- El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) supera los 5.000 casos y 2.300 muertes, convirtiéndose en el segundo más mortífero de la historia.
- La OMS mantiene la emergencia internacional al considerar que la epidemia avanza más rápido que la respuesta, con cadenas de transmisión aún sin identificar.
- La falta de financiación (solo se ha movilizado la mitad de los 518 millones necesarios) y la inseguridad en la región de Ituri dificultan el control del virus.
- Un viajero llevó el virus a Francia, lo que confirma el riesgo transfronterizo, aunque el nivel de amenaza en Europa se mantiene bajo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha vuelto a poner el foco en el brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC). Aunque el epicentro se encuentra en el este del país africano, la agencia sanitaria de la ONU insiste en que el riesgo no entiende de fronteras. El caso de un viajero que llevó el virus a Francia el mes pasado ha activado todas las alarmas en Europa, donde los sistemas de vigilancia ya se han puesto en marcha para evitar una posible expansión.
La situación es especialmente delicada porque el brote avanza a una velocidad sin precedentes y supera la capacidad de respuesta de los equipos sobre el terreno. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha reconocido en varias ocasiones que la epidemia «dista mucho de estar bajo control». A pesar de los esfuerzos internacionales, las cifras siguen creciendo y los expertos temen que el virus pueda propagarse a más regiones si no se refuerzan las medidas cuanto antes.
El segundo peor brote de la historia
La RDC ya vive el que es su peor brote de ébola desde que se tiene constancia de la enfermedad en el país. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Salud Pública, se han registrado casi 5.000 casos confirmados y más de 2.300 fallecimientos, superando al brote de 2018-2020 que dejó 2.299 muertos. Solo el gran episodio de África Occidental entre 2014 y 2016, con más de 11.000 víctimas, supera las cifras actuales. La cepa responsable es la Bundibugyo, una variante especialmente agresiva para la que todavía no existe una vacuna ni tratamiento específico aprobado.
El director general de la OMS ha sido tajante al describir la situación: «La epidemia no está ni mucho menos bajo control. Tuvo un inicio fulgurante y todavía estamos intentando recuperarnos de esa ventaja». Esta declaración se produjo durante la segunda reunión del Comité de Emergencia del Reglamento Sanitario Internacional, convocado precisamente para evaluar la evolución del brote y decidir si se mantienen las recomendaciones vigentes.
Un riesgo que no se detiene en las fronteras
Uno de los aspectos que más preocupa a los responsables sanitarios es la detección de cadenas de transmisión que no han podido ser identificadas. La mayoría de los fallecimientos se están produciendo en los hogares, lejos de los centros de tratamiento y al margen de las listas de contactos que los equipos médicos tienen bajo vigilancia. Cada uno de estos casos comunitarios supone un foco de infección que puede alimentar la epidemia durante semanas sin que nadie lo controle.
El pasado mes, un viajero procedente de la RDC llegó a Francia con el virus, lo que confirma que la amenaza puede cruzar océanos con facilidad. Uganda, que también sufrió un salto inicial del brote, logró frenar la transmisión en su territorio, una respuesta que la OMS ha elogiado públicamente. Sin embargo, el caso francés demuestra que la coordinación internacional es fundamental para evitar que el ébola se convierta en un problema global.
Los retos sobre el terreno
La provincia de Ituri, epicentro del brote, concentra cerca del 90% de los casos. Es una región marcada por la violencia armada y los desplazamientos forzosos de población, lo que complica enormemente la labor de los equipos sanitarios. La inseguridad dificulta el acceso a algunas zonas, y los profesionales de la salud trabajan en condiciones extremas, con meses de retraso en el pago de sus incentivos. Las protestas de enfermeros y personal de entierros seguros se han sucedido en varios hospitales, reflejando la saturación del sistema.
La financiación es otro de los grandes escollos. El plan conjunto de respuesta presentado por la OMS y los CDC de África necesita 518 millones de dólares para hacer frente a la epidemia, pero hasta ahora solo se han movilizado 264 millones, aproximadamente la mitad. Esta carencia de fondos limita la capacidad de ampliar la vigilancia, contratar más personal y garantizar el suministro de material básico.
Avances científicos y esperanza en el horizonte
Pese a las dificultades, también hay motivos para la esperanza. Por primera vez, dos vacunas diseñadas específicamente contra el virus Bundibugyo han entrado en la fase de ensayos clínicos en humanos, representando el desafío de la nueva vacuna contra el ébola Bundibugyo. Una tercera vacuna, que ha demostrado protección cruzada en estudios con animales, se prepara para un ensayo de fase 3. Además, el ensayo terapéutico PARTNERS, impulsado por la OMS, ya cuenta con 100 pacientes inscritos, lo que podría acelerar la llegada de tratamientos efectivos.
La OMS subraya que no se puede descuidar la atención sanitaria regular de la población durante la emergencia. El ébola convive con otras amenazas como la malaria, el cólera, la neumonía o las enfermedades diarreicas, y también con una alta tasa de mortalidad materna. Mantener los servicios esenciales operativos es clave para evitar que la crisis sanitaria se agrave aún más.
La reunión del Comité de Emergencia ha concluido con la decisión de mantener la consideración de emergencia de salud pública de importancia internacional. Tedros Adhanom ha hecho un llamamiento a la cooperación de todos los gobiernos y socios para redoblar esfuerzos y movilizar los recursos necesarios. «Las fronteras pueden ralentizar una respuesta, pero no detienen un virus», recordó el máximo responsable de la OMS.
La comunidad internacional tiene ahora la responsabilidad de actuar con contundencia. El ébola es una amenaza que no entiende de límites geográficos, y el tiempo juega en contra. Cada semana que pasa sin una respuesta adecuada aumenta el riesgo de que el brote se expanda a más provincias de la RDC y a otros países. La experiencia de los últimos brotes demuestra que la contención es posible si se actúa con rapidez y determinación.


