Virus intestinales ocultos y riesgo de cáncer colorrectal

Última actualización: marzo 25, 2026
  • Los pacientes con cáncer colorrectal presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar formas graves de Covid-19 y otras infecciones víricas, lo que pone el foco en la importancia de la multimorbilidad y del control de factores asociados.
  • La detección precoz mediante programas de cribado y pruebas de sangre oculta en heces permite diagnosticar muchos cánceres colorrectales en fases iniciales, aumentando las probabilidades de curación y reduciendo el impacto de futuras infecciones.
  • Los virus intestinales ocultos y las alteraciones del viroma y la microbiota intestinal podrían contribuir a la inflamación crónica y al desarrollo de tumores colorrectales, un área de investigación en plena expansión.
  • Paralelamente, se están desarrollando hidrogeles inteligentes y terapias celulares para enfermedades neurológicas desmielinizantes, que ilustran el potencial de los biomateriales y las nuevas estrategias terapéuticas en medicina avanzada.

virus intestinales ocultos y riesgo de cancer colorrectal

Los virus intestinales ocultos y su posible relación con el cáncer colorrectal se han convertido en un tema que cada vez despierta más interés entre médicos, investigadores y, cómo no, también entre la población general. A todo esto se suma la experiencia reciente con la Covid-19, que ha puesto de relieve hasta qué punto una infección vírica puede comportarse de forma muy distinta en función de las enfermedades previas de cada persona, especialmente cuando hablamos de tumores del colon y el recto.

En paralelo, la investigación biomédica, incluidas las tecnologías ómicas en biomedicina, no se queda quieta: mientras unos grupos analizan cómo las infecciones y el sistema inmunitario se relacionan con el cáncer colorrectal y otras patologías, otros equipos están desarrollando terapias avanzadas con biomateriales inteligentes e hidrogeles capaces de transportar células madre para tratar enfermedades neurológicas graves como la esclerosis múltiple. Aunque parezcan campos alejados, todo forma parte de una misma historia: entender cómo los agentes externos (virus, inflamación crónica) y nuestras defensas influyen en la aparición y evolución de enfermedades complejas, y cómo podemos aprovechar ese conocimiento para prevenir, diagnosticar antes y tratar mejor.

Virus, cáncer colorrectal y Covid-19: qué se ha observado en los pacientes

El cáncer colorrectal es uno de los tumores donde más se está estudiando la interacción entre infecciones, inmunidad y evolución de la enfermedad. En este contexto, los virus intestinales —algunos de ellos difíciles de detectar con las técnicas habituales— podrían desempeñar un papel en la inflamación crónica de la mucosa intestinal, en cambios del microbioma y, a la larga, en la aparición de lesiones precancerosas o tumorales. Aunque muchos de estos virus pasan desapercibidos y no provocan síntomas claros, su presencia sostenida podría actuar como un “ruido de fondo” que altera el equilibrio del intestino.

Durante la pandemia, los investigadores han observado que los pacientes con cáncer colorrectal y otras enfermedades crónicas no solo tienen un riesgo más alto de complicaciones, sino que a veces presentan una respuesta anómala frente a las infecciones respiratorias, como la provocada por el SARS-CoV-2. Esto ha avivado el interés por entender mejor cómo influyen las comorbilidades —es decir, la coexistencia de varias enfermedades en una misma persona— a la hora de determinar el pronóstico de una infección vírica grave, incluyendo el desarrollo de métodos diagnósticos en sangre.

Un ejemplo muy claro es el estudio Mrsik-Covid, desarrollado en el Hospital Parc Taulí de Sabadell (Barcelona), que ha analizado precisamente la relación entre multimorbilidad crónica, Covid-19 y evolución clínica de los pacientes. Este trabajo aporta datos muy valiosos sobre cómo ciertas patologías, y en particular el cáncer colorrectal, se asocian con una mayor probabilidad de desarrollar formas graves de la infección por coronavirus.

En este estudio se siguió a más de 4.280 personas de entre 21 y 95 años, que habían dado positivo en las pruebas de Covid o eran consideradas casos sospechosos, en un periodo que abarcó desde el 27 de febrero hasta el 15 de junio de 2020. Se trata, por tanto, de una fotografía bastante fiel de la primera fase de la pandemia en un área concreta, pero con una muestra amplia y diversa en términos de edad y problemas de salud previos.

