- El hidrógeno verde avanza gracias a proyectos de I+D que abarcan desde bacterias productoras de biohidrógeno hasta electrolizadores avanzados PEM y SOEC.
- Megaproyectos internacionales y valles del hidrógeno en España impulsan una producción masiva orientada a descarbonizar la industria y el transporte.
- Iniciativas como GENHESIS, Green HY CELL, HidroGREEN y Green2TSO-OPTHYCS refuerzan la cadena de valor, mejoran la seguridad y reducen costes.

El hidrógeno verde se ha colado en la conversación energética mundial como uno de los grandes candidatos a sustituir a los combustibles fósiles en los próximos años. No solo promete recortar emisiones de CO2, también abre la puerta a nuevas cadenas de valor, modelos de negocio y oportunidades tecnológicas que hace poco parecían ciencia ficción.
Al mismo tiempo, centros de investigación, empresas y administraciones están poniendo en marcha proyectos de I+D que van desde bacterias que generan hidrógeno en las profundidades de la corteza terrestre hasta gigantescos valles del hidrógeno capaces de producir cientos de miles de toneladas al año. En las siguientes líneas recorremos, con calma pero sin rodeos, los proyectos de investigación en hidrógeno verde más representativos y las tecnologías que los hacen posibles.
Investigación puntera del CSIC: de las nanopartículas al biohidrógeno
Dentro del ecosistema europeo de innovación, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) lidera varias iniciativas clave financiadas a través de la convocatoria ERC Proof of Concept, pensada para madurar resultados de investigación y acercarlos al mercado. Aunque una de ellas se centra en oncología, ambas comparten la misma lógica: convertir ciencia de alto nivel en soluciones tecnológicas reales.
El primer proyecto está encabezado por Gerard Tobías Rossell, investigador del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB), y se orienta a perfeccionar un tratamiento experimental contra el glioblastoma, un tumor cerebral muy agresivo y difícil de tratar por su localización y su carácter infiltrante. En este enfoque se combinan nanopartículas de oro en una estructura específica con protonterapia, con el objetivo de dirigir las partículas de forma preferente a las células tumorales y amplificar el efecto del haz de protones.
Gracias a esta estrategia, el equipo de investigación busca lograr una mayor acumulación de nanopartículas en tejido tumoral que en tejido sano, de modo que la protonterapia resulte más eficaz con dosis menores. Eso permitiría reducir los riesgos de necrosis por irradiación y mejorar tanto la esperanza de vida como la calidad de los pacientes. Además, el diseño de estas nanopartículas es muy versátil, lo que abre la vía a extender la técnica a otros tumores complejos como los de cabeza y cuello, colorectal o cervical.
Este desarrollo encaja con el hecho de que España va a contar con 13 aceleradores clínicos de protonterapia en el sistema sanitario público, situando al país en una posición destacada en Europa para integrar terapias avanzadas respaldadas por nanomateriales. Aunque este proyecto no se centra en el hidrógeno verde, ejemplifica cómo las tecnologías de materiales y la financiación ERC están impulsando soluciones de alto impacto que luego se trasladan a otros ámbitos energéticos e industriales.
El segundo proyecto ERC Proof of Concept liderado por el CSIC, capitaneado por Alberto González Fairén en el Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA), sí se adentra de lleno en el terreno del hidrógeno limpio. El equipo trabaja con una bacteria del subsuelo profundo, Citrobacter sp. T1.2D‑1, capaz de funcionar como una “fábrica viva” de hidrógeno en ausencia total de oxígeno, utilizando residuos como el glicerol procedente de la industria del biodiésel.
El objetivo fundamental de esta línea es demostrar que la producción de hidrógeno mediante fermentación oscura con esta bacteria puede ser eficiente, estable y de bajo coste, y que el sistema es escalable a niveles industriales e incluso espaciales. De lograrse, permitiría transformar un residuo problemático en un recurso energético renovable, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y abriendo una solución atractiva para países con menos recursos o infraestructuras.
La base de este proyecto, conocido comercialmente como DeepEnergy, se remonta a estudios geológicos y biológicos realizados en la Faja Pirítica Ibérica, en la zona del río Tinto, un entorno considerado análogo al Marte primitivo por sus condiciones geoquímicas. A 64 metros de profundidad se detectó la mencionada Citrobacter, que producía grandes cantidades de hidrógeno, lo que impulsó la transición desde la ciencia básica planetaria a una aplicación tecnológica directamente relacionada con el hidrógeno verde y su posible uso en misiones tripuladas a Marte.
