Premio Fronteras del Conocimiento a los pioneros de la inmunoterapia CAR-T contra el cáncer

Última actualización: febrero 11, 2026
  • Carl June y Michel Sadelain reciben el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento por su papel clave en el desarrollo de la inmunoterapia CAR-T.
  • Las células CAR-T reprograman linfocitos T del propio paciente para reconocer y destruir células cancerosas, logrando remisiones en leucemias y linfomas resistentes.
  • La FDA aprobó la primera terapia CAR-T en 2017 y la Agencia Europea de Medicamentos la autorizó un año después; más de 50.000 pacientes con cánceres de sangre ya se han beneficiado.
  • La investigación se centra ahora en extender esta estrategia a tumores sólidos y a otras enfermedades como patologías autoinmunes e infecciosas.

Premio Fronteras del Conocimiento inmunoterapia CAR-T

La Fundación BBVA ha reconocido con su Premio Fronteras del Conocimiento en Biología y Biomedicina a dos referentes mundiales de la inmunoterapia: el estadounidense Carl June, de la Universidad de Pensilvania, y el francocanadiense Michel Sadelain, vinculado actualmente a la Universidad de Columbia. El jurado destaca que sus trabajos han transformado la forma de abordar distintos tipos de cáncer de la sangre gracias a las llamadas células CAR-T.

Ambos investigadores son considerados los principales impulsores de esta terapia celular, que ha permitido obtener remisiones en pacientes con leucemias y linfomas que no respondían a los tratamientos convencionales. Su aportación ha abierto un campo entero en la oncología moderna y ha situado a la inmunoterapia basada en ingeniería genética en el centro de la investigación biomédica internacional, con un impacto directo en Europa y en el sistema sanitario español.

Cómo funciona la inmunoterapia CAR-T

La estrategia CAR-T se apoya en un procedimiento tan complejo en el laboratorio como sencillo de explicar: se extraen linfocitos T del propio paciente, se modifican genéticamente para que reconozcan una proteína característica de las células tumorales y, una vez entrenados, se vuelven a infundir en el organismo. Estos linfocitos reprogramados actúan como una especie de “tropa de élite” capaz de localizar y eliminar las células malignas.

En la práctica clínica, este proceso implica recoger la sangre del paciente, aislar las células T, introducir en ellas un receptor de antígeno quimérico (CAR) mediante técnicas de ingeniería genética y expandirlas en cultivo hasta obtener una cantidad suficiente para el tratamiento. Posteriormente, se administran por vía intravenosa, de forma similar a una transfusión, y se monitoriza de cerca la respuesta clínica y los posibles efectos adversos.

El jurado del premio subraya que estos tratamientos han permitido la remisión completa de la enfermedad en muchos pacientes con cánceres de la sangre previamente considerados casi intratables. Se calcula que ya se han beneficiado decenas de miles de personas, entre ellas numerosos niños con leucemia resistente a terapias estándar como la quimioterapia o el trasplante de médula ósea.

Ali Shilatifard, presidente del jurado y catedrático en la Universidad Northwestern (Chicago), resume el avance con una imagen muy gráfica: gracias a la ingeniería genética, “los linfocitos T se transforman en soldados entrenados para localizar y matar células cancerosas”. Según explica, miles de pacientes han sido ya tratados con esta técnica, y se espera que esa cifra siga creciendo a medida que se amplíen las indicaciones y se consoliden nuevos protocolos.

Óscar Marín, catedrático de Neurociencia y secretario del jurado, señala que el logro de June y Sadelain supone un verdadero cambio de paradigma. Tradicionalmente, se concebía el sistema inmunitario como un mecanismo defensivo frente a patógenos como virus o bacterias, pero estos científicos han demostrado que es posible reprogramar los propios linfocitos T para dirigirlos contra el cáncer, seleccionando de forma precisa la diana terapéutica mediante ingeniería genética.

Del laboratorio a los primeros pacientes

El camino hasta convertir las CAR-T en una realidad clínica ha sido largo. En los años noventa, Michel Sadelain comenzó a explorar cómo mejorar la capacidad del sistema inmune para enfrentarse a los tumores, partiendo de los primeros receptores de antígeno quimérico descritos por el investigador israelí Zelig Eshhar. Aquellos receptores de primera generación no lograban que las células T sobrevivieran dentro del organismo.

