- España estrena el primer programa clínico estructurado de telecirugía robótica de Europa, conectando la Fundació Puigvert de Barcelona con el Hospital Universitario San Roque de Las Palmas de Gran Canaria.
- Diez intervenciones urológicas complejas se han realizado a 3.000 km de distancia, con latencias de entre 30 y 70 milisegundos y todos los pacientes dados de alta sin complicaciones.
- El modelo combina liderazgo quirúrgico remoto y equipo local en quirófano, con una red exclusiva de fibra óptica desarrollada por Edge Medical para garantizar estabilidad y seguridad.
- El programa abre la puerta a una red europea de telecirugía, reduce desplazamientos de pacientes y se plantea como plataforma de formación y telementoring para nuevos cirujanos.

La posibilidad de que un cirujano opere a cientos o miles de kilómetros ya no es una escena de ciencia ficción, sino un modelo asistencial consolidado en el sistema sanitario español. Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria están unidas por un programa de telecirugía robótica que permite intervenir a pacientes sin que tengan que salir de su isla.
Tras un proceso de diseño, validación técnica y encaje legal que ha durado alrededor de dieciocho meses de trabajo coordinado, la Fundació Puigvert de Barcelona y los Hospitales Universitarios San Roque en Gran Canaria han puesto en marcha lo que se considera el primer programa clínico estructurado de telecirugía robótica de Europa, concebido para funcionar de manera estable y repetible, no como una mera demostración puntual.
Un programa pionero entre Barcelona y Canarias
El responsable de concebir y dirigir clínicamente este modelo es el Dr. Alberto Breda, urólogo especializado en cirugía oncológica y trasplante renal, presidente de la Sección de Cirugía Robótica de la Sociedad Europea de Urología (ERUS) y subdirector del Servicio de Urología de la Fundació Puigvert. Desde Barcelona, maneja la consola robótica mientras el paciente se encuentra en el Hospital Universitario San Roque de Las Palmas de Gran Canaria.
En el otro extremo de la conexión, en Canarias, el Dr. Pablo Juárez del Dago —cirujano robótico, director del grupo urológico GUA-UROINTEC y responsable de la Unidad de Cirugía Robótica de GUA— encabeza el equipo local que se encarga de coordinar el quirófano, preparar a los pacientes e intervenir si fuera necesario. Su papel resulta clave para trasladar el concepto de telecirugía a un circuito asistencial real, con todas las garantías de seguridad clínica.
El programa conecta ambos hospitales, separados por unos 3.000 kilómetros, mediante una infraestructura diseñada por la compañía Edge Medical. La red se apoya en un cable de fibra óptica dedicado —con un tramo de más de 600 kilómetros bajo el mar— que enlaza directamente la Fundació Puigvert y el Hospital San Roque, evitando rutas de internet compartidas y reduciendo al mínimo la posibilidad de cortes o inestabilidades.
Según explican sus responsables, el objetivo no ha sido solo probar que la conexión funciona, sino construir un sistema quirúrgico estable, reproducible y escalable, que pueda integrarse con normalidad en la agenda quirúrgica de ambos centros y, potencialmente, extenderse a otros hospitales en España y en el resto de Europa.
Diez cirugías urológicas complejas a 3.000 kilómetros de distancia
Las primeras semanas de actividad clínica se concentraron en febrero, cuando se llevaron a cabo diez intervenciones urológicas en pacientes canarios que permanecieron en Las Palmas de Gran Canaria mientras el Dr. Breda operaba desde la consola instalada en Barcelona. En todos los casos, el equipo del Dr. Juárez permaneció en quirófano preparado para actuar ante cualquier eventualidad.
El programa ha abarcado una amplia variedad de procedimientos urológicos, tanto benignos como oncológicos, que incluyen cuatro adenomectomías por hiperplasia benigna de próstata, dos nefrectomías parciales, tres prostatectomías radicales y una resección de masa retroperitoneal. Se trata de cirugías con distintos niveles de complejidad, idóneas para evaluar la seguridad y la consistencia del modelo.
Los resultados clínicos, subrayan los equipos implicados, han sido muy favorables: a día de hoy, todas las personas intervenidas han sido dadas de alta y la evolución postoperatoria se ha desarrollado sin complicaciones relevantes. En algunos casos se han afrontado situaciones especialmente delicadas, como metástasis complejas tras cirugía renal previa, que también se han resuelto de forma satisfactoria.
