- Investigadores de Cádiz y Alentejo formulan un bioherbicida de cardo mediante nanotecnología.
- La nanoemulsión triplica la eficacia del extracto original contra malas hierbas agrícolas.
- La formulación usa ingredientes biodegradables y seguros, con menor impacto ambiental.
- El siguiente paso será probar el sistema en campo y escalarlo a uso industrial.

Desde hace generaciones, el campo ha sido un auténtico escenario de batalla entre especies vegetales, donde algunas plantas se abren paso gracias a mecanismos químicos propios con los que frenan a sus competidoras. Entre ellas destaca el cardo silvestre, una planta rústica y resistente que produce compuestos capaces de limitar el desarrollo de otras hierbas que invaden su espacio.
Ese comportamiento natural se ha convertido ahora en el punto de partida de una línea de investigación en el sur de Europa: un grupo de científicos de la Universidad de Cádiz y del Centro de Biotecnología Agrícola y Agroalimentaria de Alentejo (CEBAL, Portugal) ha diseñado, mediante nanotecnología, una formulación que mejora notablemente la eficacia de un bioherbicida obtenido a partir del cardo.
Los resultados de laboratorio indican que esta nueva formulación multiplica hasta por tres la actividad herbicida del extracto vegetal original, reduciendo tanto la germinación como el crecimiento de raíces y tallos de diversas malas hierbas habituales en cultivos de hortalizas y cereales. Además, al estar basada en sustancias naturales y materiales biocompatibles, se perfila como una opción con menor impacto ambiental que muchos herbicidas de síntesis.
La propuesta se enmarca en un contexto en el que la agricultura europea busca alternativas más sostenibles, frente a problemas ya conocidos: contaminación de suelos y aguas, aparición de resistencias en malas hierbas y creciente presión regulatoria sobre determinados fitosanitarios. En este escenario, aprovechar la química defensiva del cardo silvestre se presenta como una vía prometedora.
Del cardo silvestre al laboratorio: aprovechar sus compuestos defensivos
El cardo silvestre (Cynara cardunculus), emparentado con la alcachofa, genera de forma natural lactonas sesquiterpénicas, unas moléculas que la planta utiliza para impedir que otras especies vegetales prosperen a su alrededor. El grupo de investigación ya había comprobado en trabajos anteriores que un extracto obtenido de sus hojas mostraba una potente actividad herbicida frente a distintas malas hierbas.
El problema era que ese extracto, pese a su eficacia en condiciones controladas, presentaba una baja solubilidad en agua, lo que complicaba mucho su uso real en explotaciones agrícolas, donde la aplicación de tratamientos depende casi siempre del agua como vehículo.
Tal y como explica la investigadora Rosa María Varela, de la Universidad de Cádiz, el uso de plantas para controlar malas hierbas se conoce desde la Antigüedad, pero el reto actual pasa por aislar los principios activos responsables y formularlos de forma que resulten manejables, estables y efectivos en el campo.
En el estudio, publicado en la revista científica Pest Management Science, el equipo se centra en ese extracto de hojas rico en lactonas sesquiterpénicas y plantea un cambio de enfoque: en lugar de aplicar directamente el extracto tal cual, optan por diseñar una nanoemulsión que mejore su comportamiento en medios acuosos y frente a las malas hierbas diana.
De extracto a nanoemulsión: la clave está en el tamaño de gota
La solución propuesta por el equipo consiste en transformar el extracto de cardo en una nanoemulsión, es decir, una mezcla de diminutas gotas de aceite dispersas en agua, con un tamaño inferior a los 250 nanómetros. A esta escala, cientos de veces menor que el grosor de un cabello humano, el compuesto bioactivo se distribuye mejor, se mantiene estable y puede interactuar de forma más eficaz con los tejidos de las malas hierbas.
Para alcanzar ese tamaño tan reducido, los investigadores recurrieron a la aplicación de ultrasonidos, que fragmentan las gotas de aceite hasta la escala nanométrica. Según detalla Varela, cuanto más pequeñas son estas gotículas, con mayor facilidad pueden ser absorbidas por las plantas objetivo y, por tanto, mayor es el efecto herbicida que se obtiene.
La nanoemulsión se compone de ingredientes de uso común y considerados seguros en otros ámbitos. El aceite de semilla de uva actúa como fase oleosa y soporte del extracto de cardo, contribuyendo además a su conservación. La pectina, una fibra vegetal ampliamente empleada en alimentación, proporciona consistencia y ayuda a estabilizar la mezcla.
