- España ha perdido el estatus de país libre de sarampión tras casi duplicarse los casos notificados en un año.
- La cobertura de la segunda dosis de la vacuna se queda en torno al 93%, por debajo del 95% recomendado para frenar la circulación del virus.
- Los pediatras proponen adelantar la segunda dosis de la triple vírica a los 2 años para reforzar la protección infantil.
- La comunidad científica insiste en mantener una alta cultura vacunal como herramienta clave para evitar brotes y complicaciones graves.

El sarampión ha vuelto a situarse en el foco de la preocupación sanitaria en España y en buena parte de Europa. Tras varios años con la enfermedad prácticamente controlada gracias a las vacunas, el aumento de casos y la retirada por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del estatus de “país libre de sarampión” han encendido todas las alarmas.
Lejos de ser un problema anecdótico, el repunte actual revela grietas en las coberturas de vacunación, diferencias entre comunidades autónomas y la influencia de movimientos antivacunas y de casos importados. Los pediatras recuerdan que el virus se puede controlar, e incluso erradicar, pero solo si se mantiene un porcentaje muy alto de población correctamente inmunizada.
Un virus muy contagioso que nunca llegó a desaparecer
El sarampión es una infección vírica causada por un Morbillivirus, extremadamente contagiosa y potencialmente grave, que afecta sobre todo a niños, aunque también puede presentarse en adultos sin inmunidad previa. Antes de la introducción de la vacuna en la década de 1960 era una de las principales causas de muerte infantil en Europa, y todavía hoy sigue ocasionando complicaciones de consideración.
Gracias a las campañas de inmunización, la OMS estima que se han evitado decenas de millones de muertes en todo el mundo en las últimas décadas. España mantuvo durante años una circulación mínima del virus y llegó a ser reconocida como zona libre de sarampión. Sin embargo, la situación ha cambiado en los últimos tiempos, en paralelo al aumento de casos en diversos países europeos.
En territorio español, la cobertura vacunal global sigue siendo alta, superior al 93%, pero no alcanza el umbral que se considera necesario para bloquear por completo la transmisión. Los brotes recientes se han concentrado sobre todo en personas no vacunadas o con pautas incompletas, lo que deja claro dónde se sitúa el punto débil del sistema.
Los especialistas apuntan a varios factores detrás del repunte: descensos puntuales en la vacunación tras la pandemia, reticencias frente a las vacunas en determinados grupos, ciertas bolsas de población con calendario incompleto y la llegada de personas procedentes de países con coberturas más bajas.
Perder el estatus de país libre de sarampión: qué ha pasado
En los últimos años se ha observado un aumento sostenido de los diagnósticos de sarampión en España. Los datos epidemiológicos más recientes apuntan a que en 2025 se notificaron en torno a 397 casos, frente a los 227 registrados el año anterior, lo que supone prácticamente duplicar la cifra en apenas doce meses.
Este incremento ha llevado a la OMS a retirar a España la calificación de territorio libre de sarampión, una etiqueta que solo se mantiene mientras la circulación del virus está interrumpida y se garantiza que los pocos casos que aparecen están cuidadosamente controlados. El repunte actual indica que la transmisión comunitaria ha vuelto a ganar terreno.
Los pediatras y expertos en salud pública insisten en que la responsabilidad no recae en un fallo de las vacunas, que siguen siendo muy eficaces, sino en la imposibilidad de frenar la propagación cuando no se alcanza una cobertura suficiente. En el caso del sarampión, cada persona infectada puede contagiar a entre 15 y 20 personas si éstas no están inmunizadas, una cifra muy superior a la de otras infecciones respiratorias habituales.
Por ello, las autoridades sanitarias y las sociedades científicas recuerdan que no se puede bajar la guardia. Aunque el número absoluto de casos aún sea relativamente bajo en comparación con épocas pasadas, el repunte actúa como señal de alarma de que la protección colectiva se está debilitando.
Cómo se manifiesta el sarampión y por qué no es una “simple erupción”
El cuadro típico suele comenzar con fiebre alta, tos, mucosidad nasal y conjuntivitis, a lo que se añaden pequeños puntos blanquecinos en la mucosa bucal (manchas de Koplik) y, unos días después, una erupción cutánea característica. Esta erupción se inicia en la cara y, progresivamente, se extiende al tronco y las extremidades.
Sin embargo, el problema del sarampión va mucho más allá del exantema. Hasta un 30% de los niños puede desarrollar complicaciones como otitis, neumonía, diarrea intensa o convulsiones febriles. En los casos más severos se produce inflamación del cerebro (encefalitis), con riesgo de secuelas neurológicas permanentes o incluso de muerte, especialmente en lactantes, personas inmunodeprimidas o pacientes con enfermedades crónicas.
Los pediatras recuerdan que no existe un tratamiento antiviral específico contra el virus. La atención se centra en el control de la fiebre, la hidratación, el manejo de las complicaciones respiratorias o digestivas y, en los cuadros graves, el ingreso hospitalario. Precisamente por esa ausencia de tratamiento causal, la prevención mediante la vacunación cobra un papel todavía más relevante.
