Reciclado químico para transformar plásticos complejos

Última actualización: febrero 2, 2026
  • El reciclado químico permite transformar plásticos complejos y contaminados en materias primas de alto valor, complementando al reciclado mecánico.
  • Proyectos como CHEMCYCLE y COMPLESOLV desarrollan tecnologías de pirólisis, solvólisis y disolución selectiva para residuos de vehículos, RAEE, textiles y laminados multicapa.
  • La clasificación avanzada con HSI, Raman y LIBS, junto con IA, optimiza el pretratamiento y mejora el rendimiento de los procesos de reciclado químico.
  • Estas soluciones impulsan la economía circular, reducen vertidos y emisiones de CO2 y generan nuevas oportunidades industriales y de empleo especializado.

Reciclado químico para transformar plásticos complejos

La gestión de los residuos plásticos más complejos se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza ambientales y económicos de nuestra época. Multicapas, mezclas de polímeros, textiles técnicos, componentes de vehículos o aparatos electrónicos… todos esos materiales suelen acabar en vertedero o incinerados porque el reciclado mecánico no da más de sí. En este contexto, el reciclado químico de plásticos complejos aparece como una pieza clave para darle la vuelta al problema y convertirlo en oportunidad industrial.

Lejos de ser una simple moda, el reciclado químico es ya un campo estratégico de I+D industrial en Europa y especialmente en Euskadi, donde proyectos como CHEMCYCLE o COMPLESOLV están desarrollando tecnologías de pirólisis, solvólisis y disolución selectiva para transformar residuos muy complicados en monómeros, aceites, polioles y otras materias primas secundarias de alto valor. Todo ello con un objetivo claro: cerrar el círculo de los plásticos, reducir la dependencia del petróleo y potenciar la economía circular.

Qué es exactamente el reciclado químico de plásticos complejos

Proceso de reciclado químico de plásticos

Cuando hablamos de reciclado químico no nos referimos a triturar, lavar y volver a fundir el plástico, sino a romper las cadenas poliméricas hasta el nivel molecular. Es decir, los plásticos se transforman en monómeros, oligómeros o mezclas de hidrocarburos que después se pueden usar como base para fabricar de nuevo plásticos u otros productos químicos con calidad equiparable al material virgen.

Este enfoque permite tratar materiales que el reciclado mecánico no puede gestionar: residuos contaminados, mezclas de polímeros, plásticos multicapa, composite con fibras, textiles sintéticos complejos o fracciones procedentes del desguace de vehículos y RAEE. En vez de darlos por perdidos, el reciclado químico los reconvierte en recursos aprovechables para la industria.

Desde el punto de vista de la economía circular, el reciclado químico hace posible un “cierre de ciclo” casi completo: el residuo vuelve a ser materia prima, se reduce el uso de recursos fósiles, se evita el vertido y se minimiza la incineración, con una disminución directa de emisiones de CO2 asociadas.

En la práctica, el reciclado químico se apoya en varias rutas tecnológicas, entre las que destacan la pirólisis, la gasificación, la despolimerización, la solvólisis y la disolución selectiva; además la termoquímica como palanca tecnológica juega un papel clave. Cada una es adecuada para determinados tipos de plásticos y combinaciones de residuos, y la investigación actual se centra en optimizar su eficiencia técnica, energética y económica.

Diferencias clave entre reciclado químico y reciclado mecánico

Aunque a menudo se los contrapone, en realidad el reciclado mecánico y el químico son enfoques complementarios. El primero funciona muy bien con flujos limpios y homogéneos (PET de envase, HDPE de botellas, etc.), mientras que el segundo entra en juego cuando el material es complejo o está muy contaminado.

En el reciclado mecánico, el plástico se tritura, lava, clasifica y se vuelve a extruir para producir granza reciclada. El problema es que la estructura química del polímero se mantiene, de modo que sufre degradación con cada ciclo, pierde prestaciones y requiere mezclarse con virgen para mantener la calidad, lo que limita el número de veces que puede reciclarse.

En el reciclado químico, la historia cambia: el polímero se descompone en unidades químicas básicas a través de calor, presión, catalizadores o disolventes. Esas corrientes (monómeros, aceites, gases, polioles, etc.) se purifican y se utilizan de nuevo como materia prima, lo que permite obtener plásticos reciclados con propiedades muy similares a los vírgenes, incluso aptos para aplicaciones tan exigentes como el packaging alimentario o la farmacéutica.

Por eso se suele decir que el reciclado químico tiene un alto potencial para recuperar plásticos complejos, multicapa o sucios, precisamente aquellos que hoy terminan en vertedero o se destinan a valorización energética. Ambos sistemas de reciclaje, coordinados, pueden crear circuitos cerrados y abiertos que maximicen el valor de los flujos de residuos.

