- Las nanoestrellas de oro permiten activar profármacos de Doxorrubicina con luz NIR justo en el entorno del tumor.
- Dos nanosistemas distintos han mostrado eficacia en cultivos de cáncer de cérvix y melanoma y en ratones con melanoma humano.
- La estrategia reduce la toxicidad sistémica frente a la quimioterapia convencional y podría aplicarse a otros tumores accesibles.
- El trabajo, liderado por la UPV y publicado en Advanced Materials, abre la puerta a terapias oncológicas más precisas y personalizadas.

Las nanoestrellas de oro capaces de activar fármacos con luz infrarroja cercana representan una de las líneas de investigación más llamativas de la oncología moderna. Detrás de este avance hay un amplio trabajo de laboratorio, ensayos en modelos animales y una sólida colaboración entre centros punteros en bioingeniería, nanomedicina y química supramolecular. En este artículo vamos a desgranar, con calma, en qué consiste esta tecnología, por qué genera tanta expectación y hasta qué punto puede cambiar la forma de tratar ciertos tumores.
Este desarrollo se ha llevado a cabo por un equipo multidisciplinar vinculado a la Universitat Politècnica de València (UPV) y al CIBER-BBN, con la participación de institutos de investigación sanitaria y centros internacionales de referencia. Su propuesta es tan sencilla de entender como compleja de ejecutar: transportar profármacos inactivos hasta el entorno del tumor, y despertarlos solo cuando se ilumina la zona con luz NIR (near-infrared), usando como antenas y reactores unas diminutas partículas de oro con forma de estrella. Vamos a ver cómo funciona todo este engranaje.
Una terapia contra el cáncer basada en nanoestrellas de oro y luz NIR
El punto de partida de esta línea de trabajo es el diseño de una terapia oncológica más precisa y con menos efectos secundarios sistémicos que la quimioterapia convencional. En vez de administrar el fármaco activo por todo el organismo, la estrategia se basa en utilizar profármacos, es decir, versiones químicamente modificadas del medicamento que permanecen inactivas hasta que reciben un estímulo concreto. En este caso, la señal que los activa es la luz infrarroja cercana, aplicada de forma localizada.
La pieza central de esta tecnología son las nanopartículas de oro con forma de estrella, conocidas como nanoestrellas. Estas estructuras presentan múltiples puntas afiladas que concentran el campo electromagnético cuando se irradian con luz NIR. Ese efecto, relacionado con las resonancias plasmónicas del oro, permite generar en la superficie de la nanoestrella un entorno muy reactivo, ideal para desencadenar reacciones químicas diseñadas a medida, entre ellas la ruptura de enlaces que mantienen “enjaulado” al profármaco.
El fármaco elegido como modelo en este trabajo es la Doxorrubicina, un quimioterápico clásico y muy potente que, pese a su eficacia, presenta una toxicidad considerable cuando se distribuye por todo el cuerpo. Por eso se recurre a profármacos de Doxorrubicina, en los que la molécula activa está bloqueada por un grupo protector fotosensible; mientras este grupo no se elimine, el compuesto no ejerce su efecto antitumoral. La clave es que esa eliminación se produzca solo en el tejido donde interesa.
Esta propuesta integra conceptos de bioortogonalidad y fotoactivación selectiva: las reacciones que activan el fármaco tienen lugar bajo condiciones biológicas, pero sin interferir ni alterarse por los procesos normales del organismo. Así se facilita que el sistema circule con relativa seguridad por el cuerpo hasta llegar al tumor, donde la combinación de luz NIR y nanoestrellas se encarga de completar el proceso.
Quién está detrás de la investigación y dónde se ha publicado
El proyecto ha sido liderado desde la Universitat Politècnica de València (UPV), concretamente por un equipo integrado en el Instituto Interuniversitario de Reconocimiento Molecular y Desarrollo Tecnológico (IDM). Este instituto agrupa especialistas en química, biotecnología, materiales y nanomedicina que trabajan en el diseño de sistemas inteligentes para diagnóstico y tratamiento.
Además de la UPV y el IDM, han jugado un papel esencial las Unidades Mixtas UPV-Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) y UPV-Instituto de Investigación Sanitaria La Fe (IIS La Fe). Estas unidades mixtas funcionan como puentes entre el desarrollo tecnológico y la investigación biomédica aplicada, facilitando el uso de modelos celulares y animales más próximos a la realidad clínica.