En el ámbito técnico, uno de los indicadores fundamentales es la latencia, es decir, el tiempo que transcurre entre el movimiento de los mandos en la consola del cirujano y la respuesta del robot sobre el paciente. En este programa, la latencia registrada se ha mantenido entre 30 y 70 milisegundos, cifras que los especialistas consideran prácticamente imperceptibles y muy por debajo de los umbrales que podrían comprometer la precisión de la intervención.
El propio Dr. Breda compara estos datos con la nefrectomía parcial robótica transcontinental que realizó en 2024 entre Burdeos y Pekín, reconocida como un hito mundial en telecirugía, en la que se alcanzaron latencias en torno a 132 milisegundos. La mejora en el rendimiento de la conexión Barcelona-Canarias ha sido determinante para reproducir las sensaciones y el control propios de una cirugía robótica presencial.
De demostración tecnológica a modelo asistencial real
Una de las ideas que más repiten los responsables del proyecto es que la telecirugía, en este contexto, ya no se plantea como un espectáculo tecnológico, sino como un programa clínico real, estructurado y con vocación de continuidad. No se trata de una única operación llamativa, sino de una serie de intervenciones programadas dentro del calendario quirúrgico habitual.
El modelo se ha diseñado tras una fase inicial de pilotaje clínico y tecnológico centrada en las primeras operaciones, donde se pusieron a prueba tanto la configuración técnica como la coordinación entre equipos, los protocolos de seguridad y la respuesta de la red de fibra óptica. Una vez superado este tramo, el programa se ha desplegado de forma progresiva en un entorno asistencial cotidiano.
El liderazgo del Dr. Breda y la larga trayectoria de la Fundació Puigvert en cirugía robótica —fue el primer centro en España en utilizar un sistema robótico en 2005 y acumula más de dos décadas de experiencia en este campo— han permitido trasladar al terreno de la telecirugía procedimientos muy asentados en la práctica urológica diaria.
El propio especialista insiste en que “la telecirugía no es una técnica experimental, sino una evolución lógica de la cirugía robótica”. A su juicio, la experiencia acumulada demuestra que es posible mantener los mismos estándares de precisión, control y seguridad que en una intervención presencial, siempre que la infraestructura tecnológica y la organización clínica estén perfectamente alineadas.
En paralelo, el programa se ha desarrollado atendiendo a un marco legal y regulatorio complejo, que exige definir responsabilidades, criterios de certificación, mecanismos de protección de datos y protocolos en caso de incidencias. Una parte importante del trabajo previo se ha centrado precisamente en adaptar este nuevo modelo a la normativa vigente y en sentar bases que puedan servir a otros proyectos similares en Europa.
Instituciones, tecnología y equipos que hacen posible la conexión
El engranaje del programa se articula alrededor de varios actores. Por un lado, la Fundació Puigvert actúa como nodo científico, clínico y docente, al albergar la consola del cirujano principal y aportar su experiencia como centro de referencia internacional en urología, nefrología, andrología y medicina reproductiva. Su apuesta de largo recorrido por la robótica ha sido el punto de partida para dar este salto hacia la cirugía a distancia.
En Canarias, los Hospitales Universarios San Roque se han convertido en la sede asistencial donde el modelo se hace tangible, adecuando el quirófano robótico, coordinando al equipo médico-quirúrgico local y asumiendo la atención directa a los pacientes. El grupo, con más de un siglo de trayectoria, ha reforzado en los últimos años su posicionamiento en tecnología sanitaria avanzada y medicina de alta complejidad.
El grupo urológico GUA-UROINTEC, dirigido por el Dr. Juárez del Dago, desempeña un rol esencial como puente entre la innovación tecnológica y la práctica clínica diaria. Además de coordinar el entorno quirúrgico, esta entidad impulsa proyectos de urología avanzada, conectividad quirúrgica y formación especializada, integrando su experiencia asistencial con acuerdos internacionales en países como Estados Unidos y China.
En el plano tecnológico, la empresa Edge Medical ha sido la encargada de desarrollar la infraestructura de conexión y la logística técnica que enlaza Barcelona y Canarias. El sistema se apoya en una red exclusiva de fibra óptica que recorre buena parte de la península, atraviesa el norte de África y el fondo marino hasta llegar al archipiélago, garantizando estabilidad, baja latencia y seguridad en la transmisión de datos durante toda la intervención.
El conjunto de estos actores configura un caso de éxito de colaboración entre instituciones sanitarias, empresas tecnológicas y equipos clínicos, que va más allá de la simple adopción de un robot quirúrgico y se orienta a diseñar nuevos modelos organizativos y de atención dentro del sistema de salud.
