Síntomas del cáncer testicular, causas, diagnóstico y tratamiento

Última actualización: diciembre 8, 2025
  • El cáncer testicular suele debutar con un bulto indoloro o aumento de tamaño de un solo testículo, a veces acompañado de pesadez escrotal.
  • Existen síntomas generales y a distancia cuando la enfermedad está avanzada, como dolor lumbar, disnea o pérdida de peso.
  • El diagnóstico combina exploración física, ecografía y marcadores tumorales, y el tratamiento se basa casi siempre en la orquidectomía más quimio o radioterapia según el tipo tumoral.
  • El pronóstico es muy favorable si se detecta pronto, con altas tasas de curación y opciones para preservar la fertilidad mediante banco de semen.

síntomas del cáncer testicular

El cáncer de testículo es un tumor poco frecuente, pero es uno de los cánceres más habituales en varones jóvenes, sobre todo entre los 15 y los 45 años. Aunque la palabra “cáncer” asusta, en este caso la buena noticia es que se trata de una enfermedad con una tasa de curación muy alta, incluso cuando se ha extendido fuera del testículo, siempre que se diagnostique y trate correctamente.

Muchos de los síntomas del cáncer testicular pueden deberse a problemas benignos, como infecciones, inflamaciones o quistes, y no a un tumor maligno. Aun así, ante cualquier bulto, hinchazón, molestia o cambio en los testículos o el escroto, es clave no dejarlo pasar y consultar cuanto antes con el médico de cabecera o el urólogo. Un diagnóstico precoz marca una diferencia enorme en el pronóstico.

¿Qué es exactamente el cáncer testicular?

El cáncer testicular se origina cuando algunas células de uno o ambos testículos empiezan a multiplicarse sin control y se vuelven malignas. Los testículos están dentro del escroto, el saco de piel que cuelga por debajo del pene, y son los encargados de producir espermatozoides y la hormona masculina principal, la testosterona.

En torno al 90% de estos tumores se originan en las llamadas células germinales, que son las que fabrican los espermatozoides. Dentro de este grupo se distinguen dos grandes tipos: los seminomas y los no seminomas. Su comportamiento, el tipo de tratamiento indicado y la respuesta a la quimioterapia o radioterapia pueden variar según el subtipo.

Entre los tumores no seminomas más frecuentes se encuentran el carcinoma embrionario, el tumor del saco vitelino, el coriocarcinoma y el teratoma. Con frecuencia, un mismo tumor testicular combina varios de estos componentes, por lo que el análisis patológico detallado tras la cirugía resulta esencial para diseñar el plan terapéutico más adecuado.

Aunque los tumores del estroma testicular (como los de células de Leydig o de Sertoli) y los cánceres testiculares secundarios (metástasis de otros tumores) son posibles, representan una minoría de casos. La gran mayoría de hombres con cáncer testicular presenta un tumor de células germinales primario del testículo.

Síntomas iniciales del cáncer testicular

En muchas ocasiones, el primer signo que hace saltar las alarmas es un bulto o área endurecida dentro del testículo. Suele notarse al ducharse, al secarse o durante una autoexploración, y la mayor parte de las veces es indoloro. Es típico que afecte a un solo testículo, que puede verse más grande o con forma algo cambiada.

Además del nódulo palpable, es frecuente que el hombre note una sensación de pesadez o tirantez en el escroto. A veces, el crecimiento tumoral provoca una acumulación brusca de líquido alrededor del testículo (hidrocele), produciendo una hinchazón repentina del escroto que llama la atención.

Algunos pacientes describen un dolor sordo en el testículo afectado, en el escroto o irradiado hacia la ingle o la parte baja del abdomen. El dolor intenso no es el síntoma más habitual del cáncer testicular, pero puede aparecer, por ejemplo, si hay sangrado interno dentro del tumor o si el tamaño de la masa provoca tensión en las estructuras del escroto.

