- Investigadores del IBV-CSIC describen un mecanismo genético y epigenético que permite a las neuronas cambiar de identidad según el entorno.
- El estudio con el nematodo Caenorhabditis elegans revela un “candado” epigenético que bloquea la captación de serotonina y puede abrirse en condiciones concretas.
- Una única región reguladora de ADN es suficiente para activar el gen mod-5/SERT y transformar la función de determinadas neuronas.
- Los resultados aportan claves sobre plasticidad cerebral, evolución y la base molecular de trastornos como depresión, ansiedad o autismo.

Un equipo del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV) del CSIC ha descrito con detalle cómo un mecanismo genético y epigenético permite que ciertas neuronas cambien su función en respuesta al entorno. Lejos de ser estructuras rígidas, estas células nerviosas pueden reprogramar parte de su comportamiento cuando las condiciones ambientales lo exigen.
El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), muestra que basta una pequeña modificación en la regulación de un gen concreto para que una neurona adopte una identidad diferente. Este hallazgo, desarrollado desde València, abre la puerta a entender mejor cómo el cerebro se adapta, cómo se originan algunos trastornos psiquiátricos y de qué forma la evolución aprovecha estos cambios para generar nuevas funciones.
Un “candado” epigenético que bloquea la serotonina
La investigación utiliza como modelo al gusano nematodo Caenorhabditis elegans, un clásico en biología y biomedicina por su sencillez: su sistema nervioso cuenta con solo 302 neuronas, identificadas una a una. Esta simplicidad permite seguir con precisión cómo se comportan tipos celulares concretos dentro del circuito nervioso.
En el laboratorio que dirige Nuria Flames en el IBV-CSIC se estudió en detalle un tipo de neurona denominado VC, que presentaba indicios de poder captar serotonina, el neurotransmisor relacionado con la regulación del estado de ánimo y diversos comportamientos tanto en gusanos como en humanos. Sin embargo, en condiciones normales esas neuronas no muestran un perfil claramente serotonérgico.
El equipo comprobó que existe un mecanismo epigenético de represión que funciona como un auténtico candado. A través de la metilación de histonas, una modificación química en las proteínas que empaquetan el ADN, como describen los guardianes epigenéticos, se bloquea la actividad del gen mod-5/SERT, responsable de recaptar serotonina del entorno. Mientras este sistema de metilación permanece activo, las neuronas VC no actúan como neuronas de serotonina.
Cuando el ambiente cambia y se dan condiciones específicas, este candado epigenético puede abrirse. Al liberarse la represión, el gen mod-5/SERT se activa, las neuronas empiezan a captar serotonina de manera intensa y su identidad funcional se transforma, lo que se traduce en un comportamiento distinto del animal, especialmente en la puesta de huevos.
Una pieza reguladora que cambia la identidad neuronal
Además de estudiar las condiciones ambientales, los investigadores compararon distintas especies del género Caenorhabditis para entender cómo había variado este mecanismo a lo largo de la evolución. En varias de ellas observaron que el candado epigenético se había roto de forma estable, permitiendo a las neuronas VC actuar siempre como neuronas serotonérgicas.
En estas especies, el grupo del IBV-CSIC identificó la presencia de un nuevo potenciador (enhancer), una pequeña región reguladora de ADN, que ejemplifica las reglas ocultas de la expresión génica, capaz de activar el gen mod-5/SERT en las neuronas VC y de esquivar la represión epigenética. Es decir, el sistema nervioso había incorporado una pieza adicional que permitía a esas neuronas captar serotonina de forma continua.
Los científicos demostraron que basta con trasladar ese potenciador a C. elegans para que, en esta especie, sus neuronas VC también expresen el gen mod-5/SERT y adquieran una identidad serotonérgica. Dicho de otra forma, una sola secuencia reguladora es suficiente para cambiar tanto la función como la firma molecular de un tipo de neurona.
Esta observación refuerza la idea de que la identidad neuronal es plástica y depende de un equilibrio fino entre elementos genéticos (como los potenciadores) y mecanismos epigenéticos (como las marcas en las histonas). Pequeñas alteraciones en estos componentes pueden tener consecuencias profundas sobre cómo se organiza la red neuronal y cómo se comporta el organismo.
Plasticidad neuronal: cuando el ambiente reescribe el cerebro
El trabajo liderado desde València conecta de forma directa tres niveles de organización: la regulación de genes (ADN), la identidad de las neuronas (células) y el comportamiento del animal (organismo). El uso de un modelo tan simple como C. elegans permite visualizar claramente cómo un cambio regulador puntual repercute en la conducta observable.
Según explica el equipo investigador, este mecanismo de “interruptor” genético ilustra cómo el cerebro conserva su capacidad de reorganizarse y aprender a lo largo de la vida. Aunque las neuronas suelen mantener una identidad relativamente estable, la actividad de sus genes puede reajustarse sin necesidad de modificar la secuencia de ADN, solo cambiando cómo se empaqueta y se lee esa información.