Reducir distancias sin mover al paciente
Uno de los grandes cambios que introduce este programa es la posibilidad de acercar la cirugía de alta complejidad a territorios alejados de los grandes centros de referencia. En lugar de desplazar al paciente a otra comunidad autónoma o incluso a otro país, se traslada virtualmente al cirujano mediante la red de fibra óptica.
Canarias se ha convertido así en un laboratorio estratégico para este tipo de modelos, tanto por su condición de archipiélago como por su papel geográfico entre Europa, África y América. Tal y como señalan los profesionales implicados, el programa demuestra que la alta especialización no tiene por qué concentrarse solo en las grandes capitales sanitarias, sino que puede articularse en red y llegar a territorios tradicionalmente más aislados.
Desde la perspectiva de los pacientes, este enfoque permite evitar desplazamientos largos, reducir costes personales y familiares y mantener el seguimiento postoperatorio en su hospital de referencia, sin perder acceso a equipos con un alto nivel de experiencia en cirugía robótica. Para el sistema sanitario, se abre la puerta a optimizar recursos, disminuir desigualdades territoriales y, potencialmente, aliviar listas de espera en determinadas áreas.
El modelo, subrayan sus impulsores, puede extrapolarse tanto a otras comunidades autónomas españolas como a regiones rurales o de difícil acceso, e incluso a países donde la disponibilidad de cirujanos altamente especializados sea limitada. En este sentido, el Dr. Breda insiste en que “geográficamente no debería haber barreras dentro de un mismo sistema sanitario” cuando la tecnología permite salvar distancias de miles de kilómetros.
Por ahora, el programa se ha iniciado en el ámbito de la urología, una especialidad con una larga tradición en el uso de la robótica, pero los responsables consideran que el modelo es perfectamente trasladable a otras áreas quirúrgicas que ya emplean plataformas robóticas, siempre que se adapten los protocolos y la formación de los equipos.
Formación, telementoring y futuro de la telecirugía en Europa
Además de su vertiente asistencial, el programa Barcelona-Canarias se concibe como una plataforma para la formación de nuevos cirujanos y para el desarrollo de modelos de telementoring en tiempo real. Al permitir que un especialista con amplia experiencia opere o supervise a distancia, se facilita el aprendizaje de equipos locales sin necesidad de desplazamientos continuados.
En la práctica, esto significa que un cirujano experto puede acompañar a otros profesionales durante sus primeras intervenciones complejas o participar en la resolución de casos especialmente delicados, mientras el paciente permanece en su centro habitual. Esta dinámica ofrece oportunidades de entrenamiento avanzado y puede acelerar la curva de aprendizaje en la cirugía robótica.
El Dr. Juárez del Dago subraya que esta forma de trabajar contribuirá a consolidar a Canarias como un hub tecnológico en cirugía robótica, combinando práctica clínica, innovación y formación. Desde allí, explica, se pueden impulsar programas de mentoring para nuevas generaciones de urólogos y proyectos de colaboración con otros centros europeos.
Por su parte, el liderazgo del Dr. Breda en la European Robotic Urology Section (ERUS) abre la puerta a explorar redes de telecirugía a escala continental. La idea es estructurar programas similares en distintos países europeos, de modo que la experiencia pueda “viajar” a través de la fibra óptica mientras el paciente es atendido en su propio hospital.
Los retos pendientes no son tanto tecnológicos como administrativos, legales y de certificación. Será necesario seguir trabajando en cuestiones como la homologación de profesionales entre países, la responsabilidad médica compartida, la financiación de la infraestructura y la adaptación de las normativas nacionales y europeas a este nuevo escenario quirúrgico.
A pesar de estas barreras, los equipos implicados en el programa sostienen que la experiencia acumulada en Barcelona y Canarias demuestra que la tecnología ya está preparada y que la clave, a partir de ahora, será cómo integrar estos modelos en los sistemas sanitarios, de forma que realmente mejoren la atención y la experiencia de los pacientes.
Este proyecto de telecirugía robótica entre la Fundació Puigvert y los Hospitales Universitarios San Roque muestra cómo un cable de fibra óptica, una plataforma robótica de última generación y la coordinación entre equipos expertos pueden borrar, en la práctica, los 3.000 kilómetros que separan Barcelona de Las Palmas. El resultado es un modelo asistencial que combina innovación tecnológica, cooperación entre territorios y una nueva forma de entender el acceso a la cirugía de alta complejidad en España y en el resto de Europa.