En términos de madurez tecnológica, el reciclado mecánico está ya ampliamente consolidado a escala industrial, mientras que el reciclado químico se encuentra todavía en fase de despliegue y escalado, con proyectos piloto y demostradores industriales que afinan procesos, mejoran rendimientos y reducen consumos energéticos y de reactivos.

CHEMCYCLE: reciclado químico avanzado para residuos plásticos de difícil reciclabilidad

En Euskadi, uno de los referentes en este ámbito es el proyecto CHEMCYCLE, un programa estratégico de I+D industrial que persigue el desarrollo de tecnologías avanzadas de reciclado químico para residuos plásticos de recuperación especialmente complicada. Está financiado por el programa Hazitek 2025 del Gobierno Vasco y se alinea con la Iniciativa Tractora Transversal de Economía Circular del PCTI Euskadi 2030.

El objetivo central de CHEMCYCLE es convertir residuos complejos en nuevas materias primas secundarias de gran valor añadido, como aceites de pirólisis, monómeros o polioles reciclados, de forma que puedan ser reinyectados en cadenas industriales clave del territorio: petroquímica, construcción, automoción o industria papelera, entre otras.

Las corrientes de residuo que aborda este proyecto son muy variadas: vehículos fuera de uso (VFU o ASR), aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), textiles, papelote, caucho y plásticos urbanos e industriales. Buena parte de estos materiales hoy se destinan a vertedero o a valorización energética, con la consiguiente pérdida de recursos materiales y económicos.

CHEMCYCLE se articula sobre los conceptos Plastic2Plastic y Plastic2Chemicals, es decir, rutas que permiten pasar del residuo plástico a nuevos plásticos reciclados de alta calidad o a productos químicos de uso industrial. Todo ello implica estudiar tecnologías termoquímicas avanzadas, sobre todo procesos de pirólisis en reactores de lecho fijo y fluidizado capaces de operar hasta unos 900 ºC.

En estos reactores se analiza el efecto de la temperatura y del tiempo de residencia sobre la conversión, con la idea de maximizar la obtención de productos valiosos como char (sólido carbonoso) y aceites de pirólisis. Posteriormente, se caracterizan parámetros como el área específica, el contenido de cenizas, la presencia de metales y halógenos, y se estudia la composición de los aceites mediante técnicas analíticas como GC/MS.

Investigación en Euskadi: TECNALIA, GAIKER y el ecosistema eco-industrial

Dentro del consorcio de CHEMCYCLE, centros como TECNALIA y GAIKER tienen un papel protagonista en el desarrollo de tecnologías de reciclado químico. TECNALIA, por ejemplo, lidera la investigación en pirólisis de caucho y textiles complejos, evaluando la viabilidad de los aceites resultantes como materias primas o incluso como protectores de madera, lo que abre vías innovadoras de valorización.

El proyecto está respaldado por un consorcio industrial vasco que cubre toda la cadena de valor del residuo plástico: empresas de gestión, recogida, clasificación, transformación y uso final, como FRAGNOR, ZORROZA GESTION, KOOPERA, TAMOIN, GLOBAL FACTOR, LUCART, EIFORSA, VIMANSA, NYPSA, ASFALTIA, además de los centros tecnológicos TECNALIA y GAIKER como socios científicos.

A nivel de impacto, las previsiones de CHEMCYCLE apuntan a que el despliegue industrial de sus resultados podría valorizar anualmente unas 285.000 toneladas de residuos plásticos que hoy acaban en vertedero, evitando la emisión estimada de unas 140.000 toneladas de CO2 al año. Además, se plantea la creación de una nueva empresa para la gestión industrial de una futura planta de pirólisis.

Los efectos económicos esperados son notables: se estima la generación de 22 empleos especializados, un incremento de facturación de en torno a 25,5 millones de euros para las empresas participantes y exportaciones asociadas cercanas a los 37,2 millones de euros, reforzando el posicionamiento del sector eco‑industrial vasco en los mercados internacionales vinculados a la economía circular.

El consorcio prevé asimismo desarrollar alrededor de 18 nuevos productos o servicios basados en los resultados del proyecto, entre los que se incluyen aceites de pirólisis como ligantes de asfaltos sostenibles, latiguillos reciclados y reciclables o un material preservativo de base oleica más ecológico para el tratamiento de la madera.

COMPLESOLV: solvólisis y disolución para el upcycling de plásticos complejos

Paralelamente, el Centro Tecnológico GAIKER coordina el proyecto COMPLESOLV, centrado en el reciclado químico por solvólisis y disolución para residuos de plásticos complejos procedentes de textiles, composites y laminados multicapa. La idea no es solo reciclar, sino practicar un auténtico upcycling: transformar residuos problemáticos en materiales o productos de mayor calidad, valor ecológico y valor económico.

