- El Colegio de Químicos distinguió a María Herrera como Química del Año 2025 por su trayectoria científica.
- Su labor en el Instituto Clodomiro Picado ha impulsado la producción y mejora de antivenenos distribuidos en más de 30 países.
- Ha liderado procesos clave de liofilización, agua inyectable y desarrollo de tecnologías innovadoras para hemoderivados.
- Combina investigación aplicada, transferencia tecnológica y formación de nuevas generaciones de profesionales.

La designación de María Herrera Vega como Química del Año 2025 se ha convertido en uno de los hitos recientes más comentados dentro de la comunidad científica de habla hispana. Su trayectoria combina investigación aplicada, innovación tecnológica y un firme compromiso con la salud pública mediante la producción de antivenenos de alta calidad.
El reconocimiento, otorgado por el Colegio de Químicos de Costa Rica, pone el foco en dos décadas de trabajo constante en el Instituto Clodomiro Picado (ICP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), donde Herrera ha contribuido de forma decisiva a que el país se sitúe como un actor clave en la producción de inmunobiológicos contra venenos de serpiente para múltiples regiones del mundo.
Un reconocimiento a una carrera científica consolidada
La distinción de Química del Año 2025 recaía en María Herrera tras una evaluación de su impacto tanto en el ámbito científico como en el tecnológico y social. El Colegio de Químicos subrayó que su labor no se limita a la investigación académica, sino que se traduce directamente en productos que salvan vidas dentro y fuera de Costa Rica.
Herrera se desempeña en la Sección de Desarrollo Tecnológico del ICP, donde lidera procesos críticos asociados a la fabricación de antivenenos y de agua para uso inyectable. Estos componentes son esenciales para garantizar la calidad y seguridad de los tratamientos que se administran a pacientes que han sufrido accidentes ofídicos en diferentes continentes.
Su formación se ha forjado íntegramente en la Universidad de Costa Rica, donde obtuvo el Bachillerato en Química en 2004, la Maestría en Química en 2012 y el Doctorado en Ciencias en 2019. Esta sólida base académica, reforzada con años de experiencia en laboratorio y planta, ha permitido que su trabajo se sitúe en la intersección entre la química fundamental y la biotecnología aplicada.
Desde la Junta Directiva del Colegio de Químicos se destacó que el nombramiento reconoce tanto la excelencia técnica como el compromiso sostenido de la investigadora con el desarrollo del país. Según la entidad, su trayectoria ejemplifica el tipo de liderazgo científico que se busca impulsar en la región para fortalecer la autonomía sanitaria y tecnológica.
Innovación en antivenenos con impacto internacional
Uno de los ámbitos donde más se ha notado la aportación de María Herrera es en la mejora de los procesos de producción de antivenenos. Durante aproximadamente dos décadas, ha encabezado proyectos de investigación, desarrollo y transferencia de tecnología que han permitido optimizar cada fase, desde el diseño de los productos hasta su estabilidad en condiciones exigentes.
Los antivenenos generados en el Instituto Clodomiro Picado se distribuyen actualmente en más de 30 países de América Latina, África y Oriente Medio, incluyendo antiveneno recombinante para serpientes africanas. Esta proyección internacional se apoya en una cadena de producción robusta, donde las mejoras impulsadas por Herrera han sido determinantes para garantizar que los productos mantengan su eficacia incluso en contextos con infraestructuras sanitarias limitadas.
Entre sus contribuciones más relevantes se encuentra el diseño, optimización y validación de los procesos de liofilización. Gracias a estas innovaciones, los antivenenos adquieren una estabilidad térmica que facilita su almacenamiento y transporte sin depender de una cadena de frío estricta, algo especialmente importante en zonas rurales o de difícil acceso.
Este enfoque en la estabilidad y seguridad de los inmunobiológicos ha permitido que los productos resultantes sean más fáciles de manejar por el personal sanitario y más seguros para los pacientes. La combinación de criterios fisicoquímicos, bioquímicos y farmacéuticos ha sido la clave para que las formulaciones desarrolladas en el ICP se adapten a realidades muy diversas en países con climas y sistemas sanitarios distintos.
La labor de Herrera se sitúa, de este modo, en una línea de trabajo que aúna salud pública, innovación y cooperación internacional, reforzando el papel de la química como disciplina con un impacto directo en la vida cotidiana de miles de personas expuestas a mordeduras de serpiente.
Tecnología para hemoderivados y transferencia al sector productivo
Además del campo de los antivenenos, María Herrera ha participado en el desarrollo de tecnologías pioneras para la obtención de hemoderivados. Uno de los proyectos más destacados dio lugar a una metodología innovadora, concebida en la Universidad de Costa Rica, que fue protegida mediante patente internacional y posteriormente transferida a la empresa Life Factors en Colombia.