Los resultados mostraron que en los pacientes con cáncer colorrectal el 21% desarrolló una forma grave de la Covid-19, frente al 9,4% observado en el resto de pacientes sin este tipo de tumor. Esta diferencia es muy relevante y viene a confirmar algo que los clínicos ya intuían: las personas con cáncer colorrectal, probablemente por la combinación de la propia enfermedad, el efecto de algunos tratamientos y un sistema inmunitario más vulnerable, afrontan un riesgo considerablemente mayor cuando se exponen a una infección vírica agresiva.

microbioma intestinal
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Importancia de la detección precoz del cáncer colorrectal y la sangre oculta en heces

cribado de cancer colorrectal y virus intestinales

A la luz de estos datos, la detección precoz del cáncer colorrectal cobra todavía más peso. No se trata solo de identificar el tumor en fases tempranas, cuando las probabilidades de curación son mucho más altas, sino también de reducir el impacto que futuras infecciones, como la Covid-19 u otros virus intestinales o respiratorios, puedan tener en estas personas. Un paciente con un cáncer diagnosticado a tiempo y tratado de forma adecuada tendrá, en general, más reservas para afrontar una infección grave que alguien con un tumor avanzado o no diagnosticado.

La doctora Marisa Baré, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y coordinadora de la Oficina de Cribado del Cáncer del Hospital Parc Taulí, ha insistido precisamente en esta idea: la participación en los programas de cribado aumenta de forma clara la posibilidad de encontrar tumores en sus primeras fases y, por tanto, mejora las opciones de curación. De hecho, en el marco del estudio Mrsik-Covid y de la experiencia en su área sanitaria, se ha observado que, aunque en muchos casos se detectan lesiones en estadios iniciales, siguen apareciendo pacientes con metástasis en ganglios linfáticos y otros órganos.

Estas situaciones avanzadas se ven sobre todo en personas que no habían acudido a los llamamientos previos del programa de cribado. Es decir, no se trata tanto de un fallo del sistema como de un problema de participación: si la población no responde a las invitaciones para hacerse pruebas sencillas como el test de sangre oculta en heces, inevitablemente habrá más diagnósticos en fases tardías, cuando el margen de maniobra es menor y los tratamientos suelen ser más agresivos.

En uno de los últimos análisis realizados en la comarca del Vallès Occidental, a la que pertenece Sabadell, participaron 80.171 personas. De ellas, el 5,2% presentó un resultado positivo en la prueba de sangre oculta en heces, lo que llevó a realizar exploraciones más detalladas en estos casos. Gracias a este proceso se identificaron 138 cánceres colorrectales, muchos de los cuales probablemente se habrían detectado más tarde si no existiera este tipo de programa organizado.

La prueba de sangre oculta en heces es una herramienta especialmente interesante porque puede revelar pequeñas pérdidas de sangre en el intestino que no son visibles a simple vista y que pueden deberse a pólipos, lesiones inflamatorias o tumores en fases iniciales. Aunque la presencia de sangre oculta no siempre significa cáncer, sí indica que algo está pasando en el tubo digestivo y que conviene estudiarlo con más detalle, generalmente mediante colonoscopia.

En España, el cáncer colorrectal es el tumor con mayor incidencia global: cada año se diagnostican cerca de 45.000 nuevos casos. Se calcula que afectará a uno de cada 20 hombres y a una de cada 30 mujeres antes de cumplir los 75 años, lo que da una idea bastante clara de lo frecuente que es. La buena noticia es que la supervivencia a los cinco años se sitúa alrededor del 64%, unos cinco puntos por encima de la media europea, en buena parte gracias a la implantación de los programas de cribado y a la mejora de las opciones terapéuticas.

Virus intestinales, microbiota y riesgo de cáncer colorrectal

Cuando se habla de virus intestinales ocultos no solo se hace referencia a patógenos bien conocidos como el rotavirus o algunos tipos de norovirus, sino también a otros virus que conviven con nosotros de forma silenciosa en el intestino y que a menudo resultan difíciles de identificar. El conjunto de virus que habita en nuestro tubo digestivo se conoce como viroma intestinal y forma parte de ese ecosistema complejo que también incluye bacterias, hongos y otros microorganismos: la famosa microbiota.

