Microplásticos en el Golfo Nuevo: qué revela el primer estudio integral

Última actualización: marzo 2, 2026
  • Primer análisis completo de microplásticos en el Golfo Nuevo con muestreos en 12 estaciones de costa.
  • Mayor concentración de partículas en aguas cercanas a Puerto Madryn, ligada a la presión urbana.
  • Predominio de fibras textiles y PET, con abundancia de celulosa antropogénica y tintes azules.
  • Contaminación catalogada como baja a moderada en comparación con otras costas de Argentina y del mundo, pero clave como línea de base para el monitoreo.

microplásticos en el Golfo Nuevo

El Golfo Nuevo, en la costa patagónica argentina, se ha convertido en un laboratorio natural para entender cómo se distribuyen los microplásticos en un sistema marino semicerrado. Un conjunto de estudios recientes ha permitido por primera vez trazar un mapa detallado de estas diminutas partículas a lo largo de toda su línea de costa.

Aunque los niveles de contaminación no son de los más altos si se los compara con otros puntos del planeta, la investigación ofrece una fotografía muy precisa de la presión humana sobre este ecosistema costero. Esa información resulta especialmente útil para diseñar estrategias de seguimiento y prevención, tanto en la región como en otros entornos marinos de características similares en Europa y el resto del mundo.

Un problema global que también afecta al Golfo Nuevo

A escala mundial, se calcula que entre el 70% y el 95% de los residuos que se acumulan en costas y fondos marinos son plásticos. La mayoría procede de tierra firme, ya que se estima que alrededor del 80% de estos desechos tiene su origen en actividades humanas desarrolladas lejos del mar, como el vertido inadecuado de basura, la gestión deficiente de aguas residuales, pese a iniciativas para eliminar microplásticos del agua residual, o el arrastre de residuos por lluvias y ríos.

Los plásticos, por su baja densidad y alta durabilidad, pueden viajar grandes distancias impulsados por vientos y corrientes marinas. Con el tiempo se fragmentan hasta convertirse en microplásticos y otras partículas antropogénicas, prácticamente invisibles a simple vista, que terminan acumulándose en zonas costeras o en ecosistemas marinos sensibles.

En este contexto global, el Golfo Nuevo se presenta como un caso de estudio singular: no se trata de mar abierto, sino de un cuerpo de agua semicerrado con intercambio limitado con la plataforma continental. Este tipo de configuración lo convierte en un entorno especialmente interesante para comprender cómo se comportan los microplásticos en sistemas con menor renovación de agua, comparables a ciertos estuarios, rías o bahías europeas, donde iniciativas como un mapa pionero de microplásticos han comenzado a documentar estos procesos.

Hasta hace poco, la información disponible sobre la presencia de microplásticos en este golfo era muy escasa. Solo existía un trabajo previo y además restringido a un sector concreto de la costa, lo que impedía tener una visión general del problema y su distribución espacial.

Primer estudio integral: 12 estaciones y tres campañas de muestreo

partículas de microplásticos en el Golfo Nuevo

Para cubrir ese vacío, un equipo de especialistas del Centro Nacional Patagónico (CENPAT) y del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET) llevó a cabo el primer análisis integral de microplásticos y otras partículas antropogénicas a lo largo de toda la costa del Golfo Nuevo.

La investigación fue liderada por la becaria Ayelén Costa, con la participación de los científicos Rodrigo Hernández Moresino, Juan Pablo Pisoni, Camila Tavano y Juan Pablo Tomba. A lo largo de tres campañas terrestres, el equipo relevo 12 estaciones distribuidas alrededor del golfo, combinando muestreos de agua y sedimentos intermareales en distintos puntos estratégicos.

El objetivo principal no se limitó a cuantificar las partículas presentes; los investigadores buscaron también entender la dinámica de estos contaminantes, es decir, cómo se transportan, se acumulan y se redistribuyen en función de factores ambientales como las corrientes, los vientos predominantes y la hidrodinámica propia de cada playa.

Tal y como señalan los autores, este enfoque amplio permite ir más allá de una simple medición puntual. Al analizar un sistema semicerrado en su conjunto, el estudio ofrece un panorama completo de la circulación y el destino de los microplásticos en el Golfo Nuevo, algo que hasta ahora no se había hecho.