En condiciones concretas, el ambiente en el que vive el gusano consigue abrir el candado epigenético que bloquea mod-5/SERT. Cuando eso ocurre, las neuronas VC se vuelven serotonérgicas y el animal modifica la forma en que regula la puesta de huevos. Este comportamiento adaptable demuestra que la identidad de una neurona puede depender del contexto ambiental y no solo del programa genético predeterminado.
Esta plasticidad cerebral, que en humanos se asocia al aprendizaje, la memoria o la adaptación a experiencias vitales, aparece así anclada en mecanismos moleculares muy concretos. Los resultados muestran que el equilibrio entre activación y silenciamiento de genes es clave para que el sistema nervioso pueda ajustarse continuamente a los cambios del entorno.
De la asimilación genética a la evolución del sistema nervioso
Más allá del caso concreto de C. elegans, los investigadores del IBV-CSIC apuntan a que estos resultados ayudan a entender cómo la evolución puede aprovechar respuestas plásticas al ambiente y convertirlas, con el tiempo, en rasgos estables de una especie. En lugar de atribuir todos los cambios evolutivos a grandes mutaciones al azar, el estudio da peso a las variaciones en la regulación génica.
Este enfoque enlaza con la teoría de la asimilación genética, formulada en la década de 1950, que plantea que una respuesta inicialmente flexible y adaptativa inducida por el entorno termina fijándose en el genoma tras varias generaciones. Una vez asimilada, esa característica se transmite de forma hereditaria incluso sin que vuelva a repetirse el estímulo original.
El mecanismo descrito en las neuronas VC ofrece una posible base molecular para esta idea: primero, el ambiente abre un candado epigenético y permite un nuevo comportamiento; después, pequeños cambios en elementos reguladores como potenciadores pueden consolidar esa respuesta, haciendo que el rasgo deje de depender de la condición ambiental inicial.
Entender cómo surgen nuevas funciones neuronales en distintas especies también ayuda a explicar la diversidad de los sistemas nerviosos en la naturaleza. El trabajo muestra que ajustes relativamente modestos en la regulación de un gen pueden traducirse en cambios notables en el modo en que un organismo percibe o responde a su medio.
Implicaciones para trastornos mentales y salud del cerebro
El gen mod-5/SERT estudiado en C. elegans tiene un equivalente funcional en humanos, el transportador de serotonina, implicado en la regulación del estado de ánimo y en patologías como la depresión, la ansiedad o ciertos trastornos del espectro autista, y su estudio resulta relevante para la medicina de precisión. Buena parte de los fármacos antidepresivos actúan precisamente modulando este sistema de recaptación de serotonina.
Según el equipo liderado por Nuria Flames, desentrañar cómo se puede activar o silenciar epigenéticamente este tipo de genes ofrece pistas valiosas sobre los mecanismos que operan en el cerebro humano. Al fin y al cabo, si la expresión de estos genes puede ajustarse en función del entorno, eso ayudaría a explicar por qué determinadas experiencias vitales o condiciones ambientales aumentan la vulnerabilidad a problemas de salud mental.
Cuando los procesos que regulan la identidad neuronal fallan, las neuronas pueden poner en marcha programas genéticos que no les corresponden o dejar de activar los que necesitan. Esta desregulación puede comprometer su función dentro de los circuitos cerebrales y afectar procesos como el aprendizaje, la memoria o la regulación emocional, con impacto directo en el bienestar psicológico.
El estudio también abre vías para explorar estrategias terapéuticas orientadas a preservar la identidad correcta de las neuronas o incluso a restaurar funciones cerebrales alteradas interviniendo sobre mecanismos epigenéticos. Aunque se trata aún de investigación básica en un modelo muy sencillo, la lógica de fondo podría ser compartida por sistemas nerviosos mucho más complejos.
Aplicaciones más allá de la neurología
Los resultados obtenidos en València no solo son relevantes para la neurociencia y la psiquiatría, sino que tienen posibles aplicaciones en campos como la biotecnología y la biología ambiental. Comprender cómo se activan o se apagan genes según el ambiente puede ayudar a diseñar organismos o estrategias de control más flexibles.
Por ejemplo, la capacidad de modificar la identidad y función de neuronas o células nerviosas podría inspirar nuevas formas de controlar gusanos parásitos que afectan a cultivos, ganado o incluso a la salud humana, ajustando la expresión génica a condiciones concretas para reducir su supervivencia o capacidad de infección.
Además, este tipo de mecanismos ofrece claves para estudiar cómo los seres vivos responden a cambios ecológicos cada vez más rápidos, como los derivados del cambio climático o de la presencia de sustancias químicas en el medio. Ver cómo pequeños cambios en la regulación de genes influyen en el comportamiento permite anticipar mejor la capacidad de las especies para adaptarse o verse superadas por nuevas condiciones.
En conjunto, el trabajo del IBV-CSIC y del Instituto de Neurociencias aporta una visión integradora en la que la identidad neuronal deja de entenderse como un sello fijo e inmutable. La combinación de genética, epigenética y ambiente se revela como un engranaje capaz de redefinir lo que es cada neurona y, en última instancia, cómo se organiza y se adapta el cerebro a lo largo de la vida y a través de la evolución.