El tercer elemento clave es el polisorbato, un tensioactivo utilizado en alimentos y cosméticos, que hace de puente entre el agua y el aceite para que ambas fases permanezcan unidas sin separarse con el tiempo. El resultado es una formulación fluida y homogénea que puede manejarse con los equipos de pulverización habituales en explotaciones agrícolas.
Desde el punto de vista práctico, este formato abre la puerta a que los agricultores dispongan de un bioherbicida fácilmente dosificable y compatible con los sistemas de riego y aplicación existentes, algo esencial si se pretende dar el salto desde el laboratorio a la finca.
Tres veces más eficacia frente a malas hierbas frecuentes
Para evaluar el comportamiento de la nanoemulsión, el equipo realizó ensayos in vitro frente a varias especies de malas hierbas habituales en cultivos europeos, tanto hortícolas como de cereal. Entre ellas se incluyeron Portulaca oleracea (verdolaga), Plantago lanceolata (llantén menor) y Phalaris arundinacea (alpiste de caña), todas ellas conocidas por su capacidad para competir con los cultivos por agua, luz y nutrientes.
Los resultados mostraron que la nanoemulsión basada en extracto de cardo logró inhibir la germinación de las semillas y frenar el crecimiento de raíces y tallos en estas especies. El efecto observado fue significativamente mayor que el obtenido con el extracto vegetal original sin formular.
Según los datos del estudio, la formulación nanoestructurada llegó a ser hasta tres veces más eficaz que el extracto de partida. En el caso concreto de la verdolaga, una mala hierba frecuente en regadíos de tomate, pimiento o cebolla, la nanoemulsión llegó incluso a superar la eficacia de un herbicida comercial utilizado como referencia en los ensayos.
Otro aspecto relevante es que la formulación mantuvo su actividad durante al menos 90 días en condiciones habituales de almacenamiento, en un rango de temperaturas de entre 4 y 25 grados. Esta estabilidad temporal es un requisito clave si se quiere plantear la producción, distribución y uso del producto en circuitos comerciales.
En conjunto, estos ensayos apuntan a que el sistema de nanoemulsión podría convertirse en una herramienta útil para el control de malas hierbas en cultivos hortícolas y de cereal, aunque los autores insisten en que todavía es necesario comprobar su comportamiento fuera del laboratorio.
Impacto ambiental y futuro en la agricultura europea
El desarrollo de este bioherbicida se enmarca en una tendencia creciente en Europa: buscar alternativas más respetuosas con el medio ambiente a los fitosanitarios tradicionales. El uso prolongado de herbicidas de síntesis ha contribuido a la contaminación de suelos y masas de agua, además de favorecer la aparición de malas hierbas resistentes, un problema que complica el manejo de los cultivos.
Frente a ese escenario, este trabajo apuesta por compuestos de origen natural y fácilmente biodegradables, con mecanismos de acción diferentes a los de muchos productos convencionales. Al aprovechar una respuesta defensiva propia del cardo, la formulación se basa en un principio activo que la planta lleva utilizando siglos para defenderse de sus competidoras.
Los integrantes del grupo FQM286, dedicado al estudio de la alelopatía en plantas superiores y microorganismos, recuerdan que la investigación se encuentra aún en fase inicial y se ha validado en condiciones controladas de laboratorio. Sin embargo, la propia naturaleza de la formulación ha sido pensada con la mirada puesta en un posible escalado industrial.
El siguiente paso previsto por el equipo es realizar ensayos en campo sobre cultivos reales, para analizar cómo se comporta la nanoemulsión frente a las malas hierbas en situaciones de riego, clima, tipo de suelo y manejo propias de explotaciones comerciales en España y otros países europeos.
El proyecto cuenta con financiación de la convocatoria de Proyectos de Excelencia de la Junta de Andalucía y de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología de Portugal, lo que refuerza la colaboración transfronteriza entre instituciones de ambos países en el ámbito de la biotecnología agrícola y el desarrollo de insumos más sostenibles.
En conjunto, este trabajo convierte las armas químicas naturales del cardo en una herramienta tecnológica con potencial para integrarse en sistemas agrícolas más respetuosos con el entorno, ofreciendo una alternativa basada en nanotecnología para controlar malas hierbas que, si supera con éxito las pruebas en campo, podría contribuir a reducir la dependencia de herbicidas sintéticos en la agricultura europea.