Nuevo antimicrobiano navarro contra infecciones por Staphylococcus aureus

Última actualización: mayo 15, 2026
  • Navarrabiomed-UPNA desarrolla un antimicrobiano de precisión contra Staphylococcus aureus basado en bacteriófagos modificados con CRISPR.
  • El tratamiento se encuentra en fase preclínica y ha mostrado una eficacia similar a la vancomicina en modelos experimentales de mastitis.
  • La terapia actúa como “caballo de Troya”, destruyendo solo S. aureus sin alterar el resto de la microbiota beneficiosa.
  • El avance se enmarca en la respuesta europea a la resistencia antimicrobiana y a la amenaza global que supone esta bacteria.

Antimicrobiano contra infecciones por Staphylococcus aureus

La batalla contra las infecciones por Staphylococcus aureus suma un nuevo aliado desde Pamplona. Un equipo de la Unidad de Patogénesis Microbiana de Navarrabiomed – UPNA ha desarrollado un antimicrobiano experimental que apunta a convertirse en una alternativa de precisión frente a una de las bacterias más problemáticas para la medicina actual.

Este candidato terapéutico se encuentra aún en fase preclínica, pero ya ha demostrado resultados muy prometedores en modelos experimentales de infección. El enfoque se aleja de los antibióticos clásicos y apuesta por virus modificados genéticamente que actúan como “caballos de Troya”, capaces de localizar y destruir de forma muy selectiva las células de Staphylococcus aureus sin dañar otros microorganismos beneficiosos del organismo.

Un desarrollo navarro con vocación internacional

El proyecto se ha gestado en Navarrabiomed – centro de investigación biomédica ubicado en Pamplona – en estrecha colaboración con la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Al frente del trabajo se encuentra el doctor Íñigo Lasa, investigador principal de la Unidad de Patogénesis Microbiana y catedrático de la UPNA, figura de referencia en el estudio de esta bacteria.

La nueva terapia es fruto de un esfuerzo multidisciplinar que combina microbiología molecular, biología sintética y modelos de infección en ratón. En la parte experimental han tenido un papel destacado las investigadoras Nahiara Garmendia-Antoñana y Pedro Dorado-Morales, junto con un equipo en el que también participan especialistas como Maite Echeverz, Begoña García, Cristina Solano y Carmen Gil.

El proyecto ha contado con financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, lo que refuerza el respaldo institucional a este tipo de estrategias de precisión frente a bacterias resistentes. Los resultados se han publicado en la revista npj Biofilms and Microbiomes, una cabecera científica centrada precisamente en la biología de los biofilms y las infecciones crónicas.

Además, el grupo de Pamplona ha sumado la colaboración internacional del investigador José R. Penadés, director del Departamento de Enfermedades Infecciosas del Imperial College London. Esta alianza entre centros de España y Reino Unido subraya el carácter global del problema y la necesidad de respuestas coordinadas desde Europa.

Cómo funciona el nuevo antimicrobiano de precisión

El corazón de esta aproximación son unos virus muy especiales: los bacteriófagos. Se trata de virus que, de manera natural, infectan exclusivamente bacterias y no pueden entrar en las células humanas, lo que los convierte en una plataforma interesante para el desarrollo de tratamientos dirigidos.

En este trabajo, los bacteriófagos han sido modificados mediante biología sintética para que reconozcan y penetren solo en Staphylococcus aureus. Una vez dentro, el virus transporta un sistema de edición genética basado en la tecnología CRISPR, diseñado para cortar regiones clave del ADN bacteriano.

Este sistema actúa como unas auténticas “tijeras moleculares”, programadas para seccionar el material genético de la bacteria y provocar su destrucción. De este modo, el fago se convierte en un vehículo de alta precisión que utiliza la propia maquinaria de Staphylococcus aureus en su contra.

Los investigadores destacan que estos virus modificados son inofensivos para las personas: no pueden replicarse en células humanas ni alterar su genoma. Su capacidad de acción se limita a la diana bacteriana, lo que abre la puerta a una terapia que preserve el resto de la microbiota y reduzca algunos efectos secundarios habituales de los antibióticos de amplio espectro.

Resultados en modelos de mastitis: tan eficaz como la vancomicina

La eficacia del nuevo antimicrobiano se ha evaluado, por ahora, en modelos experimentales de mastitis, una infección de la glándula mamaria que afecta tanto a animales como a mujeres y que tiene implicaciones en salud materno-infantil y en el ámbito veterinario.

En estos ensayos, la terapia basada en bacteriófagos y CRISPR ha logrado un control de la infección comparable al de la vancomicina, uno de los antibióticos más potentes y de referencia para tratar infecciones graves causadas por Staphylococcus aureus. Este dato sitúa el avance en una posición especialmente interesante, aunque aún lejos de la práctica clínica.

El equipo de Navarrabiomed subraya que se trata de una fase inicial y que serán necesarios estudios adicionales para confirmar su seguridad y eficacia en otros modelos y, eventualmente, en personas. Aun así, que un enfoque tan selectivo obtenga resultados similares a un antibiótico de “último recurso” es un indicador relevante del potencial de esta tecnología.

