- La mejora genética vegetal y animal se consolida en España como herramienta para afrontar el cambio climático.
- Proyectos como NUMOR (frutos rojos) y el Grupo Operativo Piña (pino radiata) reciben apoyo de CDTI y fondos FEDER.
- La ganadería gallega apuesta por la inseminación artificial con material genético importado para mejorar la competitividad.
- La inversión en genética se considera estratégica para reducir la dependencia exterior y aumentar la resiliencia.

Cuando se habla de genética, lo primero que viene a la cabeza suele ser la salud humana o los avances en medicina. Pero en el campo, esa misma ciencia se ha convertido en un aliado silencioso para que los cultivos aguanten mejor el calor, las plagas o la falta de agua. En España, cada vez son más los proyectos que aplican la mejora genética a la agricultura y la ganadería, con un objetivo común: producir más y mejor con menos recursos.
La apuesta no es casual. Detrás hay una combinación de investigación, financiación europea y empresas que llevan años trabajando para que las variedades y razas autóctonas sean más resistentes y productivas. Desde los frutos rojos de Huelva hasta los pinares de Galicia, pasando por las cabras de Salvaterra de Miño, la genética se está convirtiendo en un pilar estratégico para el sector primario.
La genética vegetal, en el centro de la estrategia
Uno de los ejemplos más claros lo protagoniza Berryneo, una empresa onubense que ha puesto en marcha el proyecto NUMOR, con el respaldo del CDTI Innovación y los fondos FEDER. Su objetivo es incorporar herramientas genómicas para acelerar el desarrollo de nuevas variedades de frutos rojos más productivas, resistentes y adaptadas a las condiciones climáticas del sur de Europa. La idea es que España deje de depender de variedades creadas en otros países y genere su propia propiedad intelectual en un sector tan estratégico como el de los berries.
El director de I+D+i de Berryneo, Jesús Martínez, lo explica con claridad: ‘No sustituimos la selección tradicional, la hacemos más eficiente’. Gracias a marcadores moleculares y estudios genómicos, la compañía puede identificar qué plantas tienen más potencial antes incluso de terminar los ensayos de campo. Eso reduce la incertidumbre y optimiza los cruzamientos, algo clave en un proceso que tradicionalmente tardaba años.
En el ámbito forestal, la Fundación Arume lidera el Grupo Operativo Piña, centrado en la mejora genética de coníferas como el pino radiata. Este otoño está previsto instalar en el monte 10.000 plantas de alta genética, obtenidas mediante estaquillado. La selección se ha hecho a partir de árboles de 12 años con una altura media superior a 13 metros, y el objetivo es conseguir ejemplares más resistentes a los hongos en biotecnología de las bandas, aunque todavía no existe material resistente a esa enfermedad.
El impulso institucional y la financiación europea
Tanto Berryneo como el Grupo Operativo Piña cuentan con apoyo público. En el primer caso, el CDTI Innovación y los fondos FEDER han permitido reforzar la investigación. En el segundo, la Agencia Gallega de Calidad Agroalimentaria (Agacal) cofinancia el proyecto a través de ayudas para grupos operativos de la Asociación Europea de Innovación. La financiación es esencial porque la mejora genética requiere inversiones sostenidas durante años, y los resultados pueden tardar más de una década en materializarse.
Jesús Martínez insiste en que ‘invertir en genética vegetal es invertir en competitividad futura’. Y es que las variedades que se cultivarán dentro de diez o quince años dependen de las decisiones científicas que se toman hoy. El respaldo del CDTI no solo aporta dinero, también consolida un modelo de innovación basado en la creación de propiedad intelectual propia, similar a como la biotecnología vegetal europea despega con nueva regulación.
La ganadería también se sube a la mejora genética
En Galicia, la ganadería Garrido Rajo, en Salvaterra de Miño, lleva años trabajando en la cría de cabras de raza Boer mediante inseminación artificial con material importado de Australia. El director xeral de Gandaría, José Balseiros, visitó recientemente la explotación y destacó que Galicia es un referente en la diversificación de producciones ganaderas y en la mejora genética como herramienta para impulsar la competitividad. La genética animal también juega un papel clave en la adaptación al cambio climático, ya que permite seleccionar ejemplares más resistentes y eficientes.
Aunque el caso de las cabras Boer es más modesto que los proyectos de frutos rojos o pino, demuestra que la mejora genética no es exclusiva de los grandes cultivos. En el rural gallego, la inseminación artificial con material genético de calidad es una vía para mejorar la productividad sin necesidad de importar animales vivos.
En definitiva, la genética se ha convertido en un hilo conductor que une a agricultores, ganaderos, investigadores y administraciones. Ya sea para que un arándano aguante una ola de calor, para que un pino crezca más recto o para que una cabra produzca más carne, la mejora genética está demostrando que es una inversión a largo plazo. España tiene la oportunidad de liderar esta transformación en Europa, pero para ello necesita seguir apostando por la ciencia y la colaboración público-privada. El camino ya está marcado, y los primeros frutos empiezan a verse.