Esta tecnología se caracteriza por eliminar el uso de disolventes orgánicos en el proceso de producción, un aspecto que mejora el perfil de seguridad y sostenibilidad de los hemoderivados. Además, el rendimiento alcanzado supera al de los métodos tradicionales, lo que supone un avance significativo tanto desde la perspectiva científica como desde el punto de vista industrial.
La transferencia exitosa de este desarrollo al sector productivo refuerza la idea de que la investigación generada en centros públicos puede convertirse en soluciones concretas para la industria de la salud. El caso se ha señalado como un ejemplo de colaboración eficaz entre universidad y empresa en el ámbito latinoamericano.
En este contexto, el trabajo de Herrera no se limita al diseño de los procesos en el laboratorio, sino que abarca también la etapa de validación y acompañamiento técnico para que las tecnologías puedan implementarse de forma fiable en entornos productivos reales. Esta capacidad de moverse entre la investigación básica y la aplicación industrial es uno de los motivos por los que su perfil ha ganado visibilidad en el sector.
El reconocimiento como Química del Año 2025, por tanto, también valora este componente de transferencia de conocimiento, esencial para que las innovaciones tengan una repercusión tangible más allá del ámbito académico.
Aplicación avanzada de la química al servicio de la salud
En el día a día del Instituto Clodomiro Picado, la labor de María Herrera se centra en aplicar principios de química analítica, fisicoquímica, bioquímica, proteómica y tecnología farmacéutica al diseño y control de procesos complejos. Estas áreas de conocimiento se combinan para garantizar que cada lote de antiveneno cumpla con estándares rigurosos de calidad.
El control de variables críticas —como la composición proteica, el comportamiento térmico o la estabilidad a largo plazo— requiere un trabajo meticuloso de validación y seguimiento. En este sentido, la experiencia de Herrera ha sido fundamental para establecer metodologías robustas que aseguren la reproducibilidad de los procesos.
La producción de antivenenos supone un reto constante, ya que las formulaciones deben adaptarse a distintos tipos de venenos y a las condiciones de uso específicas de cada país. El enfoque desarrollado en el ICP, con la participación protagónica de Herrera, ha permitido que Costa Rica mantenga una capacidad propia de generar inmunobiológicos de relevancia médica, sin depender completamente de proveedores externos.
Esta autonomía se ha convertido en un punto estratégico para muchos sistemas sanitarios, especialmente en regiones donde los accidentes por mordedura de serpiente siguen siendo un problema de salud pública. La experiencia acumulada en el país centroamericano se observa con atención desde otros territorios que buscan fortalecer su seguridad sanitaria.
La combinación de análisis detallado, diseño de procesos y visión de largo plazo ha convertido el trabajo de Herrera en un referente para quienes defienden una química orientada a resolver problemas concretos de la sociedad, más allá del laboratorio.
Formación de nuevas generaciones y liderazgo profesional
Junto a su faceta investigadora y tecnológica, María Herrera ha desempeñado un papel relevante en la docencia y la formación de nuevos profesionales. Entre 2015 y 2017 fue profesora en la Escuela de Química de la Universidad de Costa Rica, donde impartió contenidos vinculados a su especialidad y acompañó procesos formativos de grado.
También ha dirigido y asesorado tesis de licenciatura y posgrado en áreas como Química, Microbiología, Biotecnología y Farmacia, así como pasantías de estudiantes de otros países interesados en conocer de cerca la experiencia del ICP en producción de antivenenos e inmunobiológicos.
En estos espacios, la investigadora ha puesto el acento en la importancia del rigor científico, la ética profesional y la responsabilidad social de la química. Su trayectoria se ha convertido en un punto de referencia para jóvenes que buscan dedicarse a la ciencia, especialmente mujeres que ven en su figura un ejemplo de cómo consolidar una carrera en un ámbito todavía marcado por ciertas brechas de género.
El Colegio de Químicos ha subrayado que el galardón de Química del Año 2025 reconoce no solo sus publicaciones y desarrollos tecnológicos, sino también su labor de mentorización y apoyo a las nuevas generaciones. De este modo, el premio visibiliza una forma de liderazgo que combina trabajo en laboratorio, gestión de proyectos y acompañamiento académico.
Las autoridades del colegio profesional han insistido en que figuras como la de Herrera ayudan a reforzar la imagen de la química como una disciplina cercana, capaz de generar soluciones prácticas y, al mismo tiempo, de abrir caminos a quienes inician su carrera científica.
La trayectoria de María Herrera Vega como Química del Año 2025 ilustra cómo la investigación rigurosa, la innovación tecnológica y la formación de talento pueden ir de la mano para fortalecer la capacidad científica de un país. Su trabajo en el Instituto Clodomiro Picado ha contribuido a posicionar a Costa Rica como referente en la producción de antivenenos y hemoderivados, con impacto en decenas de países, y ha mostrado que la química, cuando se orienta a resolver necesidades reales, se convierte en una herramienta decisiva para mejorar la salud pública y abrir oportunidades a futuras generaciones de profesionales.