El doctor Íñigo Lasa ha insistido en la importancia de la precisión de esta estrategia. Frente a terapias que arrasan con buena parte de las bacterias del organismo, esta propuesta se centra exclusivamente en Staphylococcus aureus en el foco de la infección, respetando el resto del ecosistema microbiano.

Ventajas frente a los antibióticos clásicos

Una de las principales diferencias con los tratamientos tradicionales es el grado de especificidad. Los antibióticos convencionales, como la vancomicina o la daptomicina, actúan de forma relativamente indiscriminada y pueden eliminar bacterias que desempeñan funciones esenciales para el sistema inmunitario, la digestión o la protección frente a otros patógenos.

Esta terapia experimental, en cambio, está diseñada para atacar solo a Staphylococcus aureus en el lugar donde se localiza la infección. Según explica el equipo, esta forma de actuar no solo reduciría el daño colateral sobre la microbiota, sino que podría también contribuir a frenar la aparición de resistencias en otras especies bacterianas.

Otra ventaja potencial es la capacidad de adaptar, en el futuro, la herramienta CRISPR a diferentes variantes de la bacteria. En teoría, la plataforma permitiría actualizar las “tijeras genéticas” frente a nuevas cepas problemáticas, lo que la convertiría en una herramienta flexible en un contexto donde la resistencia antimicrobiana evoluciona con rapidez.

Aun así, los investigadores llaman a la prudencia: el salto desde los modelos de laboratorio a la clínica exige superar múltiples fases de evaluación, desde estudios toxicológicos hasta ensayos clínicos en humanos. El objetivo a medio plazo sería integrar este tipo de terapias dentro del arsenal disponible frente a infecciones especialmente complicadas.

Staphylococcus aureus: una amenaza prioritaria para la salud pública

Staphylococcus aureus es una bacteria muy extendida. Se calcula que alrededor del 30% de la población adulta la alberga de forma habitual en la piel o en las fosas nasales sin presentar síntomas. En la mayoría de los casos, esa convivencia es silenciosa y no provoca problemas.

El problema aparece cuando la bacteria consigue atravesar la barrera epitelial a través de heridas, intervenciones quirúrgicas, implantes o dispositivos médicos. En ese momento puede actuar como un patógeno muy versátil, capaz de originar desde infecciones cutáneas relativamente leves hasta neumonías graves, septicemias, endocarditis o complicaciones asociadas a prótesis.

Entre los factores de riesgo se incluyen las cirugías hospitalarias, las heridas abiertas, los traumatismos, las enfermedades crónicas y los sistemas inmunitarios debilitados. También se ha relacionado con infecciones durante la lactancia, como la mastitis, y con procesos crónicos en portadores de prótesis articulares o dispositivos cardiovasculares.

En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento del uso de implantes y prótesis en Europa, la capacidad de Staphylococcus aureus para colonizar superficies artificiales y persistir durante años la convierte en un quebradero de cabeza para los sistemas sanitarios. En muchos casos, la única solución viable es retirar el dispositivo infectado y sustituirlo por uno nuevo.

Biofilms y resistencia a los tratamientos

Uno de los rasgos que hacen especialmente difícil de tratar a Staphylococcus aureus es su habilidad para formar biofilms, una especie de película protectora que la bacteria genera sobre superficies como catéteres, prótesis o tejido dañado.

Dentro de estos biofilms, las bacterias quedan embebidas en una matriz que actúa como escudo frente a los antibióticos y al sistema inmunitario. Se estima que esta estructura puede volver a Staphylococcus aureus hasta 1.000 veces más resistente a determinados tratamientos que si estuviera en forma libre.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a Staphylococcus aureus una de las principales amenazas para la salud pública global debido precisamente a su capacidad para escapar de los tratamientos convencionales. Las cepas resistentes, incluidas las resistentes a meticilina (SARM), suponen un desafío clínico creciente en hospitales de todo el mundo.

Los tratamientos habituales se apoyan en antibióticos como la vancomicina o la daptomicina, pero cuando aparecen variantes resistentes las opciones terapéuticas se reducen drásticamente. En este escenario, se hace imprescindible explorar enfoques distintos, como las terapias basadas en bacteriófagos y edición genética que se están probando en Navarrabiomed.

El avance de Pamplona se enmarca, por tanto, en una tendencia más amplia que busca combinar biología sintética, herramientas de edición genómica y conocimiento profundo de la patogénesis para diseñar antimicrobianos “a medida”. Un cambio de enfoque que podría resultar clave para afrontar la era post-antibióticos que muchos expertos llevan años advirtiendo.

Este nuevo antimicrobiano desarrollado en Navarra sintetiza buena parte de las líneas de trabajo actuales frente a Staphylococcus aureus: precisión en la diana, respeto por la microbiota, uso de virus como vectores seguros y empleo de CRISPR como herramienta de ataque. Aunque todavía queda un largo camino hasta verlo aplicado en hospitales, se perfila como un ejemplo claro de cómo la investigación biomédica europea intenta adelantarse a una bacteria que, desde hace tiempo, marca el ritmo en la carrera de la resistencia antimicrobiana.