- La variante BA.3.2 («Cigarra»), un sublinaje de ómicron con unas 70 mutaciones, se ha detectado ya en al menos 23 países.
- Afecta con especial frecuencia a menores de entre 3 y 15 años, aunque no se ha visto un incremento claro de casos graves.
- Los síntomas son muy similares a los de otras variantes de Covid-19 y, por ahora, las vacunas actualizadas mantienen cierta eficacia.
- Europa y España la vigilan de cerca, pero la situación epidemiológica sigue siendo estable, con niveles bajos de circulación del virus.

La aparición de una nueva variante de Covid-19, denominada BA.3.2 y apodada «Cigarra», ha vuelto a poner el foco en la evolución del coronavirus justo cuando muchos países daban por encarrilada la fase más intensa de la pandemia. Aunque los niveles generales de contagios son relativamente bajos en Europa y en España, virólogos y organismos internacionales siguen con lupa el comportamiento de esta rama del virus.
Esta variante, perteneciente a la familia ómicron, destaca por su alto número de mutaciones y por un patrón poco habitual: afecta sobre todo a la población infantil. Los datos disponibles hasta la fecha indican que no provoca cuadros clínicos más graves que los de otras variantes recientes, pero su capacidad para esquivar parcialmente la inmunidad ha encendido algunas alertas en la comunidad científica.
Qué es la variante BA.3.2 y por qué se la conoce como «Cigarra»
BA.3.2 es un sublinaje de ómicron que acumula alrededor de 70 a 75 mutaciones respecto al coronavirus original de 2019, de las cuales una parte importante se concentra en la proteína de la espícula (o proteína S), la estructura que el virus utiliza para entrar en las células humanas. Este elevado número de cambios genéticos es lo que ha despertado el interés de investigadores y agencias de salud pública.
Su apodo, «Cigarra», no es casual. Los virólogos la comparan con este insecto porque BA.3.2 parece haber permanecido “oculta” durante un tiempo antes de reaparecer con fuerza moderada en distintos países. La hipótesis más extendida es que la variante predecesora, BA.3, habría mantenido una infección crónica en una persona con el sistema inmunitario debilitado. Esa infección prolongada habría permitido al virus acumular mutaciones durante meses o años antes de volver a circular como BA.3.2, de forma similar a cómo las cigarras emergen tras pasar largos periodos bajo tierra.
Desde finales de 2024, BA.3.2 se ha ido identificando de manera paulatina en diferentes regiones del mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha incluido en su listado de “variantes bajo monitoreo”, una categoría reservada para aquellas versiones del virus que muestran cambios genéticos relevantes o un comportamiento epidemiológico particular, pero que aún no justifican una alerta de mayor nivel.
Dónde se ha detectado y cuál es su situación en Europa y España
Los datos de vigilancia internacional indican que la variante BA.3.2 se ha detectado ya en al menos 23 países. Se han encontrado muestras en hisopos nasales de pacientes, análisis de aguas residuales y controles en viajeros internacionales. Estados Unidos, Sudáfrica y Alemania figuran entre los países con una vigilancia más detallada de esta subvariante.
En Estados Unidos, la información recopilada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) apunta a que BA.3.2 se ha identificado en aguas residuales de unos 25 estados y en muestras clínicas de distintos pacientes. Aunque su presencia no es dominante, en algunos momentos ha llegado a representar alrededor del 10-11 % de las secuencias analizadas, con variaciones según la zona y el periodo.
En Europa, Alemania se ha convertido en uno de los laboratorios naturales para seguir el comportamiento de la «Cigarra». Allí, entre noviembre y enero, se estimó que esta variante llegó a suponer hasta el 30 % de los nuevos casos de Covid-19, antes de estabilizarse y comenzar a descender. Esa evolución, más bien discreta, ha llevado a varios virólogos a considerar que BA.3.2 no tiene, al menos de momento, la misma capacidad de despegue que tuvieron otras ramas de ómicron.
En España, los niveles globales de coronavirus se mantienen relativamente bajos. La tasa de positividad de finales de marzo se traduce en una incidencia en torno a 13 casos por cada 100.000 habitantes, una cifra muy inferior a la de las grandes olas de años previos. Aun así, los laboratorios que participan en la vigilancia genómica continúan analizando muestras para detectar la presencia de nuevos linajes, entre ellos BA.3.2.
Las autoridades sanitarias españolas, en línea con la OMS y con la Agencia Europea del Medicamento (EMA), insisten en que no hay indicios de un cambio brusco en la gravedad de la enfermedad, pero sí recomiendan mantener un seguimiento activo, especialmente en colectivos vulnerables y en el entorno escolar.