Concentraciones más altas cerca de Puerto Madryn

Uno de los resultados más claros del trabajo es la existencia de diferencias espaciales muy marcadas en la calidad del agua costera. Las mayores concentraciones de partículas se registraron en las zonas próximas a la ciudad de Puerto Madryn, el principal núcleo urbano de la región.

Esta acumulación se relaciona directamente con la presión antrópica sobre el litoral: vertidos accidentales, escorrentías pluviales que arrastran residuos desde la ciudad hacia el mar, actividades portuarias, transporte aéreo de partículas y el propio uso recreativo de las playas. Todas estas fuentes contribuyen a que en las zonas urbanas el agua contenga más microplásticos que en playas más alejadas o menos frecuentadas.

En cambio, cuando se analizaron los sedimentos intermareales, el patrón fue distinto. El estudio no halló diferencias estadísticas significativas entre los distintos puntos del golfo, lo que indica que a largo plazo las partículas tienden a redistribuirse y a alcanzar concentraciones más homogéneas en el sustrato arenoso de las playas, fenómenos similares a los observados en el Mediterráneo, donde un curioso filtro natural modifica la distribución.

Los investigadores explican esta disparidad señalando que el agua ofrece una especie de “foto del momento”, muy ligada a lo que está ocurriendo en un periodo concreto y a la proximidad de las fuentes de contaminación. El sedimento, en cambio, actúa como un registrador de largo plazo: acumula información a lo largo del tiempo y refleja procesos de transporte y deposición que hacen que las partículas viajen y se dispersen por toda la costa del golfo.

El papel de vientos, corrientes y morfología costera

La redistribución de microplásticos y fibras antropogénicas en los sedimentos del Golfo Nuevo está fuertemente condicionada por factores ambientales locales. Entre ellos destacan los vientos intensos habituales en la región patagónica, las corrientes propias del golfo y las características geomorfológicas de cada playa. Investigaciones en zonas subantárticas, como el Canal Beagle, han mostrado además el papel del transporte aéreo en la redistribución de partículas.

Según detalla el equipo de investigación, estos elementos combinados favorecen que las partículas que inicialmente se concentran cerca de las áreas urbanas y portuarias terminen moviéndose a lo largo de toda la línea de costa. Con el tiempo, ese transporte continuo suaviza las diferencias entre unas playas y otras en lo que respecta a los sedimentos.

Este comportamiento no es exclusivo del Golfo Nuevo y resulta relevante para interpretar situaciones análogas en otras regiones costeras, incluidas bahías, rías y estuarios europeos sometidos a fuerte presión humana. En muchos de estos sistemas, puede ocurrir algo similar: aguas costeras muy influenciadas por focos urbanos y, sin embargo, sedimentos que muestran valores más equilibrados tras años de redistribución.

Comprender esa dinámica ayuda a planificar mejor las estrategias de vigilancia, por ejemplo, definiendo en qué zonas conviene priorizar los controles de agua superficial y en cuáles tiene más sentido centrar el seguimiento en los sedimentos como registro de largo plazo.

Qué tipos de microplásticos se encontraron

El análisis detallado de las muestras reveló que entre los polímeros más habituales se encuentran el tereftalato de polietileno (PET), la celulosa antropogénica y diversas fibras de tinte cuyo polímero base no siempre pudo identificarse. A nivel visual, los colores predominantes fueron el azul, seguido por el transparente y el negro.

La presencia masiva de fibras azules y de celulosa de origen antropogénico apunta a que una parte relevante de la contaminación procede de productos textiles, como prendas de vestir, tejidos domésticos o materiales sintéticos de uso cotidiano. Durante los procesos de lavado, estas fibras pueden desprenderse y llegar a las redes de saneamiento, para finalmente terminar en el mar si los sistemas de depuración no logran retenerlas por completo, lo que ayuda a explicar cómo llegan a tu plato.