Es importante tener en cuenta que, en ocasiones, el cáncer testicular puede avanzar de forma prácticamente asintomática en fases iniciales, sin causar molestias llamativas. No es raro que algunos tumores pequeños se descubran por casualidad durante una ecografía solicitada por infertilidad o por otro motivo no relacionado con el cáncer.

Otras veces, los síntomas se confunden con procesos benignos como epididimitis u orquitis (inflamación del epidídimo o del testículo), que producen dolor, enrojecimiento y a menudo fiebre, o con quistes epididimarios e hidroceles que también aumentan el tamaño del escroto pero no son malignos. Por eso, si los síntomas no mejoran o persisten más de un par de semanas, es fundamental repetir la valoración médica.

Síntomas relacionados con las hormonas y cambios en el cuerpo

Algunos tumores de células germinales y ciertos tumores del estroma pueden producir hormonas o sustancias similares a hormonas que generan síntomas llamativos a distancia. Un ejemplo típico es la hormona gonadotropina coriónica humana (HCG), que en situaciones normales se eleva en el embarazo y que en el caso de estos tumores puede alcanzar niveles altos.

Cuando la HCG o los estrógenos producidos por el tumor aumentan en sangre, el hombre puede notar crecimiento de las mamas (ginecomastia) o sensibilidad mamaria dolorosa. También es posible que aparezca disminución del deseo sexual o alteraciones en la función sexual relacionadas con los cambios hormonales.

Los tumores de células de Leydig, por ejemplo, pueden fabricar estrógenos o andrógenos. En adultos, esto a veces se traduce en ginecomastia, pérdida de libido o signos de hipogonadismo, mientras que en los niños pueden provocar una pubertad precoz, con cambios como voz más grave, aparición de vello facial y corporal o crecimiento acelerado a edades tempranas.

Otro aspecto importante es la fertilidad. El cáncer de testículo y sus tratamientos pueden alterar la producción de espermatozoides y los niveles de testosterona. Ya en el momento del diagnóstico, muchos pacientes presentan anomalías en el espermiograma. Por ello, antes de iniciar quimioterapia o radioterapia suele recomendarse considerar el banco de semen como medida de preservación de la fertilidad futura.

Aunque estos cambios hormonales puedan resultar muy molestos o preocupantes, la corrección de la causa (extirpación del tumor y tratamientos posteriores) y, si es necesario, la terapia de reemplazo hormonal ayudan habitualmente a normalizar la situación con el tiempo.

Síntomas del cáncer testicular avanzado

Cuando el cáncer testicular no se detecta a tiempo o progresa rápidamente, puede diseminarse a otras partes del cuerpo. Lo más frecuente es que primero afecte a los ganglios linfáticos del retroperitoneo (detrás del abdomen) y, posteriormente, a pulmones, hígado u otros órganos. En estas fases, los síntomas ya no se limitan al testículo.

Uno de los signos más típicos de afectación ganglionar abdominal es el dolor lumbar o en la parte baja de la espalda. También puede aparecer dolor o sensación de masa en el abdomen, si los ganglios linfáticos agrandados presionan estructuras cercanas o si hay metástasis viscerales.

Si el tumor se propaga a los pulmones, el paciente puede notar dificultad para respirar, tos persistente, dolor torácico o incluso toser sangre (hemoptisis). La afectación del hígado puede manifestarse con dolor abdominal, malestar general o alteraciones analíticas, mientras que la extensión al cerebro podría asociarse a dolores de cabeza, confusión o síntomas neurológicos focales.

En casos muy avanzados es posible que aparezcan síntomas generales como pérdida de peso importante, disminución marcada del apetito, fatiga intensa o sensación de enfermedad prolongada sin una explicación clara. Estos signos no son exclusivos del cáncer testicular, pero en un varón joven con antecedentes de bulto en el testículo deben alertar.

Incluso cuando existen metástasis, el cáncer testicular continúa siendo uno de los tumores con mayor tasa de curación si se administra quimioterapia adecuada y, cuando procede, cirugía complementaria para retirar restos tumorales. No obstante, cuanto más tarde se inicie el tratamiento, mayor será la complejidad del manejo y el riesgo de secuelas.

