Satélites, nanotecnología y economía circular para sanear el lago San Roque

Última actualización: febrero 13, 2026
  • Monitoreo satelital y algoritmos propios permiten localizar floraciones de algas y cianobacterias en el dique San Roque.
  • Nanopartículas activadas por la luz solar buscan degradar toxinas y microorganismos sin afectar la calidad del agua.
  • La biomasa de algas se plantea como recurso para producir energía y bioinsumos en clave de economía circular.
  • Las nuevas tecnologías se integran al Plan de Saneamiento y a la gestión de cuencas impulsados por la Provincia.

Tecnologías para sanear el lago San Roque

Las manchas verdes y los malos olores del lago San Roque, en Córdoba (Argentina), se han vuelto habituales tras décadas de contaminación y sobrecarga de nutrientes. Ahora, un conjunto de proyectos científicos propone un cambio de rumbo apoyado en satélites, nanotecnología y economía circular para abordar el problema desde varios frentes a la vez.

Equipos de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y centros asociados están impulsando dos líneas de trabajo complementarias: por un lado, la detección temprana y neutralización de algas y cianobacterias mediante monitoreo espacial y nanocatalizadores; por otro, el aprovechamiento de esa biomasa como recurso energético y productivo para la región. Todo ello se enmarca en las políticas de la Secretaría General de Ambiente y Economía Circular de la provincia, que ha decidido financiar estas iniciativas.

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Un lago clave para Córdoba, atrapado por la eutrofización

El dique San Roque es la principal fuente de agua potable para alrededor del 70 % de la ciudad de Córdoba, además de un espacio con relevancia turística, paisajística y recreativa. Sin embargo, desde hace más de medio siglo soporta un proceso de hipereutrofización: exceso de nutrientes, proliferación descontrolada de algas y cianobacterias y pérdida de calidad del agua.

Informes recientes del Centro de la Región Semiárida del Instituto Nacional del Agua (Cirsa-INA) describen un lago con coloración verde intensa, aspecto de “sopa de algas” y presencia de cianobacterias tóxicas como Microcystis aeruginosa. En tramos críticos, como la desembocadura del río Suquía, se han registrado zonas sin oxígeno en la columna de agua y grandes superficies cubiertas por blooms.

La causa principal señalada por especialistas es el aporte continuo de vertidos cloacales sin tratamiento adecuado desde las localidades de la cuenca. A ello se suma un crecimiento urbano acelerado, impulsado en parte por el sector inmobiliario, que no ha ido acompañado de la infraestructura de saneamiento necesaria ni de una planificación del uso del suelo acorde.

Este cóctel de factores provoca mortalidad de peces, restricciones para el uso recreativo, aumento de los costes de potabilización y pérdida de atractivo turístico. Como ocurre en otros embalses de la región y de Europa, remediar la situación resulta más costoso y complejo que haber prevenido el deterioro.

Frente a este escenario, la provincia ha puesto en marcha el Plan de Saneamiento y Desarrollo Sostenible del Lago San Roque (2023-2038) y creado la Autoridad de Cuencas, un organismo con competencias para coordinar acciones públicas y privadas orientadas a reducir los impactos sobre los embalses.

Satélites como «GPS» de las algas

Uno de los proyectos más avanzados combina tecnología espacial y análisis de datos para vigilar la evolución de las floraciones algales. El trabajo está liderado por el Instituto Gulich -dependiente de la UNC y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae)- junto al Instituto de Nanociencia y Nanotecnología de Cataluña (ICN2), en España, y cuenta con la participación del ICBIA (Conicet-UNRC) y la Fundación InnovaComunidad.

Desde hace más de 15 años, el Instituto Gulich recolecta y procesa imágenes satelitales del lago, desarrollando algoritmos propios que permiten estimar la concentración de clorofila y ficocianina, pigmentos asociados a algas y cianobacterias. Cruzando esa información con mediciones in situ, los equipos científicos pueden identificar las zonas y momentos en que se disparan las “explosiones algales”.

Este monitoreo continuo ofrece algo similar a un “GPS de las algas”: mapas actualizados que señalan dónde se concentran los blooms y qué áreas presentan mayor presencia de cianobacterias potencialmente peligrosas. De este modo, se gana capacidad para anticiparse a los episodios más críticos y planificar acciones selectivas de intervención.

La información se integra en modelos computacionales y herramientas de inteligencia artificial que permiten afinar aún más las predicciones. Con datos históricos y condiciones ambientales (temperatura, lluvias, caudales, etc.), se busca predecir cuándo y dónde se generarán nuevos focos, algo clave tanto para gestionar el riesgo sanitario como para coordinar labores de remediación y extracción.

Este enfoque se alinea con tendencias que también se están desplegando en embalses europeos y españoles, donde la teledetección y el big data se consolidan como aliados para controlar la calidad del agua y optimizar recursos en cuencas presionadas por la urbanización y el cambio climático.

Nanotecnología para neutralizar toxinas y cianobacterias

A la fase de diagnóstico y predicción se suma una apuesta por la nanotecnología aplicada a la remediación. El mismo consorcio científico que opera con los satélites está desarrollando un sistema de nanofotocatalización destinado a degradar las toxinas producidas por las cianobacterias e, incluso, a frenar su proliferación.

