- Los sitios de inicio de la transcripción son focos naturales de mutaciones heredables, con un 35 % más de cambios de lo esperado.
- Las mutaciones en mosaico y alteraciones puntuales como las de RRAS2 impulsan tumores y enfermedades congénitas con vulnerabilidades terapéuticas específicas.
- La “niebla de mutaciones” impulsada por APOBEC genera hipermutación distribuida y acelera la evolución de múltiples cánceres humanos.
El genoma humano está lejos de ser un texto estático y perfecto: es un libro que se reescribe constantemente, con cambios, errores y remiendos que a veces pasan desapercibidos y otras tienen consecuencias enormes para la salud. En los últimos años, varios estudios han puesto el foco en nuevos orígenes de estas alteraciones, revelando que hay zonas del ADN mucho más frágiles de lo que se pensaba y procesos celulares que, al intentar protegernos, pueden terminar jugando en nuestra contra.
En este artículo repasamos de forma detallada tres grandes líneas de investigación que han cambiado la visión clásica de las mutaciones: el descubrimiento de una nueva fuente de variantes hereditarias en los puntos de inicio de los genes, el papel de mutaciones muy concretas como las del gen RRAS2 en la aparición de tumores y un tipo de hipermutación distribuida, conocida como “niebla de mutaciones”, asociada a la actividad de las enzimas APOBEC. Todo ello ayuda a entender mejor por qué se producen las mutaciones, cómo se acumulan en nuestro genoma y qué implicaciones tiene para el cáncer, las enfermedades hereditarias y la medicina personalizada.
Nuevas zonas vulnerables del genoma: los inicios de los genes
Un trabajo reciente ha mostrado que los llamados sitios de inicio de la transcripción —los puntos donde la maquinaria celular comienza a copiar el ADN en ARN para poner en marcha un gen— son mucho más propensos a acumular mutaciones de lo que se suponía. Estas regiones marcan la “línea de salida” desde la que las células leen las instrucciones necesarias para fabricar proteínas y regular funciones esenciales.
El estudio, publicado en la revista Nature Communications y liderado por el grupo de Donate Weghorn en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona, analizó con lupa las primeras bases que siguen a estos puntos de arranque. Los investigadores observaron que las primeras 100 bases inmediatamente posteriores al inicio de un gen presentan alrededor de un 35 % más de mutaciones de lo que cabría esperar simplemente por azar, una diferencia muy difícil de atribuir a la casualidad.
Estas secuencias no son un adorno: se encuentran entre las áreas funcionalmente más relevantes del genoma humano, en un nivel de importancia comparable al de las regiones que codifican proteínas. Cualquier cambio en esta franja puede alterar la forma en que se activa un gen, la cantidad de ARN que se produce o incluso el momento en que se expresa, con posibles consecuencias en procesos tan delicados como el desarrollo embrionario o el funcionamiento del cerebro.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación se apoyó en un conjunto de datos masivo: examinaron los sitios de inicio de la transcripción en alrededor de 150.000 genomas procedentes del UK Biobank y otros 75.000 del consorcio Genome Aggregation Database (gnomAD). Esta enorme base de datos de variantes genéticas se cruzó con información sobre mutaciones en mosaico recogida en once estudios familiares independientes, lo que permitió seguir el rastro de las mutaciones desde las primeras divisiones celulares hasta su presencia en distintos tejidos.
Al profundizar en los datos, los investigadores comprobaron que muchos puntos de inicio de los genes acumulaban un número de variantes muy superior a lo previsto por los modelos mutacionales estándar. Al filtrar y clasificar estas mutaciones, se vio que las regiones más afectadas correspondían al arranque de grupos de genes ligados al cáncer, a funciones cerebrales fundamentales y a defectos en el desarrollo de las extremidades, lo que encaja con la idea de que se trata de zonas cruciales para el correcto funcionamiento del organismo.
Mutaciones en mosaico: cicatrices tempranas tras la concepción
Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo del CRG es que muchas de estas variantes en exceso surgen en un momento muy preciso: justo después de la concepción, durante las primeras rondas de división celular del embrión. En esa fase inicial, las células se multiplican a gran velocidad y cualquier error que aparezca puede transmitirse a un subconjunto de las células hijas, pero no necesariamente a todas.