El sarampión también tiene una vertiente social compleja: su alta contagiosidad obliga a extremar las precauciones para evitar brotes en colegios, guarderías u otros entornos cerrados. Un único caso sin diagnosticar a tiempo puede desencadenar un número elevado de contagios en pocos días si las coberturas vacunales no son óptimas.
Vacuna triple vírica: la gran herramienta para frenar el repunte
La principal barrera frente al virus es la vacuna triple vírica, que protege de forma combinada contra sarampión, rubéola y parotiditis. Se trata de una vacuna muy estudiada, con un perfil de seguridad amplio y una eficacia elevada: dos dosis proporcionan una protección superior al 95% y, en los pocos casos en los que se produce infección en personas correctamente vacunadas, la enfermedad suele ser mucho más leve.
En España, el calendario infantil contempla una primera dosis alrededor de los 12 meses y una segunda en la etapa preescolar. En regiones como la Región de Murcia se administra a los 12 meses y a los 4 años, aunque los pediatras han planteado la conveniencia de adelantar esta segunda dosis para reforzar antes la inmunidad de los más pequeños.
La situación actual ha llevado a la Asociación Española de Pediatría (AEP) y a su Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones a proponer de manera formal adelantar la segunda dosis de la triple vírica a los 2 años, una medida que algunas comunidades autónomas ya han empezado a aplicar. El objetivo es cerrar cuanto antes la ventana de vulnerabilidad en la infancia, cuando el riesgo de complicaciones por la infección es mayor.
Los especialistas recuerdan también que, ante la duda de si una persona está correctamente vacunada, lo más prudente es consultar en el centro de salud y completar la pauta si es necesario. Revacunar a alguien que ya estaba inmunizado no supone un riesgo añadido y ayuda a asegurar que la protección frente al virus es adecuada.
Qué hacer ante síntomas compatibles y cómo evitar contagios
Cuando aparece un cuadro con fiebre alta, tos, mucosidad nasal, irritación ocular y una erupción que comienza en la cara y se extiende al resto del cuerpo, los pediatras recomiendan no acudir de forma directa a urgencias o a la consulta sin avisar. Lo aconsejable es contactar primero con el centro de salud para recibir instrucciones y reducir el riesgo de diseminar el virus en salas de espera y espacios cerrados.
Si se confirma o se sospecha sarampión, se aconseja mantener aislamiento domiciliario durante el periodo de mayor infectividad, que abarca desde cuatro días antes de la aparición de la erupción hasta cuatro días después. En este tiempo se recomienda limitar al máximo el contacto con personas no vacunadas, especialmente bebés, mujeres embarazadas y pacientes inmunodeprimidos.
También se sugiere el uso de mascarilla en entornos sanitarios o si resulta inevitable el contacto con otras personas, para disminuir la probabilidad de transmisión por gotículas respiratorias. Los convivientes deben vigilar la aparición de síntomas y revisar su situación vacunal, sobre todo si no recuerdan haber recibido las dos dosis de la triple vírica.
En cualquier caso, los profesionales insisten en que el repunte actual no debe interpretarse como una invitación al alarmismo desmedido, sino como una llamada a la responsabilidad compartida. Mantener al día el calendario vacunal es una forma sencilla y eficaz de proteger no solo a los propios hijos, sino también a quienes no pueden vacunarse por motivos médicos.
El papel de los pediatras y las sociedades científicas en este contexto
La comunidad pediátrica española ha aprovechado encuentros científicos recientes, como las Jornadas de Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría, para analizar con detalle la situación y consensuar propuestas. Más de 300 especialistas en vacunas e inmunizaciones han debatido no solo el repunte del sarampión, sino también la evolución de otras enfermedades prevenibles mediante vacunación.
Desde estos foros se subraya que el aumento de infecciones no indica un fracaso de las vacunas, sino la consecuencia directa de bajadas, aunque sean puntuales, en las coberturas, cambios en los patrones epidemiológicos y mayor movilidad internacional. El flujo de viajeros desde países con tasas de vacunación más bajas facilita que el virus llegue a personas no inmunizadas en España.
En este escenario, los pediatras consideran prioritario reforzar la “cultura vacunal” en la población general, explicando de forma clara los riesgos del sarampión y los beneficios de la inmunización. No se trata solo de proteger al niño que recibe la vacuna, sino de construir una barrera colectiva que impida que el virus circule libremente.
Los expertos recuerdan, además, que los primeros mil días de vida son especialmente sensibles para el desarrollo del sistema inmunitario y para la salud futura. Por eso insisten en que la vacunación de los niños, de sus padres, cuidadores y convivientes contribuye a crear un escudo alrededor de los más vulnerables.
La realidad que dibuja el repunte del sarampión en España es la de un virus antiguo que nunca terminó de desaparecer y que se aprovecha de cualquier resquicio en las coberturas vacunas para volver a circular. Con una vacuna segura, eficaz y disponible en el calendario infantil, el margen de actuación está claro: revisar los calendarios, adelantar la segunda dosis cuando los expertos lo recomienden, consultar con el centro de salud ante la mínima duda y asumir que la protección frente a esta enfermedad no es solo una decisión individual, sino una responsabilidad colectiva para evitar que un problema prevenible se convierta de nuevo en un quebradero de cabeza para el sistema sanitario.