La idea es utilizar nanopartículas que se activan con la luz solar y, en presencia de agua, generan especies altamente oxidantes. Estos compuestos reaccionan con la materia orgánica y con las toxinas, descomponiéndolas en sustancias inocuas como agua, dióxido de carbono y oxígeno, al tiempo que dañan las células de las cianobacterias responsables de los blooms.

Para aplicar esta tecnología sobre el lago, se proyecta instalar plataformas flotantes equipadas con nanocatalizadores, anclados de forma irreversible a estructuras similares a espumas flotantes. De este modo, se busca que los materiales activos no se dispersen en la columna de agua, reduciendo riesgos y evitando la generación de subproductos clorados que puedan comprometer la calidad del recurso.

En la primera etapa, los equipos realizarán ensayos controlados en laboratorio, caracterizando la estructura de los catalizadores, su estabilidad y su eficacia con muestras reales de agua del San Roque. Paralelamente, se elaborarán modelos matemáticos y simulaciones -con apoyo de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (Famaf)- para optimizar el diseño del sistema y prever su comportamiento en condiciones diversas.

A medio plazo, el objetivo es integrar completamente el monitoreo satelital con el despliegue de estas plataformas: cuando los satélites y los modelos indiquen que se está formando un bloom en una zona concreta, se podrían dirigir los dispositivos hacia ese punto para actuar de forma localizada y automática, aprovechando la luz del sol como fuente de energía para el proceso.

Economía circular: convertir las algas en energía y recursos

El segundo gran proyecto que se está poniendo en marcha aborda el problema desde otra perspectiva: qué hacer con la enorme cantidad de biomasa que se extrae del lago en forma de algas y plantas acuáticas. Hoy buena parte de ese material termina en enterramientos sanitarios, desaprovechando su potencial.

Bajo la dirección de la investigadora Anabella Ferral y de Oscar Oviedo -especialista en energías renovables de la Facultad de Ciencias Químicas (UNC-Conicet)-, el equipo planea cuantificar la biomasa generada en el embalse, tanto de fitoplancton microscópico como de macrófitas, las plantas que se introducen para absorber nutrientes como fósforo y nitrógeno.

Estas macrófitas, si bien ayudan a retirar nutrientes del agua, acaban acumulándose en las orillas, se descomponen y producen olores desagradables y un impacto visual negativo. De ahí la necesidad de retirarlas con frecuencia, lo que supone un coste recurrente para la administración sin una contrapartida de valor añadido.

El proyecto propone dar un giro y tratar las algas como un recurso. Entre las opciones que se barajan está su uso como insumo para biodigestores capaces de producir biogás, integrándose así en esquemas de economía circular y bioeconomía regional. También se estudia su posible conversión en bioinsumos u otros productos con valor agregado para sectores como el energético o el agroalimentario.

Para ello, se recurrirá nuevamente a mapas satelitales e inteligencia artificial, que permitirán estimar la biomasa disponible en distintas zonas del lago y predecir los momentos de máxima proliferación. Con esa información, se podrían planificar campañas de cosecha coordinadas con biodigestores u otras instalaciones que aprovechen el material sin saturarse.

Articulación institucional y oportunidades para la bioeconomía

Ambas líneas de trabajo -la de monitoreo y nanofotocatalización y la de aprovechamiento de biomasa– forman parte de la estrategia que la Secretaría General de Ambiente y Economía Circular del Gobierno de Córdoba busca consolidar en el marco del Plan de Saneamiento del lago.

La Secretaría de Ciencia y Tecnología (Secyt) de la UNC se encargará de gestionar los fondos y coordinar los grupos de investigación implicados, favoreciendo la colaboración entre especialistas en teledetección, química, energías renovables, modelización matemática e inteligencia artificial.

En el caso concreto del proyecto de economía circular, se prevé involucrar a cámaras empresariales como la Cámara Argentina de la Industria Energética (Cadiec) y la Cámara de Agroalimentos y Bioalimentos de Córdoba (Cabiocor). La idea es explorar modelos de negocio que permitan transformar el problema ambiental de las algas en oportunidades de inversión y empleo local.

De este modo, la crisis del San Roque deja de abordarse únicamente como un coste -tanto económico como social- y pasa a verse también como un campo de experimentación para nuevas tecnologías y esquemas productivos sostenibles. Algo que, salvando las distancias, conecta con iniciativas europeas orientadas a revalorizar residuos orgánicos y reducir la dependencia de combustibles fósiles.

Las autoridades provinciales subrayan, no obstante, que estas innovaciones tecnológicas deben ir de la mano de medidas estructurales de saneamiento, especialmente en lo relativo al control de efluentes urbanos y a la planificación del crecimiento de la mancha urbana en la cuenca. Sin reducir el ingreso de nutrientes, advierten los expertos, cualquier solución será parcial y requerirá un esfuerzo sostenido durante años.

En conjunto, la combinación de observación satelital, nanotecnología y aprovechamiento de biomasa dibuja un enfoque integral para el lago San Roque: detectar con precisión las floraciones, neutralizar sus efectos más nocivos y convertir el excedente de algas en un recurso útil. Se trata de una estrategia que, además de apuntar a la recuperación paulatina del embalse cordobés, abre la puerta a modelos de gestión replicables en otros diques y cuencas, tanto en Argentina como en Europa, donde la presión sobre los recursos hídricos exige soluciones que conjuguen ciencia, planificación y economía circular.