Este fenómeno da lugar a las llamadas mutaciones en mosaico, cambios en la secuencia del ADN que quedan repartidos de manera desigual por el organismo. Algunas células los portan y otras no, lo cual complica mucho su detección en los análisis habituales, que suelen basarse en muestras de sangre o en tejidos concretos y que pueden pasar por alto mutaciones presentes solo en una fracción de las células.
Esta distribución en mosaico tiene implicaciones clínicas importantes. Una persona puede ser portadora de una mutación en mosaico que contribuya a una enfermedad sin mostrar síntomas, porque el cambio genético solo afecta a determinados tejidos o tipos celulares. Sin embargo, si esa mutación está presente en las células precursoras de los óvulos o los espermatozoides, puede transmitirse a la descendencia, de forma que el hijo o la hija hereden la variante en todas sus células.
Cuando esto ocurre, la mutación deja de ser un mosaicismo restringido y pasa a formar parte de la línea germinal heredada, lo que aumenta la probabilidad de que se manifieste en forma de enfermedad genética, trastorno del desarrollo o predisposición a distintos tipos de cáncer. Este patrón de transmisión, además, explica por qué algunas mutaciones parecen “aparecer de la nada” en un niño pese a no detectarse claramente en los progenitores con las pruebas estándar.
El trabajo también analizó cómo actúa la selección natural sobre estas variantes. Al fijarse en mutaciones extremadamente raras —que suelen corresponder a cambios muy recientes— los investigadores encontraron un marcado exceso en las regiones cercanas a los puntos de inicio de los genes. Sin embargo, este exceso disminuía cuando se estudiaban variantes más antiguas y frecuentes, lo que indica que la selección natural elimina progresivamente muchas de estas mutaciones perjudiciales a lo largo de generaciones.
Recalibrar los modelos mutacionales y evitar puntos ciegos
Los modelos mutacionales son herramientas estadísticas que ayudan a los genetistas a estimar cuántas mutaciones deberían encontrarse en una región concreta del genoma si no existiera ningún factor especial que aumentara o redujera el riesgo. Sobre esta base se decide qué variantes merecen ser estudiadas en profundidad y cuáles pueden considerarse parte del “ruido de fondo” genético. El problema es que estos modelos asumían que los puntos de inicio de los genes no tenían un comportamiento mutacional particularmente distinto del resto.
Saber ahora que los sitios de inicio de la transcripción son focos naturales de mutaciones implica que el umbral de referencia utilizado hasta ahora era demasiado bajo para estas zonas concretas. Si un modelo desconoce que una región es intrínsecamente rica en mutaciones, puede esperar encontrar, por ejemplo, diez variantes y observar cincuenta. Podría interpretarse que hay un aumento patológico de mutaciones cuando, en realidad, el nivel de referencia correcto podría ser todavía mayor y lo observado correspondería a un patrón compatible con la acción de la selección natural.
Esto tiene consecuencias directas para la práctica clínica. Si se subestima el número esperable de mutaciones en estas regiones, existe el riesgo de no dar la importancia debida a determinados genes en los que se acumulan cambios dañinos, porque se interpreta erróneamente que el número de variantes observadas no destaca tanto respecto al fondo. De la misma forma, otros genes podrían parecer sospechosos sin serlo realmente, lo que complica la correcta interpretación de test genéticos y paneles de riesgo.
Además, muchos análisis de genética humana y de enfermedades raras se centran en comparar el ADN de los hijos con el de sus progenitores para localizar mutaciones de novo, es decir, aquellas presentes en el niño pero totalmente ausentes en los padres. Este enfoque funciona bien para detectar alteraciones que están en todas las células del individuo afectado, pero falla cuando se trata de mutaciones en mosaico, que solo aparecen en una fracción de los tejidos o con una frecuencia baja en la muestra analizada.
Los autores del trabajo señalan que este sesgo ha dejado fuera del radar a muchas mutaciones relevantes, en especial las situadas cerca de los puntos de inicio de los genes más afectados por este foco mutacional. Proponen dos vías para minimizar este punto ciego: por un lado, examinar el patrón de coocurrencia de mutaciones —es decir, cómo se agrupan ciertos cambios en distintas células o tejidos— para detectar señales de mosaicismo; por otro, revisar variantes previamente descartadas que se encuentren próximas a los sitios de inicio de transcripción de genes implicados en cáncer, función cerebral u otras funciones críticas.