Cuándo hay que acudir al médico

Es recomendable solicitar cita con el profesional sanitario si se detecta cualquier bulto, aumento de tamaño o cambio en la forma o consistencia de uno de los testículos, o si aparece dolor o molestia en la ingle o el escroto que dura más de dos semanas.

También conviene consultar si se produce una hinchazón rápida del escroto, una acumulación de líquido que aparece sin explicación aparente, ginecomastia o dolor mamario no justificado, dolor lumbar persistente en un varón joven, o signos de pubertad precoz en niños que todavía no están en edad de desarrollarse.

Un caso especial es el de la torsión testicular, que no es cáncer pero sí una urgencia médica. Se presenta con un dolor muy intenso y repentino en un testículo, con escroto inflamado y muchas veces náuseas. Si el dolor intenso dura más de unas horas, hay que acudir de inmediato a urgencias para no perder el testículo por falta de riego sanguíneo.

En general, no se trata de convertirse en hipocondríaco, sino de habituarse a conocer cómo son los propios testículos al tacto y a no dejar pasar los cambios. Si se manifiesta cualquier duda, es mejor que un profesional valore la situación y, si todo está bien, quedarse tranquilo.

Causas y factores de riesgo del cáncer testicular

En la mayoría de los casos, no se conoce con exactitud por qué una célula testicular normal empieza a transformarse en célula maligna. El origen está en cambios en el ADN de las células germinales, que hacen que estas se multipliquen sin freno y no mueran cuando deberían hacerlo, acumulándose y dando lugar al tumor.

Se han descrito diversas alteraciones genéticas y ambientales asociadas al cáncer testicular. Se sospecha que algunos disruptores hormonales y químicos presentes en el entorno (contaminación, ciertos compuestos en agua y alimentos, etc.) podrían jugar un papel, especialmente porque la incidencia ha aumentado en las últimas décadas en países industrializados, aunque no hay una causa única demostrada.

Entre los factores de riesgo mejor establecidos destaca la criptorquidia, es decir, el testículo que no ha descendido al escroto en el momento del nacimiento. Incluso si se corrige con cirugía en la infancia, el riesgo de cáncer a lo largo de la vida se mantiene más elevado que en la población general.

Otros factores que elevan el riesgo son los antecedentes familiares de cáncer testicular en parientes de primer grado, la presencia de un tumor previo en el otro testículo, el síndrome de Klinefelter y otros trastornos del desarrollo gonadal, la microlitiasis testicular, ciertas secuelas tras inflamaciones testiculares (por ejemplo, después de paperas) y la piel blanca, ya que esta enfermedad es más frecuente en varones caucásicos que en hombres de otras razas.

Es importante recalcar que tener uno o varios factores de riesgo no significa necesariamente que se vaya a desarrollar cáncer testicular, igual que muchos hombres sin factores de riesgo conocidos pueden llegar a padecerlo. Estos elementos solo indican una probabilidad algo mayor o menor, pero no son determinantes por sí solos.

Cómo se diagnostica el cáncer testicular

El primer paso suele ser un examen físico por parte del médico, que palpa ambos testículos, el epidídimo y el resto del escroto para identificar bultos, diferencias de tamaño, zonas de dolor o signos de inflamación. Con la exploración ya puede orientarse bastante el tipo de problema, aunque es necesario completar el estudio.

La prueba clave es la ecografía testicular, una técnica indolora que utiliza ultrasonidos para obtener imágenes detalladas del interior del testículo. Permite distinguir si la masa es sólida o quística, si está dentro del testículo o fuera, y valorar otras estructuras. En la mayoría de los casos, la ecografía ofrece una fuerte sospecha de tumor maligno o, por el contrario, tranquilidad si se trata de un quiste o un hidrocele.