Cómo afecta BA.3.2 a niños y niñas
Uno de los rasgos más llamativos de esta variante es su relación con la edad. Los datos procedentes de Sudáfrica, Estados Unidos y ciudades europeas señalan que BA.3.2 infecta con especial frecuencia a menores de entre 3 y 15 años, mientras que su impacto relativo en adultos es menor en comparación con otras variantes.
Análisis realizados por investigadores especializados en la evolución del virus muestran que, en algunos contextos, los niños tendrían hasta cinco veces más probabilidades de contagiarse de BA.3.2 frente a otras variantes circulantes. Este desequilibrio ha generado preocupación en la comunidad científica, ya que durante gran parte de la pandemia el grueso de los casos graves se concentraba principalmente en personas mayores y pacientes con patologías previas.
Los expertos apuntan a varias posibles explicaciones. Por un lado, los menores acumulan menos “experiencias inmunitarias” frente al SARS‑CoV‑2, tanto por menor número de dosis de vacuna como por haber pasado menos infecciones previas. Cada nuevo contacto con el virus amplía la respuesta inmunológica, de modo que los adultos suelen tener una “caja de herramientas” defensiva más diversa. Los niños, en cambio, parten con menos recursos inmunitarios frente a una variante muy mutada como la «Cigarra».
Por otro lado, se ha observado que algunos virus BA.3.2 carecen de fragmentos concretos en su genoma que están implicados en la activación del sistema inmunitario. Esta peculiaridad, que ya se vio en otras variantes como XBB, podría facilitar la infección en edades tempranas, aunque los estudios aún están en marcha y no hay un consenso definitivo.
También entra en juego el contexto social. Los niños se exponen con frecuencia a entornos cerrados y concurridos, como aulas, extraescolares o guarderías, donde es más sencillo que los virus respiratorios se transmitan. En ese sentido, el comportamiento de BA.3.2 recuerda al de la gripe o el virus respiratorio sincitial, que todos los inviernos se propagan con facilidad desde los escolares hacia los adultos del entorno familiar.
¿Es más grave esta nueva variante de Covid-19?
Pese a las particularidades de su perfil genético y a su afinidad por la población infantil, los datos clínicos disponibles hasta la fecha coinciden en un punto clave: BA.3.2 no parece causar una enfermedad más grave que otras variantes recientes. Los hospitales de los países donde se ha detectado con más claridad no han observado incrementos significativos en ingresos ni en mortalidad asociados específicamente a la «Cigarra».
De hecho, virólogos que siguen de cerca su evolución señalan que esta variante no ha mostrado la capacidad de desplazar rápidamente a otras en circulación, algo que sí ocurrió con la ómicron original. Una de las explicaciones posibles es que BA.3.2 habría perdido parte de su habilidad para unirse con firmeza a los receptores ACE‑2 de las células humanas, una especie de “puertas de entrada” del virus al organismo. Esa menor afinidad limitaría su capacidad de transmisión masiva.
Estudios de laboratorio que han analizado su comportamiento frente a las vacunas actualizadas durante la temporada 2024‑2025 sugieren que los anticuerpos generados por esos preparados son capaces de neutralizar BA.3.2 con relativa rapidez. Esto encajaría con el hecho de que, aunque la variante tenga un alto potencial de evasión inmunitaria sobre el papel, en la práctica no ha conseguido desencadenar olas de gran magnitud.
Con todo, los científicos insisten en que es pronto para bajar la guardia. Las variantes del SARS‑CoV‑2 pueden seguir acumulando cambios y, en teoría, una rama como BA.3.2 podría adquirir nuevas mutaciones que alterasen su comportamiento. Por ahora no hay evidencias de que eso esté ocurriendo, pero de ahí que se mantenga en la categoría de “bajo vigilancia” de la OMS.
Síntomas más habituales asociados a la variante «Cigarra»
En lo que respecta a la presentación clínica, BA.3.2 no ha introducido un cuadro de síntomas totalmente distinto al de otras variantes del coronavirus. Esto complica diferenciarla de la gripe, de otros virus respiratorios de invierno o incluso de un resfriado intenso sin recurrir a pruebas diagnósticas específicas.
Entre los signos más frecuentes descritos por las autoridades sanitarias y los clínicos que tratan a pacientes con Covid-19 se encuentran los siguientes: fiebre o sensación febril, con o sin escalofríos, tos persistente y dolor de garganta. En muchas personas aparecen además congestión o goteo nasal, estornudos y una marcada sensación de cansancio.
No es raro que el cuadro se acompañe de dolor de cabeza, molestias musculares o dolor corporal generalizado, así como alteraciones del olfato y del gusto. Estos últimos síntomas, muy característicos de los primeros años de la pandemia, ahora no se dan en todos los casos, por lo que su ausencia no descarta el contagio.
