- Los últimos ensayos clínicos confirman que la terapia génica empieza a ofrecer remisiones duraderas en cáncer hematológico y enfermedades raras.
- Una nueva inmunoterapia CAR-T editada con CRISPR base (BE-CAR7) muestra alta eficacia en leucemia linfoblástica aguda de células T previamente intratable.
- Un ensayo a gran escala en atrofia muscular espinal indica que una sola dosis de terapia génica puede mejorar la movilidad hasta en adolescentes.
- En hemofilia, la terapia génica y la edición génica se consolidan como vía hacia una posible cura funcional y, a medio plazo, potencial curación completa.

En cáncer hematológico, hemofilia y atrofia muscular espinal se empiezan a ver remisiones profundas y mejoras mantenidas con una sola intervención génica o con estrategias de edición avanzada. Aunque todavía se está lejos de que estas terapias sean accesibles para todo el mundo, los datos publicados en revistas de referencia y presentados en grandes congresos apuntan a un nuevo escenario en la medicina, también con implicaciones directas para España y el resto de Europa.
Terapia génica y cáncer: avances en leucemia T con células CAR-T editadas
Uno de los desarrollos más llamativos llega desde Londres, donde investigadores del University College London (UCL) y del Hospital Great Ormond Street (GOSH) han probado una nueva inmunoterapia génica para la leucemia linfoblástica aguda de células T (T-ALL), un tipo de cáncer de sangre poco frecuente y especialmente agresivo que, en muchos casos, no responde a los tratamientos convencionales.
Este enfoque se basa en una terapia CAR-T de nueva generación, bautizada como BE-CAR7, que incorpora una versión avanzada de CRISPR conocida como edición de bases. A diferencia de las técnicas clásicas de edición génica, la edición de bases permite cambiar de forma muy precisa letras individuales del ADN sin realizar cortes en la doble hélice, lo que reduce el riesgo de daños cromosómicos y de efectos indeseados a largo plazo.
El ensayo clínico incluye tanto niños como adultos que habían agotado prácticamente todas las opciones estándar. La primera paciente tratada con esta estrategia fue una adolescente de 13 años, tratada en 2022, y desde entonces diez personas más han recibido la terapia. Todos ellos presentaban leucemias de células T resistentes y con muy mal pronóstico, lo que convierte cualquier respuesta sostenida en un resultado especialmente relevante.
Según los datos difundidos en The New England Journal of Medicine y presentados en la 67ª Reunión Anual de la Sociedad Americana de Hematología, la terapia génica BE-CAR7 consiguió remisiones profundas en el 82% de los participantes. En la práctica, esto permitió que la mayoría pudiera someterse a un trasplante de células madre sin enfermedad activa detectable en el momento del procedimiento.
Más allá de la respuesta inicial, el seguimiento a medio plazo apunta a una duración nada desdeñable del efecto. En torno al 64% de los pacientes se mantiene libre de leucemia, y algunos de ellos llevan ya cerca de tres años sin tratamiento adicional y sin signos de recaída, un dato que, en un contexto de enfermedad tan difícil de controlar, empieza a considerarse un cambio de tendencia muy significativo.
Cómo se diseñan las células CAR-T «universales» mediante edición de bases
La clave de esta estrategia está en la ingeniería genética de las llamadas células CAR-T universales, diseñadas a partir de linfocitos T de donantes sanos en lugar de utilizar las propias células del paciente. Esto permite fabricar lotes congelados de células ya modificadas, listas para usar, lo que en teoría podría facilitar su disponibilidad en sistemas sanitarios como el español si se superan las barreras regulatorias y de coste.
Para generar las células BE-CAR7, el equipo del GOSH utiliza una combinación de ARN personalizado, ARNm y un vector lentiviral en un proceso altamente automatizado que se lleva a cabo en salas limpias del propio hospital. La edición de bases se aplica guiada por sistemas CRISPR que cambian letras concretas del genoma, sin producir roturas amplias del ADN, lo que da lugar a un perfil de seguridad teóricamente más favorable.
Las modificaciones introducidas persiguen que estas células T donadas sean, por un lado, compatibles con cualquier receptor y, por otro, capaces de atacar con eficacia la leucemia T sin destruirse entre sí. Para lograrlo se eliminan los receptores naturales de las células T, que podrían provocar rechazo o enfermedad injerto contra huésped, y se borran dos marcadores concretos de superficie: CD7 y CD52.
La eliminación de CD7 tiene como objetivo evitar el «autocanibalismo» entre células T modificadas, ya que este marcador está presente en la mayoría de leucemias de células T pero también en las propias células efectoras. La inactivación de CD52, por su parte, permite que las células CAR-T sobrevivan a la medicación inmunosupresora administrada durante el tratamiento, lo que aumenta sus probabilidades de expandirse y ejercer su función antitumoral.
