La epidemia de ébola en la RDC: niños en el centro de la tormenta

Última actualización: septiembre 11, 2026
  • El brote de ébola en la República Democrática del Congo acumula 6.843 casos confirmados y 3.310 fallecimientos, con una letalidad del 48,4%.
  • Los niños son los más vulnerables, pero quedan excluidos de los ensayos clínicos con nuevos tratamientos, lo que agrava su situación.
  • La respuesta sobre el terreno se ve lastrada por la inseguridad, la falta de recursos y la resistencia comunitaria, especialmente en Ituri y Kivu Norte.
  • Una experiencia en el hospital Charité de Berlín muestra que los anticuerpos pueden ser seguros en niños, pero aún queda mucho por hacer.

Epidemia de ébola en la República Democrática del Congo

La epidemia de ébola que azota la República Democrática del Congo (RDC) no da tregua. Los últimos datos oficiales, correspondientes al 8 de septiembre, confirman que la transmisión sigue siendo intensa, con 86 nuevos casos en una sola jornada y 43 muertes. Las provincias de Ituri y Kivu Norte concentran la mayor parte de los contagios, mientras las autoridades sanitarias luchan contra la falta de recursos, la inseguridad y el recelo de algunas comunidades.

Pero hay un colectivo que preocupa especialmente: los niños. Los menores de cinco años tienen una tasa de mortalidad superior al 60%, según denuncia Médicos Sin Fronteras (MSF) en un comentario publicado en The Lancet. Y, paradójicamente, son los que menos opciones tienen de acceder a los tratamientos experimentales que se están probando. La comunidad científica y las organizaciones humanitarias reclaman que los más pequeños no queden al margen de la investigación.

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Cifras que no dan tregua

Brote de ébola en África

El acumulado nacional asciende a 6.843 casos confirmados y 3.310 fallecimientos, lo que sitúa la letalidad en el 48,4%. Durante la última jornada, 21 pacientes recibieron el alta tras dar negativo en dos pruebas consecutivas, elevando a 1.611 el número de personas recuperadas. Sin embargo, la curva no se aplana: Ituri sigue siendo el epicentro, con 5.461 casos y 2.471 muertes (letalidad del 45,4%), mientras que Kivu Norte presenta un perfil más letal, con 1.093 casos y 709 fallecimientos (64,9% de letalidad).

La vigilancia epidemiológica mantiene algunos indicadores por encima de los objetivos. El seguimiento de contactos alcanza el 86,5% de cobertura diaria, con 21.723 personas localizadas de las 25.108 que debían ser controladas. En Ituri, la cifra sube al 90,1%, pero en Kivu Norte baja al 84,3%. Durante la jornada se registraron 2.140 alertas, de las que 1.389 fueron verificadas y 408 casos sospechosos investigados en su totalidad. La positividad en laboratorio es elevada: en Ituri, el 16,3% de las muestras analizadas dieron positivo; en Kivu Norte, el 19,7%.

Los niños, los grandes olvidados

Ébola en niños

Mientras las cifras siguen creciendo, los niños se llevan la peor parte. MSF denuncia que más del 60% de los menores de cinco años infectados fallecen, una tasa muy superior a la media. El estudio EBO-PEP, que analiza el antiviral Obeldesivir como profilaxis para contactos de pacientes, excluía inicialmente a los niños con menos de 30 kilos. Una modificación del protocolo podría incluirlos a partir de 20 kilos, pero los más pequeños (de unos seis años o menos) siguen fuera y tendrían que recibir Remdesivir por vía intravenosa durante diez días, algo casi inviable en plena emergencia.

Neal Russell, asesor pediátrico de MSF y autor principal del comentario en The Lancet, subraya que los niños tienen un riesgo especialmente alto de morir por ébola debido a su sistema inmunitario inmaduro, las enfermedades concurrentes y las dificultades para diagnosticarlos. Además, los primeros síntomas se confunden con otras patologías y los pequeños no siempre saben explicar qué les duele. Russell insiste en que, en una emergencia, el equilibrio entre proteger a los niños de los riesgos de la investigación y protegerlos de una enfermedad letal se inclina hacia la inclusión.

Dificultades sobre el terreno

La respuesta a la epidemia de ébola en la RDC sigue condicionada por problemas estructurales. La inseguridad impide el funcionamiento de puntos de control en Ituri, como el de Avakubi, y las agresiones a los equipos de respuesta son frecuentes. En Tshopo, se registraron negativas al seguimiento de contactos y resistencias a los entierros seguros. En Kivu Norte, un caso confirmado se evadió tras su diagnóstico y una familia rechazó la descontaminación de su domicilio.

La vacunación también cojea. En Tshopo, solo se han vacunado 1.582 personas de una población objetivo de 11.703, y las autoridades denuncian que solo se recibieron 3.000 dosis de las 11.000 necesarias. En Bas-Uélé, una ruptura de stock de la vacuna Ervebo en Buta obligó a suspender temporalmente la inmunización de los trabajadores de primera línea. Todo ello en un contexto donde la transmisión se mantiene sostenida en Ituri, Kivu Norte y Haut-Uélé, mientras Tshopo registra casos esporádicos.

Una luz de esperanza desde Berlín

En medio de este panorama, una experiencia en el hospital Charité de Berlín ofrece un rayo de esperanza. En mayo, un médico estadounidense fue tratado allí tras contagiarse con el virus de Bundibugyo mientras atendía a pacientes con ébola. Su esposa y sus cuatro hijos, considerados contactos de alto riesgo, recibieron de forma preventiva un tratamiento experimental con anticuerpos. Ninguno de ellos enfermó y no se registraron efectos secundarios, incluso en los niños de un año.

Han Ngoc Le, médica investigadora de la Charité, explica que la decisión requirió una cuidadosa evaluación de riesgos y beneficios, pero que el resultado aporta datos valiosos. «El simple hecho de que el anticuerpo fuera tan bien tolerado en niños de un año y en menores de doce años constituye un hallazgo importante», afirma. Sin embargo, Le y otros expertos insisten en que los niños y las mujeres embarazadas no deberían quedar excluidos automáticamente de los ensayos; habría que diseñar subestudios desde el principio. Marc Biot, de MSF, lamenta que «es triste que todavía tengamos que presionar para que se tenga en cuenta a los niños y a las mujeres embarazadas, en lugar de incluirlos de manera natural desde el inicio de la planificación».

La epidemia de ébola en la RDC sigue siendo una emergencia sanitaria de primer orden. Con más de 6.800 casos y una letalidad cercana al 50%, la situación exige una respuesta integral que combine vigilancia, asistencia y vacunación, pero también investigación inclusiva. Los niños, que son los que más mueren, no pueden seguir esperando. La experiencia de Berlín demuestra que es posible tratarlos con seguridad, pero hace falta voluntad política y recursos para que los avances lleguen a todos. Mientras tanto, el virus continúa su curso en el corazón de África, y con él, la urgencia de no dejar a nadie atrás.