En paralelo se solicitan análisis de sangre con determinación de marcadores tumorales: alfafetoproteína (AFP), gonadotropina coriónica humana (HCG) y lactato deshidrogenasa (LDH). Según el tipo de cáncer testicular, estos marcadores pueden estar elevados o no, ayudando a clasificar el tumor y a seguir la respuesta al tratamiento posteriores.

A diferencia de otros tumores, en el cáncer testicular generalmente no se realiza biopsia con aguja antes de la cirugía, porque puede favorecer la diseminación. El diagnóstico definitivo se obtiene tras la extirpación del testículo afectado mediante una operación llamada orquidectomía inguinal, y el patólogo estudia el tejido al microscopio para identificar el tipo exacto de tumor.

Si las pruebas iniciales sugieren cáncer, se completará el estudio de extensión con tomografía computarizada (TAC) del abdomen y el tórax para buscar metástasis en ganglios linfáticos u otros órganos. Si hay contraindicaciones para el contraste del TAC, puede recurrirse a resonancia magnética, especialmente si existe sospecha de afectación cerebral u otras localizaciones complejas.

Estadios del cáncer testicular y pronóstico

Una vez confirmada la presencia de un tumor y obtenidos los resultados de las pruebas de imagen y los marcadores, se establece el estadio de la enfermedad. De forma simplificada, el estadio I implica que el cáncer está limitado al testículo; en el estadio II ya hay afectación de ganglios linfáticos (principalmente los retroperitoneales); y en el estadio III existen metástasis en otros órganos.

El estadio, junto con el tipo histológico (seminoma o no seminoma) y los niveles de marcadores, permite estimar el pronóstico y la tasa de curación. En los casos diagnosticados en fase inicial, la supervivencia a cinco años se acerca al 100%, lo que significa que prácticamente todos los pacientes con tratamiento adecuado se curan de forma definitiva.

En situaciones avanzadas con metástasis, las posibilidades de curación disminuyen, pero aun así el cáncer testicular se considera uno de los tumores sólidos con mejor respuesta a la quimioterapia. Determinados grupos de alto riesgo pueden tener tasas de supervivencia en torno al 50%, muy superiores a las de otros tipos de cáncer metastásico.

Existe un pequeño porcentaje de pacientes (en torno al 3-4%) que, tras haber tenido un cáncer en un testículo, desarrollan tiempo después un segundo tumor en el testículo contralateral. Por eso es esencial el seguimiento a largo plazo y la autoexploración periódica del testículo sano.

Tras cinco años sin signos de enfermedad, el riesgo de recaída se vuelve muy bajo, aunque siempre se mantiene cierta vigilancia mínima y es importante comunicar al médico cualquier síntoma nuevo que llame la atención.

Tratamiento del cáncer testicular

El pilar básico del tratamiento es la orquidectomía inguinal, es decir, la extirpación quirúrgica del testículo afectado a través de una pequeña incisión en la ingle. Este procedimiento sirve tanto para tratar el tumor local como para obtener el material necesario para el diagnóstico histológico definitivo.

En función del tipo de tumor y del estadio, puede ser necesario complementar la cirugía con quimioterapia, radioterapia o cirugía de ganglios linfáticos del retroperitoneo. En algunos seminomas de estadio I, con tumor pequeño y factores de buen pronóstico, se puede optar por una estrategia de vigilancia estrecha tras la orquidectomía, reservando la quimioterapia o la radioterapia solo si aparece recaída.

La quimioterapia adyuvante se administra en determinados casos tras la operación para reducir el riesgo de que el cáncer vuelva a aparecer. En enfermedades más avanzadas o con metástasis, se aplican esquemas de quimioterapia más intensivos, e incluso, en situaciones seleccionadas, quimioterapia de dosis alta con trasplante de células madre.

La radioterapia tiene un papel importante en algunos seminomas, ya que estos tumores son especialmente sensibles a los rayos X. Se utiliza principalmente para tratar o prevenir la afectación de ganglios linfáticos retroperitoneales, aunque su uso ha disminuido algo en favor de la quimioterapia y la vigilancia en ciertos escenarios. No suele emplearse en los tumores no seminomas.

