para frenar o reparar daños en enfermedades autoinmunes como el lupus o en procesos oncológicos determinados.

En paralelo, el estudio de la piel del ajolote podría inspirar avances en cultivo de tejidos cutáneos para pacientes con quemaduras graves, un ámbito en el que la cooperación internacional entre laboratorios de América y Europa resulta especialmente relevante, tanto por la complejidad técnica como por las implicaciones clínicas.

Conservación y reserva genética fuera del Valle de México

Más allá del componente biomédico, el proyecto tiene un marcado compromiso con la conservación de una especie en peligro de extinción. El ajolote es un organismo endémico del centro de México, asociado históricamente a los ecosistemas lacustres del Valle de México. La degradación de su hábitat ha llevado a la especie a una situación crítica.

Ante este escenario, la propuesta de la UAS contempla la creación de una reserva genética fuera del Valle de México, con cría en cautividad bajo protocolos rigurosos de trazabilidad. El objetivo es “blindar” a la especie ante amenazas locales, asegurando que exista una población viable en otros puntos geográficos, lo que aumenta sus posibilidades de supervivencia a largo plazo.

Esta estrategia se enmarca en las prácticas habituales de conservación ex situ que se aplican también en Europa con otras especies amenazadas: mantener grupos reproductores en condiciones controladas, registrar con detalle su origen y parentesco y, cuando es posible, diseñar programas de reintroducción o intercambio genético entre instituciones.

Para Villalobos, la especie es un “tesoro para el mundo” que solo existe en México y que, por tanto, requiere esfuerzos adicionales de protección. La combinación de conservación y ciencia de alto nivel convierte al proyecto en una apuesta estratégica, con retorno potencial tanto ecológico como sanitario.

Formación de jóvenes científicos y dimensión social

El desarrollo de esta línea de trabajo no se limita al laboratorio. El proyecto está pensado también como una plataforma para formar a estudiantes de Genética y Biomedicina de la UAS, que se incorporan a las distintas fases del trabajo: desde el manejo de los animales hasta la toma de muestras y el análisis de datos.

Esta participación temprana de alumnado en proyectos reales de investigación contribuye a crear una masa crítica de jóvenes investigadores familiarizados con la biología de organismos modelo y con enfoques de medicina traslacional, algo que también se considera prioritario en las universidades europeas.

En el plano social, la investigadora solicita mayor empatía y respeto hacia esta especie milenaria, destacando que su valor va mucho más allá de la curiosidad estética. Su potencial para aportar conocimiento aplicable a la salud humana y su rol en la biodiversidad hacen que la protección del ajolote sea un asunto que trasciende fronteras.

La experiencia en Sinaloa puede servir de referencia para otros proyectos internacionales que busquen integrar conservación, educación científica y desarrollo de biomedicina avanzada, un enfoque que encaja bien con las agendas de investigación colaborativa entre Europa y América Latina.

Lo que está ocurriendo en la UAS con el cultivo de ajolotes ilustra cómo una especie en riesgo puede convertirse en motor de innovación científica: mientras se trabaja para asegurar su supervivencia fuera de su hábitat tradicional, se generan conocimientos que podrían influir en la forma de abordar enfermedades graves, formar a nuevas generaciones de investigadores y reforzar la colaboración entre centros académicos de México, España y el resto de Europa.