Megaproyectos internacionales de producción de hidrógeno verde
A escala global, diversos países están compitiendo por posicionarse como referentes en la producción de hidrógeno renovable, apoyándose en sus recursos solares, eólicos o en su situación geográfica estratégica. Varios de estos proyectos destacan por su tamaño descomunal y su ambición exportadora.
En Australia Occidental se está promoviendo el Western Green Energy Hub, una de las mayores infraestructuras energéticas planeadas en el mundo. Este consorcio internacional prevé instalar alrededor de 50 GW de potencia combinada solar y eólica antes de 2030 en la costa sur del estado, con la meta de obtener unas 3,5 millones de toneladas de hidrógeno renovable al año. La inversión estimada ronda los 100.000 millones de dólares australianos, reflejando la apuesta estratégica por convertirse en gran proveedor regional.
Algo similar ocurre en Kazajistán, donde la compañía Svenvind Energy impulsa el considerado mayor proyecto de hidrógeno del país. El plan contempla la construcción de parques eólicos y solares con una potencia de 45 GW y la instalación de electrolizadores capaces de generar hasta 3 millones de toneladas anuales de hidrógeno verde a partir de 2027. Con ello, el país aspira a diversificar su matriz energética y jugar un papel clave en el suministro hacia Europa y Asia.
En el norte de África, Mauritania ha sellado un acuerdo con la empresa Chariot para desarrollar el proyecto AMAN, basado en 30 GW de potencia renovable (solar y eólica) en una zona desértica muy favorable para la generación limpia. El objetivo es alimentar electrolizadores de gran capacidad que permitan convertir a Mauritania en uno de los exportadores mundiales de referencia de hidrógeno verde y derivados como el amoniaco.
La región del Golfo Pérsico también se mueve con rapidez. Omán está articulando su estrategia energética alrededor de fuentes alternativas y tiene en marcha varias iniciativas de hidrógeno renovable. Entre ellas destaca una gran planta respaldada por la compañía estatal de petróleo y gas, que combinará instalaciones solares y eólicas hasta alcanzar unos 25 GW de potencia. Esta base renovable impulsará la producción de hidrógeno verde antes de 2030, con vocación exportadora y de descarbonización de su propia industria.
A la vez, se despliegan proyectos destinados a suministrar hidrógeno renovable a los grandes polos industriales asiáticos. En la región de Pilbara, en Australia, se está configurando el Asian Renewable Energy Hub, que pretende reunir unos 26 GW de potencia eólica y solar para producir alrededor de 1,5 millones de toneladas anuales de hidrógeno y amoniaco verde destinados a la exportación hacia Asia a partir de 2027.
Europa, por su parte, concentra parte de sus esfuerzos en el aprovechamiento del potencial eólico marino del mar del Norte. El proyecto AquaVentus pretende instalar 10 GW de energía eólica offshore y canalizar esa electricidad hacia electrolizadores que generen cerca de un millón de toneladas de hidrógeno verde al año para 2035. Este vector energético se plantea como pilar de la descarbonización de la industria alemana y los corredores logísticos.
En los Países Bajos, el proyecto NorthH2 aspira a convertir el país en una referencia de hidrógeno renovable en Europa, con un parque eólico marino de 4 GW en 2030 y una ampliación hasta los 10 GW hacia 2040. Con esa capacidad, se espera producir aproximadamente 800.000 toneladas anuales de hidrógeno, dirigidas principalmente a la industria pesada y al transporte marítimo.
Chile, gracias a sus excepcionales recursos eólicos en el sur, impulsa H2 Magallanes, un proyecto con unos 10 GW de eólica y hasta 8 GW en electrolizadores. Una vez operativo, se prevé que pueda compensar alrededor de cinco millones de toneladas de CO2 al año, además de generar productos como amoniaco verde para su exportación. Las obras se plantean a partir de 2025, con una clara apuesta por liderar el mercado latinoamericano de hidrógeno.
China tampoco se queda atrás. La compañía Sinopec, principal productor de hidrógeno del país, ha iniciado un proyecto en Mongolia Interior que integra parques eólicos (450 MW) y solares (270 MW). A partir de estas instalaciones se planea una producción de unas 30.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable, con una capacidad de almacenamiento cercana a los 288.000 m³, reforzando así el suministro hacia el interior del país.
