Logran reprogramar células inmunitarias contra el cáncer dentro del organismo

Última actualización: marzo 20, 2026
  • Nuevo método reprograma células T contra el cáncer directamente dentro del cuerpo usando un sistema de doble partícula y CRISPR-Cas9.
  • En modelos de ratón con leucemia agresiva, mieloma múltiple y sarcoma se eliminó el cáncer detectable tras una única inyección.
  • Las células CAR-T generadas in vivo muestran mayor capacidad de proliferación y podrían evitar la quimioterapia previa.
  • La técnica apunta a abaratar y democratizar las terapias CAR-T, facilitando su llegada a hospitales no especializados en Europa.

Terapia celular e inmunoterapia contra el cáncer

La posibilidad de entrenar las defensas del cuerpo para que ataquen al cáncer ya es una realidad con las terapias con células CAR-T, pero hasta ahora este proceso implicaba sacar las células del organismo, modificarlas en un laboratorio especializado y devolverlas al paciente semanas después. Un trabajo reciente apunta a un cambio de rumbo profundo: conseguir que toda esa reprogramación ocurra directamente dentro del propio cuerpo, sin pasos intermedios externos.

Un equipo de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) ha desarrollado un método de edición genética capaz de convertir células T normales en células CAR-T sin extraerlas del paciente. El estudio, publicado en la revista Nature, plantea un escenario en el que el organismo actúa como un “laboratorio interno”, con potencial para abaratar de forma drástica estos tratamientos y facilitar su expansión a hospitales de Europa y el resto del mundo.

Del laboratorio al cuerpo: por qué es tan relevante este cambio

La terapia con células CAR-T se ha consolidado como una de las alternativas más potentes frente a ciertos cánceres de la sangre, como algunos tipos de leucemia o el mieloma múltiple. El procedimiento tradicional pasa por extraer linfocitos T del paciente, modificar su ADN en un centro de fabricación para que expresen un receptor artificial (CAR) que reconoce a las células tumorales y, tras varios controles, reinfundir esas células “reprogramadas” al paciente.

Este proceso funciona, pero es todo menos sencillo: requiere instalaciones altamente especializadas, personal con formación muy específica y unas semanas de espera que muchos pacientes, con la enfermedad en fase avanzada, no siempre pueden permitirse. Además, el coste puede dispararse hasta los cientos de miles de euros por tratamiento, lo que supone un reto para los sistemas públicos de salud europeos y limita el acceso real a estas terapias.

El nuevo enfoque propone eliminar casi toda esa logística. En lugar de manipular las células T fuera del organismo, los investigadores utilizan un sistema capaz de localizar y editar estas células directamente en la sangre. La idea es que el paciente reciba una o pocas inyecciones y que, a partir de ahí, sea su propio cuerpo el que genere las células CAR-T necesarias para atacar el tumor.

Si la técnica se confirma en humanos, podría suponer para Europa y países con sistemas sanitarios públicos una forma de contener el gasto y ampliar la disponibilidad de estas terapias, acercándolas a hospitales que hoy no cuentan con salas blancas ni plantas de fabricación celular.

Células inmunitarias modificadas contra el cáncer

Cómo funciona el sistema de doble partícula y las “tijeras moleculares”

El corazón de esta estrategia es un sistema de doble partícula que transporta la maquinaria de edición genética CRISPR-Cas9, conocida popularmente como “tijeras moleculares”. En lugar de modificar el ADN de forma indiscriminada, el método está diseñado para actuar solo en las células correctas y en un punto concreto del genoma.

La primera partícula va recubierta con anticuerpos que reconocen específicamente la proteína CD3, presente en la superficie de las células T. De este modo, las herramientas de edición se dirigen casi exclusivamente a ese tipo celular, minimizando la posibilidad de que se modifiquen por error otras células del organismo que nada tienen que ver con la respuesta antitumoral.

La segunda partícula lleva el nuevo material genético: una secuencia de ADN relativamente larga que codifica el receptor CAR y las instrucciones para insertarlo en una región precisa del genoma de las células T. Esa localización no es aleatoria; se trata de un sitio que actúa como un “interruptor molecular” que solo se activa en linfocitos T, de modo que la expresión del CAR queda bajo un control biológico más fino.

Hasta ahora, lo habitual en las terapias CAR-T comerciales era introducir el gen del CAR mediante virus que se integran de forma más o menos aleatoria en el ADN. El trabajo de la UCSF demuestra por primera vez que es posible insertar una secuencia larga de ADN en un lugar concreto de linfocitos T humanos sin haberlos sacado del cuerpo, y que este enfoque dirigido puede incluso superar en rendimiento al método viral tradicional.

Los investigadores también han tenido que diseñar las partículas para que eviten ser eliminadas de inmediato por el propio sistema inmunitario, un aspecto clave si se piensa en una futura aplicación clínica donde el organismo reaccionará a cualquier partícula extraña que circule por la sangre.

Resultados en ratones: leucemia, mieloma múltiple y sarcoma

Para poner a prueba la técnica, el equipo trabajó con ratones con sistemas inmunitarios humanizados, es decir, animales cuyo sistema de defensas se ha modificado para que se parezca al humano. A estos ratones se les indujo una leucemia muy agresiva con el objetivo de comprobar si la reprogramación in vivo de las células T podía controlar el cáncer.