En el proyecto también ha participado el equipo del CIBER-BBN que lidera Luis M. Liz-Marzán en el centro CIC biomaGUNE, reconocido internacionalmente por sus contribuciones en nanoplasmones y materiales nanoestructurados. A ello se suma la colaboración de personal investigador de la Universidad de La Habana, que aporta experiencia adicional en química de nanomateriales y diseño de profármacos.
El trabajo completo ha visto la luz en la revista Advanced Materials, una de las publicaciones científicas más influyentes en el campo de la ciencia de materiales y la nanomedicina. El artículo, titulado “Bioorthogonal Photoactivation of 2-Nitrobenzyl Caged Doxorubicin Anticancer Prodrugs on Gold Nanostars”, describe con detalle la síntesis de las nanoestrellas, el diseño de los profármacos y los ensayos realizados tanto in vitro como en modelos murinos de melanoma humano.
Cómo funcionan los profármacos activados por nanoestrellas de oro
La arquitectura de esta terapia se apoya en la combinación de profármacos y nanoestrellas de oro como plataforma de activación. Un profármaco es una molécula que, por sí sola, no presenta la actividad terapéutica deseada; necesita sufrir una transformación química para liberar el principio activo. En esta investigación, dicho principio activo es Doxorrubicina y la transformación se dispara por acción de la luz NIR a través de las nanoestrellas.
El equipo de la UPV ha diseñado dos nanosistemas distintos para gestionar la entrega y activación del profármaco. En el primero, la Doxorrubicina “enjaulada” se une de forma covalente a la superficie de la nanoestrella, de modo que el profármaco viaja literalmente pegado a la partícula de oro. En el segundo sistema, el profármaco se administra como entidad independiente, coexisitiendo con las nanoestrellas en el entorno tumoral, pero sin ir químicamente anclado a ellas.
Cuando el tejido donde se acumulan estos nanosistemas se irradia con luz infrarroja cercana (NIR), las puntas de las nanoestrellas amplifican el campo electromagnético local. Ese fenómeno provoca la ruptura del grupo protector fotosensible presente en el profármaco, típicamente un motivo 2-nitrobenzilo u otro grupo fotoescindible. Una vez se rompe ese enlace, la molécula de Doxorrubicina queda liberada en su forma activa y puede ejercer su efecto citotóxico sobre las células tumorales.
La gran ventaja de este mecanismo es que en ausencia de luz, los profármacos permanecen prácticamente inertes, lo que reduce de forma notable el riesgo de dañar tejidos sanos alejados del tumor. De este modo, se busca mantener una dosis global potencialmente alta de profármaco, pero con una activación geográfica y temporal muy controlada: solo en la zona iluminada y solo durante el tiempo de irradiación.
Este enfoque bioortogonal permite jugar con parámetros como la intensidad de la luz, la duración de la exposición y la concentración de nanosistemas, modulando así la cantidad de fármaco activo generado in situ. En la práctica, esto abre la puerta a ajustar de forma muy fina la agresividad del tratamiento, adaptándolo a las características de cada tumor y a la tolerancia del paciente.
Resultados en cultivos celulares y modelos murinos de melanoma
Para validar la eficacia de esta tecnología, los investigadores han puesto a prueba sus nanosistemas en diferentes modelos de cáncer, empezando por cultivos celulares. Se han utilizado principalmente células de cáncer de cérvix y de melanoma, dos tipos tumorales con características biológicas distintas que permiten evaluar la versatilidad del enfoque.
En estos cultivos, la presencia conjunta de nanoestrellas de oro, profármacos de Doxorrubicina y luz NIR ha demostrado inducir una notable reducción de la viabilidad celular tumoral. Cuando uno de estos elementos falta (por ejemplo, sin luz, o sin nanoestrellas), el efecto citotóxico disminuye drásticamente, lo que refuerza la idea de que la activación local del fármaco depende de la combinación completa del sistema.
El siguiente paso ha sido trasladar esta estrategia a modelos animales. En concreto, se han realizado ensayos en ratones injertados con melanoma humano, un modelo ampliamente utilizado para estudiar la respuesta a nuevas terapias antitumorales. En uno de los dos nanosistemas desarrollados, el que se consideró más adecuado para este tipo de ensayo, se consiguió una reducción significativa del volumen tumoral tras la administración del sistema y la posterior irradiación con luz NIR.
Este comportamiento pone en valor la capacidad del sistema para concentrar el efecto quimioterápico exactamente en el tumor, minimizando la exposición del resto del organismo a la Doxorrubicina activa. Aunque los resultados se encuentran aún en una fase preclínica, se percibe un potencial claro para mejorar el perfil beneficio-riesgo respecto a la quimioterapia estándar.