El caos del inicio de la transcripción como nueva fuente de mutaciones
Más allá de la mera observación estadística, el estudio del CRG ha propuesto una explicación biológica para este foco de mutaciones en los puntos de inicio de los genes. El proceso de transcribir ADN en ARN, lejos de ser una cinta transportadora suave y uniforme, es altamente dinámico y algo caótico, sobre todo en las primeras fases de la transcripción.
La maquinaria molecular responsable de este proceso tiende a detenerse y volver a arrancar repetidamente cerca de la “línea de salida”, e incluso puede activarse en ambas direcciones sobre el ADN. Esto genera una especie de tráfico intenso de proteínas y complejos en torno al punto de inicio, con regiones que se abren y se cierran, se desenrollan y se enrollan de nuevo, exponiendo temporalmente una de las hebras del ADN a posibles fuentes de daño químico o físico.
Durante las rápidas divisiones celulares que siguen a la concepción, esta situación se vuelve especialmente delicada. El ciclo celular avanza deprisa, la maquinaria de replicación y reparación trabaja a toda velocidad y, bajo esa presión, no todas las lesiones se corrigen de forma eficiente. Algunas de ellas se “congelan” como mutaciones permanentes, quedando registradas como pequeñas cicatrices en el genoma que pueden heredarse si afectan a la línea germinal.
Este descubrimiento añade una pieza clave al puzle de cómo surgen las mutaciones en el ser humano. Hasta ahora, los culpables clásicos eran los errores durante la replicación del ADN o los daños provocados por agentes externos como la radiación ultravioleta, ciertas sustancias químicas o el tabaco. Identificar el inicio de la transcripción como una nueva fuente de variantes heredables, especialmente relevantes en las primeras etapas del desarrollo humano, supone un cambio de perspectiva poco frecuente en un campo tan estudiado.
Según los autores, encontrar un mecanismo adicional que alimente el flujo de mutaciones en la línea germinal humana no es algo que ocurra todos los días. El hecho de que se haya detectado precisamente en una región tan sensible como los sitios de inicio de la transcripción subraya la importancia de seguir explorando las “zonas calientes” del genoma con herramientas estadísticas y tecnológicas cada vez más finas.
RRAS2: una mutación puntual que dispara la formación de tumores
Mientras se descubren nuevas fuentes generales de mutaciones en el genoma, otros grupos de investigación se centran en mutaciones muy concretas con un impacto desproporcionado en el desarrollo del cáncer. Es el caso del gen RRAS2, estrechamente emparentado con la familia de genes RAS, bien conocida por su papel protagonista en multitud de tumores humanos desde los años 80.
Un equipo liderado por Xosé Bustelo, del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca y del CIBER de cáncer (CIBERONC), ha estudiado en profundidad una mutación específica de RRAS2 identificada en tumores humanos. Se trata de una alteración mínima que cambia una única letra de las aproximadamente 82.000 que componen este gen, pero ese pequeño ajuste tiene efectos radicales en el comportamiento de la proteína que codifica.
En condiciones normales, la proteína RRAS2 actúa como un interruptor que se enciende y apaga en función de determinadas señales externas. En su versión mutante, sin embargo, el interruptor se queda bloqueado en la posición de “encendido” constante. La molécula permanece de forma crónica en estado activo, enviando instrucciones de proliferación celular sin control, lo que favorece que las células se dividan de manera continuada y acaben originando tumores en distintos tejidos.
Esta mutación aparece de manera recurrente en cánceres humanos, aunque en general a baja frecuencia, lo que complica mucho probar su relevancia solo con datos de pacientes. Para salvar ese obstáculo, el equipo de Bustelo decidió generar un modelo de ratón modificado genéticamente en el que la mutación de RRAS2 pudiera activarse de forma controlada en etapas posteriores al nacimiento, intentando reproducir lo que ocurriría al inicio de un tumor en un órgano adulto.