España y la consolidación de valles y corredores del hidrógeno
HyDeal España prevé una capacidad de producción de unas 330.000 toneladas de hidrógeno verde al año, orientada a abastecer a diversos consumidores industriales y energéticos. Pero no es el único plan de gran escala: el país suma numerosos valles y corredores del hidrógeno que sirven como demostradores y como nodos de una futura red europea.
Entre los proyectos más relevantes se encuentra el Valle Andaluz del Hidrógeno Verde, con una capacidad conjunta estimada de 300.000 toneladas anuales. Esta iniciativa se apoya en el potencial renovable del sur de España y en la presencia de grandes consumidores industriales, sobre todo en los polos químicos y portuarios.
En el norte, el Corredor Vasco del Hidrógeno contempla una producción de unas 20.000 toneladas al año, integrando generación renovable, electrolizadores, infraestructuras logísticas y aplicaciones en industria pesada, movilidad y puertos. Cataluña desarrolla su propio Valle del Hidrógeno de Cataluña, con proyectos orientados a abastecer tanto a la industria química como al transporte, aprovechando la cercanía a grandes nodos logísticos y de investigación.
Castilla-La Mancha alberga un proyecto pionero en Puertollano, cuyo objetivo es alcanzar una producción de 3.000 toneladas de hidrógeno verde al año, con fuerte componente de demostración tecnológica y uso del hidrógeno en aplicaciones industriales concretas. En Aragón, el proyecto Catalina se plantea producir alrededor de 84.000 toneladas anuales, potenciando la vocación exportadora de hidrógeno y derivados hacia otros países europeos.
Además de estos grandes valles, están apareciendo instalaciones industriales específicas donde el hidrógeno verde se combina con otros procesos. Una planta en desarrollo en España contará con 200 MW de potencia de electrólisis alimentada por energía renovable y con CO2 capturado de instalaciones cercanas, con una producción esperada de 18.000 toneladas de hidrógeno verde al año.
En este complejo también se integrará un módulo para la síntesis de metanol con una capacidad prevista de 90.000 toneladas anuales, equivalente a alrededor del 15 % del consumo industrial de metanol del país. Este tipo de proyectos encaja de lleno en la lógica del “Power-to-X”, donde el hidrógeno se utiliza como base para producir combustibles y materias primas químicas de origen renovable.
Proyectos españoles de I+D aplicada: GENHESIS, Green HY CELL e HidroGREEN
Más allá de las grandes cifras de producción, en España se están impulsando proyectos de investigación y demostración tecnológica para completar la cadena de valor del hidrógeno verde. Un ejemplo representativo es el proyecto “Tecnologías de electrolizador y pilas de combustible habilitadoras del Hidrógeno Verde como vector energético (GENHESIS)”.
GENHESIS está organizado por el IDAE dentro del Programa de incentivos a la cadena de valor innovadora del hidrógeno renovable, enmarcado en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Su meta es poner en marcha un proyecto piloto (nivel de madurez TRL 5) que valide la viabilidad del hidrógeno verde como vector energético en un entorno relevante.
En concreto, se trata de combinar generación fotovoltaica con sistemas de almacenamiento de energía en forma de hidrógeno, a través de nuevos electrolizadores y pilas de combustible. De este modo se cierra el ciclo completo: aprovechar excedentes renovables para producir H2, almacenarlo y volver a convertirlo en electricidad cuando sea necesario, reduciendo costes en todas las etapas.
La instalación piloto de GENHESIS permitirá ensayar el funcionamiento de la cadena completa en condiciones casi reales, identificar mejoras tecnológicas y sentar las bases para replicar este modelo en diferentes sectores productivos. La expectativa es que, a medida que se optimicen los equipos y la integración con la red, los costes del hidrógeno verde sigan bajando y se incremente su competitividad.
En paralelo, surgen proyectos como Green HY CELL, financiado por el CDTI dentro del programa Misiones Ciencia e Innovación, que se centra en el desarrollo de electrolizadores de membrana de intercambio de protones (PEM) avanzados y de menor coste. El objetivo es fabricar prototipos de pequeña potencia (entre 0,5 y 1 kW) que utilicen materiales alternativos con bajo contenido en metales nobles, sustituyendo en parte recursos críticos como el iridio y el platino.
Para lograrlo, Green HY CELL apuesta por ánodos basados en fieltro de titanio y cátodos carbonosos con cargas reducidas de metales preciosos, configurando una tecnología de electrólisis más sostenible y económica. En el proyecto participan cinco empresas y cuatro grupos de investigación, colaborando mano a mano para acelerar el salto desde el laboratorio a aplicaciones industriales modulares.
