- Sociedades científicas y de pacientes piden cancelar en Ciudad Real el congreso que relaciona vacunas, autismo y enfermedades raras.
- La comunidad científica recuerda que no existe evidencia que conecte vacunación y trastornos del espectro del autismo.
- El juzgado rechaza suspender el evento, pero ordena vigilancia y posible actuación policial si se detectan delitos.
- Las autoridades sanitarias insisten en que las vacunas son seguras, salvan millones de vidas y son clave frente a brotes como el del sarampión.

La celebración en Ciudad Real de un congreso titulado “Daños por vacunas: autismo, enfermedades raras…” ha encendido todas las alarmas entre sociedades científicas, asociaciones de pacientes y autoridades sanitarias. El evento, previsto para el sábado 28 de febrero, plantea una supuesta relación entre la vacunación y el autismo que la comunidad científica lleva más de dos décadas desmintiendo de forma rotunda.
En los días previos al encuentro, distintas entidades profesionales y de afectados han reclamado sin éxito su suspensión, alertando de que la difusión de mensajes falsos sobre vacunas puede minar la confianza de la población, reducir las coberturas de inmunización y poner en riesgo la salud pública en plena reaparición de enfermedades prevenibles como el sarampión.
La vacunología y la pediatría se plantan ante el congreso
La Asociación Española de Vacunología (AEV) ha sido una de las voces más contundentes contra la cita de Ciudad Real. La organización ha reiterado su «profunda preocupación» y ha pedido por escrito a la Consejería de Sanidad de Castilla-La Mancha y al Servicio de Salud regional que se suspenda el congreso, al entender que promueve teorías sin evidencia y contrarias a la salud pública.
Según la AEV, los materiales promocionales del evento sostienen que muchas enfermedades raras «eran desconocidas» antes de introducir los calendarios de vacunación y sugieren que hay terapias capaces de revertir el autismo, al que vinculan directamente con las vacunas infantiles. La asociación recalca que estas afirmaciones carecen de respaldo científico y pueden confundir a familias y pacientes, especialmente a quienes buscan respuestas sobre trastornos complejos como el autismo.
En paralelo, la Asociación de Pediatras de Atención Primaria de Castilla-La Mancha (ApapCLM), con el apoyo de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), también ha solicitado a las administraciones que impidan la celebración del congreso. Acusan al encuentro de establecer, «sin ningún aval científico», una relación entre vacunación y trastornos del espectro del autismo (TEA).
Estas sociedades pediátricas expresan su malestar porque, pese a las peticiones formales, las autoridades no hayan desautorizado la cita. Los pediatras insisten en que la organización de actos que vinculan erróneamente vacunas y autismo puede llevar a algunas familias a dejar de vacunar correctamente a sus hijos, con los riesgos que ello supone para la salud infantil y en un contexto que califican de «alarmante» por la actual epidemia de sarampión en España.
Autismo: qué dice la evidencia científica sobre sus causas
Los pediatras de Atención Primaria recuerdan que los trastornos del espectro del autismo constituyen un conjunto muy heterogéneo de alteraciones del neurodesarrollo, asociados a cambios en la conectividad cerebral y en la sinapsis. Estas modificaciones pueden deberse a alteraciones genéticas que provocan TEA de forma directa o que aumentan la susceptibilidad a que otros factores, todavía en estudio, condicionen su aparición y manifestaciones clínicas.
Entre los factores ambientales investigados se incluyen la edad avanzada de los progenitores, complicaciones durante el embarazo o el parto (como la prematuridad, la preeclampsia o determinadas infecciones congénitas), el uso de algunos anticonvulsivantes durante la gestación, el intervalo entre embarazos y la exposición a tóxicos ambientales en el embarazo, como ciertos contaminantes u organofosforados. En este marco, las sociedades científicas subrayan de forma tajante que las vacunas no figuran entre las causas del TEA y que esta idea ha sido refutada repetidamente.
La errónea asociación entre vacunas y autismo se remonta a un artículo publicado en 1998 en una revista científica británica, en el que se sugería una posible conexión entre la vacuna del sarampión (en el preparado de triple vírica) y el desarrollo de autismo. Años después se demostró que aquel trabajo se basaba en datos manipulados y conclusiones engañosas, por lo que la propia revista lo retractó y se convirtió en un ejemplo paradigmático de mala praxis científica.
Desde entonces, múltiples estudios epidemiológicos a gran escala, revisiones sistemáticas y metaanálisis, realizados en varios países y con millones de participantes, han descartado de manera consistente cualquier relación causal entre la vacunación infantil y la aparición de TEA. Tanto la AEV como las asociaciones de pediatría recalcan que mantener vivo ese falso vínculo solo alimenta la desconfianza y no ayuda a las familias que buscan información rigurosa sobre el autismo.
Las vacunas, uno de los medicamentos más vigilados y seguros
En sus comunicados, la Asociación Española de Vacunología recuerda que, en los últimos 50 años, las vacunas han salvado alrededor de 154 millones de vidas en todo el mundo. Subraya que se trata de algunos de los fármacos con mayor control y seguimiento de seguridad, tanto antes como después de su autorización.
Una vez aprobadas, las vacunas quedan sometidas a múltiples sistemas de farmacovigilancia que monitorizan de manera continuada los posibles efectos adversos en la población. Estos mecanismos —que operan a nivel nacional, europeo e internacional— permiten detectar rápidamente señales de seguridad, analizar su relevancia y, si es necesario, actualizar recomendaciones o introducir cambios en los programas de vacunación.
Para la AEV, cuestionar la seguridad de las vacunas sin datos sólidos y difundiendo mensajes alarmistas tiene consecuencias que van más allá de un simple debate de opiniones. Una caída en las coberturas de vacunación, advierten, puede provocar la reaparición de enfermedades que se consideraban controladas y desencadenar brotes con impacto grave en las personas más vulnerables, como lactantes, personas inmunodeprimidas o mayores.