Al inducir la mutación en RRAS2 en estos animales, los investigadores observaron la aparición rápida de tumores en un amplio espectro de tipos celulares y órganos, incluyendo linfocitos, ovario, testículo o piel. La velocidad con la que se desarrollaban estos cánceres sugiere que la mutación en cuestión es un impulsor tumoral muy potente y que, al menos en este modelo, no necesita de muchas otras alteraciones genéticas adicionales para desencadenar la transformación maligna.
Vulnerabilidades terapéuticas y relación con el síndrome de Noonan
El análisis detallado de las células tumorales derivadas de estos ratones permitió desentrañar qué cambios funcionales concretos producía la mutación en RRAS2 en cada tipo celular. Este trabajo exhaustivo reveló, además, varios puntos débiles o “talones de Aquiles” de los tumores generados por esta alteración, abriendo la puerta a estrategias terapéuticas específicas.
Entre esas vulnerabilidades destacó especialmente la dependencia de una molécula llamada mTORC1, un complejo proteico clave en la regulación del crecimiento y el metabolismo celular. La gran mayoría de los tumores inducidos por la mutación de RRAS2 parecían apoyarse fuertemente en esta vía, de manera que los fármacos inhibidores de mTORC1 —ya existentes en el mercado para determinadas indicaciones— resultaron muy eficaces para eliminar o reducir de forma notable estos tumores en el modelo animal.
Los resultados tienen interés tanto para pacientes oncológicos como para quienes padecen la enfermedad congénita conocida como síndrome de Noonan. En esta patología rara se han descrito mutaciones en RRAS2 (y en otros genes relacionados con la vía RAS), que surgen en las primeras fases del desarrollo embrionario y provocan alteraciones en la formación de la cabeza y de los sistemas circulatorio, muscular y nervioso, con un fuerte impacto en la calidad de vida y en la supervivencia a largo plazo.
El trabajo sugiere que las personas afectadas por síndrome de Noonan con mutaciones en RRAS2 podrían tener una mayor tendencia a desarrollar ciertos tipos de cáncer a medida que envejecen, precisamente por la capacidad de esta mutación de impulsar tumores en distintos tejidos. También apunta qué familias de medicamentos podrían ser útiles para tratar tanto las neoplasias asociadas como algunos de los problemas médicos derivados de la alteración de la vía de señalización implicada.
Aunque todavía se necesita confirmar en ensayos clínicos si los hallazgos en ratones se traducen al ámbito humano, el modelo animal desarrollado ofrece una ventana única para examinar cómo evoluciona el síndrome de Noonan desde la etapa embrionaria y qué oportunidades hay para intervenir en momentos clave del desarrollo. Además, refuerza la idea de que, incluso cuando una mutación es poco frecuente en los tumores, su impacto puede ser enorme y su identificación crítica para avanzar en la medicina personalizada.
Hipermutación en forma de “niebla”: el papel de APOBEC
Más allá de las mutaciones puntuales y de los focos localizados, otro fenómeno que está ganando protagonismo es la hipermutación: episodios en los que se acumulan muchísimos cambios en el ADN en un intervalo de tiempo relativamente corto. El tipo clásico de hipermutación local, conocido como “lluvia de mutaciones” o “tormenta eléctrica”, se caracteriza por una gran concentración de mutaciones en una región concreta, a menudo en un solo gen, y se considera un suceso poco habitual.
Investigadores del Laboratorio de Ciencia de Datos del Genoma del IRB Barcelona, liderados por Fran Supek, han descrito un nuevo patrón de hipermutación al que han bautizado como “niebla de mutaciones”. A diferencia de la lluvia, que se concentra en un área pequeña, esta niebla genera cientos de mutaciones por célula que se dispersan por amplias zonas del genoma, aunque con una preferencia clara por las regiones funcionalmente más importantes donde se encuentran los genes activos, la llamada eucromatina.
Precisamente por estar más distribuido, este tipo de hipermutación había pasado inadvertido hasta ahora. Al no dar lugar a un clúster compacto de mutaciones, no saltaba a la vista en los análisis genómicos clásicos. El equipo del IRB Barcelona ha demostrado que esta niebla está estrechamente ligada a un proceso normal de reparación del ADN que, bajo ciertas circunstancias, es “secuestrado” por una familia de enzimas conocidas como APOBEC.