Casi una década más tarde, en 2002, el equipo de Sadelain consiguió desarrollar las células CAR-T de segunda generación, capaces de persistir, multiplicarse y destruir células cancerosas en ensayos de laboratorio. En 2003 publicaron en Nature Medicine la demostración experimental de que las CAR-T dirigidas contra la proteína CD19 podían eliminar leucemias y linfomas en modelos murinos, un paso decisivo para plantear ensayos en humanos.

Mientras tanto, desde la Universidad de Pensilvania, Carl June trabajaba inicialmente en nuevas terapias para personas con VIH/sida. Su interés por la inmunología venía de lejos, marcado por la experiencia personal de ver a su madre convivir con una enfermedad autoinmune. En 1997, June demostró que los linfocitos T modificados genéticamente podían sobrevivir y mantenerse activos en el organismo humano durante largos periodos, una condición esencial para que una terapia celular tenga efecto sostenido.

Ese hallazgo abrió la puerta a probar la tecnología CAR-T en pacientes oncológicos. En 2010, dos enfermos terminales de leucemia aceptaron participar en un ensayo clínico todavía muy experimental, en el que recibieron una infusión de sus propias células T modificadas contra el tumor. El resultado sorprendió incluso a los investigadores: uno de ellos alcanzó la curación con una sola infusión y mantuvo células CAR-T circulando en sangre durante años; el segundo paciente continúa vivo y conserva estas células en su organismo.

En paralelo, Sadelain lideró ensayos clínicos en pacientes con leucemias y linfomas recidivantes o refractarios, es decir, casos en los que el cáncer había vuelto o no respondía a los tratamientos estándar. Los resultados de los distintos grupos, entre ellos el de June y el de Sadelain, coincidían en un punto clave: las CAR-T podían inducir remisiones profundas allí donde habían fracasado otras opciones terapéuticas.

Reconocimiento internacional y expansión en Europa

El éxito clínico de esta nueva inmunoterapia llevó a que la FDA estadounidense aprobara en 2017 la primera terapia con células CAR-T para niños y adultos jóvenes con leucemia aguda refractaria y para determinados linfomas resistentes. Fue el espaldarazo regulatorio que consolidó esta estrategia como una de las grandes innovaciones de la oncología contemporánea.

Un año después, la Agencia Europea de Medicamentos dio luz verde a estas terapias en la Unión Europea, facilitando su incorporación progresiva a los hospitales de referencia. Desde entonces, se estima que más de 50.000 pacientes con cánceres hematológicos han sido tratados con CAR-T en todo el mundo, con una presencia creciente en centros europeos, incluyendo España.

El acta del premio destaca que hoy se acepta ampliamente que la inmunidad modificada genéticamente, ejemplificada por las CAR-T, puede tener éxito frente a ciertos tipos de cáncer donde ni la quimioterapia ni el trasplante de médula ósea habían logrado resultados duraderos. En palabras de Sadelain, esta tecnología ha abierto un campo de terapia celular que combina biología molecular, inmunología y medicina clínica.

En Europa, y también en España, la llegada de las CAR-T ha obligado a reorganizar circuitos asistenciales, desde la selección de pacientes hasta la producción y administración de las células. Aunque el texto del premio se centra en el impacto científico y clínico global, la Federación y las autoridades sanitarias europeas han ido incorporando de forma paulatina estos tratamientos a la cartera pública, en unidades especializadas de hematología y oncología.

El jurado del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento subraya además el papel de June y Sadelain como referentes de biomedicina traslacional, al haber llevado conocimientos básicos de inmunología y biología celular desde el laboratorio hasta protocolos clínicos que hoy forman parte de la práctica médica en diversos países europeos.

Más allá de la sangre: tumores sólidos y nuevas indicaciones

Aunque los resultados más sólidos se han observado hasta ahora en cánceres de la sangre, como ciertas leucemias y linfomas, la investigación actual se orienta a trasladar el éxito de las CAR-T a otros contextos. El acta del premio y las declaraciones de la Fundación BBVA señalan que numerosos grupos trabajan ya en adaptar esta tecnología a tumores sólidos como los de mama, próstata, colon, páncreas o pulmón.