El proyecto se apoya en la aplicación e industrialización de procesos de solvólisis y disolución selectiva que permiten separar selectivamente las distintas capas o componentes poliméricos, recuperar polímeros con alto grado de pureza y obtener productos con prestaciones equivalentes o superiores a los materiales vírgenes.

COMPLESOLV, iniciado en 2024 y financiado por la Diputación Foral de Bizkaia dentro de su programa de Transferencia Tecnológica (Línea 1), cuenta con la colaboración de empresas como Koopera Servicios Ambientales, Mecanizados Martiartu y Trienekens País Vasco. Todas ellas aportan know‑how en gestión de residuos, ingeniería y operación industrial, indispensables para llevar estas tecnologías desde el laboratorio al mercado.

La ambición del proyecto es clara: buscar una solución para residuos que no se pueden tratar con reciclado mecánico debido a la complejidad de su textura, composición o la fuerte unión entre los distintos materiales que los forman. El objetivo final es que los productos reciclados alcancen una calidad equivalente al material virgen, con grados de pureza aptos incluso para usos de síntesis o aplicaciones alimentarias.

Para conseguirlo, COMPLESOLV se organiza en cuatro grandes fases: caracterización y acondicionamiento de residuos complejos (multicapas, textiles y composites), investigación en procesos de solvólisis y disolución selectiva aplicados a estos residuos, purificación avanzada y control de calidad de los productos obtenidos y, por último, validación y evaluación técnico‑económica y ambiental de las rutas tecnológicas propuestas.

Tecnologías clave: pirólisis, solvólisis, gasificación y disolución selectiva

El abanico de tecnologías englobadas bajo el paraguas del reciclado químico es amplio, pero algunas destacan por su relevancia actual en el tratamiento de plásticos complejos. La pirólisis es probablemente la más conocida: se trata de un proceso termoquímico en el que los residuos plásticos se calientan en ausencia de oxígeno, generando una mezcla de fracciones líquidas (aceites), gaseosas y un residuo sólido carbonoso (char).

Los aceites de pirólisis pueden utilizarse como materia prima en la industria petroquímica, como base para combustibles alternativos o, tras un tratamiento adecuado, como componente en aplicaciones tan diversas como ligantes de asfalto o protectores de madera. Los gases se pueden aprovechar energéticamente para alimentar el propio proceso, mejorando la eficiencia global.

La gasificación es otra ruta térmica en la que los residuos se transforman en un gas de síntesis rico en CO, H2 y otros compuestos, que puede emplearse como combustible o como base para la producción de productos químicos y combustibles sintéticos mediante procesos posteriores (como la síntesis Fischer‑Tropsch).

Por otro lado, están las rutas basadas en solvólisis y disolución, protagonistas en proyectos como COMPLESOLV. En la solvólisis se utilizan disolventes, a menudo combinados con calor, presión y catalizadores, para romper los enlaces químicos del polímero y liberar monómeros o fragmentos de interés. En la disolución selectiva, el objetivo principal es disolver determinados componentes de una mezcla compleja para poder separarlos y recuperarlos con alto nivel de pureza.

Para que estos procesos sean realmente sostenibles, la investigación actual incide en emplear disolventes más benignos (incluidos disolventes naturales), operar a temperaturas moderadas y acercarse al concepto de residuo cero, aprovechando tanto productos como subproductos de manera integrada en diferentes cadenas de valor.

Clasificación avanzada de plásticos: HSI, Raman y LIBS con IA

Una de las barreras habituales para el reciclado, tanto mecánico como químico, es la clasificación precisa y rápida de los residuos. CHEMCYCLE y otros proyectos similares están investigando el uso de tecnologías de visión y espectroscopía avanzadas para identificar los polímeros de interés en tiempo real y mejorar el pretratamiento.

Entre estas tecnologías destacan la visión hiperespectral (HSI), que analiza la respuesta espectral de los materiales en múltiples longitudes de onda para distinguir polímeros muy similares; la espectroscopia Raman, que permite reconocer estructuras moleculares específicas, y la Espectroscopía Láser de Ruptura Inducida (LIBS), útil para detectar elementos químicos presentes en los residuos.

La combinación de estas técnicas con algoritmos avanzados de aprendizaje automático posibilita sistemas de clasificación eficientes y completamente automatizados, capaces de separar y dirigir a reciclado químico solo aquellas fracciones que realmente lo necesitan, optimizando el rendimiento global de la planta y reduciendo costes operativos.