Las proteínas APOBEC son utilizadas habitualmente por las células humanas como parte de la defensa frente a virus, incluyendo patógenos tan relevantes como el de la hepatitis o el VIH. Su función consiste en introducir cambios en el material genético de los virus para impedir que se repliquen correctamente. El problema aparece cuando esta misma maquinaria se activa de forma descontrolada o en contextos inadecuados dentro del genoma humano.
Los datos del laboratorio de Supek indican que, cuando las enzimas APOBEC y el proceso de reparación del ADN se encuentran activos al mismo tiempo, APOBEC puede aprovechar esa reparación para introducir una avalancha de mutaciones en la propia célula. Esta situación daría lugar a la niebla de mutaciones, con un potencial mutagénico que, según los autores, podría igualar o incluso superar al de carcinógenos muy potentes como el tabaco o la radiación ultravioleta.
La niebla de mutaciones en cáncer de pulmón, mama y otros tumores
Para evaluar la relevancia real de este fenómeno, el equipo del IRB Barcelona analizó más de 6.000 genomas de cáncer humano, incluyendo tumores de pulmón, de mama, melanomas y otros tipos. El objetivo era cuantificar cuántas de las mutaciones asociadas a APOBEC podían explicarse por este nuevo mecanismo de hipermutación distribuida.
Los resultados mostraron que la niebla de mutaciones es bastante más común de lo que se pensaba. En algunos cánceres de pulmón y de mama, más de la mitad de todas las mutaciones atribuibles a APOBEC parecen generarse directamente por este proceso de hipermutación difusa, y no por la acción aislada y esporádica de las enzimas sobre puntos concretos del genoma.
Hasta la fecha, se sabía que ciertos tumores, como algunos cánceres de cuello uterino o de cabeza y cuello, están fuertemente relacionados con infecciones virales y muestran firmas mutacionales vinculadas a la actividad de APOBEC. Sin embargo, el estudio del IRB Barcelona detectó huellas de APOBEC también en tumores sin relación viral clara, lo que plantea nuevas preguntas sobre qué factores activan este sistema y en qué contextos celulares lo hacen más propenso a descontrolarse.
Los trabajos recientes de otros grupos apuntan a que la niebla de mutaciones podría ser especialmente activa en tumores metastásicos avanzados, donde la capacidad del cáncer para seguir acumulando cambios genéticos resulta clave para resistir a la quimioterapia, a la radioterapia y a terapias dirigidas. Si la actividad de APOBEC facilita esta evolución acelerada, se convierte en una diana terapéutica muy atractiva: inhibirla podría “cortar las alas” a la capacidad del tumor para adaptarse y hacerse más agresivo.
Para identificar de forma eficiente estos patrones de hipermutación, Supek y su equipo desarrollaron un método estadístico específico, llamado HyperClust, capaz de rastrear grandes volúmenes de datos genómicos humanos en busca de procesos mutacionales inusuales que generen mutaciones simultáneas. Esta herramienta se ha publicado como software de código abierto, de modo que cualquier grupo pueda aplicarla a sus propios conjuntos de datos y descubrir nuevos mecanismos de daño genético u otros ejemplos de niebla de mutaciones en tipos de cáncer menos estudiados.
El desarrollo de HyperClust y la caracterización de la niebla de mutaciones han sido posibles gracias a financiación europea (como la beca ERC “HYPER-INSIGHT”), ayudas de programas como ICREA, EMBO y la acreditación Severo Ochoa al IRB Barcelona, así como becas específicas para jóvenes investigadores, lo que refleja el fuerte impulso que está recibiendo la investigación en ciencia de datos aplicada al genoma.
La convergencia de estos estudios —los focos mutacionales en los inicios de los genes, las mutaciones potentes como la de RRAS2 y la niebla de mutaciones asociada a APOBEC— dibuja un escenario en el que el genoma humano se ve sometido a presiones y fuentes de daño muy diversas, muchas de ellas ligadas a procesos fisiológicos normales como la transcripción, la reparación del ADN o la respuesta inmunitaria. Comprender dónde, cuándo y cómo se originan estas alteraciones no solo aclara el origen de numerosas enfermedades, sino que abre vías para diseñar modelos mutacionales más precisos, mejorar el diagnóstico genético, identificar tratamientos dirigados y, en definitiva, anticiparse a los puntos en los que nuestro ADN es más vulnerable.