La publicación en una revista como Advanced Materials y la naturaleza exhaustiva de la caracterización realizada —desde los datos espectroscópicos de las nanoestrellas hasta la evaluación histológica de los tumores tratados— refuerzan la solidez de las evidencias preliminares. No obstante, los propios autores reconocen que será necesario avanzar hacia modelos más complejos antes de pensar en estudios clínicos en humanos.
Ventajas frente a la quimioterapia convencional y control de la toxicidad
Uno de los grandes talones de Aquiles de la quimioterapia clásica es su escasa especificidad: el fármaco recorre todo el organismo, atacando tanto a las células tumorales como a muchas células sanas de alta tasa de división. Esto se traduce en efectos secundarios severos (mucositis, caída de cabello, mielosupresión, cardiotoxicidad en el caso de la Doxorrubicina, etc.) que limitan la dosis y la duración del tratamiento.
En contraste, la estrategia con nanoestrellas de oro y profármacos fotoactivables busca reducir al mínimo la exposición sistémica al fármaco activo. El medicamento viaja en forma de profármaco inerte y solo en la región tumoral, bajo la acción de la luz NIR, recupera su capacidad terapéutica. Esto podría permitir administrar concentraciones más altas de profármaco sin desencadenar la misma cascada de efectos adversos que las formulaciones convencionales.
La posibilidad de encender y apagar la actividad farmacológica con un estímulo externo aporta un grado de control muy valioso. Si durante la irradiación se detectasen signos de toxicidad local o sistémica, se podría interrumpir la luz y, con ello, frenar de golpe la generación de fármaco activo. Del mismo modo, la terapia podría repetirse en varias sesiones controladas, ajustando dosis y tiempos según la respuesta tumoral.
Además, el uso de luz NIR tiene la ventaja de que presenta una mayor capacidad de penetración en tejidos que la luz visible, al tiempo que resulta menos dañina para las células en comparación con otras radiaciones de más energía. Esto hace posible alcanzar tumores situados a cierta profundidad o en cavidades accesibles mediante endoscopia, sin necesidad de recurrir a dosis muy altas de luz.
Todo este planteamiento se enmarca dentro de la tendencia actual hacia terapias oncológicas de alta precisión, en las que no solo importa qué fármaco se utiliza, sino cómo, dónde y cuándo se libera. La combinación de nanomedicina, fotónica y química bioortogonal abre un abanico de posibilidades que va mucho más allá del caso concreto de la Doxorrubicina y el melanoma.
Posibles aplicaciones en otros tumores y terapias personalizadas
Según apunta el investigador de la UPV Ramón Martínez Máñez, uno de los coordinadores del trabajo, el melanoma es un candidato especialmente adecuado para esta tecnología por su localización frecuente en zonas superficiales de la piel. Sin embargo, el sistema no se limita a este tipo tumoral y podría adaptarse a otros cánceres accesibles a la luz NIR, como determinados tumores del tracto digestivo o del aparato urogenital.
En estos casos, la luz podría administrarse mediante endoscopios, sondas u otras herramientas mínimamente invasivas, iluminando desde el interior las lesiones y permitiendo la activación localizada del profármaco. Esto ofrecería una alternativa o un complemento a la cirugía, la radioterapia o los tratamientos sistémicos, con una precisión difícil de lograr con enfoques más tradicionales.
Otra línea de desarrollo que contemplan los autores es la adaptación del sistema a otros tipos de fármacos más allá de los antitumorales. Por ejemplo, se sugiere la posibilidad de diseñar profármacos antibióticos que se activen solo en el foco de una infección localizada, reduciendo la alteración de la microbiota y el riesgo de generar resistencias. Del mismo modo, podrían idearse formulaciones personalizadas para patologías concretas en las que la activación con luz suponga una ventaja clínica clara.
La arquitectura modular de las nanoestrellas y de los grupos fotoescindibles facilita esta versatilidad: cambiando el tipo de fármaco, el grupo protector o la forma de anclaje a la nanopartícula, el sistema se puede rediseñar para diferentes indicaciones. Esto encaja con el concepto de terapias a medida, en las que el tratamiento se ajusta tanto al tipo de tumor como a las características moleculares particulares de cada paciente.
En cualquier caso, para que este tipo de soluciones llegue a la práctica clínica habrá que superar retos como la escalabilidad de la síntesis, la estandarización de la irradiación con luz NIR en entornos hospitalarios y la evaluación exhaustiva de la seguridad a largo plazo de las nanopartículas de oro en el organismo. Son cuestiones complejas, pero la robustez de los resultados preclínicos sugiere que merece la pena profundizar en esa dirección.