Otro proyecto destacado es HidroGREEN, liderado por una plataforma regional con la participación de Aiguasol y otras entidades, en el que Regenera desempeñó un papel tecnológico relevante. Esta iniciativa fue de las primeras en la Región de Murcia en producir hidrógeno verde a partir de energías renovables y sistemas de almacenamiento, sirviendo de demostrador para administraciones públicas e industria.
HidroGREEN se concibió como banco de pruebas para validar soluciones completas de generación, almacenamiento y gestión del hidrógeno verde, demostrando que es posible operar de forma eficiente a escala industrial. Muchos de los aprendizajes de este proyecto están sirviendo para guiar nuevas inversiones y para que empresas y organismos públicos avancen hacia una mayor independencia energética y una menor huella de carbono.
Tecnologías de electrólisis clave: PEM y SOEC
En buena parte de estos proyectos, la piedra angular tecnológica son los electrolizadores, encargados de dividir moléculas de agua para obtener hidrógeno y oxígeno usando electricidad renovable. Entre las tipologías más avanzadas destacan la electrólisis PEM y la electrólisis de óxido sólido (SOEC), cada una con sus fortalezas.
Los sistemas de membrana de intercambio de protones (PEM) están especialmente adaptados a trabajar con fuentes solares y eólicas, que presentan cierta intermitencia. Su capacidad para operar de forma flexible y modular los hace ideales para plantas de pequeña y mediana escala, así como para instalaciones distribuidas cercanas al punto de consumo, como polígonos industriales o estaciones de repostaje de hidrógeno.
Por su parte, los electrolizadores de óxido sólido (SOEC) operan a alta temperatura y alcanzan eficiencias muy elevadas, en el entorno del 75-85 %. Resultan especialmente interesantes cuando se dispone de calor residual industrial, ya que ese aporte térmico reduce la electricidad necesaria para disociar el agua. Además, permiten la co-electrólisis de agua y CO2 para producir gas de síntesis (syngas), base para combustibles y productos químicos renovables.
Una característica relevante de la tecnología SOEC es su capacidad de funcionar como pila de combustible reversible, generando electricidad cuando se alimenta con hidrógeno u otros gases. Esto encaja muy bien en esquemas donde el hidrógeno no solo se produce como combustible, sino también como medio de almacenamiento energético a gran escala.
En la práctica, PEM y SOEC se complementan en función de las necesidades de cada proyecto: mientras los primeros dominan en aplicaciones modulares y fuertemente ligadas a la variabilidad renovable, los segundos cobran peso allí donde existe calor de proceso abundante y se buscan eficiencias máximas o producción conjunta de otros gases de interés.
Implementación de proyectos de hidrógeno verde: fases y beneficios
Cuando una empresa, administración pública o consorcio se plantea incorporar el hidrógeno verde a sus operaciones, el proceso no se limita a instalar un electrolizador y listo. La experiencia acumulada en proyectos como Green HY CELL, HidroGREEN o GENHESIS muestra que conviene seguir una serie de fases bien estructuradas.
La primera etapa es un diagnóstico detallado de consumos energéticos, procesos productivos y posibilidades de integración. Se analizan qué usos energéticos podrían sustituirse por hidrógeno (calor de proceso, hornos, flotas de vehículos, respaldo eléctrico…), qué disponibilidad de energías renovables existe en el entorno y qué espacio hay para equipos de producción y almacenamiento.
A partir de ahí llega la selección de la tecnología de electrólisis y el diseño del sistema completo, teniendo en cuenta el perfil de consumo, la escala deseada, el nivel de flexibilidad requerido y la calidad del agua y de la electricidad disponible. En esta fase se decide si resulta más conveniente apostar por PEM, por SOEC o por otros tipos, y se diseña la integración con sistemas de almacenamiento (tanques, tuberías, baterías complementarias) y, cuando procede, con pilas de combustible.
La fase de instalación e integración con la infraestructura existente es crítica para no interferir en exceso en la operativa diaria. Se instalan los electrolizadores, los tanques a presión, las válvulas de seguridad, los sensores y los sistemas de control, coordinando paradas temporales de equipos y pruebas parciales para ir ajustando el conjunto.