En los últimos años, distintos trabajos de investigación han sugerido que alteraciones del viroma y la microbiota podrían favorecer un estado de inflamación crónica en la mucosa intestinal, cambios en el sistema inmunitario local y, a largo plazo, un mayor riesgo de desarrollar lesiones precancerosas. Algunos virus podrían integrarse en las células del epitelio intestinal o influir en la forma en que éstas se dividen y reparan, lo que, sumado a factores genéticos y ambientales (dieta, tabaco, alcohol, sedentarismo), acabaría por aumentar las probabilidades de que aparezcan mutaciones malignas.

Aunque no existe todavía una prueba estándar que permita identificar de forma rutinaria todos estos virus intestinales de bajo perfil, sí se sabe que, en muchas personas, la composición del viroma es relativamente estable y no provoca problemas. El desafío está en averiguar en qué casos concretos ese equilibrio se rompe y cuáles son las combinaciones de virus y bacterias que, en presencia de otros factores de riesgo, pueden empujar la balanza hacia la inflamación y el cáncer.

También se está investigando cómo los episodios de infección aguda por virus entéricos (esos que producen diarreas y molestias digestivas) pueden dejar una especie de “huella” en el intestino. A veces, aunque los síntomas remitan, persiste una activación del sistema inmunitario o un cambio en la composición de la microbiota que podría mantenerse durante meses o años. En personas predispuestas, esta alteración de larga duración podría ser una pieza más del puzle que desemboca en un cáncer colorrectal.

De ahí el enorme interés en combinar estudios epidemiológicos, como el que relaciona cáncer colorrectal y formas graves de Covid-19, con análisis detallados del viroma y la microbiota. Comprender mejor la relación entre virus, inflamación, respuesta inmunitaria y desarrollo tumoral podría abrir la puerta a nuevas estrategias de prevención, por ejemplo, mediante vacuna experimental contra el cáncer de colon, probióticos o dietas que favorezcan una microbiota más protectora.

Hidrogeles inteligentes y terapia celular para enfermedades neurológicas

Mientras se avanza en el terreno de la prevención y el diagnóstico precoz del cáncer colorrectal, otros equipos de investigación trabajan en campos muy distintos pero igualmente pioneros, como la terapia celular aplicada a enfermedades neurológicas desmielinizantes. Un ejemplo destacado es el trabajo del Laboratorio de Neurobiología y Terapias Avanzadas del Hospital Clínico San Carlos, donde se ha desarrollado un hidrogel innovador para transportar células madre con capacidad de regenerar la mielina.

La mielina es una sustancia grasa que forma una especie de vaina alrededor de muchas neuronas, permitiendo que los impulsos eléctricos se transmitan de forma rápida y eficiente a lo largo del sistema nervioso. Cuando esta capa se daña o se pierde, como sucede en la esclerosis múltiple y otras enfermedades desmielinizantes, la comunicación entre neuronas se vuelve lenta e irregular, apareciendo síntomas como debilidad muscular, hormigueos, problemas de visión, dificultades para coordinar movimientos o alteraciones de la marcha.

El equipo del Hospital Clínico San Carlos ha diseñado un hidrogel que actúa como vehículo para células madre progenitoras de oligodendrocitos. Los oligodendrocitos son las células encargadas de fabricar y mantener la mielina en el sistema nervioso central; por tanto, si se consigue que las células progenitoras lleguen a las zonas dañadas y maduren correctamente, es posible promover la remielinización, es decir, la restauración de esa envoltura protectora alrededor de las neuronas.

En modelos experimentales de esclerosis múltiple en ratones, los investigadores han administrado este hidrogel cargado con células generadoras de mielina y han observado una recuperación notable. A los 30 y 60 días, los animales tratados presentaban niveles de mielina comparables a los de ratones sanos, lo que sugiere una capacidad real de reparación del tejido nervioso. Además, se detectó una disminución de la inflamación cerebral, una mejora en las imágenes obtenidas por resonancia magnética y, algo crucial, ausencia de formaciones tumorales, lo que refuerza la seguridad del enfoque.