Colaboraciones, contexto social y divulgación
La historia de las nanoestrellas de oro que activan fármacos con luz infrarroja cercana se enmarca en un ecosistema científico y social más amplio, donde la colaboración entre instituciones y la comunicación con la ciudadanía tienen un peso creciente. En este proyecto convergen centros universitarios, institutos sanitarios, plataformas de investigación en biomateriales y grupos internacionales especializados en nanoplasmones.
El CIBER de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN), al que pertenecen varios de los grupos implicados, actúa como red de referencia en España para la investigación traslacional en nanomedicina. Su objetivo es precisamente impulsar soluciones que puedan dar el salto del laboratorio al paciente, algo especialmente relevante en un ámbito tan sensible como el tratamiento del cáncer.
Al mismo tiempo, la comunicación de este tipo de avances científicos convive con otras noticias de carácter social y cultural, que ayudan a contextualizar el impacto de la ciencia en la vida cotidiana. Por ejemplo, mientras se difunden resultados punteros en oncología, también se dan a conocer iniciativas solidarias destinadas a aliviar el sufrimiento de las personas afectadas por catástrofes naturales, como la DANA que ha golpeado recientemente a diferentes municipios de la Comunitat Valenciana.
En este escenario, acciones como la donación de 900 entradas del espectáculo “Los Payasos de la Tele” por parte de Los Hermanos Aragón al Centro Comercial MN4 adquieren un valor simbólico importante. Aunque a priori puedan parecer alejadas del mundo de la nanomedicina, comparten con la investigación oncológica un objetivo de fondo: mejorar la calidad de vida de las personas en momentos muy complicados, ya sea a través de nuevas terapias o de un rato de evasión y risa para niños y familias que lo están pasando mal.
Esta iniciativa, destinada a niñas, niños y familias golpeadas por la DANA en la Comunitat Valenciana, pretende ofrecer un respiro emocional en medio de una situación de vulnerabilidad y daños materiales considerables. El Centro Comercial y de Ocio MN4 se ha encargado de coordinar y distribuir las entradas de forma ordenada entre las familias damnificadas, mientras que los responsables artísticos del espectáculo han subrayado la importancia de la risa como refugio en tiempos difíciles.
En palabras del director artístico Ricardo Rossi, la intención es que los más pequeños puedan recuperar la ilusión, aunque sea por unas horas, y que sientan el apoyo de la comunidad. Desde la dirección de MN4 se remarca que este tipo de propuestas culturales no solo aportan entretenimiento, sino también compañía y esperanza, algo que también se persigue, con otros medios, desde la innovación biomédica.
Los Hermanos Aragón han agradecido la colaboración de representantes institucionales como el concejal de Alfafar, Arcadio Real, y el alcalde, Juan Ramón Adsuara, subrayando la importancia de que administraciones, empresas y agentes culturales remen en la misma dirección. Para las familias, un simple día de ocio puede convertirse en un punto de inflexión anímico, de la misma manera que, para un paciente oncológico, una terapia más eficaz y menos tóxica puede cambiar por completo la forma de vivir su enfermedad.
Todo ello se difunde a través de medios digitales, redes sociales y canales de mensajería, donde plataformas informativas recuerdan a sus usuarios que sigan la actualidad desde sus páginas web oficiales o sus perfiles en Facebook, Twitter, Instagram o WhatsApp. Esta misma infraestructura de comunicación es la que se utiliza para dar visibilidad a logros científicos como las nanoestrellas de oro, e incluso para informar de cuestiones más técnicas como cambios en las políticas de uso o en los navegadores compatibles de determinadas redes.
La coexistencia de noticias sobre avances en nanomedicina, iniciativas solidarias y avisos tecnológicos pone de manifiesto un tejido informativo en el que salud, ciencia, cultura y tecnología se entrelazan de forma constante. Comprender cómo se relacionan estos ámbitos ayuda a valorar mejor la relevancia social de proyectos como el desarrollado en la UPV y en las instituciones asociadas.
El desarrollo de nanoestrellas de oro que activan profármacos con luz infrarroja cercana y la forma en que se comunica y contextualiza este avance dibujan un panorama en el que la ciencia no trabaja aislada, sino en diálogo permanente con la medicina clínica, las necesidades sociales y las distintas formas de apoyo emocional y cultural. Desde el laboratorio hasta el escenario de un espectáculo infantil, todas estas iniciativas convergen en un objetivo común: hacer más llevaderos los momentos de enfermedad o de crisis, sumando precisión terapéutica, acompañamiento y esperanza en un mismo horizonte de mejora para las personas.