El Colegio Oficial de Médicos de Ciudad Real se ha adherido a estas preocupaciones. La organización colegial insiste en que las vacunas incluidas en el calendario oficial español cuentan con un respaldo científico sólido y continuado, fruto de ensayos clínicos rigurosos, evaluaciones periódicas por parte de las autoridades sanitarias y una vigilancia postcomercialización constante. A su juicio, el discurso antivacunas erosiona un pilar básico de la salud pública moderna.
El juzgado no suspende el encuentro, pero ordena vigilancia
Pese a la presión de sociedades médicas y científicas, el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 6 de Ciudad Real ha rechazado la medida cautelar solicitada por el Colegio de Médicos para paralizar el congreso. En un auto reciente, el tribunal considera que no existen indicios suficientes de la comisión inminente de un delito que justifiquen la cancelación preventiva del evento.
El juzgado señala que la «hipótesis delictiva» planteada por la denuncia se sitúa en el terreno de la eventualidad, sin una probabilidad sustentada en elementos objetivos. Sin embargo, deja claro que esta decisión se adopta sin avalar en ningún caso el contenido del congreso ni los mensajes que puedan difundirse en él.
La resolución precisa que, durante la celebración del encuentro, se mantendrá una vigilancia policial y que, si se detectan conductas que pudieran integrar un delito —como la promoción, distribución o venta de productos prohibidos—, se adoptarán las medidas oportunas. Incluso apunta a la posible existencia de un delito contra la salud pública si se llegaran a comercializar sustancias no autorizadas.
En la denuncia presentada por el Colegio de Médicos se menciona que algunos de los impulsores del congreso han estado vinculados en ocasiones anteriores a la promoción del llamado MMS (Miracle Mineral Solution), un producto a base de clorito de sodio sobre el que la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios ha emitido sucesivas alertas sanitarias. Los facultativos manifestaron su temor a que en el evento pudiera intentarse vender o recomendar estas sustancias.
Tras conocer el auto, la corporación colegial lamentó «no haber podido impedir» la celebración del encuentro, pero aseguró que mantendrá su posición firme en defensa de la evidencia científica y de la salud pública. El Colegio anuncia que seguirá atento a cualquier denuncia o información relacionada con lo que ocurra en el congreso y que continuará actuando por vías legales, institucionales y deontológicas cuando considere que se vulneran los principios de la buena práctica médica.
La Junta de Castilla-La Mancha pide no seguir voces sin soporte científico
El consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha, Jesús Fernández Sanz, también se ha posicionado de forma clara ante la convocatoria en Ciudad Real. Preguntado por el evento «Daños por vacunas: autismo y enfermedades raras», ha pedido a la ciudadanía que «no escuche voces que no tengan soporte científico» y ha recalcado que lo que no se sustenta en evidencia «es desinformación».
Aunque ha reconocido que en una sociedad democrática debe respetarse la diversidad de opiniones, el consejero se ha mostrado «claramente en contra» tanto de la celebración de este tipo de actos como de las posturas que niegan la utilidad de las vacunas. A su juicio, los beneficios de la vacunación superan con creces cualquier riesgo y así lo demuestran décadas de experiencia y datos acumulados.
Desde la Junta se insiste en que todo lo relacionado con la vacunación, como parte de la prevención primaria, no es discutible desde el punto de vista científico. Por ello, Sanidad insta a la población a informarse a través de fuentes acreditadas, como profesionales de Atención Primaria, servicios de salud pública y organismos reguladores, y a desconfiar de conferencias o materiales que prometen curas milagrosas o difunden teorías conspirativas.
Preocupación por la repercusión en la vacunación infantil y el sarampión
Las asociaciones pediátricas subrayan que la polémica del congreso de Ciudad Real se produce en un momento especialmente delicado, con un aumento de casos de sarampión en España y otros países europeos. Los pediatras de Atención Primaria alertan de que cualquier descenso en las tasas de inmunización puede reabrir la puerta a brotes de esta y otras enfermedades prevenibles.
Recuerdan que, para evitar que el virus del sarampión circule, se necesitan coberturas de vacunación superiores al 98% con las dos dosis de la vacuna triple vírica en la población diana. Por eso, animan a las familias a asegurarse de que sus hijos tienen la pauta completa y a revisar la situación vacunal de los nacidos a partir de 1978, que también deberían contar con dos dosis si no las hubieran recibido en su momento.
Las entidades recalcan que la vacuna triple vírica está disponible en todos los centros de salud, previa cita, y que el riesgo de efectos adversos graves es muy bajo en comparación con las complicaciones potenciales del propio sarampión, que puede causar neumonías, encefalitis e incluso la muerte, especialmente en los niños más pequeños o en personas con defensas comprometidas.
En este contexto, las sociedades científicas insisten en que actos que vinculan sin pruebas la vacunación con el autismo pueden tener un efecto directo sobre la confianza de los padres y acabar traducidos en retrasos o rechazos de vacunas. A largo plazo, advierten, esto puede suponer un retroceso en logros de salud pública que costó décadas alcanzar.
En conjunto, la controversia en torno al congreso de Ciudad Real ha puesto sobre la mesa el choque entre la libertad de organizar encuentros privados y la responsabilidad colectiva de no difundir informaciones sanitarias sin base científica, especialmente cuando afectan a herramientas tan decisivas como las vacunas; sociedades médicas, asociaciones de pacientes y autoridades sanitarias coinciden en que la mejor defensa frente a la desinformación pasa por mantener y reforzar la confianza en la evidencia científica, en los sistemas de vigilancia y en los profesionales que sostienen día a día los programas de vacunación.