Una vez que todo está montado, se realiza la puesta en marcha y validación del sistema mediante pruebas de aceptación, calibraciones y monitorización continua. En este punto se comprueba que los objetivos de eficiencia, seguridad, disponibilidad y coste se cumplen, y se ajustan parámetros de operación para optimizar el balance económico y ambiental del proyecto.
Los beneficios de implementar soluciones de hidrógeno verde se dejan notar en varios frentes. En primer lugar, supone una reducción directa de las emisiones de gases de efecto invernadero al sustituir combustibles fósiles en procesos industriales y en transporte pesado, ayudando a cumplir los objetivos marcados por la legislación europea y nacional en materia de clima.
En segundo lugar, permite optimizar la gestión energética de la empresa o del territorio, aprovechando al máximo la generación renovable local y almacenando energía en forma de hidrógeno para cubrir picos de demanda, cortes de suministro o usos de respaldo crítico. A medio y largo plazo esto se traduce en una mayor estabilidad de costes y en menor dependencia del precio de combustibles importados.
Por último, la adopción de hidrógeno verde impulsa la innovación tecnológica y mejora la posición competitiva de las organizaciones que se adelantan en su implementación. Participar en proyectos de I+D, pilotajes y valles de hidrógeno contribuye a atraer talento y formación en hidrógeno verde, alianzas industriales y financiación, además de reforzar la imagen de liderazgo en sostenibilidad y transición energética.
Normativa, seguridad y sensores avanzados para infraestructuras de H2
El despliegue de infraestructuras de hidrógeno verde a gran escala solo es posible si se acompaña de un marco normativo claro y de medidas de seguridad rigurosas. El hidrógeno es un gas ligero, muy difusivo y con un amplio rango de inflamabilidad, de modo que cualquier estrategia de implantación debe contemplar de forma minuciosa los riesgos asociados.
En este sentido, organismos como el Centro Nacional del Hidrógeno (CNH2) trabajan en líneas estratégicas orientadas a analizar y aplicar la normativa relacionada con atmósferas explosivas, aparatos a presión, almacenamiento de productos químicos y explotación de instalaciones a presión, entre otros aspectos. Un conocimiento profundo de estos requisitos evita problemas de seguridad y facilita la tramitación administrativa de nuevas plantas.
Para ir un paso más allá, han surgido iniciativas como Green2TSO-OPTHYCS, cuyo propósito es desarrollar tecnologías avanzadas de sensores que incrementen el nivel de seguridad a lo largo de toda la cadena del hidrógeno, desde la producción hasta el transporte y almacenamiento, tanto en nuevas infraestructuras como en tuberías de gas natural reconvertidas para mezclas con H2.
El foco principal de OPHTYCS es crear detectores de fugas continuos basados en fibra óptica, capaces de operar tanto en puntos concretos (in situ) como a lo largo de tramos de red remotos. Estos sensores se diseñan para adaptarse a instalaciones ya existentes y a proyectos nuevos, registrando y clasificando distintos tipos de fugas en función de su riesgo, ubicación, impacto potencial y probabilidad de agravarse.
Otra aportación clave del proyecto es la incorporación de herramientas de mantenimiento predictivo que procesan, mediante software especializado, las señales captadas por los sensores y anticipan problemas antes de que se conviertan en incidentes. Para ello, OPHTYCS abarca tres grandes bloques conceptuales: el análisis de los materiales y pilares tecnológicos de los sensores, la validación en casos de uso reales (redes de gas, estaciones de repostaje de hidrógeno, sistemas de almacenamiento subterráneo, pozos existentes) y la evaluación de riesgos, impacto ambiental y viabilidad económica.
Todo este trabajo en normativa, seguridad, sensores y buenas prácticas operativas resulta esencial para que el hidrógeno verde pueda desplegarse de forma masiva y aceptada socialmente. Sin estas capas de protección y control, sería muy complicado convencer a inversores, administraciones y ciudadanía de que el salto hacia un sistema energético basado en hidrógeno y renovables es tan seguro como necesario.
El conjunto de iniciativas descritas —desde bacterias productoras de hidrógeno profundo y electrolizadores avanzados hasta megaproyectos internacionales, valles regionales y redes de sensores— dibuja un ecosistema de innovación en hidrógeno verde cada vez más maduro, diverso y conectado. Aunque aún quedan desafíos técnicos, económicos y regulatorios, la velocidad y la escala de los proyectos en marcha indican que el hidrógeno renovable ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una pieza central de la transición energética global.