En algunos pacientes, tanto adultos como menores, se han observado síntomas digestivos como náuseas, vómitos o diarrea. En general, estos trastornos suelen ser leves y se resuelven en pocos días, aunque pueden resultar especialmente molestos en niños pequeños o personas con otras patologías.
Los cuadros más serios, que siguen siendo poco frecuentes en la población infantil, se caracterizan por dificultad para respirar, sensación de falta de aire o respiración acelerada. Ante cualquiera de estos signos de alarma, los profesionales sanitarios recomiendan acudir sin demora a un servicio médico, especialmente en menores, mayores, personas inmunodeprimidas o con enfermedades crónicas.
Inmunidad, vacunas y vigilancia internacional
Una de las grandes preguntas que plantea la variante «Cigarra» es hasta qué punto las vacunas actuales y las infecciones previas siguen ofreciendo protección. Al tratarse de un virus con muchas mutaciones en la proteína S, es razonable pensar que su capacidad de escape inmunitario sea mayor que la de linajes anteriores. Aun así, los datos de laboratorio y la experiencia en el mundo real apuntan a que se mantiene una defensa importante frente a la enfermedad grave.
Las vacunas adaptadas a variantes recientes de ómicron han demostrado generar anticuerpos que neutralizan BA.3.2 con cierta eficacia. Es posible que la protección frente a la infección no sea completa —algo que ya se observaba con otras variantes—, pero sí contribuiría a reducir el riesgo de complicaciones, ingresos hospitalarios y fallecimientos. Esto encaja con la ausencia, hasta la fecha, de un repunte significativo de casos graves atribuible a la «Cigarra».
La OMS y redes de vigilancia como CoViNet actualizan de forma continua sus evaluaciones sobre las variantes en circulación, teniendo en cuenta la transmisibilidad, la gravedad de los cuadros clínicos y el impacto en la eficacia de vacunas y tratamientos. Cuando se detectan cambios relevantes, las recomendaciones sanitarias se ajustan, tanto a escala global como en cada país.
En Europa y España, las estrategias actuales pasan por mantener la vacunación de refuerzo en grupos vulnerables —mayores, personas con patologías de riesgo, inmunodeprimidos— y seguir de cerca los datos de secuenciación genética. El objetivo es reaccionar con rapidez si una variante concreta comenzase a mostrar un comportamiento preocupante, algo que, por ahora, no se observa de forma clara con BA.3.2.
Los especialistas recuerdan que, a pesar de que la circulación del virus se ha reducido en comparación con los picos de la pandemia, el SARS‑CoV‑2 sigue presente y puede dar lugar a nuevas ramas con características propias. Conviene, por tanto, no perder completamente de vista las medidas de prevención básicas, sobre todo en momentos de alta incidencia o en espacios donde conviven personas con mayor riesgo.
Qué pueden hacer familias y población general
En el ámbito cotidiano, el mensaje de los profesionales de la salud es relativamente claro: no se trata de alarmarse con cada nueva variante, pero sí de mantener cierta prudencia, especialmente cuando hay menores o personas frágiles en el entorno. En el caso concreto de la «Cigarra», al observarse una mayor proporción de contagios en niños, la atención de padres y cuidadores resulta clave.
Las pautas recomendadas son ya conocidas: usar mascarilla en espacios cerrados muy concurridos o mal ventilados cuando haya brotes activos, lavarse las manos con frecuencia, ventilar las estancias de forma regular y quedarse en casa ante síntomas compatibles con una infección respiratoria, siempre que sea posible. Son medidas sencillas que ayudan a limitar la transmisión, no solo del coronavirus, sino también de la gripe y otros virus invernales.
En el caso de los menores, los pediatras aconsejan vigilar con especial atención la aparición de fiebre alta prolongada, respiración agitada, apatía extrema o rechazo persistente a la comida y la bebida. Ante cualquiera de estos signos, recomiendan consultar con un profesional sanitario sin esperar a que el cuadro avance.
En paralelo, las autoridades sanitarias insisten en la importancia de mantener actualizados los calendarios de vacunación allí donde se ofrezcan dosis de refuerzo frente a la Covid‑19, sobre todo para grupos en los que el beneficio está más demostrado. La inmunización sigue considerándose uno de los pilares para reducir el impacto de nuevas variantes, incluso cuando estas presentan cierto grado de evasión de anticuerpos.
El escenario actual muestra un virus que continúa evolucionando pero cuyo impacto está amortiguado por la inmunidad acumulada en la población, fruto tanto de las campañas de vacunación como de las infecciones previas. La variante BA.3.2, «Cigarra», encaja en ese nuevo contexto: un linaje con muchas mutaciones y un perfil llamativo por su afinidad por los menores, pero que, a día de hoy, no ha cambiado de forma drástica el mapa de la Covid‑19 en España, Europa o el resto del mundo.