El reto es considerable: a diferencia de las células tumorales circulantes o de la médula ósea, los tumores sólidos presentan barreras físicas y microambientes inmunosupresores que dificultan la acción de las células T modificadas. Pese a ello, June se muestra convencido de que se logrará superar estos obstáculos y recuerda que “hay miles de laboratorios en todo el mundo” intentando mejorar el diseño y la persistencia de las CAR-T en este tipo de tumores.

Además del cáncer, el premio subraya que se están explorando aplicaciones en enfermedades infecciosas y patologías autoinmunes. La idea de fondo es similar: reconfigurar el sistema inmune para que actúe con una precisión mucho mayor frente a dianas concretas, ya sean células tumorales, células del propio organismo alteradas o patógenos difíciles de controlar con otras terapias.

Según destaca el jurado, este enfoque ha generado un amplio y prometedor campo de investigación biomédica, que está revolucionando la terapia celular gracias a la ingeniería genética. La combinación de plataformas de edición génica, sistemas de producción celular cada vez más sofisticados y nuevos biomarcadores podría ampliar en los próximos años el abanico de indicaciones tratables con esta tecnología.

A nivel internacional, se ha creado además una industria biotecnológica específica en torno a la producción de terapias celulares personalizadas, que trabaja en estrecha colaboración con hospitales y centros académicos. Este ecosistema, impulsado parcialmente por los avances de June y Sadelain, ha acelerado la traslación de la investigación básica a la práctica clínica.

Los pioneros detrás de las CAR-T

El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento pone también el foco en las trayectorias personales de los galardonados. Carl H. June (Denver, 1953) es director del Centro de Inmunoterapia Celular y del Instituto Parker de Inmunoterapia del Cáncer en la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, donde ocupa la Cátedra Richard W. Vague en Inmunoterapia. Autor de centenares de publicaciones científicas, es miembro de varias academias y sociedades científicas de referencia internacional.

A lo largo de su carrera, June ha combinado investigación básica y aplicada, desde sus primeros trabajos en inmunología y VIH hasta el desarrollo clínico de las primeras terapias CAR-T aprobadas. Su empeño en llevar esta estrategia a pacientes con cáncer tuvo también una dimensión personal, marcada por la enfermedad oncológica de su primera esposa, un episodio que el propio investigador ha descrito como un impulso adicional para priorizar esta línea terapéutica.

Michel Sadelain (París, 1960), de nacionalidad francocanadiense, es actualmente titular de la Cátedra Herbert and Florence Irving de Medicina en la Universidad de Columbia y dirige varias iniciativas en terapia celular e ingeniería genética aplicadas al cáncer. Sus investigaciones se han traducido en numerosas patentes y en una producción científica muy citada en el ámbito de la inmunoterapia.

Desde sus primeros trabajos en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, Sadelain se centró en cómo “enseñar” a los linfocitos T a reconocer el cáncer mediante receptores sintéticos. La creación de las CAR-T de segunda generación y la demostración de su eficacia en modelos preclínicos constituyeron la base conceptual que luego permitió los ensayos clínicos desarrollados por su grupo y por otros equipos, entre ellos el de June.

El jurado del Premio Fronteras del Conocimiento insiste en que los estudios de ambos son complementarios: mientras Sadelain refinó el diseño y la viabilidad biológica de las CAR-T, June demostró su persistencia y eficacia en el organismo humano y lideró los primeros ensayos con resultados espectaculares en pacientes con leucemia terminal. Juntos han impulsado una de las innovaciones médicas más influyentes de las últimas décadas.

La concesión de este galardón sitúa a la inmunoterapia CAR-T en primera línea de la biomedicina actual y reconoce la relevancia de una tecnología que ya ha cambiado la práctica clínica en cánceres hematológicos y que podría extenderse, con el tiempo, a muchos otros tipos de tumores y enfermedades. Lo que comenzó como una apuesta arriesgada en el laboratorio se ha consolidado como una herramienta real para miles de personas, especialmente en Europa y en sistemas sanitarios como el español, donde estas terapias empiezan a integrarse en la atención de pacientes que habían agotado casi todas sus opciones.

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