Este enfoque tecnológicamente sofisticado ayuda también a minimizar la presencia de contaminantes y aditivos problemáticos, algo crítico cuando se busca obtener monómeros o materias primas secundarias de alta pureza aptas para aplicaciones de alto valor añadido.

A la vez, mejora el aprovechamiento de residuos como textiles técnicos o fracciones de automoción, que hasta ahora iban mayoritariamente a vertedero o incineración, contribuyendo a reducir esa brecha del 37 % de residuos que en Euskadi todavía no se recicla ni se valoriza materialmente.

Aplicaciones industriales y ejemplos reales: de 2G a Acteco

Más allá de los proyectos de investigación, ya existen empresas que están desplegando soluciones industriales de reciclado químico. Un ejemplo es 2G Chemical Plastic Recycling, que ha apostado por la pirólisis avanzada para tratar residuos plásticos técnicamente complejos: plásticos mezclados, multicapa, contaminados o sin salida para el reciclado mecánico.

En estas instalaciones, los residuos se convierten en aceites pirolíticos y gases industriales que se reintroducen en cadenas de valor químicas y energéticas, ofreciendo una alternativa circular y sostenible para sectores con necesidades de materiales de alta calidad. Esta estrategia se alinea con principios como la creación de materia prima a partir de plásticos muy usados, la potenciación de la circularidad y la reducción del uso de vertederos como destino final.

En paralelo, compañías como Acteco están trabajando con un enfoque de cooperación entre reciclado mecánico y químico. Sus plantas ya reciclan mecánicamente más de 18.000 toneladas de plástico al año, pero para fracciones en las que esta opción no es viable, están impulsando proyectos de reciclado químico como parte de su apuesta por la valorización total de los plásticos.

España, además, cuenta con un ecosistema industrial y de I+D+i muy favorable y ha sido pionera en el reconocimiento normativo del reciclado químico, al ser el primer país de la UE en incluirlo explícitamente en una ley (Ley de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular). Proyectos como Eclipse (nuevas rutas térmicas, biológicas y químicas para residuos plásticos) o GreenRP (valorización de residuos peligrosos mediante pirólisis) son buenos ejemplos de esta dinámica; además hay investigaciones donde una bacteria logra transformar plástico en paracetamol.

A pesar de esta posición ventajosa, el sector subraya que aún hacen falta marcos regulatorios claros y medidas de apoyo adecuadas que reconozcan el papel del reciclado químico en el cumplimiento de los objetivos del Pacto Verde Europeo y del futuro Reglamento de envases y residuos de envases, desbloqueando así todo su potencial.

Ventajas ambientales, económicas y de economía circular

Desde el punto de vista ambiental, el reciclado químico aporta varias ventajas claras: reduce el volumen de residuos que llegan a vertedero, evita parte de las emisiones asociadas a la incineración, disminuye la dependencia de recursos fósiles vírgenes y puede contribuir de manera significativa a la reducción de la huella de carbono en sectores industriales intensivos en materiales plásticos.

La posibilidad de producir plástico reciclado con propiedades comparables a las del material virgen abre la puerta a aplicaciones exigentes -como envases alimentarios, componentes de automoción o sectores técnicos- que hoy dependen casi exclusivamente de materias primas fósiles, favoreciendo una transición más rápida hacia modelos productivos circulares.

En el plano económico, el reciclado químico se traduce en nuevas oportunidades de negocio y de exportación, creación de empleo especializado y desarrollo de soluciones tecnológicas de alto valor añadido. Proyectos como CHEMCYCLE muestran que, además de mejorar la gestión de residuos, estas tecnologías pueden generar facturación adicional millonaria y abrir mercados en el ámbito internacional.

Por supuesto, no todo son ventajas automáticas: la viabilidad económica y ambiental a gran escala requiere seguir mejorando la eficiencia energética de los procesos, optimizar el uso de disolventes y aumentar el rendimiento en la conversión de residuo en producto útil. También es clave garantizar un suministro estable de residuos y una trazabilidad adecuada de los materiales reciclados.

En cualquier caso, el consenso entre industria, centros tecnológicos y administraciones es que el reciclado químico, bien regulado e integrado con el reciclado mecánico y la reutilización, tiene un papel insustituible en la transición desde un modelo lineal a uno realmente circular para el sector del plástico.

La experiencia acumulada en proyectos de I+D, la aparición de plantas industriales pioneras y el creciente respaldo normativo dibujan un escenario en el que transformar plásticos complejos en recursos de alto valor ya no es una utopía, sino una realidad en expansión que puede marcar la diferencia en la descarbonización y la competitividad de la industria europea.

bacteria transforma plástico en paracetamol
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