En la fase final del proceso, se añade a estas células un receptor quimérico de antígeno (CAR) específico frente a CD7 utilizando un virus desactivado como vehículo. Gracias a esta modificación, las células CAR-T resultantes son capaces de reconocer y destruir de manera dirigida las células leucémicas CD7+, incluyendo las más resistentes a la quimioterapia intensiva.
Impacto clínico y efectos secundarios de la nueva terapia CAR-T
Una vez infundidas en el paciente, las células BE-CAR7 actúan con rapidez sobre el sistema inmunitario. El protocolo busca eliminar prácticamente todas las células T del organismo, tanto las malignas como las sanas, en un periodo corto de tiempo. Si en unas cuatro semanas se consigue erradicar la leucemia, se procede a un trasplante de médula ósea para reconstruir el sistema inmune con células progenitoras sanas.
En términos de tolerabilidad, los investigadores describen un perfil de seguridad acorde a lo esperado en este tipo de terapias. Se observaron bajos recuentos sanguíneos, síndrome de liberación de citocinas y erupciones cutáneas en varios pacientes, efectos que se consideran relativamente frecuentes en inmunoterapias intensas y que se consiguieron manejar con los recursos habituales en unidades especializadas.
Los eventos más preocupantes procedieron de infecciones virales durante la fase de recuperación del sistema inmune, un punto especialmente delicado en personas con defensas prácticamente suprimidas tras la destrucción de las células T propias. Aun así, el balance global del ensayo se valora como positivo por parte del equipo responsable, que insiste en que se trata de tratamientos complejos que requieren equipos multidisciplinares con amplia experiencia en trasplante y manejo de complicaciones graves.
El profesor Waseem Qasim, responsable del estudio y referente internacional en terapia celular y génica, destaca que el conjunto de resultados respalda el uso de edición genética de precisión en niños con cáncer agresivo, pero subraya también que no todos los casos han tenido el desenlace deseado. Para las familias implicadas, cada avance sirve para ajustar mejor los protocolos y entender en qué perfiles concretos esta aproximación ofrece mayores garantías.
Desde la perspectiva de sistemas sanitarios como el español, en los que las terapias CAR-T ya se han incorporado a la cartera de servicios para ciertos cánceres hematológicos, experiencias como la de BE-CAR7 muestran hacia dónde puede evolucionar el campo: combinando bancos de células universales con técnicas avanzadas de edición génica para acortar tiempos de fabricación y ampliar el acceso a pacientes con leucemias muy complejas.
Hemofilia: de la mejora de la calidad de vida a la cura funcional con terapia génica
La hemofilia, un trastorno hereditario de la coagulación que afecta aproximadamente a uno de cada 5.000 varones, es otro de los campos donde la terapia génica está empezando a cambiar la historia natural de la enfermedad. En España, el debate se ha intensificado en los últimos meses a raíz de las discusiones y ponencias presentadas en el congreso #Hemato2025 y en encuentros de la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH).
Los especialistas señalan que, en apenas una década, la calidad de vida de muchas personas con hemofilia ha mejorado de forma espectacular gracias a tratamientos de nueva generación. Una de las metas más repetidas en consultas y asociaciones de pacientes, el llamado «sangrado cero», es hoy una realidad alcanzable para un número creciente de casos, lo que se traduce en menos dolor, menos daño articular y una integración mucho más plena en la escuela y el trabajo.
Además, la carga asociada al propio tratamiento también se ha reducido. Frente a las antiguas pautas de infusiones muy frecuentes, las nuevas estrategias profilácticas permiten menos transfusiones y esquemas de administración más sencillos. Todo ello ha favorecido que muchos niños con hemofilia en España tengan hoy un desarrollo articular casi normal y puedan practicar actividades que hace unos años se consideraban incompatibles con su diagnóstico.
En este contexto de mejora general, la terapia génica se ha consolidado como uno de los avances más llamativos. En particular, las terapias basadas en virus adenoasociados (AAV) para hemofilia B han logrado, en un porcentaje importante de pacientes, una auténtica cura funcional: los niveles del factor de coagulación deficitario pueden situarse de forma mantenida en torno al 40%, lo que acerca la coagulación a parámetros casi normales y reduce de forma drástica la necesidad de tratamientos de reemplazo.
Estos resultados han llevado a que la terapia génica para hemofilia esté ya aprobada en nuestro país, aunque su implementación práctica genera retos importantes. El principal es garantizar el acceso equitativo a unos tratamientos muy costosos, que requieren infraestructuras altamente especializadas y un seguimiento estrecho para detectar posibles efectos a largo plazo. España tiene ante sí el desafío de articular modelos de financiación y criterios de selección que permitan que los pacientes que más pueden beneficiarse lleguen realmente a estas terapias.