Tras una sola inyección del sistema de doble partícula, los científicos observaron que, en casi todos los animales, desaparecía cualquier rastro detectable de leucemia en un plazo de dos semanas. En algunos órganos, las células CAR-T generadas directamente en el organismo llegaron a representar un porcentaje muy elevado —en torno a un 40%— de todas las células inmunitarias, lo que sugiere una expansión considerable.

El método no se limitó a la leucemia. También se probó en mieloma múltiple, otro cáncer hematológico, y en un tumor sólido de sarcoma. Este último punto es especialmente relevante porque, hasta ahora, los tumores sólidos han mostrado una resistencia importante a las terapias CAR-T, con resultados mucho más modestos que en cánceres de la sangre.

En estos modelos, el sistema de edición in vivo logró controlar tanto el mieloma como el sarcoma, lo que abre la puerta a explorar usos más amplios en oncología, más allá de los cánceres hematológicos clásicos, y a compararlo con otras estrategias inmunoterapéuticas. Según los autores, el enfoque podría adaptarse en el futuro para otros tipos de tumores ajustando los receptores CAR que se introducen en las células T.

Además, al comparar las células generadas dentro del organismo con las fabricadas en laboratorio, observaron que las primeras mantenían mejor su capacidad de proliferación y autorrenovación. La hipótesis es que, cuando las células T se sacan del cuerpo y se cultivan durante días o semanas, pierden parte de esa “vitalidad” que, en cambio, conservan si la reprogramación ocurre directamente en su entorno natural.

Impacto potencial en costes, acceso y práctica clínica

Aunque por ahora los datos proceden de estudios preclínicos en modelos animales, el impacto que podría tener esta tecnología sobre la organización de los sistemas sanitarios es notable. Al prescindir de los complejos procesos de fabricación externa, buena parte del coste asociado a las terapias CAR-T podría reducirse de forma importante.

En la práctica clínica actual, el precio de una terapia CAR-T puede rondar los 400.000-500.000 dólares o su equivalente en euros, una cifra que pone contra las cuerdas a muchos presupuestos públicos y limita la disponibilidad en hospitales de tamaño medio. Si se consigue trasladar este modelo in vivo a pacientes, los tiempos de espera se acortarían de semanas a un marco potencialmente mucho más breve y la infraestructura necesaria sería menor.

Otro aspecto clave es la posible eliminación, o al menos reducción, de la quimioterapia preparatoria que se administra antes de infundir las células CAR-T tradicionales. Ahora mismo, muchos pacientes reciben tratamientos intensivos para “hacer espacio” en la médula ósea a las nuevas células T, algo que algunos enfermos frágiles o de edad avanzada no toleran bien. La fabricación dentro del organismo podría permitir estrategias menos agresivas.

En España y en otros países europeos, donde la terapia CAR-T ya se ofrece en centros de referencia, un enfoque in vivo abriría la posibilidad de descentralizar estos tratamientos hacia hospitales comarcales o regionales, reduciendo desplazamientos y listas de espera. La idea que subrayan los investigadores es la de “democratizar” una herramienta que hoy sigue siendo minoritaria y muy condicionada por la capacidad económica y la infraestructura disponible.

Para impulsar la llegada de esta plataforma a la clínica, el grupo de la UCSF, junto con otras instituciones colaboradoras, ha creado la empresa Azalea Therapeutics, que tendrá la tarea de escalar el método, garantizar su seguridad y trabajar con reguladores para el diseño de ensayos en humanos.

Lo que queda por resolver antes de llegar a los pacientes

Pese a los resultados llamativos en ratones, los propios autores recuerdan que aún queda un trecho considerable para que esta tecnología pueda aplicarse a personas. Trasladar una estrategia de edición genética al entorno clínico implica demostrar que el procedimiento es seguro, que no provoca efectos fuera de diana y que puede reproducirse de manera fiable en diferentes grupos de pacientes.

Será necesario estudiar con detalle si la integración dirigida del ADN se mantiene estable a largo plazo, si aparecen respuestas inmunitarias indeseadas contra las partículas o contra las células reprogramadas y qué ocurre en situaciones clínicas complejas, por ejemplo en pacientes con tratamientos previos intensivos o con enfermedades concomitantes.

En Europa, cualquier terapia basada en edición genética debe superar controles estrictos de agencias como la EMA, y probablemente se requerirán ensayos clínicos en varias fases antes de que un tratamiento in vivo de este tipo se apruebe para su uso generalizado. Además, quedará por ver cómo se integran estas nuevas estrategias con las CAR-T ya aprobadas y con otros tratamientos como inmunoterapias, anticuerpos monoclonales o terapias dirigidas.

También están sobre la mesa cuestiones éticas y organizativas: quién tendrá acceso prioritario cuando la técnica esté disponible, cómo se financiará en sistemas de salud públicos y privados y qué papel jugarán los centros de referencia que hoy concentran la experiencia en terapia celular avanzada.

En conjunto, los datos publicados apuntan a un posible cambio de modelo en el tratamiento del cáncer basado en células T. La idea de convertir el cuerpo en el lugar donde se “fabrican” las terapias celulares plantea un escenario en el que los procedimientos sean más rápidos, menos dependientes de infraestructuras complejas y, potencialmente, más asequibles para una mayor parte de la población.

genes característicos que predicen expansión de células T
Artículo relacionado:
Genes característicos que predicen la expansión de células T