Según explica Ulises Gómez Pinedo, director del Laboratorio de Neurobiología y Terapias Avanzadas e investigador del Instituto de Investigación Sanitaria San Carlos, uno de los descubrimientos clave es que las células permanecen viables dentro del hidrogel durante al menos 72 horas y pueden administrarse por vía intranasal. Esta ruta de entrada permite que atraviesen la barrera hematoencefálica, el mecanismo de defensa que suele impedir que muchas sustancias lleguen al cerebro, alcanzando así directamente las áreas lesionadas.

Cómo funciona el hidrogel termogelificante y qué aplicaciones futuras puede tener

El hidrogel desarrollado por el equipo del Hospital Clínico San Carlos presenta unas propiedades físicas y biológicas especialmente adecuadas para el uso clínico. Se trata de un biomaterial termogelificante, lo que significa que se mantiene en estado líquido a temperatura ambiente, facilitando su manipulación y administración, y se transforma en gel cuando alcanza aproximadamente los 37 ºC del cuerpo humano. Esta transición permite que, una vez dentro del organismo, el hidrogel forme una matriz semisólida que protege a las células y ayuda a que permanezcan en la zona a tratar.

Desde el punto de vista de la seguridad, este hidrogel es biodegradable, biocompatible y bioestable, y no muestra toxicidad para las células que transporta. Con el tiempo, el material se va descomponiendo de manera controlada, siendo sustituido por tejido propio del organismo, sin dejar residuos dañinos. Estas características lo convierten en un candidato muy interesante para desarrollar terapias avanzadas de forma segura.

Las técnicas de imagen utilizadas por los investigadores han demostrado que las células administradas mediante este hidrogel llegan efectivamente a las zonas lesionadas, se mantienen en ese entorno durante un tiempo suficiente y se integran en el tejido nervioso, lo que es un paso fundamental para que puedan ejercer su función regeneradora. Este tipo de datos preclínicos son imprescindibles antes de plantear ensayos en humanos, y en este caso apoyan claramente la posibilidad de avanzar hacia futuras pruebas clínicas.

Aunque el trabajo se ha centrado inicialmente en modelos de desmielinización similares a la esclerosis múltiple, la estrategia es potencialmente aplicable a otras patologías neurológicas en las que exista daño del tejido cerebral o necesidad de regeneración. Entre las enfermedades que podrían beneficiarse en un futuro se encuentran el ictus, la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer o incluso el glioblastoma, un tipo de tumor cerebral muy agresivo donde nuevas aproximaciones terapéuticas son especialmente necesarias.

La combinación de terapia celular, biomateriales inteligentes y administración intranasal abre un abanico de posibilidades para desarrollar tratamientos menos invasivos y potencialmente más eficaces, al permitir que las células y sustancias terapéuticas lleguen al sistema nervioso central de forma dirigida y controlada. No obstante, todavía queda un camino importante por recorrer: validar la seguridad a largo plazo, ajustar dosis, estudiar posibles efectos secundarios y, por supuesto, comprobar si los resultados observados en animales se reproducen en pacientes humanos.

Este tipo de investigaciones, igual que los estudios sobre virus intestinales y cáncer colorrectal, están supervisados por comités científicos y éticos de alto nivel, y sus contenidos suelen ser revisados por expertos independientes. Aun así, los propios autores recuerdan que cualquier duda relacionada con la salud debe consultarse siempre con un profesional sanitario, ya que ningún artículo periodístico o de divulgación, por completo que sea, puede sustituir una valoración médica personalizada.

En conjunto, todos estos avances dan una idea bastante clara de hacia dónde se dirige la medicina actual: por un lado, se intenta detectar y frenar cuanto antes enfermedades frecuentes como el cáncer colorrectal, mejorando los programas de cribado y estudiando el papel de los virus intestinales ocultos y de la respuesta inmunitaria en la aparición de tumores; por otro, se exploran soluciones punteras como los hidrogeles inteligentes y la terapia celular para afrontar patologías neurológicas muy complejas. El reto está en seguir profundizando en estas líneas de investigación, favoreciendo la participación de la población en los programas de prevención y trasladando de manera segura los hallazgos del laboratorio a la práctica clínica cotidiana.