Edición génica y futuro de la hemofilia en España
Más allá de las terapias génicas ya disponibles, los expertos apuntan a que las técnicas de edición génica en investigación podrían ir más allá de la cura funcional y acercar el horizonte de una curación definitiva. En varios centros internacionales, y con participación de grupos europeos, se están llevando a cabo ensayos que buscan corregir directamente las alteraciones genéticas responsables de la hemofilia, lo que en teoría evitaría también la transmisión de la enfermedad a la descendencia.
Por el momento, lo que se ha conseguido en práctica clínica es mayoritariamente una mejora funcional muy relevante: el paciente sigue siendo genéticamente hemofílico, pero el tratamiento consigue niveles de coagulación suficientes para que lleve una vida prácticamente normal. Según señalan hematólogos implicados en la atención diaria, el cambio se percibe con claridad en las salas de espera: los pacientes que accedieron tarde a las nuevas terapias suelen tener más secuelas articulares y discapacidad, mientras que los niños tratados desde edades tempranas apenas se distinguen físicamente de sus compañeros sanos.
En paralelo, la comunidad científica española está apostando por integrar herramientas de inteligencia artificial y big data en trombosis y hemostasia. La SETH trabaja en chatbots y algoritmos clínicos para ayudar a profesionales de distintos niveles asistenciales a tomar decisiones rápidas y estandarizadas ante casos complejos o poco frecuentes, como la hemofilia o determinadas trombosis raras, algo especialmente útil en hospitales donde estos pacientes se ven con menos frecuencia.
También se están desarrollando modelos de machine learning para estimar el riesgo trombótico o hemorrágico en diferentes escenarios, de cara a ajustar mejor la profilaxis y el tratamiento personalizado. Los pacientes con hemofilia podrían beneficiarse de esta combinación de terapias avanzadas y herramientas digitales, siempre que se acompañe de una formación sólida de los profesionales y de una actualización continua de los protocolos.
El gran objetivo declarado por muchos especialistas en España es que las personas con hemofilia alcancen una calidad de vida equiparable a la población general y que, en la medida de lo posible, su día a día no esté condicionado por la enfermedad. Para ello, además de la investigación en terapia génica y edición génica, sigue siendo clave asegurar el acceso real a todos los tratamientos innovadores que vayan demostrando eficacia y seguridad.
Una sola dosis de terapia génica para la atrofia muscular espinal
La atrofia muscular espinal (AME) es otra de las enfermedades en las que la terapia génica está marcando un antes y un después. Se trata de una patología genética y hereditaria que provoca la degeneración progresiva de las neuronas motoras en la médula espinal. A la larga, esto causa debilidad muscular severa y grandes dificultades de movilidad, además de complicaciones respiratorias potencialmente mortales.
Se estima que la AME afecta aproximadamente a uno de cada 10.000 recién nacidos, lo que la sitúa dentro del grupo de enfermedades raras. Hasta hace pocos años, los tratamientos disponibles se centraban básicamente en aliviar síntomas y ralentizar el deterioro, con fármacos que requerían administración de por vida, ya fuera mediante pinchazos periódicos en la médula espinal o medicación oral diaria.
En este escenario, un ensayo clínico a gran escala publicado en la revista Nature Medicine aporta datos sólidos sobre el uso de una única dosis de terapia génica para mejorar la movilidad de niños y adolescentes con esta enfermedad neuromuscular. El estudio, liderado por el Hospital de Investigación Infantil St. Jude en Tennessee, sugiere que una sola inyección intracraneal podría aportar beneficios duraderos incluso en pacientes que ya habían desarrollado síntomas importantes.
La terapia se basa en sustituir el gen defectuoso responsable de la AME por una copia funcional, de forma que las neuronas motoras vuelvan a disponer de la proteína SMN, esencial para su supervivencia. Durante años, distintos grupos de investigación habían demostrado que la falta de esta proteína está directamente relacionada con la muerte de neuronas y la pérdida progresiva de fuerza muscular; la novedad ahora es que se ha probado con éxito un enfoque que intenta corregir el problema de raíz en un solo gesto terapéutico.
Hasta ahora, la terapia génica comercializada bajo el nombre de Itvisma se había probado sobre todo en menores de dos años, una franja en la que el impacto positivo parecía mayor. La gran pregunta era qué ocurriría con los pacientes de más edad, que ya presentan una pérdida neuronal acumulada. Para responderla, el nuevo ensayo incluyó a 126 niños y adolescentes con AME, muchos de ellos sin capacidad para caminar de forma autónoma al inicio del estudio.
Resultados del ensayo: movilidad y seguridad en niños y adolescentes con AME
El diseño del estudio contempló la administración de la terapia génica a un grupo de al menos 75 menores, mientras que otros 51 recibieron placebo. Todos ellos fueron seguidos durante un año para evaluar no solo la seguridad del tratamiento, sino también su impacto en funciones clave como la fuerza muscular, el equilibrio y la capacidad de realizar actividades cotidianas.