En determinados pacientes será necesario realizar una linfadenectomía retroperitoneal, es decir, extirpar ganglios linfáticos del abdomen donde puedan persistir restos de tumor tras la quimioterapia. Se trata de una cirugía compleja que requiere equipos experimentados, pero que puede ser clave para lograr la curación completa.

Efectos del tratamiento, fertilidad y calidad de vida

La extirpación de un testículo provoca un descenso del tejido productor de testosterona y espermatozoides, pero el testículo restante suele ser capaz de compensar parcialmente esta pérdida. Algunos hombres no notan grandes cambios, mientras que otros pueden experimentar disminución del deseo sexual, cansancio, pérdida de masa muscular o problemas de fertilidad.

Cuando el nivel de testosterona desciende de forma significativa y aparecen síntomas, es posible recurrir a una terapia de reemplazo con testosterona, ajustada y controlada por el especialista, que ayuda a recuperar energía, masa muscular y función sexual. Desde el punto de vista estético, muchos pacientes optan por colocarse una prótesis testicular para mantener la simetría del escroto.

La quimioterapia y la radioterapia pueden dañar más la producción de espermatozoides y, en algunos casos, comprometer la fertilidad de forma duradera. Por eso, siempre que sea posible, antes de iniciar estos tratamientos se plantea la posibilidad de congelar semen en un banco. Esta decisión es especialmente relevante en hombres jóvenes que desean tener hijos en el futuro.

Los efectos secundarios de la quimioterapia incluyen, según el fármaco, náuseas, vómitos, diarrea, caída del cabello, llagas en la boca, mayor susceptibilidad a infecciones, así como posibles toxicidades específicas (auditiva, renal, pulmonar o neurológica). La radioterapia puede producir fatiga, pérdida de apetito o molestias digestivas temporales.

A pesar de estos efectos, el objetivo principal es lograr la curación definitiva. Una vez completado el tratamiento, la mayoría de los hombres retoma su vida normal, incluyendo trabajo, deporte y vida sexual, con algunas adaptaciones y con el apoyo de los equipos médicos, y cuando es necesario, de psicólogos, sexólogos o nutricionistas.

Autoexploración y prevención

No existe una forma fiable de prevenir el cáncer testicular al 100%, ya que no se conocen causas directas modificables. Tampoco está demostrado que los autoexámenes mensuales reduzcan la mortalidad por esta enfermedad, y por eso no todos los especialistas recomiendan un calendario estricto de autoexploración para toda la población.

Sin embargo, aprender, con una guía de autoexploración testicular, a palparse los testículos de vez en cuando puede ayudar a detectar cambios de forma temprana. Muchos centros aconsejan a los varones de entre 15 y 50 años realizarse un autoexamen, por ejemplo en la ducha, una vez al mes o con cierta regularidad, simplemente para familiarizarse con la forma y consistencia normales del escroto.

Lo importante no es tanto la frecuencia exacta, sino tener la costumbre de prestar atención al propio cuerpo: notar si uno de los testículos se agranda, si aparece un bulto duro, si se siente más pesado o si hay molestias que antes no existían. Ante cualquier duda, es preferible consultar y salir de dudas.

En cuanto a los controles médicos periódicos, tu profesional sanitario valorará si tienes algún factor de riesgo añadido (criptorquidia, antecedentes familiares, etc.) que justifique revisiones específicas. Aunque el cáncer testicular se pueda presentar de forma inesperada, la combinación de autoobservación y atención precoz suele ser suficiente para que la mayoría de casos se diagnostiquen en fases tratables con altas tasas de curación.

Conocer los síntomas del cáncer testicular, entender sus factores de riesgo y saber qué pruebas y tratamientos existen permite afrontar esta enfermedad con menos miedo y más control. Ante un bulto o cualquier cambio extraño en los testículos, lo sensato es pedir ayuda médica sin demora: con diagnóstico precoz, la gran mayoría de hombres consigue superar el cáncer testicular y volver a su vida diaria con buena calidad de vida.

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