En cuanto al PET, el estudio sugiere un origen mixto. Por un lado, este polímero está muy extendido en envases y botellas utilizados en tierra firme, que pueden llegar a la costa arrastrados por el viento o las lluvias. Por otro, las actividades marítimas y pesqueras suponen una fuente adicional, a través de redes, cuerdas y otros elementos fabricados con este tipo de plástico.

En conjunto, la composición química y visual de las partículas identificadas pone de manifiesto la interacción constante entre la vida cotidiana en las ciudades y la salud de los ecosistemas marinos. Lo que ocurre en el ámbito doméstico, industrial o recreativo termina reflejándose, tarde o temprano, en el agua y en la arena de las playas.

Niveles de contaminación: de bajos a moderados

Una cuestión clave del estudio fue situar los resultados del Golfo Nuevo en un contexto más amplio, comparando las concentraciones de microplásticos con las de otros escenarios, tanto en Argentina como a nivel internacional. A partir de esa comparación, los investigadores concluyeron que los niveles detectados van de bajos a moderados.

En términos relativos, el golfo presenta menores concentraciones que ciertas playas de la costa bonaerense argentina, como Claromecó, Pehuen-Có y Monte Hermoso, donde diversos trabajos han documentado una carga de residuos plásticos superior. También se sitúa por debajo de algunos puntos problemáticos del mar Mediterráneo, el mar Báltico, el Golfo de Suez o el Golfo de California, regiones donde la presión humana y la circulación marina favorecen una acumulación mucho mayor, y frente a estudios en la Antártida sobre microplásticos en la Antártida.

Este dato no implica que la situación sea irrelevante ni que pueda pasarse por alto. Más bien indica que el Golfo Nuevo, pese a la influencia urbana y pesquera, aún se encuentra en una etapa en la que es posible actuar con margen de maniobra para prevenir agravios mayores, algo extrapolable a otras áreas similares de Europa donde la contaminación por plásticos todavía no ha alcanzado niveles extremos.

Los especialistas insisten en que la lectura correcta no es la de minimizar el problema, sino la de aprovechar el hecho de partir de concentraciones relativamente contenidas para reforzar las medidas de gestión, concienciación y mitigación antes de que las cifras se disparen, como ha ocurrido en otros puntos del planeta.

Importancia de contar con una línea de base

Más allá de los valores concretos de concentración, uno de los aportes fundamentales del trabajo es el establecimiento de una línea de base robusta sobre la presencia de microplásticos y fibras antropogénicas en el Golfo Nuevo. Esta referencia inicial permite saber qué tipos de partículas se encuentran y en qué rangos de abundancia, algo imprescindible para el monitoreo a medio y largo plazo.

Tal como subraya Ayelén Costa, disponer de estos datos de partida hace posible evaluar la aparición de nuevos contaminantes, detectar cambios en la composición de las partículas con el paso del tiempo y comprobar si las acciones de gestión ambiental que se puedan implementar logran reducir la carga de residuos en las aguas y sedimentos costeros.

La línea de base también abre la puerta a comparaciones más precisas con otros sistemas marinos, tanto en Argentina como en Europa y otras regiones del mundo. Con metodologías homologables y descripciones detalladas de polímeros y colores, es más sencillo determinar hasta qué punto las tendencias observadas en el Golfo Nuevo coinciden con las de otras zonas sometidas a presión urbana, turística o pesquera.

Además, este tipo de estudios ayuda a reforzar el vínculo entre ciencia y gestión, proporcionando a las autoridades locales y a los organismos de conservación información técnica sólida para respaldar decisiones sobre ordenación del litoral, tratamiento de aguas residuales o campañas de concienciación ciudadana.

En conjunto, el trabajo en el Golfo Nuevo muestra cómo un sistema semicerrado, con intercambio limitado con mar abierto y una presión humana creciente, puede convertirse en un indicador temprano de la huella que dejan los plásticos de uso cotidiano en el medio marino. Aunque hoy las concentraciones se sitúan en rangos bajos a moderados en comparación con otras costas del mundo, la fotografía obtenida por los investigadores marca un punto de partida clave para seguir la evolución del problema y poner en marcha medidas que eviten que este ecosistema patagónico repita los escenarios críticos que ya se observan en otras regiones costeras muy urbanizadas.

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