La molécula utilizada es onasemnogene abeparvovec, un compuesto que se administra mediante una inyección intracraneal única en el líquido cefalorraquídeo. Este abordaje permite dirigir el tratamiento directamente al sistema nervioso central, donde se encuentran las neuronas motoras afectadas, evitando en parte las limitaciones de otros métodos de administración sistémica.
Los resultados muestran que la terapia logra frenar la pérdida de fuerza e incluso recuperar cierta movilidad en un contexto en el que lo habitual es que la enfermedad progrese sin pausa. Una proporción significativa de los niños tratados fue capaz, tras la intervención, de levantarse del suelo, mantenerse de pie por sí solos o incluso subir escaleras, funciones que muchos habían perdido o nunca habían alcanzado antes del ensayo.
En términos de seguridad, el estudio describe un perfil aceptable teniendo en cuenta la complejidad de la intervención y la fragilidad de los pacientes. Aunque la terapia génica no está exenta de riesgos, los autores sostienen que los beneficios observados justifican seguir avanzando en esta línea, siempre bajo un control estricto y con criterios de selección claros para cada candidato.
La magnitud de los cambios en la movilidad varió según la situación inicial de cada niño, pero, en conjunto, los datos han sido lo suficientemente contundentes como para que se haya solicitado la aprobación de esta terapia ante las autoridades sanitarias de Estados Unidos. De cara a Europa y a países como España, estos resultados serán clave para futuras decisiones de las agencias reguladoras y de financiación pública.
Expertos no vinculados directamente al ensayo, como el genetista clínico Eduardo Tizzano, han valorado positivamente estos hallazgos, aunque con matices. En declaraciones recogidas por el Science Media Centre, Tizzano destaca que se trata de una muy buena noticia y que probablemente beneficiará a muchas personas con AME, pero recuerda que no se puede considerar una panacea ni un tratamiento único definitivo en todos los casos, ya que muchos pacientes seguirán necesitando terapias complementarias.
El papel de España y Europa ante la expansión de la terapia génica
Los avances recientes en leucemia de células T, hemofilia y atrofia muscular espinal tienen implicaciones directas para los sistemas sanitarios europeos, que ya se enfrentan al reto de incorporar terapias de alto impacto y alto coste en un entorno de recursos limitados. , con una red sólida de hospitales de referencia en hematología y enfermedades raras, se encuentra bien posicionada para aprovechar estas innovaciones, siempre que se apliquen estrategias de financiación y priorización claras.
En el caso del cáncer hematológico, la experiencia con las primeras CAR-T aprobadas ha dejado lecciones valiosas sobre la necesidad de centros acreditados, circuitos específicos de derivación y coordinación entre comunidades autónomas. Las nuevas generaciones de CAR-T universales y editadas con CRISPR podrían simplificar parte de la logística, pero también plantean cuestiones éticas y económicas adicionales, al ampliar potencialmente el número de pacientes candidatos.
En hemofilia, la disponibilidad de terapia génica aprobada en España obliga a replantear la planificación a largo plazo. Frente al gasto continuo de tratamientos de reemplazo tradicionales, una intervención única con un coste inicial muy elevado, pero capaz de reducir durante años o décadas la necesidad de otros fármacos, cambia el análisis económico y exige modelos de pago innovadores, a menudo ligados a resultados clínicos observados.
Por su parte, la AME y otras enfermedades neuromusculares raras plantean el desafío de combinar diagnósticos muy precoces —idealmente, a través de programas de cribado neonatal— con el acceso efectivo a terapias génicas que pueden ser más eficaces cuanto antes se administran. En España ya existe debate sobre la ampliación de las pruebas al nacimiento para incluir más patologías tratables mediante intervenciones génicas o moleculares tempranas, algo que requerirá consenso político y técnico.
A todo ello se suma la necesidad de reforzar la formación de profesionales sanitarios en genética clínica, biología molecular y manejo de efectos secundarios específicos de la terapia génica y la edición génica. Sociedades científicas, como la SETH en el ámbito de la hemostasia o los grupos de trabajo en oncología pediátrica y neurología, insisten en que la actualización constante será clave para que estos tratamientos se apliquen con rigor y de forma segura.
El panorama que dibujan los últimos estudios es el de una medicina en transición, en la que la modificación dirigida del genoma empieza a pasar de los laboratorios a la práctica clínica regulada. Aunque aún quedan interrogantes sobre la duración exacta de los efectos, los posibles riesgos a largo plazo y la mejor forma de financiar estas terapias, los datos en leucemia, hemofilia y atrofia muscular espinal apuntan a que la terapia génica ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una realidad que, paso a paso, está redefiniendo el futuro de muchas enfermedades raras y graves.
